Infancia
Cuando nací el acecho era innegable.
Desconozco los meses y los años,
y mi ignorancia me deja sin sentido
cuando pienso:
¿Será posible que yo lo haya vivido?
Hoy subo a un ómnibus
me fijo en un niño de cabeza deforme
y me pregunto: ¿Si había algo en mí
que me asustara
cuando yo fui como ahora un recuerdo?
(¿Es esto duda o la vergüenza
de hacer oculto donde nadie?)
Porque lo pienso y lo vuelvo y lo renombro;
y nada en mí da con mi hallazgo,
de no reconocerme, de no saber mi infancia:
¿Hubo un pequeño perro muerto?
¿Y mi madre, y el sanatorio, y los algodones,
y la sangre, y el día de Reyes, y mi padre,
y la pistola de calamina que no disparaba?
—Hay risas inconclusas
fragmentos tensos que nunca se deshacen—
¿Me asustaron alguna vez con algún "coco" o "el negro"?
¿Y el árbol tremendo? ¿Y el sexo?
Hoy, cuando este niño sonríe temeroso,
no soy yo el que recuerda,
que fue una vez sonriendo
que ardí en aquel patio. ¿Y las marcas
en los hombros y los dolores,
y el testimonio de toda la agonía,
no son esa sonrisa de ese niño deforme
que hoy no se reconoce?
¡Qué saben sus padres que cargan a sus hijos dulcemente!
—Érase una vez un pueblo pequeño y desastroso
donde mi abuela muere
y mis primas y sobrinas cantan…
Visto
Me he dado cuenta que ya no te amo
No me ha dolido ni un rasguño no me lo noto por ninguna parte
Me busco en los brazos toco el cuerpo y ni una marca
Toda hacia dentro se me vuelca el alma
Me pasa como aquel que no conoce dice y no lo siente
No sé qué soy conmigo dónde he estado si vuelvo o si regreso
Me pesa un sol la vida
Me hieren como a un ciego las palabras
Hay nombres que se clavan en mis dedos: lugares órdenes venganzas
Nadie me escucha y ando corro estoy cayendo y mi enemiga la muerte se me acerca
Estoy tan solo que no hace falta que lo diga: basta con mirarme.
Descubrimiento
El corazón se agolpa
Parece que no son las seis de la tarde;
que no ha recién comenzado la desdicha,
la inoportuna angustia o el consabido anochecimiento.
¿Cómo es que aún puedo ser capaz de la emoción?
De esas hojas al suelo henchidas de sol y muertas;
Como animales en estampida que se hubieran paralizado
—verlas: haberme quedado pensativo durante largo rato y callar.
Porque todo va y viene de mí mismo y siempre ha sido.
Busqué: hace destrozos que estoy buscando:
hace caballos moribundos ojos deshabidos. El hilo de mi propia
búsqueda que enrolla y desenrolla: un cuerpo y otro cuerpo:
y el mío, y es preferible que pare de contar y caiga:
como esas hojas que he visto rodar casi de tierra;
al viento de su propia inercia.
Envío
¿Sabes?: En ti estoy todo yo. Me he ido contigo.
Me he quedado a expensas de un mundo que ignoro: voces que ignoro:
objetos que ignoro. Me extraña y me horroriza esa facultad tuya
de haberme llevado sin que lo notes.
Al principio creí que eras tú quien te habías quedado, pero
después: te iba buscando y no hallé nada.
Tú no estabas en aquella casa, ni en mis libros, ni en Los Amantes de Picasso
Los muebles comenzaron a desaparecer como por arte de magia;
hasta que la cosa se hizo tan real:
Que entonces me di cuenta que yo también había partido.
Primer pequeño testamento
Estoy tan solo como la muerte
Haberlo comprendido me ha hecho poderoso
Las palabras que solemos decir no son las justas
Justas son nuestras acciones que todo lo demuelen
El pasado y mis enemigos me han enriquecido
He aprendido el amor como quien busca cactus espinosos
He llorado la sangre de mis dedos y las heridas me suenan
como una guitarra milagrosa.
Para leer otros poemas de José Mario y conocer sobre su obra, descarga aquí el PDF gratuito del libro No hablemos de la desesperación, cedido cortésmente por la Editorial Betania.
Poeta y editor cubano nacido en 1940 y fallecido en Madrid en 2002, José Mario Rodríguez fue una figura central en la articulación de espacios literarios independientes, especialmente a través de las Ediciones El Puente, proyecto que impulsó primero en La Habana y posteriormente en el exilio (fue deportado de Cuba en 1968), donde continuó su labor intelectual como editor, promotor y escritor.
Su trayectoria, marcada por el desarraigo y la continuidad creadora fuera de la Isla, definió una obra atravesada por experiencias límite y una sensibilidad de ruptura, que se afirma como una de las más singulares de su generación. Como señala el poeta y editor Felipe Lázaro en la Introducción a la tercera edición de su poemario No hablemos de la desesperación (Betania, 2026), que incluye los cinco poemas aquí publicados:
"Si bien es recordado por su reconocida bohemia habanera y madrileña, sus chispeantes anécdotas y su carácter contestatario, José Mario es algo más y ya ha trascendido a su tiempo para convertirse en uno de los poetas cubanos más consecuentes del pasado siglo XX: por su obra poética y el desparpajo de su contagiosa cubanía."
La poeta Isel Rivero, amiga y contemporánea suya, destaca en el prólogo del mismo volumen la intensidad constitutiva de su escritura al afirmar que:
"Es el testimonio del más intenso dolor, dolor ante la deshumanización de la sociedad que ya carcomía a la Isla y el desgarramiento de una relación amorosa interrumpida. Este libro viene a fundir dos experiencias críticas en la vida del poeta, por un lado, la infamia del sistema político que aisló y persiguió en un acto de limpieza no étnica sino de moral estalinista creando los campos de reeducación y trabajo UMAP y, por otro, la separación del amante."
Esto permite leer su poesía como un espacio donde lo íntimo y lo histórico se entrecruzan de manera inseparable. Por su parte, el poeta y editor Pío E. Serrano sitúa esta escritura en su dimensión generacional al apuntar en el epílogo del poemario que:
"Expulsados el autor y su editorial por una revolución devenida en régimen autoritario, borrados de los diccionarios, perseguidos por irreverentes y heterodoxos, culpables de haber conciliado una veintena de jóvenes escritores sin hacer distingos de raza, sexualidad, estilos literarios o compromisos ideológicos, forzados algunos al exilio, otros al trabajo obligatorio en campos de concentración (UMAP), en 1970, recién instalado en el exilio, José Mario se dispone a refundar el proyecto vital que lo había alimentado hasta entonces."
En conjunto, su poesía configura un territorio de intensidad donde el lenguaje no solo expresa la experiencia, sino que la tensiona y la pone en crisis, articulando una voz que persiste en la exploración de sus propias fracturas.
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