La tercera edición del libro de poemas No hablemos de la desesperación (Betania, 2026), de José Mario (1940-2002) recupera uno de los títulos más significativos de la poesía cubana del siglo XX, publicado originalmente en Madrid en 1970, en pleno contexto de exilio de su autor. Disponible para su descarga gratuita en Árbol Invertido por cortesía de la editorial.
La reaparición del volumen no sólo tiene un valor editorial, sino que reactiva una discusión sobre textos que circularon fuera del sistema literario cubano oficial y que durante décadas quedaron desplazados de su canon interno.
El propio poeta deja testimonio directo de ese origen en la "Nota a la segunda edición" de 1983, recogida en el título publicado por Betania:
"Estos poemas fueron escritos en Cuba de 1965 a 1967 y salieron conmigo al exilio en febrero de 1968. Fueron los únicos poemas que saqué de Cuba y se publicaron en el año 1970 en España. Atrás quedaron mis otros libros publicados, patria, casa, biblioteca, y esos años en los que me encontré sometido a una intensiva vigilancia y persecución, de cuyo asedio y como desenlace surgirían los textos que componen este libro."
Desde esta perspectiva, el libro se presenta como una escritura nacida bajo presión, donde la experiencia personal se convierte en materia poética sin desligarse de su circunstancia política.
Ediciones El Puente y el conflicto cultural
El poemario debe leerse en relación con la experiencia de Ediciones El Puente, no sólo como proyecto editorial, sino como espacio de resistencia estética frente a la creciente institucionalización de la cultura en la Cuba de los años sesenta.
La investigadora brasileña Silvia Cezar Miskulin señala en su artículo "La labor editorial de José Mario en El Puente", publicado en La Habana Elegante:
"La labor de José Mario en El Puente permitió que numerosos jóvenes, mujeres y negros publicasen sus libros de poesía, cuentos o teatro por primera vez. La creación de la editorial posibilitó también a José Mario publicar sus propios libros de poesía y teatro infantil. Muchos de los escritores publicados en El Puente tenían un origen social humilde y no habían tenido oportunidad de dar a conocer sus obras antes de la labor de José Mario."
El cierre de ese espacio no fue un episodio aislado, sino parte de una dinámica más amplia de control cultural del régimen totalitario que afectó tanto a la producción como a la circulación de los textos.
Apunta Miskulin:
"Lo que siguió fue la persecución y la prisión de José Mario, Ana María Simo, Manuel Ballagas y otros miembros del grupo. José Mario ha narrado cómo fue detenido 17 veces y permaneció nueve meses en uno de los campamentos de las Unidades Militares de Ayuda a la Producción (UMAP) en Camagüey, hasta que logró irse del país y establecerse en Madrid. Las UMAPS (sic) fueron campos de trabajo forzado que el gobierno utilizó para detener a los que eran considerados disidentes y homosexuales.
La conducta sexual impropia era una de las razones que dieron lugar al encarcelamiento de miles de jóvenes en las UMAPS (sic). En el documental Conducta impropia, de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal (1984), José Mario y Ana María Simo, ya en el exilio, presentaron impresionantes testimonios sobre la represión de la que habían sido víctimas y afirmaron que esa represión se había debido a sus preferencias sexuales y al papel que habían desempeñado en la dirección de El Puente."
En el texto "La verídica historia de Ediciones El Puente. La Habana, 1961-1965", publicado en la Revista Hispano-Cubana en 2000, José Mario describe este clima de persecución que rodeó al proyecto editorial:
"Bajo este clima de persecuciones e intolerancia fuimos cubiertos de todo tipo de mezquindades, calumnias e improperios: desde el intento de alentar el Poder Negro, por la cantidad de negros que había en El Puente y mi amistad con Walterio Carbonell, hasta mis actividades sexuales. Pero el pretexto final, el colmo de todo, lo constituyó la visita a Cuba del poeta norteamericano Allen Ginsberg y mis relaciones con él."
El poeta y ensayista cubano Antonio José Ponte, en "Un puente de silencio" —publicado en Cubanecuentro en 2006—, sintetiza ese proceso dentro de una lógica de exclusión ideológica más amplia:
"Acusados de homosexualidad, de publicar a autores recién exiliados, de fomentar un 'Black Power' y de haberse aproximado a Allen Ginsberg durante su estancia habanera, la historia de El Puente es, por último, la del internamiento de su director en uno de los campos de concentración de las UMAP. La del exilio de unos y la permanencia de otros en Cuba."
El exilio como ruptura y el lenguaje como emoción
Más allá del dato biográfico, el exilio funciona como categoría estructural en la lectura del libro, marcando tanto la voz como el horizonte de sentido de los poemas. En una entrevista realizada por Alejandro Langape al poeta, editor y fundador de Betania, Felipe Lázaro —publicada en Árbol Invertido en 2019—, este afirma:
"Creo que todo exilio es obligado, nadie se exilia voluntariamente. Eso es emigrar y yo no soy un emigrante, sino un exiliado político. Aunque sí estoy de acuerdo en que todo exiliado experimenta una ruptura, un desfase, emprende un nuevo camino, pero eso no lo lleva a olvidar a su país ni a su patria, ni sus compromisos o ideales políticos, como tampoco rompe con la familia ni los amigos."
Esta definición permite situar el poemario dentro de una tradición de escritura donde la pérdida no es sólo geográfica, sino también simbólica. Ya en el plano formal, la crítica ha destacado que la intensidad emocional del libro no se traduce en exceso expresivo, sino en un trabajo riguroso sobre el lenguaje.
En su ensayo "La pavorosa transparencia. La poética de José Mario", publicado en La Habana Elegante, la profesora y ensayista de origen cubano Diana Álvarez Amell sostiene:
"La suma de la expresión concisa y la articulación comedida de los sentimientos exacerbados es uno de los sorprendentes logros estilísticos de su poesía. No obstante la emoción exasperada que preconizan los títulos, en la lectura se descubre una poesía en donde el cuidado escrupuloso de la forma expresiva es un muro de contención. La estética formal del poema no avala los sentimientos hiperestésicos, sino que conforma una poética depurada del enunciado de la desesperación."
Y añade:
"La inflexión poética contiene con una reserva púdica la revelación de los sentimientos y distancia la poesía de José Mario del confesionalismo desbordado mediante ese equilibrio verbal que logra el enunciado sobrio del sentimiento de la angustia, dotada ésta de dignidad formal."
Dolor íntimo y violencia histórica
El libro articula simultáneamente experiencia privada y dimensión histórica, sin que una anule a la otra, sino que ambas se intensifican mutuamente.
El "Prólogo" escrito por la poeta cubana Isel Rivero para esta tercera edición del poemario define con precisión ese núcleo:
"Releyendo No hablemos de la desesperación constato que es el testimonio del más intenso dolor, dolor ante la deshumanización de la sociedad que ya carcomía a la Isla y el desgarramiento de una relación amorosa interrumpida.
Este libro viene a fundir dos experiencias críticas en la vida del poeta, por un lado, la infamia del sistema político que aisló y persiguió en un acto de limpieza no étnica sino de moral estalinista creando los campos de reeducación y trabajo UMAP y, por otro, la separación del amante. Los textos se entremezclan con imágenes extraídas de la memoria adolescente y la confrontación posterior al horror de una feroz dictadura en la madurez."
En el "Epílogo", a cargo del poeta y editor cubano Pío E. Serrano, esa misma experiencia aparece formulada como una memoria desgarrada donde la ciudad y la pérdida se entrelazan:
"En 1970, año en que llega a España, José Mario se implanta en Madrid, como quien llega a tierra extraña, y clava como estandarte de identidad veintidós poemas como aullidos, memoria de una Habana, sus bares, esquinas, la bahía e interminables noches y amaneceres, el hociqueo de la muerte, del amor estropeado en sus calles, en fin, hablemos de la desesperación…, 'una catástrofe dentro de nosotros que se llama: la poesía'.
Ese primer año en Madrid rescata y publica por última vez bajo el sello de Ediciones El Puente (1961-1965) el puñado de poemas escritos entre junio de 1965 y agosto de 1967, No hablemos de la desesperación.
El yo como núcleo poético
La construcción del sujeto poético aparece como uno de los ejes estructurales del libro, no en clave confesional directa, sino como elaboración consciente de una interioridad. Álvarez Amell lo formula así:
"El epicentro del sistema poético de José Mario se halla en ese yo cuya presencia única es insustituible y que sólo después es un actuante social. La individualidad como reducto real de la conciencia personal es una de las conclusiones que expresa en el primer poema de No hablemos..., titulado 'Arte poética en homenaje a Atis', cuando señala: 'Uno comienza por ir destruyendo la realidad para quedarse / con sus sentimientos'.
Desde la dedicatoria a Delfín Prats, poeta cubano, y la cita inicial de Safo, poeta de la ausencia y del amor no correspondido en los fragmentos poéticos que de ella se conservan, se formula ahí la intención de potenciar la palabra para construir un poema sobre la urgencia del deseo y la proximidad plausible de la muerte. Las situaciones que se yuxtaponen como coordenadas coinciden, no en la cronología histórica, sino en la expresión poética de los sentimientos particulares."
Consagración y rescate
La recepción del libro, especialmente en el ámbito del exilio, ha contribuido a consolidarlo como una obra de referencia dentro de su generación.
Felipe Lázaro afirma en la "Introducción" al volumen:
"Indudablemente, esta ingente labor cultural, tanto en La Habana como en Madrid, como poeta y editor cubano, lo hacen merecedor de esta tercera edición (digital y gratuita) de su poemario más emblemático No hablemos de la desesperación. Esta entrega representa nuestro más sincero homenaje al amigo José Mario, por su gran labor de difusión de la poesía cubana (insular y desterrada)."
Y apunta en la entrevista concedida a Langape:
"Fue uno de los mejores jóvenes poetas cubanos que surgen después del 59, 'los novísimos', y basta con ver su extensa obra para darnos cuenta de su valía poética. Si algo hay que recordar es que Mario fue un enfant terrible para el régimen estatalista-castrista de los 60. Su leyenda de bohemia habanera, su actitud contestataria y rebelde forjaron esa idea de poeta iconoclasta, maldito y disidente que lo llevaría a la cárcel política y a su internamiento en las UMAP hasta su exilio en 1968."
En No hablemos de la desesperación convergen experiencia histórica, biografía y elaboración formal, especialmente en el cruce entre represión cultural y exilio. Su permanencia editorial y crítica confirma además su vigencia dentro de los debates sobre memoria literaria cubana. En ese cruce, la desesperación no aparece como desbordamiento, sino como construcción poética rigurosa, donde el sujeto, sometido a la violencia de su tiempo, encuentra en el lenguaje su última forma de afirmación.
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