Balsero cubano. Foto: Ángelo del Castillo
Imagen: Ángelo del Castillo

NOSTALGIA

Tan fría es la ausencia

que hasta el silencio

                                 se hiela.

 

ÁRBOL EXTRAÑO

Silenciosamente va la savia a desembocar en las

delgadas orillas de la hoja.

Saint John Perse

Contemplo un árbol ceniciento

cuyas raíces

                      —pálidas de frío—

                                                         se succionan entre sí,

absorben toda savia

                     —autóctona emigrada—

en su existencia gris,

                     hambriento de suelo.

 

Observo sus abundantes hojas

serpentear colores vivos

de ese trópico anhelado, ¡tan lejano!

 

Es el hogar ausente

que en cada rama juega su niñez,

son esas casas del destierro llorando quedas.

 

Así, el triste árbol solitario

sin lecho propio

abandonado al infortunio del caminar incesante

—sin llegadas—

quizá logre ver

entre la intensa niebla

la tierra que lleva en sus ramas:

ese paisaje de la cara taciturna

que musita nostálgicas evocaciones fugaces.

 

Más un día, hijo, lo volveré a trasplantar,

ya definitivamente,

aunque pueda pasar que tampoco allí encuentre morada,

que no se sienta realizado en casa,

que después de tanto recorrer por el mundo

su pequeño lugar de nacimiento le sea ajeno.

Y será otra vez extranjero:

irreversible meteco,

noria de los pasos.

 

Porque después de todo este constante emigrar,

a lo mejor hasta para ti,

llegue a ser un desconocido más.

Pero seguro, el árbol, se sentirá siempre extraño,

incluso para él mismo.

 

 

POETA ERRANTE DE TODO BANDO

                                                      Para Carlos J. Báez Evertsz

…hasta escribir una carta es cosa penosa.

               Luis Cernuda, carta a J.L.L., 1953.

 

Desterrado de sí mismo

como una provocación más en su vida

siempre le acompañó el poder subversivo de un poema.

 

Lacerado hasta el infinito

—poeta errante de todo bando—

sufrió la censura de los sectarios

y el olvido impuesto en textos,

ya superados por la Historia.

 

Como una de sus destartaladas maletas

—siempre prestas tras la puerta—

jamás logró el regreso ansiado.

 

Su vida trascendió rota

—perpetuándose como un dandy—

Poetizando a diestra y siniestra.

 

No obstante, comprendió a tiempo

lo frágil que son las fronteras,

incluido su mejor sueño o su mayor anhelo.

 

Este hombre masticó el exilio

y toda desesperanza le fue ajena.

 

 

DÍPTICO DEL ETERNO EXILIADO

Para José Mario, in memoriam

Soy un exiliado total

Guillermo Rosales

 

I

Nos quedamos con tantas dudas e interrogantes

que faltó más de una conversación

con la frecuencia del abrazo que todo lo sella.

No obstante, ahora revives en la cercanía de nuestra memoria,

justo cuando has iniciado un viaje sin retorno

con tus ciudades amadas como equipaje:

esas interminables calles neoyorquinas,

tus sueños en un tranvía lisboeta,

taciturno quizá en Café de Flore

o la presencia en Praga del verdadero rostro humano

sesenta y ocho veces congelado.

Hasta tu cotidiano caminar por los madriles

—de Lavapiés a Sol y vice-versa—

donde repites con la ebriedad de tus versos

la travesía de los deseos.

 

Pero aún falta regodearte en otras latitudes

que reclaman tu regreso,

en este preciso instante

 

cuando deambulas en la nada.

Ahora que no necesitas ningún trámite

para volver a tu Isla,

porque llevas su mapa incrustado en tus neuronas.

 

Y así trasnochas como fantasma en tu Habana,

ansioso de recuperar todo aquello que te sostuvo en vida:

El Gato Tuerto, La Roca, el puerto;

El Pastores  o la Rampa,

hasta la escalinata que libertino frecuentabas

 con la lucidez de tus poemas más subversivos,

irremediablemente proféticos de tu posterior destino:

¡Un Rimbaud que ardía en el trópico

mientras toda querencia se convertía en cenizas!

 

Necesitabas volver a ese espacio vital

de tu primer bautizo amoroso,

como el alegre y travieso adolescente

que asombraba a su entorno familiar leyendo a Proust.

Sentar tu precocidad en la lujuria del Malecón

y ver escapar los abrazos idos

que retornan con la incertidumbre del oleaje,

donde el susurro de otras voces

danzan en la intimidad de un caracol

y repiten con la sonoridad de la nostalgia

el ceremonial de esas canciones

—preferiblemente de Bola de Nieve o de Vicentino Valdés—

grabadas en la lluvia de tus recuerdos

en un bar sin nombre

de una esquina cualquiera.

 

II

Tan caro precio pagaste por el amor de ese paisaje

que tan solo se escucha el triste eco de tu voz.

 

Con tu poesía rodeas la esencia del verdor insular,

vitral ausente de todo tipo de emblemas patrios.

 

Sin datos inscritos en tu pasaporte

deshaces la telaraña de tus ensueños

y confirmas la más trágica verdad:

los hombres son más libres después de muertos.

 

Al final, quemaste tu vida a grandes sorbos:

rebelde, iconoclasta irreverente,

doblemente exiliado,

poeta maldito en tu tierra y en el destierro.

 

 Precursor de tantos enfrentamientos,

rechazas la fugacidad de las vanidades

—incluido los transitorios ismos—

y nos dejas tu paso por este mundo

como un enigma injustamente inacabado.

 

Portador de la más cínica sonrisa,

ya saltas y brincas a tu libre albedrío,

a carcajadas te retuerces

de toda pequeñez humana.

Repiensas tu vida como un misterio

al borde del más inusual abismo.

Rehaces tus huellas

como testigo de un época

teñida de sangre a borbotones:

¡Ay Cuba!

La historia se equivoca tantas veces.*

 

* José Mario

Poeta Felipe Lázaro en revista Árbol Invertido
Felipe Lázaro

(Güines, Cuba, 1948). Poeta y editor cubano. Salió de Cuba en 1960. Licenciado en Ciencias Políticas y Sociología por la Universidad Complutense de Madrid. Graduado de la Escuela Diplomática de España. Fundó la editorial Betania en 1987. Ese mismo año, obtuvo la Beca Cintas. Fue uno de los fundadores de las revistas Testimonio (1968), La Burbuja (1984) y Encuentro de la cultura cubana (1996), y del periódico La Prensa del Caribe (1997). Autor de los poemarios: Despedida del asombro (1974), Las Aguas (1979), Ditirambos amorosos (1981), Los muertos están cada día más indóciles (1986 y 1987), Un sueño muy ebrio sobre la arena (2003), Data di Scadenza (Antología poética), traducción de Gaetano Longo (2003) y Fecha de caducidad. Antología poética, 1974-2004 (2004), Tiempo de exilio (2014). Es autor de diversas antologías, como: 9 poetas cubanos (1984), Poesía cubana contemporánea (1986), Poetas cubanos en Nueva York (1988), Poetas cubanos en España (1988), Poetas cubanas en Nueva York / Cuban Women Poets in New York (1991), Poesía cubana: la isla entera (1995), Al pie de la memoria. Antología de poetas cubanos en el exilio, 1959-2002 (2003) e Indómitas al sol. Cinco poetas cubanas de Nueva York (2011).

Comentarios:


Waldo Gonzalez Lopez (no verificado) | Vie, 25/03/2016 - 13:59

Valiosa poesia de hondas resonancias y genuine nostalgia. Sigues haciendo buenas cosas, Francis. Felicidades.

Lilliam Moro (no verificado) | Vie, 25/03/2016 - 17:15

Me gustó especialmente la primera parte del Díptico... Gracias, Felipe, por compartir tu voz.

Maya Islas (no verificado) | Vie, 25/03/2016 - 17:47

De esta lectura de tus poemas, ha quedado conmigo el poema a José Mario. Poema que
refleja una triste ternura, un movimiento que desciende.
Gracias por compartir tus poemas y tu estado de ser.

Margarita Garc… (no verificado) | Vie, 25/03/2016 - 18:09

Por este conjunto de poemas Félix Lazaro.

Héctor Santiago (no verificado) | Dom, 27/03/2016 - 16:18

José Mario pegado a mi piel para siempre. Ya no sé si delante o detrás la compañía de la isla o el exilio: de todas maneras todos son luz que me iluminan. Gracias!

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