Guillermo Rosales: la angustia de ser devorado

Novelista cubano Guillermo Rosales
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Guillermo Rosales (La Habana, 1946 - Miami, 1993).

La novela Boarding Home es considerada un clásico de la literatura cubana, aún por descubrirse para la mayoría de los lectores, narra el desencanto de un "exiliado total".

“Nunca experimentará el júbilo de ser miembro de una Revolución,

y luego la angustia de ser devorado por ella”.

Guillermo Rosales.

 

Todo intelectual cubano que a partir de 1959 decidió apartarse del proceso político e ideológico imperante en la isla lo ha pagado caro, cuando menos, su "afrenta" ha sido penada con ostracismo, proscripción de la obra, y en no pocos casos, tamaña felonía, ha resultado objeto de cárcel, prohibición de entrada al país, e incluso fusilamiento.

"Dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada". Así quedaba establecida la única regla del juego posible para la ciudad letrada cubana, acuñada en las “Palabras de Fidel a los Intelectuales” en la Biblioteca Nacional, en la temprana fecha de junio de 1961.

El entonces incipiente dictador, ataba de pies y manos a la intelectualidad cubana, pues de otra manera le hubiera resultado imposible subvertir el status quo republicano. Secuestrando la intelectualidad podría actuar con impunidad, y de esto se trataba. Muchos intelectuales intentaron evadir el cerco tendido, creando obras polisémicas para simular estar dentro del juego, o en su frontera, más no les fue posible.

Durante esos años, Guillermo Rosales urdía su primera novela: Sábado de Gloria, Domingo de Resurrección escrita entre La Habana y Praga —mientras acompañaba a su padre, embajador cubano en Checoslovaquia—, fue presentada al Premio Casa de novela de 1968. La novela causó excelente impresión a Julio Cortázar y Noé Jitrik, miembros del jurado. Los cuales recomendaron su publicación, algo que nunca ocurrió.

La novela cuenta una historia de comics, y al evadir el tema del momento —la revolución en Latinoamérica—, quedó descartada del premio. De haberse concretado la publicación, el postboom, o la literatura pop, posiblemente, se hubiera iniciado en Cuba, precediendo al argentino Manuel Puig.

Portada "Boording Home" (La casa de los náufragos)
"Boarding Home", en su edición española, Editorial Siruela, 2003. Epílogo de Ivette Leyva.

Boarding Home (La casa de los náufragos) es la novela más famosa de Guillermo Rosales. Un libro que brinda un resquicio de luz para los más entusiastas lectores cubanos, los que buscamos los buenos libros donde estos se encuentren.

La novela cuenta la historia de William Figueras, alter ego de Guillermo Rosales, quien acaba de ser convidado por su tía a recluirse en un auspicio para desadaptados, marginales y enfermos mentales. «La casa decía por fuera “Boarding Home”, pero yo sabía que sería mi tumba», así comienza William Figueras a narrar su “nueva vida”, marcada por  un total desencanto; lo mismo al socialismo, que al capitalismo, que a la propia existencia.

El personaje Figueras, al igual que Rosales, peca de errar por la vida, de ahí que ambos, personaje y escritor, sean violentos, escurridizos, de pocos amigos y, esencialmente, autodestructivos. Guillermo Rosales escribía y quemaba novelas con análogo ímpetu. Su hermana cuenta que fue capaz de romper un escaparate en el que su madre logró esconder “Sócrates”, una de sus novelas, para luego arrojarla a las llamas.

“No soy un exiliado político. Soy un exiliado total. A veces pienso que si hubiera nacido en Brasil, España, Venezuela o Escandinavia, hubiera salido huyendo también de su calles, puertos y praderas”. De esta manera, William Figueras, se muestra también como un exiliado de los apegos que le dan sentido a la vida, como un hombre desprovisto de cualquier añoranza, como una verdadera máquina cuyo combustible es el desencanto.

A esta novela, que revela el indetenible deterioro de un hombre, incluso, la pudiéramos ubicar en categorías contemporáneas de la crítica literaria como la autoficción o el realismo sucio.

Buena parte del libro está escrito con las experiencias del autor en el “Happy Home”, uno de los tantos auspicios donde vivió en los Estados Unidos. Allí, Guillermo Rosales, convivió junto a colegas desencantados de la vida, y con algún que otro anciano abandonado por su familia. Como sea, Boarding Home, es un reducto para los que abandonaron el sueño americano; Estados Unidos no tiene más espacio que este para esos que se desentendieron del éxito.

Muy portentoso escritor Guillermo Rosales al sostener, en Boarding Home, el narrador en primera persona durante cien páginas, sin jamás aburrir al lector. Tal vez, eso mismo pudo provocar que Octavio Paz, premiara su novela en el concurso literario “Letra de Oro”, en enero de 1987. La editorial homónima, quebró poco después y si bien publicó la novela, luego la quemó. El libro tampoco fue publicado en inglés, como prometía la convocatoria del premio.

Rosales se unió a la Revolución temprano, en 1961, en ese año se fue a alfabetizar a la Sierra Maestra. Luego, abandonó la escuela de “Servicio Exterior” para ir a trabajar como periodista a la revista Mella, que dirigía su amigo Carlos Quintela. Allí trabajaría de 1961 a 1963. Fue, también, maestro, constructor, oficinista, guionista de radio y televisión, pero, eso sí, “sólo le interesaba escribir”, según la investigadora Ivette Leyva Martínez.

El cuadro de esquizofrenia que padeció Guillermo llegó a su fin, con su suicidio, el 6 de julio de 1993. De esta manera, el escritor Guillermo Rosales, daba fin a tres años de agudización severa de un deterioro mental y físico, en donde solo cruzaba palabras con los escritores Carlos Victoria, Esteban Luis Cárdenas y el colombiano Luis Zalamea.

Para un hombre como Guillermo Rosales el destino final no es otro que el suicidio, tanta genialidad mal encausada no podía tener más final que una muerte lenta, contener durante toda la vida en sí mismo a su peor enemigo, termina por aniquilar, incluso, al más talentoso escritor. Aquí, el suicidio, paradójicamente, se logra mutar en liberación, por terminar, de una vez y por todas, con una vida de autodestrucción. 

La reivindicación de la obra de Rosales, apenas circunscrita a dos novelas: Boarding Home (La nave de los náufragos), y El juego de la Viola (Sábado de Gloria, Domingo de Resurrección) y a unos pocos cuentos, llegará, algún día de una vez y por todas al lector cubano. A no dudar, esto sucederá.

Guillermo Rosales es solo uno de tantos escritores que no se conocen en Cuba. Pueden citarse otros: Carlos Victoria, Esteban Luis Cárdenas, los hermanos Abreu y el resto de los miembros de la “Generación del Mariel”, que, a excepción de Reinaldo Arenas —canonizado póstumamente por el lector y los críticos extranjeros—, aún esperan el contacto con su público natural.

Alfredo Fernández.

(Santiago de Cuba, 1975). Graduado en Estudios Socioculturales por la Universidad de La Habana en 2007. Máster en Gerencia de la Ciencia y la Innovación por el Instituto de Tecnologías y Ciencias Aplicadas de La Habana, en 2011. En Cuba trabajó en la Academia de Ciencias del 2007 al 2012. Reside en Ecuador desde el 2013.

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