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La Otra Actualidad | Marco Rubio en el Senado: “Nos encantaría ver un cambio de régimen en Cuba”

Ante la comisión de Relaciones Exteriores del Senado, Marco Rubio negó una intervención para imponer un gobierno, pero defendió el cambio de régimen en Cuba frente a un sistema que Washington considera ilegítimo.

Marco Rubio ante el Senado de Estados Unidos (28 de enero de 2026): “Nos encantaría ver un cambio de régimen en Cuba”.

El secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, fue consultado este 28 de enero de 2026 ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado sobre si la Administración de Donald Trump busca un cambio de régimen en Cuba, en un contexto de alta tensión regional tras la operación contra Nicolás Maduro.

Rubio rechazó presentar la política estadounidense como una intervención directa para “imponer” un nuevo gobierno en la isla, pero sostuvo que Washington “querría ver” un cambio político en Cuba y subrayó que el embargo está codificado en la ley Helms-Burton, que condiciona su levantamiento a una transición política.

Un contexto regional que altera la lectura de Cuba

Las declaraciones de Rubio se producen en un momento en que la política exterior estadounidense hacia América Latina atraviesa una fase de redefinición acelerada. Los acontecimientos en Venezuela no solo han tenido efectos internos en ese país, sino que han modificado la percepción regional sobre los límites y el alcance de la acción de Washington frente a gobiernos que considera autoritarios. En ese nuevo marco, cualquier referencia a Cuba adquiere una densidad política distinta a la que habría tenido hace apenas un año.

Desde el Capitolio, senadores de ambos partidos han comenzado a interrogar a la Administración sobre la coherencia de su estrategia hemisférica. La pregunta ya no es únicamente qué hacer con Venezuela, sino si existe una doctrina más amplia aplicable a otros aliados o socios del chavismo. Cuba aparece inevitablemente en ese debate, no tanto por un giro inmediato en la política estadounidense, sino porque simboliza el caso más longevo de confrontación ideológica y sanciones sostenidas en la región.

Rubio es consciente de ese trasfondo y responde a él. Su intervención no se limita al expediente cubano: está pensada también para ordenar el relato tras una operación que ha elevado expectativas, inquietudes y lecturas cruzadas sobre los próximos movimientos de Washington.

Marco Rubio y el cambio de régimen en Cuba

En la audiencia, Marco Rubio eligió una formulación que, por su carga histórica, reactivó de inmediato la discusión sobre la política de Washington hacia La Habana. “Nos gustaría ver un cambio de régimen en Cuba, pero eso no significa que lo cambiaremos nosotros”, declaró el secretario de Estado al ser interrogado sobre si la Administración de Donald Trump busca ese desenlace en la isla. 

La frase concentra dos mensajes que Rubio procuró mantener unidos. El primero es político: la Administración asume como deseable que Cuba deje atrás el sistema que considera ilegítimo. El segundo es operativo y, para Rubio, decisivo: no presentó esa preferencia como un anuncio de intervención ni como una promesa de acción directa para producir el resultado. 

En otras palabras, intentó fijar un límite retórico tras la sacudida regional provocada por Venezuela: el hecho de que Washington exprese públicamente su deseo de una transición en Cuba no equivale a afirmar que vaya a “fabricarla” desde fuera.

Uno de los ejes más relevantes de la comparecencia fue la insistencia de Rubio en que la política hacia Cuba no depende únicamente de la voluntad del Ejecutivo, sino de un entramado legal consolidado desde hace décadas. Con la referencia explícita a la ley Helms-Burton recordó que el embargo no es solo una herramienta diplomática, sino una política codificada por el Congreso, con condiciones precisas para su levantamiento.

Ese marco fija un principio central: mientras no exista una transición política que Washington considere democrática, el embargo debe mantenerse. En la práctica, esto limita severamente el margen de maniobra de cualquier administración, incluso si quisiera ensayar una aproximación más flexible. Rubio utilizó este argumento para desplazar el debate del terreno de la intención política al de la restricción institucional, subrayando que el cambio de régimen en Cuba no es solo una consigna retórica, sino una condición inscrita en la legislación estadounidense.

Qué hay de nuevo —y qué no— en el discurso de Washington

Aunque las palabras de Rubio han sido presentadas en algunos espacios como un endurecimiento del tono, no introducen un elemento completamente nuevo en la política estadounidense hacia Cuba. El deseo de un cambio político en la isla ha sido una constante, explícita o implícita, durante décadas. Lo que varía ahora es el contexto regional en el que se pronuncia y la necesidad de delimitar con mayor precisión su alcance.

Rubio no anunció sanciones nuevas, no presentó medidas concretas ni sugirió plazos. Tampoco habló de mecanismos específicos para inducir un colapso del sistema cubano. Su intervención se mantuvo en el plano del lenguaje político estratégico, reforzando una posición conocida sin cruzar el umbral que convertiría esa retórica en anuncio operativo.

Entre la interpretación y la confirmación

Las reacciones posteriores a la audiencia reflejan una ambigüedad calculada. Para algunos analistas, las palabras de Rubio apuntan a una fase de presión más intensa sobre La Habana, especialmente en el plano diplomático y económico. Para otros, se trata ante todo de una reafirmación ideológica dirigida al electorado interno y a sectores del Congreso históricamente alineados con una política dura hacia Cuba.

El clima regional posterior a Venezuela ha suscitado lecturas estratégicas en torno a la isla. Diversos medios han destacado pronunciamientos de Donald Trump como indicios de una postura más dura y de expectativas sobre efectos dominó en la región. En paralelo, han circulado hipótesis como la del exvicepresidente argentino Carlos Ruckauf, quien sostuvo públicamente que Estados Unidos ya habría “pactado” con un actor interno para facilitar una transición en la isla

Ese tipo de tesis puede incorporarse como termómetro del clima de especulación, pero debe quedar claramente señalado que, a día de hoy, lo confirmado se concentra en la declaración institucional de Rubio y en el marco legal que invoca, mientras el resto permanece en el ámbito de conjeturas y proyecciones.

Qué puede esperarse a corto y medio plazo

Con la información disponible, el escenario más verosímil es el de la continuidad. Estados Unidos seguirá utilizando el embargo y la presión diplomática como herramientas centrales, mientras mantiene el discurso del cambio político como horizonte deseable. La idea de un cambio de régimen en Cuba funciona, en este momento, más como señal estratégica que como anuncio de una acción inminente.

Cualquier alteración sustancial de esa política dependería de factores que hoy no están presentes: un cambio legislativo en Estados Unidos, una transformación interna significativa en Cuba o una reconfiguración mayor del entorno regional. Hasta entonces, la retórica seguirá siendo firme, pero cuidadosamente contenida.

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