“Está hecho en primera persona. Él habla de sí mismo. No tiene voiceover”, me comenta Ernesto Fundora cuando le pregunto por su documental Luis Manuel Otero Alcántara: Estamos conectados. Vuelve sobre esa idea con insistencia, como si en ese punto se jugara algo más que una decisión estética en la película, estrenada mundialmente este 7 de febrero de 2026 en el Museo de la Diáspora Cubana, en Miami.
El resultado es un reflejo fílmico que no pretende explicar a Otero Alcántara, sino, más bien, dejarlo hablar, y que, de paso, comprendamos la urgencia del gesto.
Fundora comenta que el proyecto nace:
"A partir de la serie de documentales Cuba Suena, que yo estaba haciendo en Cuba sobre el período del deshielo y su repercusión en la sociedad cubana durante el gobierno de Obama."
En ese contexto, el realizador conoce a Luis Manuel, y cuando este viaja a México se pasa unos días en casa de Fundora:
"Lo empiezo a documentar, me acerco al Movimiento [San Isidro], a las obras que ellos estaban haciendo. Ahí comienza la proximidad. Tuve el privilegio de que se iniciara una amistad entre nosotros."
El documental recorre los primeros trabajos del artista cubano en 2013 y 2014, “no exentos de ingenuidades”, cuando “todavía no había ese artista depurado que ya fue al final”, comparte Ernesto Fundora.
Fundora detalla:
"A partir de Obama, 2016, 2017, 2018, esencialmente, ahí hay momentos fulgurantes en su creación."
Son tres años en los que el arte y la confrontación política se vuelven inseparables en la obra y la actitud de Luis Manuel:
"Resguardé toda la información que tenía en su laptop."
Ese archivo le permitió acceder:
"A la mayor cantidad de imágenes de él y del Movimiento."
Así se iría construyendo “una especie de collage”, donde conviven registros personales, videoartes, campañas digitales del Movimiento San Isidro y documentaciones propias, consiguiéndose una película que:
"Tiene esa duplicidad: las dos caras, el creador artístico y el ciudadano activista de oposición. Es bastante lineal, termina en la cárcel, que es su último evento."
Es una producción radicalmente independiente que comenzó, más que todo, por iniciativa personal:
"Empecé costeándolo de mis propios fondos. He ido buscando apoyos en muchas amistades."
Ocho productores asociados, entre los que se encuentran Mercedes Cabrera, Nara Valdés, Rondón & Sánchez, The Patriot Kids, Arroz La Jama y Personal Injury Law Partners, sostuvieron finalmente el proyecto. No fueron mecenas, sino parte del compromiso con la realidad.
Como parte del documental se incluyen también las voces de Yanelys Núñez, Amaury Pacheco, Iris Ruiz; testimonios que no buscan consenso ni moderación, hablan desde la experiencia, desde sus cuerpos y sus criterios.
El estreno en el Museo de la Diáspora Cubana no es casual, pues según declara Fundora:
"El Museo fue uno de los que me apoyó económicamente para terminarlo. Es un lugar emblemático de la resistencia, la disidencia y la oposición en Miami."
Y asegura:
"El documental no está cerrado, es un proyecto abierto que se puede perfeccionar, que se puede mejorar. Lo que está sucediendo este año para Cuba va a generar nuevos eventos y acontecimientos que vinculan a Luis Manuel."
Se estrena, sobre todo, para dejar constancia antes de que el poder vuelva a imponer su versión única, antes de que el silencio vuelva a ganar terreno.
El director tiene la expectativa de:
"Desenmascarar los procesos atroces que lleva a cabo esa dictadura totalitaria, el abuso de poder, el ensañamiento, el desprecio que siente por los artistas, la militarización de la sociedad, mostrar su heterodoxia, su delirio, su locura, su libertad".
Porque, como dice el propio Fundora:
"Luis Manuel es un símbolo de esta época, de este tiempo de la hipermodernidad cubana, con el pie firme en la calle, en el barrio, en el pueblo. Se sueña con recomponer la nación."
Después del estreno, el documental inicia un recorrido por distintos espacios de Miami y su periferia, además de ser exhibido en las plataformas MegaTV y Univista TV, en prime time (horario estelar). La estrategia no es elitista ni marginal: es expansiva. El propósito de Fundora con Estamos conectados... es frontal y pensado, y debe verse como la otra parte de una “incómoda” realidad.