Pasar al contenido principal

Reportajes | Morón tras el incendio de la sede del Partido: represión, miedo y silencio

Después de las protestas del 13 de marzo de 2026 en Morón, se "ha implantado un estado de terror. La gente tiene miedo de salir, de hablar, de mirar lo que no debe. Nadie sabe lo que puede pasar si dices algo que no les guste", declara una vecina.

Protestas multitudinarias en Morón, provincia de Ciego de Ávila (Cuba). 13 de marzo de 2026.
Protestas multitudinarias en Morón, provincia de Ciego de Ávila (Cuba). 13 de marzo de 2026.

El 13 de marzo de 2026, un joven salió de la sede municipal del Partido Comunista de Cuba en Morón arrastrando un sofá hasta el centro de la calle. Lo dejó allí, quieto, como si colocara una señal. Minutos después, le prendió fuego. Lo que siguió fue una escena de protesta sin precedentes que recorrió medios, redes sociales y agencias de noticias del mundo: los manifestantes comenzaron a sacar todo el mobiliario de la sede —computadoras, televisores, sillas e incluso imágenes simbólicas del régimen— y lo arrojaron al fuego.

El pueblo de Morón toma la sede del Partido Comunista en medio de grandes protestas (13 de marzo de 2026).

Según los propios manifestantes, la acción en Morón no surgió de forma aislada: durante ocho días consecutivos los vecinos habían salido a las calles golpeando cacerolas para expresar su hartazgo ante los continuos cortes de electricidad y la falta de soluciones a problemas estructurales que afectan a la isla desde hace décadas en diferentes provincias del país, que en meses recientes se han agudizado.

El descontento se intensificó esa noche ante el anuncio de negociaciones entre el gobierno de Estados Unidos y el régimen cubano, comunicadas esa mañana por Miguel Díaz-Canel. 

La Comisión Interamericana de Derechos Humanos (CIDH) manifestó el 26 de marzo su "preocupación" ante el "deterioro significativo" de los servicios esenciales en Cuba. Según informó la agencia española EFE, la CIDH advirtió que la crisis humanitaria se desarrolla en un contexto de:

"Graves violaciones de derechos humanos y serios problemas estructurales, especialmente, por la continuidad de un modelo de partido único, la ausencia de elecciones libres y de pluralismo político, así como de la prohibición de la asociación con fines políticos."

De las cenizas emergió la represión

La noche del 13 y la madrugada del 14 de marzo, cuando quedaban solo cenizas, el periódico oficialista de Ciego de Ávila, Invasor, reportó que al menos cinco personas fueron detenidas durante los operativos. Después, en un acto político celebrado el 16 de marzo, Julio Góngora Casanova, primer secretario del Partido Comunista en la provincia, declaró públicamente que catorce personas permanecían detenidas bajo investigación. La ONG Cubalex verificó al menos doce de estas detenciones, según un informe publicado el 18 de marzo, lo que confirma la magnitud de la respuesta represiva tras las protestas.

Joven cubano es herido de bala durante la represión del régimen a las protestas multitudinarias en Morón, Ciego de Ávila (13 de marzo de 2026).

Pero la represión ya venía en aumento. La organización Prisoners Defenders registró durante febrero de 2026 un récord de 28 detenciones por motivos políticos: 23 hombres y 5 mujeres. La cifra más cercana fue 25 detenidos en julio de 2024. Esta institución ha contabilizado 1.214 presos políticos en Cuba antes del mes de marzo. La organización advirtió que las consignas contra el régimen están llenando nuevamente las cárceles de nuevos presos políticos, evidenciando un patrón consistente de un sistema cada vez más enfocado en la persecución.

La sede del Partido Comunista en Morón ya había sido noticia en septiembre de 2023. Entonces, un cartel pintado sobre la pared que colinda con la escultura del Gallo de Morón, símbolo local, rompió la rutina del silencio: un mensaje ofensivo dirigido a Díaz-Canel evidenciaba el descontento ciudadano y el deseo de expresión en libertad. Las reseñas de ese caso dicen que la pintada se hizo en una oscura madrugada durante un corte eléctrico.

Cartel contra el régimen cubano en la sede del Partido Comunista de Cuba en Morón, Ciego de Ávila (septiembre de 2023).
Cartel contra el régimen cubano en la sede del Partido Comunista de Cuba en Morón, Ciego de Ávila (septiembre de 2023).

Una imagen difundida entonces en redes sociales por el activista Adrián González García muestra cómo funcionarios intentaban borrar apresuradamente la frase, como si eliminar las palabras pudiera también silenciar lo que las había provocado.

En 2026, ese mismo muro cuenta otra historia. Justo frente a la pared intervenida, se levanta un cartel con imágenes alegóricas al 26 de julio de 1953, fecha en que un grupo de jóvenes liderados por el dictador cubano Fidel Castro asaltaron el cuartel "Moncada" en Santiago de Cuba y "Carlos Manuel de Céspedes" en Bayamo. Donde antes apareció un gesto espontáneo de inconformidad, hoy se impone una narrativa oficial, cuidadosamente construida para ocupar el mismo espacio.

¿Ruptura simbólica?

Para el régimen cubano, las sedes del Partido no son simples edificios administrativos: son espacios profundamente simbólicos. Representan el núcleo del poder político, el lugar desde donde se organiza, se orienta y se controla la vida pública. En un sistema de partido único, esta organización no es un actor más, sino la autoridad suprema por encima del resto de las instituciones estatales. Por eso, cada sede encarna presencia, vigilancia y dominio territorial; es, en esencia, una extensión física del poder.

Además, cumplen una función ideológica. Son escenarios de actos políticos, reuniones de cuadros y espacios donde se reproduce el discurso oficial. Su ubicación, muchas veces en puntos visibles o céntricos, no es casual: buscan recordar constantemente quién ejerce el control. En Morón, la sede incendiada del PCC está en la entrada de la ciudad.

Protestas multitudinarias en Morón, provincia de Ciego de Ávila (Cuba). 13 de marzo de 2026.
Protestas multitudinarias en Morón, provincia de Ciego de Ávila (Cuba). 13 de marzo de 2026.

Para Adrián González García, quien vive cerca y desde su balcón pudo ver la protesta en tiempo real y sin intermediarios, el lugar que ocupa el Partido simboliza mucho más allá de lo visible. A su juicio, lo sucedido trasciende lo material. No se trata únicamente de los daños a una estructura, sino de una ruptura simbólica: 

"Es un cuestionamiento directo a la autoridad del Partido en su propio espacio".

Para él, lo ocurrido revela algo más profundo: una señal de pérdida de miedo entre los pobladores y un desgaste evidente en la legitimidad que el régimen intenta proyectar.

Desde la cercanía de su vivienda, González García no solo fue testigo de la protesta, sino también del silencio posterior, de las huellas que quedaron y de lo que, aunque se intente borrar, ya forma parte de la memoria colectiva del lugar.

Esther contra el huracán Irma y el PCC

A unas pocas cuadras del edificio partidista, todos los días y a la misma hora, el silbato del panadero despierta a Esther. Ya hasta se sabe su nombre: Gilberto. Lleva más de 16 años vendiendo en la misma zona sin faltar un solo día. 

Cada mañana, cuando Gilberto pasa frente a su casa, sopla el silbato más fuerte, pues sabe que a ella le sirve como despertador para salir a hacer los mandados. Desde que se jubiló hace más de diez años, Esther se dedica a trabajos de mensajería. No gana mucho con ellos, pero ese dinero extra, sumado a su pensión, le permite comprar algún alimento.

En 2017, su vivienda fue destruida totalmente por el huracán Irma: no quedó absolutamente nada en pie. Muchas de las cosas que tanto esfuerzo le habían costado conseguir se perdieron. Según la Oficina de Vivienda en aquel entonces, reconstruir la casa costaría unos 123.000 pesos cubanos, unos 4.920 dólares al cambio de esa época. Tras investigar por su cuenta, Esther estima que levantar nuevamente su hogar en 2026 le costaría, al menos, dos veces esa cifra. Una tarea imposible de cumplir para ella sola.

Morón (Cuba) después del paso del huracán "Irma" (septiembre de 2017).
Morón (Cuba) después del paso del huracán "Irma" (septiembre de 2017).

La mañana siguiente

Al día siguiente de la protesta, los daños en la infraestructura de la sede política eran evidentes. Los cristales de ventanas y puertas estaban completamente destruidos; un cartel luminoso en la segunda planta, con el logotipo del PCC, fue arrancado y arrojado a la hoguera, consumiéndose entre las llamas. Los vehículos estacionados también sufrieron daños: incluso un ómnibus de la Unión Constructora Militar (UCM) perdió los parabrisas por el impacto de piedras lanzadas por los manifestantes.

Según una fuente consultada que pidió el anonimato y que pertenece a la estructura administrativa del Partido en ese territorio, los daños ascienden a 3.000.000 de pesos cubanos, equivalentes a unos 120.000 dólares, según la tasa oficial del Banco Central.

Captura de un video filmado en Morón en la madrugada del 14 de marzo de 2026 durante las protestas masivas.
Captura de un video filmado en Morón en la madrugada del 14 de marzo de 2026 durante las protestas masivas.

A las 6:00 a.m. llegaron al lugar dos camionetas cargadas con computadoras, televisores, ventanas y puertas nuevas de cristal, además de muebles y mesas para la sede. En unas horas el edificio estaba irreconocible, como si nada hubiera ocurrido, confirmó otra fuente anónima y varios vecinos del lugar

Para muchos vecinos, la rapidez con la que se restauró la sede contrasta con la indiferencia oficial que han vivido durante años cubanos como Esther. Ella calcula que, con el dinero invertido en esa reparación, se podría haber reconstruido su casa varias veces:

"No hay recursos para la población, pero sí para la militarización y los símbolos del poder."

Durante el paso del huracán Irma, unos 158.554 hogares sufrieron daños en la isla, de los cuales 14.657 fueron completamente destruidos, según datos oficiales. 

Morón no es la misma

Desde la protesta, en Morón se vive bajo vigilancia constante. Fuerzas armadas y vehículos policiales patrullan avenidas, parques y plazas. Algunos vecinos reportan que quienes participaron de forma visible en la manifestación han sido citados, seguidos o amedrentados. Algunos consultados comentaron sobre el traslado de reclutas del servicio militar obligatorio a custodiar las tiendas en dólares estadounidenses del municipio. 

Tropas de represores militares patrullan una calles de Morón (marzo de 2026).

Las calles de Morón muestran un ritmo fuera de lo común. Vecinos caminan con cautela, evitando mirar a los policías y patrullas que ahora parecen ocupar cada esquina. El silencio se rompe con el ruido distante de pasos, motores y conversaciones.

Elena, vecina de la calle 4ta., habla bajo. Su rostro refleja años de frustración acumulada, y sus manos están temblorosas:

"El Gobierno ha implantado un estado de terror. La gente tiene miedo de salir, de hablar, de mirar lo que no debe. Nadie sabe lo que puede pasar si dices algo que no les guste."

Pablo, un jubilado que solía sentarse frente a su casa para conversar con los vecinos, dice: 

"Esto no es solo militarización; es represión disfrazada de control. Antes podías caminar, hablar con tus amigos, hacer tus cosas. Ahora uno tiene que pensar cada movimiento. Todo se siente vigilado. La gente se ha encerrado, y quienes se atreven a salir lo hacen con miedo."

En una esquina del parque de las madres, un grupo de jóvenes comenta entre susurros: 

"Queremos cambios, queremos poder decidir sobre nuestra vida. Pero el miedo nos paraliza. ¿Qué pasará si alguien nos ve protestando otra vez?" 

María, que vende dulces en la calle, asegura que desde la protesta del 13 de marzo todo cambió: 

"Ya no se puede confiar en nadie. No sabes quién te observa ni quién puede informarle al Gobierno sobre lo que haces o dices. La militarización ha llegado a todos los rincones."

Dos semanas después de la protesta y a unas veinte cuadras de la quemada —y renacida de las cenizas— sede del Partido, el Consejo de Defensa Municipal de Morón, dirigido por el PCC, realizó el ejercicio militar Bastión Universitario, que supuestamente prepara para la "guerra a todo el pueblo". Civiles aprendiendo a usar fusiles estuvieron por la ciudad que, unos pocos días atrás, vio arder al principal símbolo del comunismo.

Regresar al inicio
▶ Ayúdanos a permanecer

Un contenido como este, y nuestro medio informativo en general, se elabora con gran esfuerzo, pues somos un proyecto independiente, trabajamos por la libertad de prensa y la promoción de la cultura, pero sin carácter lucrativo: todas nuestras publicaciones son de acceso libre y gratuito en Internet. ¿Quieres formar parte de nuestro árbol solidario? Ayúdanos a permanecer, colabora con una pequeña donación, haciendo clic aquí.

[Y para cualquier propuesta, sugerencia u otro tipo de colaboración, escríbenos a: contacto@arbolinvertido.com]

Owen

Árbol tatuado en un brazo.

(Seudónimo de joven cubano, residente en Cuba, que por motivos de seguridad prefiere mantener el anonimato.)

Añadir nuevo comentario

Plain text

  • No se permiten etiquetas HTML.
  • Las direcciones de correos electrónicos y páginas web se convierten en enlaces automáticamente.
  • Saltos automáticos de líneas y de párrafos.
CAPTCHA
Resuelva este simple problema matemático y escriba la solución; por ejemplo: Para 1+3, escriba 4.
Este reto es para probar que no eres un robot. Por favor, ten en cuenta minúsculas y mayúsculas.