Luis Manuel Otero
Imagen: Luis Manuel Otero Alcántara / Facebook

"Un desenlace fatal en este caso cerraría las probabilidades de un regreso a la política de Obama por parte de la nueva administración norteamericana, y el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea podría estar en peligro". 

En septiembre de 2020, el presidente español Pedro Sánchez lamentó “profundamente” el fallecimiento de Igor González Sola, un miembro de la organización ETA, a quien se le adjudican al menos 855 muertes. La reacción de Sánchez fue criticada y comparada con la de Margaret Thatcher en 1981, cuando el integrante del IRA Bobby Sands murió en prisión como consecuencia de una huelga de hambre. La entonces primera ministra británica no lamentó la pérdida de esta vida.

El régimen de Cuba, que se vende como gobierno de izquierda, se encuentra en una situación parecida a la que enfrentó la Dama de Hierro, política conservadora, famosa por su firmeza al dirigir los asuntos de Estado y sus políticas de privatización de las empresas estatales, de la educación y de los medios de ayuda social.

El artista y activista Luis Manuel Otero Alcántara está en su séptimo día de huelga de hambre y sed. A diferencia de Bobby Sands, su reclamo no es que le reconozcan como prisionero político, porque no está en la cárcel, sino en su casa, hasta donde sabemos, sin acceso a Internet y sin que puedan llegar a verlo sus allegados.

Pese a las aparentes diferencias ideológicas, el gobierno cubano parece tener más en común con la líder de derecha que con el socialista Pedro Sánchez: todo parece indicar que están dispuestos a dejar morir a Otero Alcántara.

Sin embargo, ante la muerte de Sands, Margaret Thatcher pudo decir que se trataba de “un criminal convicto que eligió llevarse su propia vida. Una opción cuya organización no dejó tomar a muchas de sus víctimas”.

Mientras el IRA había reivindicado numerosos actos terroristas e incluso llevó a cabo un intento fallido contra Margaret Thatcher, en el que murieron cinco personas, el crimen de Otero Alcántara ha sido desarrollar un arte político y frontal, fuera de las instituciones que, en un tiempo remoto y olvidado por quienes ahora lo descalifican con el argumento de que no tiene aval artístico, lo acogieron y auparon como artista emergente.

Sí, porque, la persona que han intentado desacreditar como impresentable, mercenario y provocador a sueldo de los Estados Unidos, integró las filas de la Asociación Hermanos Saíz (AHS) y de la Asociación Cubana de Artesanos y Artistas (ACAA). Además de su pertenencia a estas dos instituciones estatales que exigen un tramo de carrera artística recorrido y una obra que los respectivos jurados consideren de calidad, Otero Alcántara expuso en espacios como las galerías Luz y Oficios y Ambos Mundos, de la Habana Vieja. En 2012, la revista el Caimán Barbudo lo entrevistó a propósito de su muestra en Luz y Oficios.

Otero Alcántara, un joven negro autodidacta de un barrio marginado, pudo haber sido un artista que realizara su arte sin meterse en política, o sea, sin meterse en política de una manera que resultara incómoda para el gobierno cubano, y quizás un día el gobierno le habría hecho el honor de exhibirlo como una muestra de que la Revolución no discrimina entre graduados y no graduados. No, las galerías revolucionarias, léase las galerías de la Revolución, o sea, las del Estado, les abren las puertas a todos los artistas… siempre que no se metan con la Revolución, que es justamente lo que hizo Otero Alcántara desde que creó, junto a la historiadora de arte Yanelys Núñez, el Museo de la Disidencia.

Otero no entendió que “dentro de la Revolución, todo y contra la Revolución, nada” significa dentro de las instituciones estatales todo…, y contra las instituciones, o fuera de las instituciones, nada. No contento con haber creado el Museo de la Disidencia, y con la atención especial que a partir de entonces empezó a dedicarle la Seguridad del Estado, Luis Manuel llevó a cabo una bienal, cuando el gobierno había dicho que no había las condiciones para llevar a cabo la bienal de La Habana correspondiente al 2018.

Decirle a la institución “tú no podrás hacerla, pero yo sí; no te necesito”, constituye un acto criminal en un país donde el gobierno lleva más de medio siglo decidiendo qué puede hacer la gente y cuándo puede hacerlo. Imagínese si a partir de ahora, los artistas se limpian… la cara con los eventos realizados por las instituciones y deciden organizar los suyos. Imagínese si de pronto a los artistas deja de interesarles pertenecer, sinónimo de ser controlados, a cambio de algún pequeño privilegio, por las instituciones.

Otero Alcántara no fue el único artista que se opuso al Decreto 349. Otros, reconocidos e integrados a las instituciones también expresaron su desacuerdo. Pero él fue la cabeza más visible, convirtió la oposición al 349 en un gran performance y en una misión en la que se le unieron muchos otros. El gobierno tuvo que recular y no por única vez.

Cuando lo encarcelaron e intentaron fabricarle una causa criminal por su performance con la bandera cubana, la presión internacional obligó al régimen a liberarlo, y a demostrar que la causa era más política que criminal.

Demasiado incómodo este negro marginal, que pese a todas las detenciones y toda la presión, insiste en quedarse en Cuba y provoca algo así como un efecto mariposa. Inicia un acuartelamiento con huelguita de hambre y sed incluidas, junto a otros “impresentables” (incluida una exprofesora del ISDI), por el encarcelamiento del rapero Denis Solís, y a los pocos días un grupo de artistas se planta frente al Ministerio de Cultura y surge algo llamado Movimiento 27 N, que termina obligando al ministro de cultura a propinar un manotazo y dejar al desnudo su falta de cultura.

Y después, el negro de mierda aparece con la bandera en el video de Patria y Vida, sin cantar, porque el tipo no canta, pero ahí está. Y luego se baja con esa obra del garrote vil. Es hora de pararle los pies.

En realidad, era hora hace mucho tiempo. No resultaron fructíferos para desacreditarlo ni la exhibición de sus fotos íntimas en las redes ni los esfuerzos del periodista Humberto López por mostrarlo como un asalariado de los Estados Unidos.

Si no puedo desacreditarte, te parto en dos, te quiebro el espíritu. “No vas a aguantar esto”, le dijeron en una de sus últimas “entrevistas” con la Seguridad del Estado, después del allanamiento de su vivienda y la confiscación de sus obras, sin orden de arresto ni de allanamiento.

La Seguridad del Estado ha demostrado estar por encima de la Ley y disponer de todo el tiempo y los recursos. No habrá gasolina para las ambulancias, no habrá dinero para adquirir vacunas contra el Covid-19 en el exterior, pero los hay para instalar cámaras de vigilancia frente a las casas de los activistas, Luis Manuel incluido, y mantenerle un asedio policial de meses.

Tienen gente y tienen tiempo. Es todo un aparato contra un hombre. Un negrito marginal, insignificante, “impresentable”, no puede moverle el piso a una dictadura que se ha mantenido por más de 60 años.

La idea de meterle en el calabozo a dos presos comunes que lo ofendieran y lo amenazaran, para luego soltarlo, era que se apencara, que se “quitara”, que reflexionara que la vida es una sola. Si sacó la cuenta de que esa única vida no se puede vivir en cadenas ni en oprobio sumido, y decidió iniciar otra huelguita de hambre y sed, su maletín.

Esta vez, no iba a tener a sus amiguitos para hacerle compañía en la huelga, ni iba a tener el alto parlante de las redes sociales. No es lo mismo aguantar la huelga acompañado que solito, en el anonimato, alejado de Facebook y de esas directas que tanto le gustan.

Si deponía, como humanamente era de esperar y como le han pedido algunos, el régimen podía demostrar que al final esa moda de las huelgas de hambre no es más que performance, ganas de llamar la atención. Si no abandonaba la huelga, lo que ya dejó claro que no iba a hacer, pues muerto el negro se acabó la rabia.

El problema es que incluso con el limitado acceso a Internet que hay en Cuba, donde el monopolio de las comunicaciones, ETECSA, ya ha demostrado estar al servicio del poder, es casi imposible mantener totalmente incomunicado a alguien todo el tiempo.

El otro problema es que sin que el negro se haya muerto, ya hay rabia. Una protesta en Obispo, dos artistas en huelga de hambre, sacerdotes expresando su solidaridad con Luis Manuel. El Parlamento Europeo y Estados Unidos han exigido que se respete su vida.

Luis Manuel no sería la primera persona que el régimen deja morir en una huelga de hambre. Con las muertes de Pedro Luis Boitel y la de Orlando Zapata durante huelgas de hambre en prisión, por solo mencionar las dos más conocidas, ya el régimen dejó clara su semejanza con la Dama de Hierro. No, en realidad, dejó chiquita a la Dama de Hierro. Ni Boitel ni Zapata tenían víctimas mortales a sus espaldas, como Bobby Sands y los miembros del IRA. Luis Manuel Otero Alcántara ni siquiera está preso.

Presos que fueron testigos de las últimas horas de Pedro Luis Boitel, cuentan que los guardias lo dejaron sobre una camilla en una sala Pity Fajardo a donde nunca llegó un médico. A cada rato entraba uno a mirar cómo estaba. A las tres de la mañana, se le acercó uno y dijo: “Ya”. Se limitaron a esperar que muriera.

Con Luis Manuel no podrán hacer lo mismo. Tampoco podrán tergiversar sus reclamos como hicieron con los de Orlando Zapata Tamayo, de quien dijeron que quería comodidades en su celda. Los reclamos de Otero Alcántara ya son conocidos, legítimos y realizables: que le devuelvan sus obras, que le quiten el cerco policial y la cámara de vigilancia, que se respeten su derecho a la libertad de expresión y la de todos los artistas cubanos.

Un desenlace fatal en este caso cerraría las probabilidades de un regreso a la política de Obama por parte de la nueva administración norteamericana. El gobierno cubano ya se ha quejado de que Biden no ha mostrado intenciones de revertir las políticas de Donald Trump. La muerte de Otero Alcántara convertiría ese retorno en algo imposible. Incluso el Acuerdo de Diálogo Político y Cooperación con la Unión Europea podría estar en peligro. La reacción interna podría ser de unas dimensiones que el gobierno no ha calculado.

A estas alturas no basta con que agentes de la Seguridad del Estado invadan la vivienda y se lo lleven a un hospital, en una operación que el régimen luego presentaría como la acción salvadora de la Revolución humanista que salva incluso las vidas de los mercenarios que la atacan. Sin el cumplimiento de sus reclamos, Luis Manuel podría retomar la huelga en cualquier momento. Ya dejó claro que, aunque sea de Patria y Vida, está dispuesto a morirse. Y cuando una persona justa que exige sus derechos se inmola, la dictadura solo puede temblar.

 

Periodista Yusimí Rodríguez López
Yusimí Rodríguez López

(La Habana, 1976). Narradora y traductora. Colaboradora también de los sitios Diario de Cuba y Havana Times. En 2015 publicó su primera colección de cuentos, The Cuban dream. Ganó el Premio Deslinde con La otra guerra de los mundos (Ed. Deslinde, Madrid, 2021). Cuentos suyos aparecen en antologías en Cuba y otros países.

Comentarios:


Yusmilady Redondo (no verificado) | Dom, 02/05/2021 - 09:04

Lo mejor què he leido sobre los eventos què estàn ocurriendo en nuestra patria... Dios la bendiga.

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