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Reportajes | De orgullo a estorbo: La educación que el régimen cubano no puede sostener

"Durante décadas, la educación fue uno de los pocos activos socioculturales que el régimen cubano exhibía prácticamente sin discusión, con acceso universal y gratuito. En la actualidad, el sistema educativo se está desmoronando."

Libros en la basura.
"La mengua cualitativa y cuantitativa en la educación y la cultura promueven el desecho de valiosos recursos de instrucción". | Imagen: Amilkar Feria Flores

"¿Estudiar en Cuba? No pienso perder más tiempo en eso". Así respondió Miguel al preguntarle si piensa incorporarse a clases cuando reanuden el servicio de transporte escolar en la Universidad de Ciego de Ávila (UNICA), como prometieron en una reunión para informar a los estudiantes.

Durante décadas, la educación fue uno de los pocos activos socioculturales que el régimen cubano exhibía prácticamente sin discusión: acceso universal, gratuito y un relato de movilidad social a través del estudio. En la actualidad, como la mayoría de las instituciones y servicios públicos, el sistema educativo se está desmoronando.

El curso escolar 2025-2026, que culminó de forma anticipada —incluso antes de las fechas establecidas tras los ajustes realizados por las autoridades—, estuvo marcado por el colapso energético, la crisis del transporte, escasez de combustible y un déficit de maestros y profesores sin precedentes. En ese contexto, la educación dejó de ser vista para muchos como una vía de progreso para convertirse, en palabras de quienes la viven, en un estorbo: algo que consume tiempo y energía que las familias ya no pueden permitirse. 

Busto de Martí en el patio de una escuela arrasada, en Cuba. Foto: Heriberto Machado Galiana
Busto de Martí en el patio de una escuela arrasada. | Imagen: Heriberto Machado Galiana.

El 29 de mayo, Anne Lemaistre, directora de la oficina regional UNESCO en La Habana, publicó en la cuenta de Instagram del organismo: 

"La educación en Cuba está en riesgo debido a la actual crisis energética. Esto dificulta que docentes y estudiantes asistan a clases, aprendan eficazmente y disfruten de una vida social normal con sus amigos. Esto pone en peligro el futuro de toda una generación, con consecuencias a largo plazo." 

La noticia que cambió todo  

Miguel, de 21 años de edad y estudiante de cuarto año de Ingeniería Hidráulica, no le encuentra sentido a seguir, como él mismo dice, "perdiendo años de mi vida estudiando" porque, asegura, terminará: 

"Haciendo negocios o vendiendo algo para poder comer."

A través de un grupo de WhatsApp donde están los estudiantes y profesores de la UNICA, y en el que se publican diferentes indicaciones sobre el curso escolar, les fue notificado el lunes 9 de febrero de 2026 que momentáneamente se suspendía el curso debido a la crisis de combustible que afectaba —y afecta— a todo el país:

"Producto del bloqueo de combustible impuesto por el Gobierno de los Estados Unidos a través de una orden ejecutiva el 29 de enero, se imposibilita mantener el servicio de transporte escolar." 

De igual forma, afirmó que las clases se reanudarían a la mayor brevedad y que habría un ajuste importante al calendario docente. 

Hasta el cierre de este reportaje, el servicio aún no se había restablecido para el próximo curso escolar y el curso docente que culminó fue cerrado sin realizar exámenes finales ni impartir los conocimientos correspondientes a las materias propias del nivel académico. A pesar de ello, a todos los estudiantes les comunicaron que pasarían directamente al cuarto año de la carrera, afirmó Miguel.

Una nota publicada por la oficialista Agencia Cubana de Noticias (ACN) el 19 de marzo de 2026, sobre una emisión del programa televisivo Mesa Redonda Informativa donde participaron Eduardo Martínez Díaz, Naima Ariatne Trujillo Barreto y Walter Baluja García —vice primer ministro, ministra de Educación y ministro de Educación Superior del régimen cubano, respectivamente— informó sobre las modificaciones al curso escolar. Entre estas sobresalen las de la educación superior que, según Baluja García, transita en modalidad semipresencial, aunque Miguel afirma que esto fue totalmente falso, pues era imposible. 

Con los precios actuales del internet y los ya conocidos problemas de conectividad, Miguel no hubiera podido participar en una clase online y asistir esporádicamente a las aulas significaría un gasto que la mayoría de las familias no pueden costear: los automóviles llegan a costar 6.000 pesos por persona por movilizarse, solo de ida, más de treinta kilómetros.

Aula de escuela primaria cubana (27 de noviembre de 2025). Foto tomada de Instagram.
Aula de escuela primaria cubana (27 de noviembre de 2025). Foto tomada de Instagram.

En un recorrido realizado por centros educativos de diferentes grados escolares, incluida la enseñanza especial, se aprecian las aulas totalmente vacías. No tienen transporte ni alimentos para los comedores de las escuelas seminternado, como relata una trabajadora de una de las escuelas visitadas, que prefirió el anonimato, se hizo imposible mantener un curso escolar.

Según explicó Lemaistre a The New York Times, los 240 internados de Cuba tuvieron que cerrar este semestre.

Ana, la pañoleta azul y la enseñanza primaria

Ana es una niña que culminó el cuarto grado en la Escuela Primaria José Martí, en Ciego de Ávila. Usaba pañoleta roja, saya marrón y blusa blanca. El uniforme escolar, según el propio Ministerio de Educación, simboliza los colores de la bandera cubana y constituye uno de los principales elementos de identificación de los estudiantes dentro del sistema educativo. 

Su mamá dice que se le va apagando la sonrisa. No recuerda cuándo fue la última vez que su hija pudo ver unos "muñequitos" y comerse un paquete de sorbetos Pica Pau, que tanto le gustan, pues su salario de 3.200 pesos cubanos —menos de cinco dólares estadounidenses según el cambio informal en la isla— le alcanza para apenas lo básico: 

"Para no morirnos de hambre." 

Antes de la fecha usual, Ana dejó de ir a la escuela por la emergencia social cubana y pasa las horas en casas donde también se sufre esa misma emergencia social. 

En su comparecencia en la referida Mesa Redonda del 19 de mayo de 2026, la ministra de Educación Naima Trujillo explicó que el fin del curso debía adelantarse en el actual contexto y que se llevaría a cabo del 15 al 30 de junio, cuando inicialmente se había previsto para el mes de julio. 

Según tres fuentes consultadas, la mayoría de los centros educacionales cerraron el curso escolar en el mes de mayo y, aunque la ministra afirmó que solo serían los de la enseñanza especial y que los centros educativos continuarían abiertos para atender a los niños cuyos padres trabajan, las familias se han visto obligadas a tomar acciones para poder trabajar y cuidar de sus hijos, según los testimonios de varios familiares entrevistados. 

Niños sentados entre los escombros en Cuba.
Niños sentados entre los escombros en Cuba. | Imagen: Alina Sardiñas

La mamá de Ana es contadora en la Empresa Eléctrica de Ciego de Ávila. Por estos días ha tenido que dejar a la abuela paterna al cuidado de su hija. Explica que el curso fue adelantado en dos ocasiones e incluso las evaluaciones quedaron suspendidas. Además, fue muy difícil para Ana realizar los pocos trabajos prácticos que le mandaron: sin servicio eléctrico y con una conexión "pésima", buscar la información necesaria complicó mucho la situación evaluativa.

Esta realidad no es única para su familia. Un recorrido propio cuando las clases terminaron me permitió observar, desde temprano en la mañana, a niños con sus padres o con algún familiar saliendo a hacer mandados o acompañándolos al trabajo, e incluso jugando en las calles. Varios de ellos afirmaron que las clases habían concluido antes de lo informado oficialmente. 

La mamá de Ana teme que su hija no pueda regresar a las aulas el próximo curso escolar previsto para el mes de septiembre de 2026, pues en su escuela no tienen suficientes maestros, lo que la obligará a buscar opciones privadas para que su hija pueda aprender. 

Para las vacaciones escolares que comenzaron apresuradamente, los niños cubanos tienen cada vez menos opciones de recreación, a pesar de que es un derecho consagrado en el Artículo 31 de la Convención sobre los Derechos del Niño. Los planes para esta etapa son muy limitados. La policrisis que vive el país ha reducido al mínimo las posibilidades de recreación infantil y familiar, en un contexto donde incluso las actividades básicas de recreación han quedado suspendidas o dependen de condiciones cada vez más difíciles de sostener.

Una de las situaciones más mencionadas por las familias es la imposibilidad de transmitir dibujos animados en la televisión como forma de entretenimiento para los niños. Las afectaciones eléctricas, que superan en muchos lugares las treinta horas seguidas, impiden el disfrute de programas para niños, dejando a muchos hogares sin una de las pocas alternativas de entretenimiento. Dice una adulta mayor:

"En años anteriores se recogía dinero en la cuadra, se alquilaba una guagua e íbamos a un río o a la playa; ya nada de eso se puede. ¿Dónde está el combustible? ¿Dónde está la guagua [ómnibus]? Supón que consigues esas dos cosas, ¿qué llevas de comer? Esto es un desastre total."

Un año perdido en el servicio militar

Miguel perdió un año cuando fue obligado, al terminar el doceavo grado escolar, a alistarse en el Servicio Militar Obligatorio. Vive solo con su madre, quien se dedica a llevar a niños a la escuela, por lo que recibe un pago mensual. Además, se dedica a la costura. Dijo: 

"Remendar ropa vieja, hacer jabas, cualquier cosa que me traiga algún dinero a la casa."

Cuando volvía por la tarde de la escuela se dedicaba a limpiar la tierra de un patio, botar basura o algún mandado que le permitiera ganar dinero para ayudar en la difícil economía familiar. Su madre explicó esto a varios oficiales de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) para que su hijo no tuviera que pasar el Servicio Militar Obligatorio, pero no accedieron y lo mandaron a una Unidad de Tropas Especiales por un año.

Video reportaje de Árbol Invertido. La historia del Servicio Militar en Cuba.

Al concluir ese período, se incorporó a la universidad con "muchísimo esfuerzo" para poder costear los viajes: aunque en ese entonces aún funcionaba el transporte escolar y algún que otro vehículo del transporte público. El primer año duró apenas seis meses y la mayoría de las veces no tenía clases por falta de profesores asignados a las materias o porque el que le correspondía no había podido llegar por problemas con el transporte.

Miguel trabaja en un pequeño negocio privado en el que gana más de lo que tal vez recibiría si ejerciera la profesión de Ingeniería Hidráulica en la que se forma. Esa es una de las razones por las que ve difícil retomar sus estudios. Dice que mantiene comunicación con la universidad a través del referido grupo de WhatsApp, donde a veces publican alguna que otra tarea que considera sin sentido. Afirma:

"Ya perdí un año cuando el servicio, se puede decir que en estos tres cursos no he tenido casi clases, no sé nada de la carrera y cuando me gradúe lo que me paguen no me va a alcanzar ni para un día. Ya he perdido mucho tiempo."

"Soluciones" en manos de los afectados

A falta de clases y maestros, en Cuba las familias han tenido que asumir un rol cada vez más activo en el proceso educativo de sus hijos. En muchos hogares, son los propios padres o hermanos mayores quienes intentan enseñar contenidos básicos o explicar las tareas a partir de sus propios conocimientos.

Niños cubanos estudiando en el hogar. Foto: IPS Cuba.
Niños cubanos estudiando en el hogar. Foto: IPS Cuba.

Se han multiplicado las "casas de repaso" creadas por maestros jubilados, donde las familias pagan cifras considerables por cada clase, con el objetivo de que los estudiantes no pierdan el vínculo con el aprendizaje. No todas las familias pueden acceder a estas alternativas debido a su costo. Dice una madre que solicitó el anonimato:

"Yo les pongo ejercicios de matemáticas con lo que tengo en la cabeza, les leo los libros cuando hay corriente y, cuando no hay, les explico como puedo, con ejemplos de la vida diaria." 

 A veces, utiliza semillas, piedras o cualquier objeto que tenga a mano para intentar enseñar operaciones básicas. Afirma: 

"Uno se vuelve maestro sin serlo." 

Antes de terminar la conversación, mira hacia el interior de su casa, donde están sus dos hijos, y concluye: 

"Uno solo quiere que ellos tengan un futuro, pero siento que estamos resolviendo el presente como se puede, no como se debe."

En ese equilibrio frágil entre la escuela interrumpida y la economía de los hogares, cada vez más difícil, las familias han pasado a convertirse en el último sostén del aprendizaje y del cuidado. Anne Lemaistre advirtió sobre los niños y jóvenes cubanos: 

"Su futuro debe protegerse por el bien de todos."

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Owen

Árbol tatuado en un brazo.

(Seudónimo de joven cubano, residente en Cuba, que por motivos de seguridad prefiere mantener el anonimato.)

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