El socialismo encontró en la Cuba de 1959 un campo productivo, y ahora devuelve a los cubanos un campo improductivo. Si se ha dicho que un socialista frente al Sahara provocaría escasez de arena. El castrismo provocó que en una isla el pescado fuera un lujo, que la sal desapareciera de los mercados y que su fértil tierra dejara de producir productos agrícolas.
Bajo un sistema de libre mercado, con todas sus imperfecciones, en Cuba primaba una economía floreciente centrada en la agricultura. La producción de azúcar era la actividad dominante, pero también se cultivaban tabaco, café, arroz, maíz y otros productos.
Con el sistema centralizado socialista la industria azucarera fue despojada de sus principales propietarios y finalmente colapsó. Hoy la productividad está a la baja. Una hora de trabajo en Cuba produce menos que en Haití, según un estudio de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). Hoy el país trae del exterior la mayor parte de sus alimentos.
La negativa del régimen a permitir importar maquinaria a privados obliga a los campesinos a arar con sus cuerpos. Los tractores disponibles no son opción, falta el combustible y las piezas de repuesto. La tradicional yunta de bueyes desaparece.
Los bueyes hoy los usan las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para transportar artillería antiaérea ante una presunta acción militar estadounidense, en una escena que retrotrae a la era previa a la infantería mecanizada.
Un desempeño "desastroso"
En conversación para este reportaje, y bajo condición de anonimato, un campesino del Occidente cubano al que llamaremos Víctor, afirma que la agricultura en Cuba enfrenta una de sus crisis más profundas en la historia reciente:
"Con serias implicaciones para la seguridad alimentaria y el bienestar de la población."
La pésima situación actual de los agricultores cubanos es impactada, dice, por la gestión gubernamental, la incompetencia de la planificación y el abandono de políticas efectivas.
El contexto de crisis económica en Cuba incluye una prolongada recesión, caídas significativas del Producto Interno Bruto (PIB) en los últimos años, escasez generalizada de productos básicos, alta inflación y frecuentes apagones eléctricos. Víctor cree que el sector agrícola es un punto crítico para la economía cubana y la seguridad alimentaria:
"Pero en los últimos dos años su desempeño ha sido desastroso."
A mediados de 2024, la mayoría de las producciones agropecuarias incumplieron sus metas debido al déficit de fertilizantes, plaguicidas, fungicidas, combustibles y alimento animal. En 2023, la situación también fue crítica, con una disminución en la producción de renglones básicos como huevos, carne y leche. Explicó:
"Cuba importa entre el 70% y el 80% de los alimentos que consume; es una carga financiera significativa en un momento donde escasean las divisas. Productos esenciales como el arroz, los frijoles, el pollo y la leche en polvo son importados casi en su totalidad."
Víctor considera que son los dos factores que contribuyen a la crisis agrícola en Cuba:
"Una hipercentralización de decisiones y una espesa burocracia impiden a los agricultores aumentar sus producciones."
El régimen ha lanzado recientemente algunas reformas que darían, teóricamente, mayor participación al sector privado y cooperativo, pero a los ojos de Víctor:
"Han avanzado lentamente y no han logrado transformar significativamente el sector."
A ese terrible escenario se suman los robos en el campo cubano, especialmente de ganado. Dice Víctor:
"Son un problema grave y creciente que afecta directamente a los agricultores y contribuye a la crisis productiva, principalmente hurto y sacrificio ilegal de ganado mayor [vacas, bueyes, caballos]."
También se roban cerdos, ovejas, cultivos, maquinaria, combustible y hasta enseres de las viviendas rurales:
"Los robos ocurren de noche o incluso de día (a plena luz en algunos casos). Los 'cuatreros' [ladrones] sacrifican el animal en el lugar o lo trasladan, vendiendo la carne en el mercado negro. Muchos campesinos reportan pérdidas repetidas con tan solo días de diferencia."
El principal resultado que ha visto Víctor en su comunidad es el hartazgo y el éxodo:
"Algunos campesinos venden todo su ganado para evitar más pérdidas, dejando fincas enteras sin producción. Hay casos de violencia, amenazas con armas y hasta ataques."
Muchos robos no se resuelven, contó el entrevistado:
"La policía llega tarde o no recupera nada. Los delincuentes actúan en bandas y con logística."
Algunos campesinos han tenido que "hacer justicia por mano propia", planificando y ejecutando emboscadas y persecuciones contra los malhechores.
El monopolio estatal sobre la comercialización de carne y la prohibición que durante décadas impidió sacrificar libremente acrecentaron un mercado paralelo al sistema estatal centralizado, convertido hoy en la principal vía de acceso a la proteína para la población.
Otro elemento apunta a la debacle: la falta de inversión y la descapitalización. El proceso inversionista de los últimos años no ha estimulado la agricultura, que ha recibido menos del 3 % de las inversiones totales. La falta de insumos como fertilizantes, pesticidas y maquinaria, así como escasez de combustible y obsolescencia de la infraestructura, ya pueden catalogarse como crónicas.
El monopolio de "Acopio"
El Grupo Empresarial de Acopio, sistema estatal de compras y distribución instaurado con la revolución y conocido popularmente como Acopio, obliga a todos los productores a vender al Estado. Este, luego de acumular todos los productos, los redistribuiría según necesidades y conveniencias.
Esa tenaza sobre el libre mercado agrícola ha sido, según Víctor, "una fuente constante de problemas". Acopio tiene deudas millonarias con los campesinos y eso desincentiva la producción.
Otro agricultor con el que conversé para este texto, me aseguró que es posible tener una buena cosecha, pero acabar con una tercera parte podrida en los almacenes de Acopio, porque no hay transporte para distribuir las frutas, verduras o viandas a los puestos comerciales admitidos por el Estado en ciudades o poblados.
Aunque el Estado ha hecho amagos para reformar ese ineficiente sistema con la aprobación del Decreto 143 de 2025:
"La efectividad de estas medidas aún está por verse."
Para Víctor, las políticas implementadas no han logrado revertir la tendencia negativa:
"La falta de incentivos para los productores, combinada con precios injustos y la volatilidad de la moneda nacional, desmotivan la inversión y el esfuerzo en el campo."
La cosecha perdida: hambre y dependencia
Junto a la baja producción agrícola y la dependencia de las importaciones han llegado una escasez crónica de alimentos y unos altos precios en los mercados. La canasta básica de bienes y servicios es inalcanzable para muchos hogares. Contrastó Víctor:
"El salario promedio de los trabajadores es de aproximadamente 5.750 pesos cubanos [menos de 9 USD al cambio de hoy], mientras que el costo de vida es significativamente más alto."
La situación ha llevado a un aumento alarmante de la pobreza extrema. El Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) reveló en 2026 que siete de cada diez cubanos han dejado de desayunar, almorzar o cenar debido a la falta de dinero o la escasez de alimentos.
Cada vez los cubanos dependen de las remesas que envían familiares y amigos que residen en el exterior, especialmente en los Estados Unidos. No bastan las reformas superficiales que el totalitarismo imponga, sino un cambio de sistema que no vea la prosperidad honesta de los individuos como un problema, sino como una virtud a emular.
Regresar al inicio