Yudelkis se pasó todo el domingo 24 de mayo de 2026 buscando un saco de carbón por La Habana Vieja para cocinar. No tiene gas de la calle y mucho menos puede pagar los cilindros. Ya eran más de las ocho de la noche y no restablecían la corriente. Su casa estaba a oscuras, caminaba de un lado a otro, atravesando la sala, hasta que decidió pararse en el balcón con un caldero viejo que utiliza para calentar agua y una espumadera de aluminio. Comenzó a tocarlo con mucha fuerza mientras gritaba:
"Ya no puedo más, ¿hasta cuándo?"
Ese toque se fue replicando en su cuadra: otros vecinos salieron también a tocar calderos con la misma fuerza que Yudelkis. En poco más de diez minutos, muchas personas se fueron sumando.
Estas manifestaciones, sobre todo motivadas por los interminables apagones, se han sucedido durante los meses de mayo y junio de 2026.
Los cacerolazos, el sonido de la rebeldía
Los cacerolazos son una de las modalidades de protesta más recurrentes en Cuba, según la base de datos del grupo colaborativo Justicia 11J —nombrada así por la gran ola de protestas iniciada el 11 de julio de 2021 que terminó en represión y cárcel para muchos— que verifica, sistematiza y difunde información sobre protestas públicas en la isla. Entre 2022 y el cierre de este reportaje han documentado 430 cacerolazos. Esas protestas que sale de las cocinas y se cuecen en los hogares sin recursos son una forma segura de demostrar la indignación.
Aunque en Cuba está permitido protestar, en la práctica es una actividad de riesgo por la respuesta represiva del gobierno. La Constitución aprobada en 2019 reconoce, en su artículo 54, los derechos de reunión, manifestación y asociación, siempre que se ejerzan con fines "lícitos" y "pacíficos", y en correspondencia con el respeto al "orden público" y las disposiciones "legales vigentes".
En un contexto como el cubano, donde no se permite el avance de ningún tipo de manifestación independiente, Justicia 11J ha registrado 1233 manifestaciones de calle en cuatro años: unas 308 al año, casi una diaria.
No obstante, la cifra podría ser aún mayor, según reportes del Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), que documenta acciones represivas contra activistas y miembros de la sociedad civil que deciden protestar. Solo en 2026, hasta el mes de abril, la organización contabilizaba 1289 acciones represivas y 154 detenciones arbitrarias, cifras que también reflejan la capacidad de opresión gubernamental.
¿Cómo son las protestas en Cuba? ¿Quiénes convocan a los cubanos a protestar? ¿Cómo se organizan estas protestas? ¿Existe algún programa estructurado para realizar convocatorias? ¿Existe alguna organización detrás de las manifestaciones?
Espontáneas y fragmentadas
Justicia 11J caracteriza las protestas según su naturaleza, para luego medirlas. Estos son algunos de los filtros de su detallada base de datos: caminatas, consignas, octavillas, huelgas, protestas de organización, convocatorias, desnudos, daño a la propiedad, cartel, acuartelamiento, cierre de calle, entre otras.
Algunas llaman la atención por lo que revelan: entre 2022 y 2026 solo se han registrado cinco convocatorias a manifestar y 22 protestas de organizaciones. Esto podría ser consecuencia de la falta de liderazgo de oposición con capacidad para movilizar, ya que el gobierno se ha encargado de acorralar a las disidencias políticas.
Un entrevistado que pidió no ser identificado señala que lo más difícil de explicar es la ausencia de liderazgo visible:
"No es que alguien te diga qué hacer, es que todo el mundo lo está pensando al mismo tiempo. La gente se mira, se entiende sin hablar mucho. Y en algún punto alguien empieza a caminar. Y los demás deciden si siguen o no."
Cuando el movimiento pasa del espacio de una conversación entre un grupo de vecinos a protestar en la calle, la dinámica cambia. Comenta otro entrevistado:
"La calle no es lo mismo. Ya no es solo hablar. Es exponerse."
Afirma un joven entrevistado:
"Aquí nadie te dice 'vamos a protestar' como si fuera una reunión. Eso se va formando solo."
Según su relato, todo comienza en la desesperanza que causan los apagones, la falta de agua potable, la escasez de alimentos. Pero lo que transforma esas condiciones en algo distinto no es un hecho aislado, sino la repetición constante de los mismos problemas día tras día.
Una mujer de 42 años lo describe como un proceso escalonado:
"Yo estaba hablando con una vecina, las dos cansadas, las dos llorando. No era que estábamos protestando, era desahogo por tanto tiempo en la misma situación. Llega el momento en que ya no puedes más y explotas."
Afirma que otras personas comenzaron a acercarse sin que nadie las llamara:
"Cada quien decía su problema. Y al final todos hablaban de lo mismo. Nadie estaba organizando nada, pero ya no era una conversación de dos personas."
En esa circunstancia, según su testimonio, aparece un cambio de tono:
"Alguien dijo: 'Esto no se resuelve aquí', y salimos a la calle. Fue algo natural. Me atrevo a decir que la mayoría de las protestas en Cuba son así: nadie las convoca."
En ese tránsito, la información circula con rapidez a través de teléfonos móviles y conversaciones fragmentadas. Nadie tiene una visión completa de lo que ocurre. Dice la mujer:
"Uno no sabe todo lo que está pasando, pero siente que está pasando en varios lugares."
Otro testimonio describe un intento distinto: la organización explícita de una protesta a través de redes digitales. "Yo escribí un mensaje, puse un lugar y una hora", cuenta. "Pensé que la gente iba a responder". Sin embargo, la respuesta fue limitada:
"Algunos comentaron, otros compartieron, pero casi nadie apareció."
Con el tiempo, dice haber entendido otra lógica:
"No basta con decirlo. Si la gente no está en ese punto de tensión, no pasa nada. No es el mensaje lo que crea la protesta, es el momento."
En todos los relatos aparece una misma idea: las protestas no son percibidas como eventos planificados, sino como procesos sociales que se construyen de manera progresiva. No hay una única voz que convoque ni una estructura que organice. Lo que emerge es una secuencia de conversaciones, emociones compartidas y decisiones individuales que, en determinados momentos, coinciden en el espacio público.
Música, Morón y cuatro desnudos
La canción "Patria y Vida", interpretada por Yotuel, Gente de Zona, Descemer Bueno, Maykel Osorbo y El Funky, se ha convertido para muchos cubanos en un himno de libertad y protesta contra la consigna del régimen cubano "Patria o Muerte".
El propio expresidente de Uruguay, Luis Lacalle Pou, el 18 de septiembre de 2021, durante la VI Cumbre de la CELAC celebrada en Ciudad de México, respondió a Miguel Díaz-Canel citando una parte de la canción:
Que no siga corriendo la sangre por querer pensar diferente.
¿Quién les dijo que Cuba es de ustedes, si mi Cuba es de toda mi gente?
Una bocina frente a una vivienda a altos decibeles y un grupo de cubanos tarareando "Patria y Vida" durante las celebraciones por el fin de año de 2022 es una escena que quedó registrada en un video difundido hace cuatro años por el usuario de YouTube Cuba Urbano Noticias.
Atreverse a reproducir públicamente una canción como "Patria y Vida" —o cualquiera de las concebidas como contestatarias— constituye un fuerte mensaje de rechazo al régimen. Como esta, Justicia 11J documentó que al menos siete manifestaciones con música se han realizado desde 2022.
Bloquear las calles es una de las formas de protesta más comunes, con 159 registros. Una vecina de La Habana Vieja que prefiere confidencialidad explicó cómo sucedió una acción de cierre de calles:
"Salimos sin pensarlo mucho. Sacamos cubos, tanques vacíos, palos y hasta sacos con basura. Con eso fuimos bloqueando la calle. La gente fue saliendo con lo que tenía en la casa y entre todos se fue cerrando el paso. No era algo organizado. La gente habla de que las bombas que tire Trump no tienen nombre, pero yo me pregunto si existe algo peor que esto que estamos viviendo, yo prefiero morir. Y como no le tengo miedo a la muerte, seguiré diciendo que protestar bloqueando la calle es la única forma que sentimos de hacer visible lo que estábamos viviendo."
Protestar frente a instituciones del régimen cubano no es una protesta común; más bien, es utilizada al entender de los manifestantes como una forma de decir:
"Nosotros tenemos el verdadero poder."
De este tipo de protestas se han registrado 83 y la ocurrida en Morón frente a la sede municipal del Partido Comunista de Cuba, es la número 80 en la base de datos de Justicia 11J.
Esta protesta, ocurrida el 13 de marzo de 2026, tuvo especial connotación por situar directamente en ese espacio institucional las demandas y el descontento de los manifestantes en medio del creciente malestar social.
Protestar puede ser cerrar una calle o realizar un cacerolazo, golpeando con fuerza un caldero auxiliado con otros utensilios de cocina o un pedazo de madera. Esta última forma de protesta es una de las que más se ha expandido por toda Cuba y se ha convertido en un símbolo del descontento popular, según explica un activista de la ONG Cuba Crece Contigo, quien prefirió permanecer en el anonimato por motivos de seguridad, debido a que reside en la isla.
Protestar también puede ser una caminata por las calles de cualquier ciudad o repartir octavillas, pegar folletos en espacios públicos o incluso convocar una huelga en un centro laboral. Las formas de protesta son diversas y continúan transformándose, tal como registra la documentación de Justicia 11J. Por ejemplo, en su base de datos hay registrados 162 cierres de calle, 352 pegadas de carteles, 189 daños a la propiedad, 10 huelgas, 12 enfrentamientos con las autoridades y cuatro desnudos.
Internet, pieza angular de la protesta en Cuba
Con la llegada de internet a los teléfonos celulares de Cuba, alrededor de 2018, las posibilidades de organizarse de la sociedad civil han aumentado exponencialmente. Ese mismo año fue creado el Movimiento San Isidro, grupo de artistas críticos, unos de los protagonistas de las protestas del 11 de julio de 2021.
Luis Manuel Otero Alcántara, uno de sus líderes, encarcelado desde ese año, escribió una carta a The New York Times, publicada el 24 de abril de 2026, en la que refiere el valor de las redes sociales:
"Utilicé las redes sociales para hablar a mis compatriotas cubanos sobre la necesidad de cambio. Entre más popular y visible me hacía, el Estado más me percibía como una amenaza; cada vez me vigilaban más, me acosaban y me detenían por cargos como 'ultraje a los símbolos de la patria'."
Ese gran levantamiento del 11J —en el que Otero no pudo participar porque fue detenido cuando se disponía a unirse a las manifestaciones— también se propagó espontáneamente según señala Amnistía Internacional.
Muchos grupos de WhatsApp y de Facebook son utilizados por gestores de ventas para promocionar artículos de diferentes tipos. En ellos te puedes encontrar desde un medicamento que no existe en la red de farmacias hasta electrodomésticos que en las tiendas en dólares pueden costar un 50 % más.
Estos grupos toman el nombre de una plataforma cubana de compraventa informal nombrada Revolico y, según una búsqueda propia, existen más de 472 con miles de seguidores, tanto dentro de la isla como fuera. Según fuentes consultadas, en estos espacios existe la mayor cantidad de personas de diferentes clases sociales, lo que permite promover cualquier convocatoria de forma rápida y segura.
Ramiro afirma que la razón por la cual se interrumpe el acceso a internet en Cuba es precisamente para evitar que en otras localidades del país "la gente se pueda tirar para la calle". En ese sentido, sostiene que las recientes protestas en La Habana han funcionado como un factor de impulso para que en otros territorios también se registren intentos de convocatoria.
Dentro de uno de estos grupos de Facebook, circuló una convocatoria de protesta en el municipio Amancio, en la provincia de Las Tunas, para el 20 de mayo de 2026, difundida por un usuario anónimo. En el mensaje se mezclan reclamos sociales vinculados a los apagones y la falta de servicios básicos con llamados a la movilización, en un contexto de creciente tensión social. El autor se pregunta:
"¿Dónde están las madres que no tienen comida ni corriente para sus hijos?"
Cuenta un participante de las protestas en La Habana, que accedió a hablar bajo anonimato:
"No puedo decir que aquello fue una reunión organizada como tal. No hubo un líder, ni un punto de encuentro definido desde el principio. Todo empezó con los apagones. Ese día llevábamos varias horas sin corriente, más de treinta para ser exacto, el calor era insoportable y la gente salió a la calle a hablar, a quejarse, como siempre. Pero esa vez fue distinto. Alguien dijo en voz alta que no podía seguir así. Otro respondió. Y en cuestión de minutos ya no era una conversación de barrio, era una multitud."
Según su relato, el papel de las redes digitales no fue de convocatoria, sino de amplificador:
"Después empezó a circular todo por los grupos. No era que alguien dijera 'vamos a protestar a tal hora', sino que la gente iba compartiendo lo que estaba pasando, dónde había movimiento, qué calles estaban cerradas, qué estaba ocurriendo en otros lugares. Eso te daba la sensación de que no estabas solo."
Recuerda que muchas personas se enteraban de lo que ocurría en tiempo real a través del teléfono:
"Algunos iban hasta el lugar porque ya estaban en la calle, otros porque vieron videos, otros porque escucharon a los vecinos. Era como una reacción en cadena, no una convocatoria única."
Sin embargo, también admite que el ambiente era confuso:
"Había mensajes de todo tipo, algunos llamaban a protestar, otros a quedarse en casa, otros estaban llenos de rabia. Era difícil saber qué era real y qué no, pero la tensión ya estaba en la calle. Si me preguntas quién lo organizó, te diría que nadie en particular. Fue más bien una acumulación de cosas, hasta que un día todo explotó en el mismo lugar y al mismo tiempo."
Cubalex: un dato que no se puede ocultar
El informe de abril de 2026 presentado por la organización jurídica y de derechos humanos Cubalex advierte sobre el agravamiento de la crisis social en el país y un escenario cada vez más represivo.
El documento señala que el mes cerró con 229 protestas registradas en distintas provincias de Cuba, la cifra más alta desde las ocurridas en marzo de 2024. Según el informe, estas expresiones de descontento popular estuvieron motivadas principalmente por los interminables apagones, la escasez de alimentos, la falta de agua potable, la crisis del transporte y el deterioro general de las condiciones de vida de la población.
Más allá de la cifra, el dato evidencia un patrón sostenido: la protesta se ha convertido en una forma recurrente de expresión social ante la acumulación de carencias básicas. Mientras los problemas cotidianos no encuentran respuesta estable, la calle aparece como uno de los pocos espacios donde el malestar se hace visible.
"No vas a resolver nada con protestar, solo buscarte problemas" es una frase común en Cuba, según refiere Cristina, quien además se cuestiona:
Regresar al inicio"¿Por qué en Cuba lo que es natural en el mundo entero tiene que ser prohibido?"