Desde hace varios años, los cubanos se debaten entre crisis y catástrofes naturales sin recibir respuesta ni apoyo de un régimen que solo sabe empeorarles la vida, lo que los ha llevado a solucionar los acuciantes problemas de servicios básicos a su manera.
En su cuento "Rumba Palace", el escritor cubano Miguel Mejides (1950-2018) describe la adversidad que rodea a uno de sus personajes como "una mezcla letal de mala suerte". Hoy esa "mezcla" tiene expresiones muy concretas: comprar agua, pagar por cargar un teléfono, buscar transporte por cuenta propia o incluso improvisar cómo llevar un féretro al cementerio.
Árbol Invertido recogió algunos testimonios que muestran cómo los cubanos de a pie sobreviven y aceptan como "normal" un grupo creciente de gestiones civiles que antes eran competencia exclusiva del régimen.
De cargas de electricidad y venta de agua
Una joven de Camagüey que se identificó vía telefónica como Nayely Ramos, vecina del reparto Boves, tuvo que abandonar sus estudios en el Sistema de Formación Profesional para el Turismo (Formatur) porque no podía asistir al centro, ubicado en la avenida Mónaco Sur, en el reparto Julio Antonio Mella, a más de cuatro kilómetros de distancia.
Como en su casa cuenta con una planta generadora de energía alimentada por un panel solar, ha instalado en su portal una extensión con varios puertos para recargar celulares y power banks. Cobra por el servicio entre dos y tres dólares. Dice:
"Todo es en dólares. Yo tengo que buscármela."
Al indagar sobre si cree poder reincorporarse al curso próximo a su centro de estudios, responde:
"Por ahora no se puede. Aunque ellos dicen que el curso va a comenzar, igual mandarán hacer trabajos por internet y no hay conexión, no hay transporte, no se duerme bien. Mejor es estar en su casa. Esto 'pica y se extiende'."
En otro punto de la isla, Roxanna Aparicio, madre soltera, residente en la calle Aguiar, La Habana Vieja, ya se ha definido como "aguadora". Su oficio anterior era manicurista en una mesa cerca de su casa, en la calle O’Reilly, pero "nadie quiere ponerse las uñas como antes". Cuenta que ella y sus dos hijos se mantenían económicamente así. Al preguntarle cómo sostiene su casa ahora, cuenta:
"Cuando entra el agua, mucha gente no puede cargarla y mi hijo mayor y yo les damos ese servicio: un tanque de 55 galones puesto en la puerta de la casa cuesta aquí en este municipio entre 1000 y 2000 pesos."
Sobre cómo funciona en los edificios este expendio del líquido vital, declara:
"Ya tengo el 'conecto' para todo el que quiera pagar el agua en un edificio o en una cuadra completa. Hay más ofertas. Hay un tractorcito con una 'pipa' [cisterna móvil] a remolque y cuando la gente me pide que lo llame, él viene y te echa el agua en un tanque del edificio o en una cisterna en la casa. Entre 4000 y 6000 litros está pagándose a 35000 pesos, y de ahí cobro yo lo mío, porque le busco los 'puntos' [clientes]."
Cuando no sucede eso, entre ella y su hijo mayor arrastran la chivichana [vehículo rústico] con los tanques de 55 galones. Indagamos cómo consigue el agua cuando no accede a los camiones cisterna:
"De las cisternas de otros edificios más grandes. Y eso es porque no funcionan los motores por la falta de corriente. A veces el agua no entra, o entra y no es suficiente para llenar todos los tanques de agua del solar de la esquina y allí hay seis tanques gigantes arriba. ¿Entiendes? Eso es otro trabajo mayor y se cobra más."
De las carencias han surgido también soluciones ingeniosas: acoplar mangueras a las tuberías de desagüe de las azoteas y de ahí llevar directamente agua de lluvia a los tanques de las casas, caso observado, por ejemplo, en la calle Reina, en Centro Habana.
También en barrios de la periferia se han inventado maquinarias rústicas para horadar la tierra y hacer pozos. Ya se han visto funcionando algunos, incluso en plena ciudad, donde hay vecinos que alquilaron hasta por 45000 pesos cubanos la maquinaria.
Transporte, hielo, funerarias, solidaridad…
Ante la falta de combustible en Cuba, recorrer menos de 4 kilómetros en una moto eléctrica de alquiler cuesta al menos 600 pesos por persona. Guillermo Duménigo, ingeniero eléctrico devenido en transportista de carga y pasajeros, dueño de dos triciclos eléctricos en la zona 4 de Alamar, Habana del Este, comenta:
"Hay que cobrar según los precios del aceite: el aceite de cocina sube y esto tiene que subir. Esto es una cadena. Además, mire, a mí se me rompió el eje y tuve que pagar 60 dólares para hacerlo nuevo. Le doy mi solución privada al problema del transporte aquí dentro de la localidad, porque guaguas [ómnibus] del sistema público no hay. Eso antes era del Estado, pero ahora ya va a ser así siempre y los precios los dice la oferta y la demanda."
Otro negocio que ha resurgido es la venta de hielo, cuyos precios van en ascenso: entre 300 y 600 pesos, según el volumen. Lo fabrican en casas situadas en circuitos especiales, donde funcionan dependencias y hospitales y por eso el régimen no corta la electricidad.
También existen iniciativas de carácter solidario que responden a estas carencias desde la ayuda comunitaria. En Cauto Cristo, Granma, una iniciativa vinculada a la Orden de San Benito ha organizado una red solidaria en la que niños participan en el reparto de alimentos recolectados en huertos asociados al proyecto.
En situaciones puntuales, la solidaridad entre vecinos y amigos también suple algunas de las carencias. Cuando falleció la mamá de una vecina de Mayabeque, cuya identidad no fue revelada, la familia albergaba la preocupación de que tuvieran que transportar el féretro en carretillas u otros medios inadecuados, como había estado pasando en el pueblo.
Arasay Abreu, propietaria de un auto marca Peugeot y amiga de la familia de la occisa, ofreció auxilio a los dolientes:
"Yo no podía pensar que llegara el hijo de la señora de los Estados Unidos y presenciara cómo su mamá estaba siendo llevada al cementerio en una carretilla o en la carreta que a veces han usado y le doblé los asientos de atrás al carro y cupo perfectamente el ataúd de la señora. El asunto es ayudar al prójimo."
¿Normalización de una economía informal temporal o una transformación permanente?
En el artículo "Cuba se queda atrás", publicado en 2023, el economista cubano Carmelo Mesa-Lago señaló:
"En Cuba, la pequeña expansión del sector privado se ha visto obstaculizada por el exceso de regulaciones, prohibiciones, trabas burocráticas, fuertes impuestos y por la incertidumbre creada por variaciones de política. Por ejemplo, los graduados universitarios (ingenieros, arquitectos, médicos, enfermeros, etc.) no pueden ejercer su profesión de forma privada, pero pueden trabajar alquilando una vivienda a turistas o como taxistas o dueños de restaurantes. Esta prohibición alienta a muchos profesionales a dejar sus trabajos estatales, que pagan un salario miserable, y a pasar al sector privado, donde ganan mucho más. O a irse del país."
Según el IX Estudio sobre Derechos Sociales en Cuba, publicado en agosto de 2026 por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH), el 94 % de los cubanos vive en situación de pobreza extrema. El estudio se basa en 1.318 entrevistas realizadas entre el 27 de junio y el 29 de julio de 2026 en 79 municipios de todas las provincias del país y la Isla de la Juventud.
El régimen cubano no publica estadísticas oficiales periódicas y comparables sobre pobreza y cuestiona las mediciones independientes, lo que dificulta contrastar estos resultados con datos públicos, transparentes y verificables.
Regresar al inicio