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Reportajes | La ayuda vigilada: así funcionan las redes de solidaridad independientes en Cuba

"Lo que hoy parece una respuesta urgente al derrumbe actual también prolonga una convicción política anterior: que el tejido social no se reconstruye solo desde las instituciones y que la solidaridad puede ser una forma concreta de ciudadanía."

La activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita) junto a una anciana desfavorecida en las calles de La Habana.
La activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita) junto a una anciana desfavorecida en las calles de La Habana.

En una ciudad cada vez más oscura, donde la supervivencia se organiza al ritmo de los apagones, los precios y el agotamiento, hay personas que todavía cocinan para otros. Reparten comida, consiguen medicamentos, reúnen ropa, preparan actividades para niños y tratan de llegar allí donde el desamparo es más visible. 

No lo hacen desde una institución ni desde un programa oficial, sino desde redes de amistad, activismo y apoyo mutuo que en Cuba se han vuelto, para muchos, una de las pocas formas concretas de amparo.

Los activistas Lara Crofs, Daniela Peral, Raymar Aguado, Leonardo Romero, María Lucía Expósito y otros durante una entrega de alimentos a cubanos desfavorecidos en La Habana. Collage tomado del Facebook de Lara Crofs.
Los activistas Lara Crofs, Daniela Peral, Raymar Aguado, Leonardo Romero, María Lucía Expósito y otros durante una entrega de alimentos a cubanos desfavorecidos en La Habana. Collage tomado del Facebook de Lara Crofs.

La comida se cocina cuando hay corriente. Si no, se pospone. A veces no porque falten ganas, sino porque el cuerpo no da más. Un día entero sin electricidad puede dejar sin fuerzas a quienes al siguiente tendrían que salir a comprar, cocinar, cargar recipientes, recorrer calles y repartir alimentos en una ciudad exhausta. En La Habana de hoy, incluso ayudar depende de condiciones mínimas que ya no están garantizadas.

Aun así, varias personas lo siguen haciendo: una red de activistas, amistades y colaboradores organiza repartos de comida, entrega de medicamentos, donaciones de ropa e insumos, caldosas comunitarias y actividades para niños en barrios empobrecidos. 

La iniciativa se volvió más visible a finales de 2025, cuando Yamilka Lafita, conocida en redes como Lara Crofs, y Daniela Peral impulsaron un primer reparto en medio de un contexto climatológico especialmente duro. Después, otras personas se sumaron para volverla más sostenida, entre ellas el crítico cultural y activista Raymar Aguado.

Una red que venía desde antes

"Ahora mismo todos los recursos y el dinero con el que contamos los recibimos de donaciones", explica Aguado, uno de los participantes de esta red solidaria articulada junto a Lara Crofs, Daniela Peral y otras personas vinculadas desde hace años al activismo y al trabajo comunitario.

Pero la historia no empezó ahí. Según Aguado, esta red tiene antecedentes en experiencias previas de ayuda mutua y trabajo comunitario impulsadas por personas que ya venían coincidiendo en espacios de activismo social. Cuenta que: 

"La red de apoyo existe hace unos cuantos años." 

Lo que hoy parece una respuesta urgente al derrumbe actual también prolonga una convicción política anterior: que el tejido social no se reconstruye solo desde las instituciones y que la solidaridad puede ser una forma concreta de ciudadanía.

Fuerzas del régimen cubano trasladan al activista Raymar Aguado para “interrogarlo" (junio de 2025).

Muchas de las personas involucradas, cuenta, ya habían participado en estas otras experiencias que funcionaban como base no solo de la solidaridad inmediata, sino también de la vida cívica. Afirma que: 

"Creemos que a partir de ahí es que se crean los principales nichos de construcción."

Ese principio opera, sin embargo, en un país donde cada vez más personas necesitan ayuda y cada vez menos estructuras están en condiciones de ofrecerla. La red se enfoca sobre todo en personas en situación de calle o en condiciones de empobrecimiento extremo, aunque Aguado advierte que esa frontera se ha vuelto cada vez más difícil de trazar: 

"Ahora mismo en Cuba la situación es tan precaria que es imposible discernir entre una persona que esté en pobreza extrema visiblemente y otra que no."

Cuando casi todo hace falta

En esa extensión de la carencia, casi todo se vuelve urgente. Un plato de comida, un pulóver, un cepillo de dientes, un medicamento, agua clorada, un regalo para un niño. La ayuda no resuelve la crisis, pero a veces logra interrumpir por unas horas su crudeza más inmediata. 

En los cumpleaños colectivos o en las actividades comunitarias, cuenta Aguado, pueden detectarse con mayor claridad algunos de los casos más graves desamparo. En otros momentos, la necesidad está tan generalizada que la respuesta a quienes preguntan qué hace falta suele ser una sola: lo que puedan donar. Resume:

"Las necesidades creo que son todas ahora mismo."

La red organiza repartos de alimentos, entrega de insumos, caldosas comunitarias y actividades infantiles. A veces la ayuda consiste en resolver una urgencia muy puntual; otras, en acompañar durante un rato la vida de quienes han quedado más expuestos al abandono. Apenas contiene la precariedad, la alivia por momentos, la hace algo más llevadera. Pero en un país donde tantas formas de sostén se han erosionado, incluso ese alivio mínimo importa.

Captura de pantalla del perfil de Facebook de la activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita).
Captura de pantalla del perfil de Facebook de la activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita).

Los recursos con los que sostienen estas acciones provienen casi por completo de donaciones. A veces llegan de personas cercanas o de colectivos que conocen desde hace tiempo el activismo de quienes participan en la red. Otras veces entran gracias a viajeros que llevan medicamentos e insumos a la isla. Sin embargo, hacer llegar la ayuda se ha vuelto cada vez más difícil. 

Aguado menciona obstáculos logísticos, restricciones y complicaciones para recibir con fluidez materiales reunidos en Europa o en otros países de América Latina. En la práctica, muchas veces todo depende de favores, contactos personales y circuitos informales.

Ayudar también se agota

La precariedad no está solo del lado de quienes reciben. También alcanza a quienes ayudan. Los apagones, la inflación, el cansancio físico, la necesidad de sostener a sus propias familias: todo eso forma parte de la vida cotidiana de quienes participan. La frecuencia de las acciones —entre tres y cuatro por semana, según Aguado— depende no solo del dinero o de los insumos disponibles, sino también de la resistencia de cuerpos igualmente golpeados por la crisis. Dice:

"Nosotros no escapamos de esa realidad."

Si un día entero transcurre sin electricidad, cocinar, organizar y salir a repartir puede convertirse en una tarea materialmente imposible. Ayudar, en la Cuba de hoy, también exige fuerza física, tiempo, combustible y un margen mínimo de estabilidad doméstica. Y eso es precisamente lo que escasea.

La activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita) entrega alimento a personas desfavorecidas en La Habana. Foto tomada del perfil de Facebook de Lara Crofs.
La activista cubana Lara Crofs (Yamilka Lafita) entrega alimento a personas desfavorecidas en La Habana. Foto tomada del perfil de Facebook de Lara Crofs.

Quienes reparten comida también hacen colas. Quienes consiguen medicamentos también necesitan medicinas. Quienes intentan sostener a otros no están a salvo del mismo derrumbe. Por eso la ayuda no puede leerse solo como altruismo. Es también una respuesta social a una intemperie compartida: una forma de impedir que el colapso se vuelva del todo privado, del todo silencioso, del todo solitario.

La "vigilancia constante"

Pero los obstáculos no son solo materiales. Uno de los principales, insiste Aguado, es la vigilancia. "La mayoría de las personas que participamos en esos proyectos" están sometidas a "vigilancia constante", afirma, y eso genera "una cierta paranoia y un cierto recelo" durante las acciones. Esa atmósfera no afecta únicamente a quienes organizan la ayuda: también puede instalar desconfianza en quienes la reciben, que a veces dudan de las motivaciones reales detrás de esos gestos.

La activista Lara Crofs denuncia intimidaciones contra ella y su familia.

En Cuba, donde buena parte de la vida social y política ha estado históricamente mediada por el Estado, la organización autónoma suele despertar sospechas. Aguado recuerda, por ejemplo, la confiscación a Yamilka de cientos de termopacks y veinte litros de gasolina destinados al trabajo solidario. La presión, dice, "siempre está de una forma u otra".

No siempre se expresa en forma de detención o prohibición abierta. A veces es una presencia más difusa: seguimiento, confiscación, recelo, rumor, miedo. Un fondo persistente de amenaza que convierte en vulnerable incluso lo que parecería más elemental.

Esa vulnerabilidad no viene solo del Estado. Según Aguado, varias de las personas que participan en estos proyectos se identifican con posiciones de izquierda y desarrollan su trabajo desde una idea del apoyo mutuo, la horizontalidad y la reconstrucción del tejido social. Eso las deja, en no pocas ocasiones, atrapadas entre dos formas de deslegitimación: por un lado, la persecución o sospecha estatal; por otro, la incomprensión de sectores de la oposición tradicional, que no siempre reconocen o valoran este tipo de activismo y sus marcos políticos.

En lugar de encajar con comodidad en uno de los polos del conflicto cubano, quedan expuestas a una doble intemperie. Ayudan en un contexto que criminaliza la organización autónoma, pero además lo hacen desde lenguajes políticos que tampoco siempre son bien recibidos fuera del Estado. Ese detalle ayuda a entender por qué estas redes no son solo una respuesta humanitaria a la crisis, sino también una práctica política en un sentido más amplio, aunque no partidista.

Cubanos buscando comida en latones de basura en La Habana.
Cubanos buscando comida en latones de basura en La Habana.

Lo que está en juego no es únicamente repartir comida o medicamentos, sino afirmar que la sociedad puede producir vínculos, cuidados y formas de organización por fuera de la verticalidad estatal y también por fuera de las lógicas más rígidas de la confrontación política tradicional. Aguado lo dice así: 

"En la solidaridad y en la ayuda mutua es que se construyen las mejores cosas de manera horizontal, democrática, sin verticalidad, sin imposiciones". 

Lo que intentan, añade, es: 

"Transformar desde lo que nos queda a la mano la realidad política de un país colapsado."

La descripción que hace del país es devastadora. Afirma:

"Cuba ahora mismo es un país fantasma y La Habana [...] es una ciudad fantasma."

Habla de una sociedad agotada, con salarios que no alcanzan ni para una semana, familias enteras atrapadas en la supervivencia, ciudadanos atravesados por la precariedad material, la desprotección laboral y la persecución política. En ese paisaje, la solidaridad deja de ser un gesto extraordinario y empieza a parecer una necesidad básica.

Pobreza extrema en Cuba. Foto: Daniel Díaz Mantilla
Pobreza extrema en Cuba. Foto: Daniel Díaz Mantilla

El abandono y sus redes

La antropóloga política Hilda Landrove, que ha reflexionado ampliamente sobre crisis, cuidados, tejido social y autoritarismo en Cuba, sitúa este fenómeno dentro de un cuadro más amplio. Afirma: 

"Lo primero que indica el hecho de que las tareas básicas de asistencia están siendo asumidas por redes informales, es el abandono del Estado." 

A su juicio, uno de los efectos de las políticas económicas erráticas de los últimos años —en particular desde el "Ordenamiento"— ha sido el abandono estatal de sus compromisos más básicos con el bienestar de la población.

Ese abandono se traduce en imposibilidad de acceder de forma regular a comida, medicinas y servicios elementales; en el aumento de la desigualdad; en la dependencia creciente de remesas, favores y circuitos informales; en la obligación de resolver entre familia, amistades y vecinos lo que antes, al menos en teoría, debía ser una responsabilidad pública: 

"El aumento de la desigualdad y la dificultad de acceso a servicios básicos, dejan a la población en una situación en la que tiene que valerse por sí misma, acudiendo a redes informales conformadas por familia, vecinos y amigos y parientes en el exterior."

Pero Landrove insiste en que ninguna de estas redes puede sustituir al Estado, ni debería aceptarse que lo haga:

"Efectivamente no creo que esté en el horizonte de ningún grupo, proyecto u organización sustituir al Estado. Primero, porque ello sería imposible. El Estado sigue siendo, en aspectos muy básicos, imprescindible. Segundo, porque aceptar la retracción del estado como algo inevitable equivaldría a aceptar que la opresión a la que somete a todo un país es legítima."

La observación devuelve el problema a su raíz. Que estas redes existan no habla de una solución, sino de una falla estructural: 

"En la práctica hay muchísimas tareas que corresponderían al Estado que son asumidas por las redes informales; en lo fundamental, medicinas y comida, pero la tensión emerge no tanto del lado de las personas involucradas en estas tareas sino del Estado mismo, que percibe como un peligro cualquier forma de organización que no pueda controlar."

Lo que describe Landrove no es solo precariedad: 

"El nivel de desamparo es realmente impactante." 

Y añade: 

"Servicios básicos que no pueden ser resueltos a nivel comunitario, y que son responsabilidades básicas de cualquier estado, no funcionan: electricidad, agua, gas, transporte." 

Entre las imágenes que mejor condensan esa caída menciona una que ya se ha vuelto habitual en La Habana:

"Los cientos de personas que en la misma Habana tienen que cocinar con carbón, que tienen que comprar a un alto costo."

En ese contexto, incluso antes de que intervenga la represión: 

"Hacer asistencia humanitaria es muy difícil, porque tiene un alto costo emocional. Ahora, hacerlo en un contexto que además criminaliza esa labor es doblemente difícil." 

Landrove subraya que quienes combinan esa labor con activismo político enfrentan un reto mayor, precisamente porque encarnan la forma de autonomía que más incomoda al poder.

La antropóloga política cubana Hilda Landrove.
La antropóloga política cubana Hilda Landrove.

La antropóloga propone leer estas iniciativas no solo como respuestas urgentes al hambre o a la falta de medicamentos, sino como formas de acción cívica y política. No porque repartir comida sea, por sí mismo, una consigna, sino porque en un contexto totalitario la organización comunitaria fuera del control estatal adquiere inevitablemente una dimensión política. Señala: 

"Creo que se pueden y de hecho se deben leer como formas de acción cívica y política. La política no es únicamente la disputa por el poder sino la organización entre personas comunes para lograr determinado objetivo, de impacto social o político."

Y añade una precisión clave: 

"Separar lo social de lo político puede ser útil en países con regímenes democráticos pero en un contexto totalitario, la organización comunitaria, sin la dirección o la intervención de las instituciones del estado es política por definición." 

Esa política, sin embargo, no se basa en imponerse, sino en construir capacidades colectivas: 

"Puede ser reivindicada como política porque construye un tipo de poder muy particular que no existe para imponerse, sino para construir en grupo; construir capacidades, experiencia, conocimiento, afectos, relaciones."

Landrove conecta, además, estas redes actuales con una genealogía reciente de la solidaridad en Cuba: el tornado de La Habana, la explosión del Hotel Saratoga, la base de supertanqueros de Matanzas, la covid-19. Lo que ha cambiado, advierte, es que esa solidaridad ya no es episódica: 

"La solidaridad comunitaria se ha ido construyendo en Cuba en la misma medida que ha ido avanzando el abandono del Estado." 

Y añade: 

"Lo que ha sucedido es que esa solidaridad comunitaria se ha vuelto permanente, no episódica."

Ese paso de lo excepcional a lo permanente es uno de los signos más elocuentes de la crisis. Ya no se trata solo de redes que se activan ante un desastre puntual, sino de una sociedad que ha incorporado la ayuda mutua a su vida ordinaria porque la emergencia misma se volvió ordinaria. Para Landrove, eso habla: 

"A la vez de la crisis sistémica del régimen y de la emergencia de una sociedad que se ve a sí misma como un conjunto con agencia propia."

En ese proceso, las redes sostenidas desde dentro y fuera del país cumplen un papel decisivo. "Son fundamentales", afirma. Se trata casi siempre de redes transnacionales, porque de otro modo no sería posible sostener muchas de estas acciones. 

Alimentos donados para personas desfavorecidas en Cuba y fotos de los activistas que los elaboran y reparten. Collage tomado del perfil de Facebook de Lara Crofs.
Alimentos donados para personas desfavorecidas en Cuba y fotos de los activistas que los elaboran y reparten. Collage tomado del perfil de Facebook de Lara Crofs.

Al operar a través de relaciones directas e indirectas entre personas, también son capaces de minimizar brechas de clase, raza, religión e incluso de política: 

"La solidaridad se practica como un imperativo que se impone sobre esas diferencias."

No una solución, sino un umbral

Nada de esto, insiste Landrove, debe romantizarse. La solidaridad comunitaria no puede entenderse como una panacea. 

"La sociedad no puede sostener interminablemente una situación como la de Cuba; no puede entenderse la solidaridad comunitaria como una panacea que va a resolver todo." 

Los riesgos son demasiado altos: 

"En este tema, como en cualquier otro, los riesgos son tan altos que la única respuesta a ellos es el fin del régimen".

La frase es dura y no deja espacio para eufemismos. Para Landrove, no puede haber democracia real en condiciones de precariedad absoluta: 

"No, en sentido general, no puede haber democracia en la precariedad absoluta y donde la supervivencia misma está en riesgo. Primero porque sin personas ningún proyecto político tiene sentido." 

Lo que puede haber, mientras tanto, es esa construcción de tejido social basada en el apoyo mutuo para la supervivencia. Pero eso no sustituye, dice: 

"La necesidad de la restauración democrática, con carácter urgente".

Raymar Aguado, desde otro lugar de experiencia, coincide en algo esencial: nadie debería sentirse solo al intentar hacer algo. Varias de las personas involucradas en esta red, cuenta, habían pensado en impulsar acciones similares desde hacía mucho tiempo, pero no daban el paso por aislamiento o por creer que estaban solas. 

La activista cubana Daniela Peral junto a una anciana desfavorecida en las calles de La Habana.
La activista cubana Daniela Peral junto a una anciana desfavorecida en las calles de La Habana.

Ver a otros actuar funcionó como impulso. También como prueba de que incluso entre ruinas todavía se puede construir junto a otros: 

"La única y mejor manera de construir es siempre en conjunto, en colectivo y pensando en el bienestar general."

En la Cuba actual, donde la pobreza se expande, la asistencia estatal no alcanza y cualquier organización autónoma puede convertirse en objeto de sospecha, estas redes no representan una solución estructural. Son, más bien, una forma precaria de sostén frente a la caída. Pero también son otra cosa: una evidencia de que, incluso entre el colapso material y la intemperie política, hay quienes siguen intentando que la supervivencia no sea solo individual.

Que esa solidaridad genere sospecha o persecución dice menos sobre quienes la practican que sobre el régimen que los vigila. Porque cuando repartir comida, llevar medicamentos o acompañar a personas desamparadas puede ser leído como una amenaza, lo que queda al descubierto no es una falla moral de la sociedad, sino la descomposición de un poder que ha abandonado las infraestructuras de la vida, pero no sus mecanismos de control.

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Juliana Rabelo

Juliana Rabelo

(Cuba, 1991) Investigadora-artista, curadora y periodista. Ha colaborado con revistas culturales como Palamúsica Underground, Hypermedia Magazine, Árbol Invertido y Alas Tensas. Su área de interés se encuentra en la intersección de ciudadanía y arte participando en proyectos como el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, la Casa de la Cultura del Mundo en Berlín (HKW) y Teatro Independiente Kairós lo que la ha llevado a diferentes eventos internacionales con performances, podcasts, artículos de opinión y ensayos, curaduría de eventos y moderación de conversaciones.

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