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Reportajes | Otra vez Washington: la calle cubana entre la esperanza y el cansancio

"Tengo la esperanza de que haya cambios reales para bien. Aquí lo que hace falta es que la situación cambie de verdad, porque así no se puede seguir. Nos están matando de miles de formas", declara un campesino cubano.

Una persona caminando frente a una bandera de Cuba pintada en un muro de La Habana el 22 de marzo de 2026. Foto de Yamil Lage (AFP).
Una persona caminando frente a una bandera de Cuba pintada en un muro de La Habana el 22 de marzo de 2026. Foto de Yamil Lage (AFP).

En Cuba, las noticias nunca llegan solas. Llegan entre apagones, en fragmentos, en rumores que corren más rápido que la confirmación oficial. Se comentan en la cola del pan, en la parada, en mensajes de WhatsApp que van y vienen cuando hay conexión.

Una idea ha vuelto a instalarse en la conversación cotidiana: que algo se mueve entre La Habana y Washington. No es la primera vez. Pero esta vez ocurre en un país distinto.

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, volvió a afirmar que su administración mantiene contactos con el régimen cubano.

El momento actual no se describe, se padece: apagones prolongados, escasez de alimentos, dinero que compra cada vez menos. La vida cotidiana se sostiene como puede. Días que se organizan en función de la luz eléctrica, comidas que dependen de lo que aparezca, decisiones pequeñas atravesadas por la incertidumbre. En ese desgaste continuo, cualquier noticia sobre cambios deja de ser abstracta: se mide en horas de corriente, en comida en la mesa, en un respiro, aunque sea momentáneo.

La expectativa: "esta vez puede ser diferente"

Para algunos, cada señal de negociación o de posible cambio reabre una posibilidad, incluso sin garantías. Dice un cubano en Madrid:

"Cuando se habla de contactos entre Estados Unidos y Cuba, mi primera reacción es pensar en un cambio de régimen, en algún tipo de apertura democrática." 

Y agrega:

"Es una idea inestable, porque se actualiza constantemente con rumores, pero esa expectativa de cambio sigue ahí."

Dentro de la isla, esa esperanza también aparece, aunque se exprese en términos más inmediatos, vinculados a la economía doméstica y la supervivencia diaria. 

Cubanos buscando comida en latones de basura en La Habana.
Cubanos buscando comida en latones de basura en La Habana.

Afirma una trabajadora de la salud en Cienfuegos:

"Creo que esta vez puede haber cambios para bien del pueblo. Soy optimista, sobre todo en lo económico: los salarios deberían corresponder con los precios."

Añade: 

"En el proceso anterior no vi cambios en mi vida, pero ahora pienso que puede ser diferente." 

En otras zonas del país, la expectativa se mezcla con desesperación. Dice un campesino en Pinar del Río: 

"Sí, genera mucha expectativa. Tengo la esperanza de que haya cambios reales para bien. Aquí lo que hace falta es que la situación cambie de verdad, porque así no se puede seguir. Nos están matando de miles de formas."

El relato bajo sospecha

Sin embargo, esa esperanza rara vez es plena. A menudo convive con una desconfianza profunda hacia el discurso oficial. Comenta un universitario:

"Esto genera ilusión, pero también desconfianza, porque lo estamos recibiendo a través de la prensa oficial. No creo que el Gobierno esté dispuesto a negociar lo que realmente quiere el pueblo. Todo esto es como un gran telón: lo que vemos es la puesta en escena, no lo que pasa detrás."

Entre los más jóvenes, esa percepción se mezcla con cansancio y una salida cada vez más clara: irse. Por eso añade:

"Mi generación lo que más piensa es en emigrar, en buscar libertad fuera. Ese juego entre Estados Unidos y Cuba ya cansa. No creo que esto se solucione. El Gobierno nunca va a dar su brazo a torcer. Lo que hablamos es graduarnos y salir a buscar opciones que valgan la pena fuera de Cuba."

La metáfora del "telón" resume una percepción extendida: la sensación de estar asistiendo a una representación cuyos mecanismos permanecen ocultos, mientras el futuro se imagina en otro lugar.

Miguel Díaz-Canel y Donald Trump.
Miguel Díaz-Canel y Donald Trump.

La distancia y la caridad: "atrapados entre narrativas"

Desde la diáspora, el proceso se percibe con otra forma de incertidumbre: fragmentada, atravesada por la distancia y por el ritmo de una vida que deja poco espacio para entender lo que ocurre. Una cubana emigrada lo describe así: 

"La verdad es que yo, desde fuera, y con el tiempo limitado que deja la migración —la cotidianidad de un emigrante—, siento que me falta muchísimo para entender estas dinámicas geopolíticas. No tengo tiempo para revisar la prensa ni para construir mi propio análisis. Lo voy armando a pedacitos, en el escaso tiempo que tengo. Pero me parece que la posición de Estados Unidos ha sido más mediática que otra cosa."

En su testimonio, la sensación de desorientación convive con una lectura crítica del escenario político:

"Siento que estamos atrapados de nuevo, tanto los cubanos que están dentro como fuera de la isla. Atrapados entre titulares, entre lo que 'ya casi pasa', lo que 'ya se está gestando'. Y no veo una intención real de liberación por parte del gobierno de Estados Unidos, básicamente porque no hay una agenda económica de la que puedan sacar provecho, como en el caso de Venezuela. Lo que sí hay es una intención mediática: acaparar titulares, atención, control simbólico, sobre buena parte del hemisferio."

Desde esa misma mirada, la distancia no elimina el vínculo con lo cotidiano en la isla, sino que lo reconfigura:

"Mi familia en Cuba, mis amigos, la gente con la que hablo, ya están en un punto cero: agradecen cualquier cosa que pase desde la caridad de la iniciativa de Greta o de que llegue un buque de Rusia con petróleo, gestos que, en realidad, solo alargan la vida de ese enfermo terminal en que se ha convertido nuestro país."

Más que una expectativa clara, lo que describe es una sensación de saturación. Esa lectura conecta con un desgaste más profundo, que no es solo informativo, sino histórico.

Micaela Hierro Dori junto a su libro.
Micaela Hierro Dori junto a su libro. | Imagen: Árbol Invertido

En esa línea, la politóloga Micaela Hierro Dori sitúa el momento actual en una secuencia más amplia de expectativas frustradas:

"Crece la expectativa, pero también la cautela, porque el pueblo cubano ya se ha ilusionado otras veces con el cambio: en los años noventa, con la caída del muro de Berlín; en 2002, con el Proyecto Varela; y en 2014-2015, con el restablecimiento de relaciones entre Estados Unidos y Cuba. En todos esos momentos parecía que el cambio iba a producirse, y no fue así. Por eso es comprensible la prudencia, para evitar otra desilusión."

A partir de ese recorrido, la lectura del presente se vuelve menos inmediata y más acumulativa. Ese recorrido ha dejado una marca: una ciudadanía que oscila entre la ilusión y la cautela, entre el deseo de cambio y la memoria de su aplazamiento.

En su análisis, esa experiencia acumulada también redefine las expectativas sobre el escenario actual:

"Las negociaciones entre Obama y Raúl Castro se basaron en la liberalización económica, con la expectativa de que eso derivara en cambios políticos. Había una hoja de ruta en la cual ambos gobiernos daban concesiones pero que, finalmente, dio más para alivio económico del régimen y este todo lo que debía conceder, por ejemplo, que los campesinos negociaran en forma directa con inversores para el desarrollo de la agricultura, entre otras cuestiones de privatización de la economía, que el régimen nunca concedió. Fue ingenuo pensar que lo haría voluntariamente."

Desde esa experiencia, la lectura del presente se desplaza:

"Ahora el escenario es distinto: las negociaciones se dan bajo presión, en un contexto donde el régimen tiene cada vez menos margen de supervivencia, ya no tiene economía para controlar, sólo el colapso social y político. El enfoque actual busca un cambio político como condición para lo económico. Aunque intenten anunciar una perestroika, eso no va a funcionar con Marco Rubio

El enfoque del Gobierno de Trump es el cambio político para que se dé lo económico. Es lo contrario. Porque además de la experiencia fracasada de Obama, tienes al secretario de estado, un cubanoamericano, que sabe perfectamente cómo funciona el régimen y no se dejará ni manipular ni le dará el tiempo que busca ganar el régimen con sus artilugios de siempre."

Desde esa misma perspectiva, el presente aparece menos como ruptura que como reconfiguración de un ciclo conocido. En ese cruce de relatos —oficiales, internacionales, mediáticos—, la información no siempre aclara. A veces, simplemente se acumula.

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La lectura estructural: entre la crisis y la desinformación

Para Hierro Dori, este momento no puede leerse sólo como un "acercamiento":

"Más que un acercamiento, lo que hay son negociaciones bajo presión. Y eso genera un estado de ánimo ambiguo: por un lado, ilusión de cambio; por otro, agotamiento frente a la crisis cotidiana."

La analista subraya además un elemento clave en la recepción social, que es el papel de la desinformación:

"La ciudadanía es víctima de la desinformación. Periodistas e influencers, con sus opiniones y especulaciones, muchas veces terminan siendo funcionales al régimen. En ese contexto, la gente necesita soluciones urgentes, como comida y electricidad, pero también entiende que, sin un cambio político real, cualquier alivio económico solo prolonga la crisis."

El escepticismo y la adaptación: entre la memoria y la urgencia

En otros sectores —menos visibles en el discurso oficial, pero activos en el debate público— como el emprendimiento privado, el ámbito académico y voces críticas del oficialismo, la reacción es más frontal. 

Comercios privados en las calles de Cuba.
Comercios privados en las calles de Cuba.

Dice un pequeño emprendedor en La Habana:

"Se habla de cambios, pero si no hay una libertad real, todo es un engaño. Ni Estados Unidos ni nadie va a resolver esto."

Desde una mirada más analítica, un profesor de la Universidad de La Habana descarta incluso la posibilidad de esperar:

"No me genera expectativas concretas. La esperanza implica confianza, y eso es precisamente lo que está ausente. El momento actual lo definiría como 'caos'."

Pero entre el rechazo y la expectativa, hay también una zona más compleja, marcada por la experiencia acumulada. 

Estudiantes protestan en la Universidad de la Habana contra el tarifazo de ETECSA, 4 de junio de 2025. Foto: Reuters
Estudiantes protestan en la Universidad de la Habana contra el tarifazo de ETECSA, 4 de junio de 2025. Foto: Reuters

Un disidente de larga trayectoria en La Habana, comenta:

"Cada vez que se habla de esto, la gente siente esperanza, aunque en el fondo crea que no va a llegar a nada concreto. Es un ciclo: esperanza y después decepción."

Esa memoria no es abstracta. Está anclada en experiencias concretas donde la promesa de mejora económica no se tradujo en cambios sostenidos:

"Todo el mundo habla de eso, pero de lo que más se comenta es la inversión, la comida, resolver. Los temas políticos quedan en segundo plano. Pero eso ya lo vivimos: se habla de economía, de apertura, y al final no cambia lo esencial".

En ese proceso, describe, también opera una lógica de adaptación:

"Es como el truco del policía bueno y el policía malo. Te aprietan tanto que cuando viene algo un poco mejor, ya parece mucho. La gente se agarra a eso, aunque sea poco. Qué triste, ¿no?"

Entre la necesidad y la memoria, la reacción no es lineal: es una mezcla de desconfianza, expectativa y ajuste constante a lo que hay.

Personas en las calles durante el apagón en Cuba.
Personas en las calles durante el apagón en Cuba. | Imagen: EFE

El desgaste: vivir el día a día

Y hay quienes, simplemente, han dejado de esperar. Dice una jubilada en La Habana:

"A mí esas negociaciones no me crean ninguna expectativa. Ya no le creo a nadie, ni a los de aquí ni a los de afuera. Yo vivo el día a día: si hoy hay luz, bien; si no, habrá mañana. El que está aquí es el que está en la caliente."

Más que una posición política, es una forma de protegerse:

"Prefiero no enterarme mucho, porque todo eso lo que te crea es angustia. Hay demasiado ruido, demasiado odio."

En ese cansancio, la desconexión también se vuelve una estrategia.

El escenario actual se desarrolla en medio de una presión creciente de Estados Unidos sobre el Gobierno cubano y de una crisis interna profunda, marcada por apagones, escasez y deterioro de las condiciones de vida. A esto se suman protestas de la ciudadanía en la calle: cacerolazos, el incendio de la sede del Partido Comunista en Morón, salidas a protestar que terminan en golpes y represión policial.

Protestas multitudinarias en Morón, provincia de Ciego de Ávila (Cuba), toma de la sede del Partido Comunista, cacerolazos, represión y heridos (13 de marzo de 2026).

En ese cruce, la ciudadanía interpreta —y también duda— de lo que se dice. Algunos aún esperan. Otros desconfían. Muchos ya no quieren creer. Entre titulares, rumores y promesas, la reacción social no es una sola. Se mueve entre el deseo de cambio y la memoria de las decepciones.

Como si, una vez más, el telón bajara sobre una escena conocida, mientras fuera del escenario la vida sigue —urgente, precaria— obligando a mirar menos hacia Washington y más hacia el día siguiente.

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Juliana Rabelo

Juliana Rabelo

(Cuba, 1991) Investigadora-artista, curadora y periodista. Ha colaborado con revistas culturales como Palamúsica Underground, Hypermedia Magazine, Árbol Invertido y Alas Tensas. Su área de interés se encuentra en la intersección de ciudadanía y arte participando en proyectos como el Instituto de Artivismo Hannah Arendt, la Casa de la Cultura del Mundo en Berlín (HKW) y Teatro Independiente Kairós lo que la ha llevado a diferentes eventos internacionales con performances, podcasts, artículos de opinión y ensayos, curaduría de eventos y moderación de conversaciones.

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