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Poesía cubana | "Primer pequeño testamento" y otros poemas de José Mario

"El pasado y mis enemigos me han enriquecido / He aprendido el amor como quien busca cactus espinosos / He llorado la sangre de mis dedos y las heridas me suenan / como una guitarra milagrosa."

Detalle de la obra "Seguiremos bailando mientras nos paguen" (2022), del artista británco Glenn Brown.
Detalle de la obra "Seguiremos bailando mientras nos paguen" (2022), del artista británco Glenn Brown.

Infancia

Cuando nací el acecho era innegable.

Desconozco los meses y los años,

y mi ignorancia me deja sin sentido

cuando pienso:

   ¿Será posible que yo lo haya vivido?

   Hoy subo a un ómnibus

me fijo en un niño de cabeza deforme 

y me pregunto: ¿Si había algo en mí

que me asustara

cuando yo fui como ahora un recuerdo?

   (¿Es esto duda o la vergüenza

   de hacer oculto donde nadie?)

Porque lo pienso y lo vuelvo y lo renombro;

y nada en mí da con mi hallazgo,

de no reconocerme, de no saber mi infancia:

¿Hubo un pequeño perro muerto?

¿Y mi madre, y el sanatorio, y los algodones,

y la sangre, y el día de Reyes, y mi padre, 

y la pistola de calamina que no disparaba?

 —Hay risas inconclusas

     fragmentos tensos que nunca se deshacen

¿Me asustaron alguna vez con algún "coco" o "el negro"?

¿Y el árbol tremendo? ¿Y el sexo?

Hoy, cuando este niño sonríe temeroso,

no soy yo el que recuerda,

que fue una vez sonriendo

que ardí en aquel patio. ¿Y las marcas

en los hombros y los dolores,

y el testimonio de toda la agonía,

no son esa sonrisa de ese niño deforme

que hoy no se reconoce?

¡Qué saben sus padres que cargan a sus hijos dulcemente!

Érase una vez un pueblo pequeño y desastroso

donde mi abuela muere

y mis primas y sobrinas cantan…

Visto

Me he dado cuenta que ya no te amo

No me ha dolido ni un rasguño no me lo noto por ninguna parte

Me busco en los brazos toco el cuerpo y ni una marca

Toda hacia dentro se me vuelca el alma

Me pasa como aquel que no conoce dice y no lo siente

No sé qué soy conmigo dónde he estado si vuelvo o si regreso

Me pesa un sol la vida

Me hieren como a un ciego las palabras

Hay nombres que se clavan en mis dedos: lugares órdenes venganzas

Nadie me escucha y ando corro estoy cayendo y mi enemiga la muerte se me acerca

Estoy tan solo que no hace falta que lo diga: basta con mirarme.

Descubrimiento

El corazón se agolpa

Parece que no son las seis de la tarde;

que no ha recién comenzado la desdicha,

la inoportuna angustia o el consabido anochecimiento.

¿Cómo es que aún puedo ser capaz de la emoción?

De esas hojas al suelo henchidas de sol y muertas;

Como animales en estampida que se hubieran paralizado

verlas: haberme quedado pensativo durante largo rato y callar.

Porque todo va y viene de mí mismo y siempre ha sido.

Busqué: hace destrozos que estoy buscando:

hace caballos moribundos ojos deshabidos. El hilo de mi propia

búsqueda que enrolla y desenrolla: un cuerpo y otro cuerpo:

y el mío, y es preferible que pare de contar y caiga:

como esas hojas que he visto rodar casi de tierra;

al viento de su propia inercia.

Envío

¿Sabes?: En ti estoy todo yo. Me he ido contigo.

Me he quedado a expensas de un mundo que ignoro: voces que ignoro:

objetos que ignoro. Me extraña y me horroriza esa facultad tuya

                                           de haberme llevado sin que lo notes.

Al principio creí que eras tú quien te habías quedado, pero 

                                    después: te iba buscando y no hallé nada.

Tú no estabas en aquella casa, ni en mis libros, ni en Los Amantes de Picasso

Los muebles comenzaron a desaparecer como por arte de magia; 

                                                     hasta que la cosa se hizo tan real:

Que entonces me di cuenta que yo también había partido.

Primer pequeño testamento

Estoy tan solo como la muerte

Haberlo comprendido me ha hecho poderoso

Las palabras que solemos decir no son las justas

Justas son nuestras acciones que todo lo demuelen

El pasado y mis enemigos me han enriquecido

He aprendido el amor como quien busca cactus espinosos

He llorado la sangre de mis dedos y las heridas me suenan

como una guitarra milagrosa.

Para leer otros poemas de José Mario y conocer sobre su obra, descarga aquí el PDF gratuito del libro No hablemos de la desesperación, cedido cortésmente por la Editorial Betania.


Poeta y editor cubano nacido en 1940 y fallecido en Madrid en 2002, José Mario Rodríguez fue una figura central en la articulación de espacios literarios independientes, especialmente a través de las Ediciones El Puente, proyecto que impulsó primero en La Habana y posteriormente en el exilio (fue deportado de Cuba en 1968), donde continuó su labor intelectual como editor, promotor y escritor. 

Su trayectoria, marcada por el desarraigo y la continuidad creadora fuera de la Isla, definió una obra atravesada por experiencias límite y una sensibilidad de ruptura, que se afirma como una de las más singulares de su generación. Como señala el poeta y editor Felipe Lázaro en la Introducción a la tercera edición de su poemario No hablemos de la desesperación (Betania, 2026), que incluye los cinco poemas aquí publicados: 

"Si bien es recordado por su reconocida bohemia habanera y madrileña, sus chispeantes anécdotas y su carácter contestatario, José Mario es algo más y ya ha trascendido a su tiempo para convertirse en uno de los poetas cubanos más consecuentes del pasado siglo XX: por su obra poética y el desparpajo de su contagiosa cubanía." 

La poeta Isel Rivero, amiga y contemporánea suya, destaca en el prólogo del mismo volumen la intensidad constitutiva de su escritura al afirmar que:

"Es el testimonio del más intenso dolor, dolor ante la deshumanización de la sociedad que ya carcomía a la Isla y el desgarramiento de una relación amorosa interrumpida. Este libro viene a fundir dos experiencias críticas en la vida del poeta, por un lado, la infamia del sistema político que aisló y persiguió en un acto de limpieza no étnica sino de moral estalinista creando los campos de reeducación y trabajo UMAP y, por otro, la separación del amante."  

Esto permite leer su poesía como un espacio donde lo íntimo y lo histórico se entrecruzan de manera inseparable. Por su parte, el poeta y editor Pío E. Serrano sitúa esta escritura en su dimensión generacional al apuntar en el epílogo del poemario que: 

"Expulsados el autor y su editorial por una revolución devenida en régimen autoritario, borrados de los diccionarios, perseguidos por irreverentes y heterodoxos, culpables de haber conciliado una veintena de jóvenes escritores sin hacer distingos de raza, sexualidad, estilos literarios o compromisos ideológicos, forzados algunos al exilio, otros al trabajo obligatorio en campos de concentración (UMAP), en 1970, recién instalado en el exilio, José Mario se dispone a refundar el proyecto vital que lo había alimentado hasta entonces." 

En conjunto, su poesía configura un territorio de intensidad donde el lenguaje no solo expresa la experiencia, sino que la tensiona y la pone en crisis, articulando una voz que persiste en la exploración de sus propias fracturas.

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José Mario

José Mario

(Güira de Melena, 1940 – Madrid, 2002) fue un poeta y editor cubano cuya labor resultó decisiva en la promoción de nuevas voces literarias tanto en Cuba como en el exilio. Fundó en La Habana las Ediciones El Puente (1961-1965), proyecto editorial clave en el panorama cultural de la época, que retomó posteriormente en Madrid (1970-2000), donde también creó el sello La Gota de Agua y dirigió la revista Resumen literario El Puente (1979-1988). Autor de trece poemarios —siete publicados en Cuba y seis en el exilio—, inició su trayectoria con El grito (1960) y desarrolló una obra poética de marcado carácter renovador. Su producción incluye además el volumen teatral 15 obras para niños (La Habana, 1961 y 1963). Tras su salida de Cuba en 1968, su actividad editorial y literaria se consolidó en España, donde continuó articulando espacios de difusión para la literatura hispanoamericana contemporánea.

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