La puerta no tiene cartel. Tampoco hay sala de espera ni bata blanca en recepción. Es un apartamento en El Cerro, en La Habana, donde una parte de la vivienda ha sido adaptada como consulta. A la entrada, un banco sirve de sala de espera improvisada. Más adentro, una habitación acondicionada funciona como clínica: la camilla limpia, el instrumental dispuesto, las superficies desinfectadas antes de la llegada de cada paciente. Al fondo, la familia sigue con su rutina diaria. Afuera, la ciudad sigue su ritmo; adentro, se paga en efectivo.
"Fui por una muela que había perdido el empaste y aproveché para hacerme una limpieza completa", cuenta un paciente que acudió a una de estas consultas en 2026, y añade:
"La consulta fue en una casa particular, pero tenían todo preparado. Antes de atenderme, limpiaron todo el espacio."
En total pagó 20.00 dólares por la consulta, el empaste de la muela —grado 3— y una limpieza. Al cambio informal del 28 de marzo de 2026, esos 20.00 dólares representan unos 10.300 pesos cubanos: casi un mes y tres cuartos de salario medio en Cuba, que en 2024 fue de 5.839 CUP. El contacto le llegó a través de un primo, que a su vez dio con el dentista en Facebook.
En otra vivienda, también en La Habana, la consulta ocupa la parte delantera de la casa, mientras la familia continúa su vida en las habitaciones posteriores. Relata otra persona atendida allí:
"Ellos mismos ayudan a higienizar el instrumental y los asientos entre pacientes."
Los turnos se organizan por teléfono, aunque el médico está disponible todos los días para urgencias. La variedad de servicios es amplia: desde limpiezas y empastes hasta reconstrucciones, coronas o tratamientos estéticos:
"Recuerdo haber conversado con el médico sobre qué tipo de resina usar para el empaste. Tenían varias opciones, con productos importados de distinta calidad, y uno podía elegir."
Una salud estatal deteriorada
Historias como estas se repiten cada vez con más frecuencia. En medio del deterioro del sistema sanitario cubano, han comenzado a proliferar consultas estomatológicas informales, especialmente en viviendas particulares.
Una trabajadora del sector de la salud describe un deterioro sostenido en las condiciones de atención. Explica:
"El sistema ha decaído. No hay medicamentos básicos, como antibióticos de amplio espectro, que son necesarios para salvar la vida de los pacientes."
En ese contexto, quienes tienen recursos recurren al mercado informal:
"Los acompañantes de pacientes que pueden, compran los medicamentos en la calle, pero a precios exagerados."
La precariedad no se limita a los insumos. "La mayoría de los equipos de diagnóstico están rotos", añade la trabajadora, señalando una limitación clave para el tratamiento oportuno.
En este escenario, la consulta privada deja de ser una excepción y empieza a funcionar como respuesta. Explica uno de los pacientes:
"En la salud pública ahora mismo no hay materiales para trabajar, y con los apagones se hace más difícil. Ir a una consulta particular era prácticamente la única opción".
Y añade:
"Por esa vía, lo más que se puede conseguir es una limpieza o una curita."
Un servicio que existe, aunque no esté permitido
Aunque la práctica privada de la medicina no está autorizada por la legislación vigente, estas formas de atención se han vuelto cada vez más visibles.
Desde el punto de vista legal, el marco es claro. "El Estado tiene la obligación constitucional de sostener un sistema de salud único", explica un asesor legal consultado. En ese contexto, las consultas médicas en espacios particulares no forman parte de las actividades permitidas: no aparecen en el listado de trabajos por cuenta propia y están expresamente excluidas.
Esto implica que quienes ejercen este tipo de servicios se exponen, en principio, a sanciones administrativas, como multas, e incluso a procesos por actividades económicas ilícitas en casos más graves. Sin embargo, en la práctica, la persecución es limitada, y señala el especialista:
"Generalmente estos casos salen a la luz cuando ocurre una complicación y los pacientes acuden al sistema estatal para revertirla."
Para el jurista, el crecimiento de estas prácticas no responde a un vacío legal, sino a una brecha estructural:
"Si se expanden es porque el sistema no cubre la demanda. Cuando no hay respuesta institucional, se abre espacio para la actividad privada."
Redes informales, precios visibles
En grupos de WhatsApp circulan ofertas con direcciones específicas, números de teléfono y listas de precios. Se lee en uno de estos mensajes que promociona servicios disponibles "las 24 horas, con previa cita":
"Extracción: 12.00 USD. Limpieza: 6.00. Empaste: entre 6.00 y 10.00. Brackets: 180.00 USD."
El pago puede hacerse en dólares o en moneda nacional al cambio del día. El acceso suele ser discreto: recomendaciones entre familiares, contactos en redes sociales, mensajes reenviados. No hay anuncios públicos ni registros oficiales, pero la información circula.
Según pacientes entrevistados, las consultas suelen realizarse en los ya referidos espacios adaptados dentro de las viviendas, con equipamiento básico y condiciones de higiene que varían según el caso. Algunos describen la experiencia como ordenada y funcional; otros, como una solución improvisada ante la falta de alternativas.
Trabajadores del sector sanitario confirman, de forma indirecta, la existencia de estas prácticas. Dice una profesional de la salud que pidió no ser identificada:
"He escuchado de médicos que hacen consultas personales y cobran por eso, pero no estoy empapada en el tema. También sé de casos de médicos que han dejado el sistema estatal y atienden por su cuenta."
El fenómeno no se limita a la estomatología. De acuerdo con testimonios recogidos, existen también consultas médicas a domicilio, seguimiento de pacientes y servicios asociados al embarazo que se gestionan fuera del sistema institucional, con pagos que pueden alcanzar los 100.00 dólares.
Los insumos, según coinciden varias fuentes, provienen de vías diversas: compras en el exterior, envíos de familiares o el mercado informal. No existe una cadena de suministro estable, lo que obliga a los profesionales a gestionar por su cuenta los materiales necesarios para trabajar.
Cuba ha contado históricamente con una alta densidad de profesionales de la salud, incluidos estomatólogos formados en el sistema público. Sin embargo, no hay datos recientes que permitan conocer cuántos ejercen actualmente dentro del país, en un contexto marcado por la migración y la salida hacia otras formas de práctica.
En este escenario, el acceso a la atención depende, en buena medida, de la capacidad de pago. Para algunos pacientes, estas consultas representan una alternativa viable ante las limitaciones del sistema público. Para otros, son una opción fuera de alcance.
La consulta sigue sin cartel. Pero cada vez más personas saben dónde tocar.
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