Opinión | Ayuda humanitaria y libertad para progresar en Cuba

La situación de emergencia humanitaria actual en Cuba ha sido creada, no solo por el último huracán sino, sobre todo, por la ineficiencia del modelo económico arcaico.

Edificios de viviendas en ruinas en Cuba.
"Alguien que espere la transformación del status quo no puede depositar toda su esperanza en un sistema electoral que está controlado de principio a fin por un partido que no quiere competencia". | Imagen: Pixabay

La crítica situación límite de Cuba ha abierto la voluntad de muchos para contribuir con ayuda humanitaria con sentido de emergencia creada, no solo por el último huracán, sino, y sobre todo, por la ineficiencia del modelo económico totalmente arcaico que ha acumulado la pobreza, la vulnerabilidad y la urgencia de una asistencia inmediata, concreta y directa.

Como es usual, comenzamos recordándonos lo que se entiende como ayuda humanitaria y sus diferencias con una acción humanitaria:

Ayuda humanitaria: “La ayuda humanitaria es una forma de solidaridad o cooperación, que generalmente es destinada a las poblaciones pobres, o a las que han sufrido una crisis humanitaria, como los provocados por fenómenos naturales o una guerra”.

Acción humanitaria: “La acción humanitaria tiene como objetivo proteger y salvar vidas, prevenir y aliviar el sufrimiento humano y atender las necesidades básicas de la población desde una perspectiva de reducción de la vulnerabilidad y fortalecimiento de capacidades”.

¿Cuál es la diferencia entre acción humanitaria y ayuda humanitaria?

A diferencia de socorro, que es el mero acto de asistir, la acción humanitaria, en su desarrollo está revestida de una propuesta ética y en su alcance de elementos de protección y garantía de la ayuda que le hacen trascender a la noción de socorro.

Una vez que tenemos más clara la diferencia entre ambas formas de solidaridad humanitaria, quiero destacar y rendir homenaje expresando mi total solidaridad con todas las formas de ayuda humanitaria puntual y directa, sin burocracias ni dilaciones.

Especialmente es de reconocer y agradecer tres formas complementarias de ayuda humanitaria:

  • La solidaridad interpersonal, espontánea, entre familiares, amigos y vecinos. Aunque no es suficiente, es de agradecer y homenajear esta actitud que caracteriza a la mayoría de nuestro pueblo. En ocasiones es una ayuda desconocida, sin alardes ni propaganda, es la más directa, entrañable y confortadora.
  • La ayuda de emergencia de organizaciones no gubernamentales entre las que destaca la enorme y honorable labor de Cáritas, órgano de la Iglesia Católica, que cotidiana y muchas veces silenciosamente, garantiza con urgencia y cariño una solidaridad efectiva y afectiva al recibir, canalizar, distribuir y monitorear las ayudas y donaciones que la propia comunidad cristiana y otras instituciones, ONGs, o gobiernos, aportan ante las crisis humanitaria. La Cruz Roja Internacional y otras organizaciones de la sociedad civil independiente cubana, realizan también una loable ayuda.
  • Las ayudas provenientes de gobiernos y organizaciones internacionales como las agencias de la ONU. Esta asistencia humanitaria debería ser canalizada y monitoreadapor las ONGs y los propios ciudadanos hasta su destino final para garantizar que llegue efectiva y rápidamente a los más necesitados.

Libertad y derechos humanos para salir de la crisis

Una vez reconocida y agradecida esta ayuda humanitaria que es absolutamente necesaria y urgente, deseo reflexionar en lo que, en mi opinión, no solo complementa estas ayudas puntuales sino que le dan sentido, integralidad y solución desde la raíz resolviendo las causas de la pobreza, de la acumulación de factores económicos, políticos y sociales de las crisis humanitarias.

En efecto, para que la ayuda humanitaria no sea solo una asistencia circunstancial y temporal, aunque siempre necesaria, debemos identificar y cambiar las causas profundas y estructurales que provocan la acumulación sistémica de las crisis, las diferentes pobrezas materiales, éticas y espirituales.

Caridad y Justicia

He aquí dos binomios de la fórmula que contribuirá eficazmente a la promoción de un desarrollo humano integral, como postula la Doctrina Social de la Iglesia. Ninguna de las dos debe ser excluida. Justicia y Caridad son como el cuerpo y el alma de la solidaridad humana.

Caridad sin justicia remedia pero no cura. Caridad sin justicia es aliviar las consecuencias y disimular las causas. Caridad sin justicia es pan para hoy y hambre para mañana.

Por lo contrario: Justicia sin Caridad, sin Amor, es la suma injusticia. Justicia sin Caridad es deshumanizante. Justicia sin Caridad es ir a las causas olvidando y abandonando a los que sufren sus consecuencias cotidianamente.

"...pan para hoy y justicia para siempre..."

No nos engañemos, cuando ejercemos la solidaridad puntual, sin tratar al mismo tiempo de hacer consciente y cambiar las injusticias estructurales que provocan la pobreza, la dependencia del Estado, que hacen más vulnerable cada vez a los damnificados y a los marginados, estamos yéndonos por las ramas mientras se pudre la raíz del árbol.

En mi opinión, lo deseable, lo más eficaz y oportuno, sería lograr combinar ayuda humanitaria con la libertad y los derechos humanos necesarios para que cada ciudadano, cada familia y cada organización de la sociedad civil puedan emprender su propio proyecto de vida, puedan organizar libremente su economía y su empresa y puedan también.

Y, al mismo tiempo, organizar con libertad y responsabilidad, tanto la ayuda solidaria puntual como los cambios estructurales que conducirán de la pobreza y la dependencia, al progreso y el desarrollo humano integral y social.

Así sanaremos el árbol nacional y veremos rápidamente los frutos de justicia, solidaridad, libertad y prosperidad que merecemos todos los cubanos. Es decir, pan para hoy y justicia para siempre.

Dagoberto Valdés.
Dagoberto Valdés Hernández

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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