Virgilio Piñera
El escritor Virgilio Piñera (1912 - 1979).

Lezama, gustara o no, era ya en los setenta símbolo de la "cubanidad", casado y discreto; pero Piñera no tenía salvación, cuestionaba la cubanidad y era un homosexual declarado, había que esconderlo.

En uno de esos momentos memorables y detestables a la vez de la película cubana Fresa y chocolate (1993) de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, se le oye decir a David sobre Diego: “¿Por qué no puede ser revolucionario?”, a lo que responde Miguel, su compañero de clases y militante de la Unión de Jóvenes Comunistas: “Porque la revolución no entra por el culo". De ese tipo de discriminaciones pudo dar cuenta, hasta su muerte, Virgilio Piñera, quien vivió su última década justo en el período en que se ubica históricamente la película (la década del setenta), durante el conocido como “quinquenio gris” y bajo la institucionalización de la homofobia en la isla a través de leyes y acuerdos tomados en, por ejemplo, el Primer Congreso de Educación y Cultura, llevado a cabo en 1971. En “La vida tal cual”, texto publicado en la revista Unión en 1990, el autor de Electra Garrigó habla sobre su identidad sexual con una franqueza y una frontalidad que la cultura cubana no ha terminado de asimilar aún:

No bien tuve la edad exigida para que el pensamiento se traduzca en algo más que soltar la baba y agitar los bracitos, me enteré de tres cosas lo bastante sucias como para no poderme lavar jamás de las mismas. Comprendí que era pobre, que era homosexual y que me gustaba el Arte. Lo primero, porque un buen día nos dijeron que no se había podido conseguir nada para el almuerzo. Lo segundo, porque también un buen día sentí que una oleada de rubor me cruzaba el rostro al descubrir palpitante bajo el pantalón el abultado sexo de uno de mis numerosos tíos. Lo tercero, porque igualmente un buen día escuché a una prima mía muy gorda que apretando convulsivamente una copa en su mano cantaba el brindis de Traviata.

Todavía cuando yo estudiaba en la Vocacional Federico Engels de Pinar del Río (entre 1997 y 2000) no se podía optar por carreras como Medicina o Pedagogía si eras afeminado o abiertamente homosexual. En primaria mis profesores aconsejaban a los padres que llevasen a sus hijos (si eran afeminados) al psicólogo. Algo así tenía solución si se trataba a tiempo, declaraban, era un problema hormonal, una enfermedad que debía atenderse en la niñez.

Por ello, Alberto (a quien le decían “la muralla” o “la trigueñona” por ser “tan fuerte”, o sea: tan amanerado) no pudo estudiar Medicina, y recuerdo que yo no entendía la razón; me parecía una injusticia dentro de mi desconocimiento y mi despiste casi total sobre esos temas en mi adolescencia. Podías ser gay, que algunos lo supieran, pero si lo disimulabas no había problema. En realidad no era un asunto de salud, de que fueses a contagiar a estudiantes o pacientes. Si sabías disimular la “enfermedad” con una novia o con discreción, podías optar por cualquier carrera.

Luis no. Luis quería estudiar Derecho, y para esa carrera no había esas limitaciones, aunque para la entrevista del servicio militar se dijo que fue con una braga (o blúmer) de mujer para escandalizar a los oficiales, pues pedían que te bajases los pantalones en el chequeo clínico. Luis declaró abiertamente que si lo metían en una Unidad Militar no respondía por lo que pasara. Al menos eso se comentó en los pasillos de la Vocacional. Y aunque no fuera verdad, Luis era un mito, amigo de todos los machotes y súper hombres de su Unidad. Todos lo saludaban cariñosamente con dos besos en la cara, y a ninguno se le pegó nada, seguían teniendo dos o tres novias en cada Unidad, que era lo común para ellos.

Nosotros, los alumnos de ese tiempo, ya aceptábamos con una naturalidad que todavía no es del todo lograda en la sociedad cubana, que alguien como Luis se moviese como le diera la gana, modelara y prefiriera a los de su sexo para tener relaciones. Luis era un escándalo, era el golpe maestro en mi escuela contra todo lo que hoy leo en las declaraciones de la UNEAC de 1971, como resumen del I Congreso de Educación y Cultura.

Dejando un poco al lado mi ingenuidad adolescente, pasado el tiempo, hoy leo las publicaciones cubanas de la década del sesenta y setenta y me sobrecojo, me avergüenzo, porque frente a muchas declaraciones extremistas contra la homosexualidad aparecen imágenes de la cultura griega, donde la pederastia aristocrática era una de las partes más conocidas de la educación o paideia, y también aparece una imagen de Julián del Casal, uno de los poetas más importantes de la Colonia y un homosexual hoy claramente reconocido.

Pero hay algo que indigna más: de todos los intelectuales marginados en la década del setenta por ideas, creencias u orientación sexual, nadie fue más ninguneado, apartado, omitido que Virgilio Piñera. Ni Lezama, a quien se le publicaron homenajes y textos en las revistas de esos años, ni ningún otro origenista (Vitier publica textos, Fina publica algunos poemas al final de la década, Octavio Smith escribe algunos versos con tintes políticos, y el entonces muy militante Eliseo Diego era el más concurrente en los boletines y congresos literarios), tuvieron que padecer el olvido y la marginación que sufrió Virgilio Piñera en el ámbito cultural, al extremo de que es casi imposible encontrar un texto de y sobre él desde 1969 (cuando ganó el Premio Casa de las Américas de Teatro con Dos viejos pánicos) hasta su muerte en 1979 en las revistas culturales de la isla. En una esquina de una de las páginas de La Gaceta de Cuba se da noticia de la muerte de Piñera, en ella se dice que fue un importante dramaturgo que además escribió narrativa y poesía. No se le hace en la revista un homenaje como a Lezama y a María Villar Buceta en sus respectivas muertes, o como a Regino Pedroso en sus 80, a Marinello por sus 75 y luego por su muerte, a Guillén por sus 70, a Ignacio Villa (Bola de Nieve), a Manuel Navarro Luna… Lo que sabemos de Piñera en toda esa década, según La Gaceta de Cuba, por ejemplo, es que saltó del premio Casa a la muerte. Nada más.

Gustara más o menos, Lezama era ya en los setenta símbolo de la “cubanidad”, autor que se empeñó en leer la poesía cubana con un sentido insular, telúrico, dándole un curso histórico y orgánico; además de ello, estaba casado, era discreto y eso podía disimular lo demás. Pero Piñera no tenía salvación, no había por dónde enfocarlo: cuestionaba la cubanidad, entendía lo nacional como un constructo, era un homosexual declarado y afeminado, por lo que había que esconderlo, sí, que traduzca, pero que no aparezca como traductor de la obra.

Si todo lo apuntado fuera poco, los dirigentes cubanos conocían que la homosexualidad desde los años 60 se veía y se estudiaba de otro modo en otros países, entre científicos y sociólogos. Sin embargo, los propios especialistas fueron obligados a reelaborar las traducciones y publicaciones que tratasen el tema de la homosexualidad por orientación gubernamental; sobre este asunto, dice la sexóloga alemana Monika Krause (primera directora del CENESEX en Cuba) en entrevista con Manuel Zayas e Ileana Medina:

"Cuando estábamos preparando la publicación de El hombre y la mujer en la intimidad, de Siegfried Schnabl, el capítulo décimo (“La homosexualidad en el hombre y en la mujer”) causó un impacto enorme. La traducción bruta, sin haberse realizado aun las correcciones ni la revisión técnica, fue entregada a cierto número de funcionarios del Partido, del MINSAP, del MINED. Fue la primera vez que en Cuba se conoció un acercamiento muy diferente sobre la homosexualidad.

Por órdenes superiores —a la cabeza estaba Vilma Espín—, el capítulo fue reescrito, se le cambió gran parte, al final quedaba poco de lo escrito por Schnabl. Este tipo de “violaciones” de obras con contenidos inaceptables para “la cúspide” las he conocido una y otra vez en el decursar del período de preparación de literatura científica y científica-popular a mi cargo.

 […]

El libro ¿Piensas ya en el amor?, de H. Brückner, fue igualmente “violado”. Sobre todo el capítulo referente a la homosexualidad fue modificado tanto que apenas quedaba algo del autor. En una nota que redacté —sin el permiso de Vilma Espín— traté de dar a los lectores y sobre todo al autor una explicación del porqué de la intervención."

Los dos libros que menciona la sexóloga alemana fueron los más importantes y accesibles para adolescentes, jóvenes y adultos cubanos hasta la década del noventa. Aunque en las declaraciones de la UNEAC y del I Congreso de Educación y Cultura se dice que todo se haría de acuerdo con los resultados científicos e investigativos, las declaraciones de Monika Krause y las acciones del gobierno y de Vilma Espín niegan que tuviesen en cuenta, al menos en el tema de la homosexualidad, los estudios científicos actualizados.

Piensas ya en el amor, portada.
Según la sexóloga alemana Mónica Krause, el libro "¿Piensas ya en el amor?" fue "violado", el capítulo referente a la homosexualidad fue modificado tanto que apenas quedaba algo del autor.

Quiero poner un último ejemplo ofensivo, de un descaro gratuito y bien ilustrativo del conocimiento que tenían los dirigentes cubanos sobre la homosexualidad en el mundo desde los años sesenta: en la revista Bohemia, en 1969, el Doctor en Pedagogía Abel Prieto Morales (uno de los dirigentes de la educación cubana de aquellos tiempos) publicó un artículo titulado precisamente “Homosexualismo”. El final del artículo evidencia que Prieto Morales y otros cubanos tuvieron trato con gente de pensamiento más avanzado, defensores de las llamadas “minorías” y de la tradición homoerótica universal. Ya sabemos que no les hicieron caso alguno:

"Un recuerdo nos llega ahora a la mente:
 
Hace algunos años atendimos en Cuba a un alto funcionario internacional. Mientras almorzábamos, y por sugerencia nuestra, comenzamos a hablar sobre el homosexualismo.
 
Fui grandemente impresionado por su actitud hacia la “comprensión” del fenómeno, no solo desde el aspecto individual sino también social. El visitante defendió el homosexualismo desde el punto de vista histórico, artístico, y sobre todo desde el llamado respeto a las minorías.
 
Un tiempo después, estando en una recepción en París, junto a un amigo, también alto funcionario internacional, se acercó el primer personaje de esta narración y saludó a ambos, a nosotros quizás con más calor y entusiasmo.
 
Al marcharse, el amigo nuestro hizo este comentario altamente significativo:
 
—Parece ser que usted es muy amigo de uno de los homosexuales más famosos del mundo.
 
Entonces… yo “comprendí” muchas cosas.
 
El problema está en comprenderlo y resolverlo:
 
Una actividad sana, desarrollada en forma sistemática, dentro de la acción productiva, recreativa, artística, deportiva, como se llevan a cabo en nuestro país, y como es necesario incrementarlas y sistematizarlas aún más, constituye el medio profiláctico más eficiente al alcance de nuestro desarrollo y nuestras posibilidades."

En el mismo año 1969 en que firma Abel Prieto Morales estas palabras, entra a su última década de vida, olvido y marginación Virgilio Piñera, precisamente por ser homosexual. Abel Prieto Morales fue testigo de todo lo que actitudes como la suya provocaron en el país porque murió en 1981. Es una pena que hoy no pueda ver que, por mucho "deporte y cultura" que haya, lo que él consideraba un “problema” es identidad, y se ha abierto camino cada vez con más fuerza, a pesar de gente como él.

Los párrafos que siguen son tomados del resumen que la UNEAC publicó en La Gaceta de Cuba en 1971 del Congreso de Educación y Cultura que oficializó y legitimó una vez más la clasificación de la homosexualidad como enfermedad, vandalismo, depravación, fenómeno, desviación, patología, caso antisocial, deterioro y problema.

SOBRE LA SEXUALIDAD

La Comisión analizó el problema social de la sexualidad, y dentro de ello las ideas y conceptos sobre el tema. Estudió las relaciones en sentido general e hizo especial análisis del fenómeno en la adolescencia y la juventud.

Se hizo un recuento de cómo se ha transformado la situación de las relaciones sexuales en la sociedad prerrevolucionaria, cuando tales relaciones estaban conformadas por el sistema de explotación, por la profunda desigualdad social y por la violencia que producían la lacra característica de la prostitución y las distintas modalidades de la mercantilización del sexo con su secuela de aberraciones.

En el momento presente la transformación estructural y el desarrollo de nuestra sociedad han erradicado definitivamente esas manifestaciones propias de las sociedades de explotación, pero como sucede en todo proceso revolucionario el cambio ha traído aparejado nuevas contradicciones que exigen un esfuerzo constante de renovación creadora en las conductas, los hábitos sociales y en las ideas.

El criterio general aceptó que es preciso extender, excepto en algunos tipos de enseñanzas que por su índole y características lo hagan imposible, la enseñanza coeducacional. Que se debe brindar una información oportuna y suficiente sobre las relaciones sexuales y el proceso de procreación, dando respuestas veraces y científicas a las interrogantes de los niños y de los jóvenes, en la escuela y en el hogar. A fin de disipar la ignorancia y los prejuicios que existen sobre estas materias y sin necesidad de instituir cursos especiales, se debe ofrecer el conocimiento de éstos en el marco de la enseñanza general.

También se precisó que es indispensable situarse correctamente para valorar la importancia de las distintas contradicciones y de los diversos frentes de actividad revolucionaria, y que en consecuencia habrá que dar prioridad  a la defensa material e ideológica y al desarrollo  socioeconómico, que son los campos de antagonismo fundamental. Que los cambios en el plano de las relaciones sexuales dimanan de la sociedad a medida que ésta se desarrolla, en lo económico, lo social y lo cultural y va ganando una ideología más consecuentemente revolucionaria.

Por último, se hizo énfasis en la atención que ha de dispensarse a los sentimientos y opiniones de los jóvenes, conocer sus puntos de vista y dar la posibilidad a la discusión y el análisis profundo para promover una concepción de lo que significa el amor en la formación de la pareja humana y los motivos que deben unirla, no con un criterio meramente biológico, sino con una idea de plenitud humana que incluya la admiración recíproca y la estimación profunda, en función de valores vitales y estéticos, pero por valores sociales, políticos y morales fundamentalmente.

Se analizó la prostitución en su origen socioeconómico dentro de la sociedad burguesa, su liquidación total a lo largo de estos años de trabajo revolucionario dentro de la transformación operada en nuestra sociedad. Que las manifestaciones residuales y microlocalizadas existentes, caen más bien dentro del campo delincuencial.

Respecto a las desviaciones homosexuales se definió su carácter de patología social. Quedó claro el principio militante de rechazar y no admitir  en forma alguna estas manifestaciones ni su propagación, declarándose, sin embargo, que sería el estudio, la investigación y el análisis profundo de este complejo problema lo que determinaría siempre las medidas a tomar.

Quedó establecido que el homosexualismo no debe ser considerado como un problema central o fundamental en nuestra sociedad, pero que es necesaria su atención y solución.

Se profundizó en el origen y evolución del fenómeno, así como su magnitud actual, sobre el carácter antisocial de esta actividad y las medidas preventivas y educativas que deben implementarse. El saneamiento de focos e incluso el control y reubicación  de casos aislados, siempre con un fin educativo y preventivo. Se estuvo de acuerdo en diferenciar los casos, su grado de deterioro y la actitud necesariamente distinta frente a los diversos casos y grados.

En base a estas consideraciones se llegó a la conclusión de que es conveniente poner en práctica las medidas siguientes:

a) Extensión del sistema coeducacional: reconocer la importancia de la coeducación en la formación de niños y jóvenes.

b) Educación sexual adecuada a padres, maestros y alumnos. Este trabajo no debe hacerse en el marco de una asignatura especial, sino en la programación de la enseñanza general común de la biología, fisiología, etcétera.

 Realizar un trabajo de divulgación a maestros y padres, de estas materias, para que éstos puedan a su vez satisfacer de una manera honrada y científica las interrogantes de niños y jóvenes.

c) Promover una consideración justa de la sexualidad. Realizar un trabajo de divulgación con adolescentes y jóvenes que contribuya a participar de un conocimiento científico de la sexualidad, a borrar prejuicios e inseguridades que determinan en algunos casos una jerarquización inadecuada de este fenómeno.

d) Promover una discusión con los jóvenes en los casos que sea necesario que se profundice en el aspecto humano de las relaciones entre sexos.

En el tratamiento del aspecto del homosexualismo la comisión llegó a la conclusión de que no es permisible que por medio de la “calidad artística” reconocidos homosexuales ganen influencia que incida en la formación de nuestra juventud.

Que como consecuencia de lo anterior se precise un análisis para determinar cómo debe abordarse la presencia de homosexuales en distintos organismos del frente cultural.

Que se debe evitar que ostenten una representación artística de nuestro país en el extranjero personas cuya moral no responda al prestigio de nuestra Revolución.

Finalmente, se acordó solicitar penas severas para casos de corruptores de menores, depravados reincidentes y elementos antisociales irreductibles.

UNEAC

Abril de 1971

Portada de La Gaceta de Cuba 1971
Portada de la revista "La Gaceta de Cuba", marzo-abril / 1971.

 

Yoandy Cabrera en Árbol Invertido
Yoandy Cabrera

(Cuba). Profesor de Clásicas y Español en Rockford University. Estudia la recepción clásica y la poesía hispana. Su libro más reciente es Ballet clásico y tradición grecolatina en Cuba (Aduana Vieja, 2019). Es editor jefe de la revista académica Deinós (https://deinospoesia.com/).

Comentarios:


María (no verificado) | Jue, 31/12/2020 - 18:56

Esto es llover sobre mojado. Nothing new 

Norge Sánchez … (no verificado) | Vie, 01/01/2021 - 04:07

Excelente investigación. Gracias

William Felipe… (no verificado) | Lun, 04/01/2021 - 03:38

Excelente artículo, sería un plus mencionar a Reinaldo Arenas, pues él también sufrió la misma descriminación que Piñeira.

Rolando (no verificado) | Dom, 17/01/2021 - 17:32

Prohibido olvidar

 

Julian Daniel … (no verificado) | Vie, 05/02/2021 - 23:03

Excelente Yoandi.

Permíteme añadir este capítulo (editado, basado en varios textos fuentes) que va a formar parte de la edición en inglés 'Mónika, Queen of Condoms. A German Feminist Defies Cuban Machismo'. Así en español es inédito. 

Un abrazo. Julian Daniel.

*******************************************

ENTREVISTA EN ALMA MATER: MI ÚLTIMA CRÍTICA A LA HOMOFOBIA INSTITUCIONALIZADA

La homofobia en la Cuba revolucionaria, tanto de la sociedad como institucional, provocó desde siempre protestas entre simpatizantes de la Revolución cubana. Se dice que Jean Paul Sartre, escritor y filósofo francés, expresó en los 1960s: “Lo que para los nazis era el judío, para la revolución cubana es el homosexual”.

En la década de los 60 en Cuba existieron incluso campos de trabajo forzado, las UMAP (Unidad Militar de Apoyo a la Producción), con el (des)propósito de reeducar a homosexuales mediante el trabajo físico duro y así convertirlos en heterosexuales. El trabajo esclavo en condiciones infrahumanas, el trato de animales que recibieron, conllevó a la muerte o el suicidio de más de uno. Pocos años después, tras masivas protestas de la izquierda del mundo entero, se cerró este triste capítulo de la Revolución cubana.

Durante veinte años, en todos los centros de enseñanza media y superior, en todas las instituciones del estado, en el Partido Comunista y la Unión de Jóvenes Comunistas se aplicaba rigurosamente una resolución con carácter de ley. La inhumana resolución aprobada en 1971 durante el Primer Congreso de Educación y Cultura que institucionalizaba la represión de los homosexuales exigiendo la limpieza de “estos elementos antisociales, débiles y fácilmente corruptibles” de centros de estudio y de trabajo. De acuerdo con esta resolución debía de negársele a los homosexuales el acceso al estudio universitario o a puestos de dirección y no podía permitírsele la militancia en el Partido o en la Juventud Comunista, ya que eran personas no confiables, de integridad dudosa.

Anualmente, en todos los centros de estudio y trabajo, se realizaban actividades de depuración, de limpieza, con la participación obligatoria de todo el colectivo en cuestión. Cada individuo tenía que autocriticarse ante los reunidos y responder abiertamente a acusaciones o cuestionamientos de su integridad cuando se sospechaba de que se tratase de un homosexual. En el marco de estas cacerías de brujas se produjeron escenas espeluznantes de desprecio manifiesto a seres humanos. Muchos homosexuales que a duras penas habían logrado mantener escondida su condición, que se habían ganado el reconocimiento y el prestigio de sus compañeros, de repente se vieron con el estigma del perverso, miserable, débil y monstruo traidor. El suicidio resultó a menudo la única salida.

Desde muy temprano en mi función de directora de GNTES y luego de CENESEX, yo había recopilado amplia información científicamente fundamentada y actualizada sobre la homosexualidad.

Tenía la orden explícita de no hablar sobre el tema, mucho menos en los medios. Aun así, consideré mi deber tematizar sin descanso el asunto en mi actividad docente, y en mis intercambios con responsables políticos. Fue una cruzada en cuyo transcurso tuve que asimilar las calumnias más desquiciadas. “Ella defiende a estos degenerados, pues debe ser porque lo es también”, decían. Para realizar este trabajo sólo pude contar con la ayuda de muy contadas personas osadas como el Dr. Lajonchere.

En 1990, efectué la trasgresión más atrevida.

Uno de los periodistas más conocidos de la revista Alma Mater, la publicación mensual de la universidad de La Habana, me visitó para hacerme una entrevista. Seis horas de charla, preguntas y respuestas. Hablamos largo y detenidamente sobre muchos aspectos de la sexualidad humana, muy particularmente sobre los tabúes existentes en Cuba. Y por supuesto que también hablamos sobre la homosexualidad.

“¡Quiero que sepas que no estoy autorizada a hablar públicamente sobre el tema de la homosexualidad, y mucho menos publicar artículos al respecto!”

“Nosotros de Alma Mater vamos a hacer el intento”, opinó el periodista.

“Esto lo han tratado de hacer otros antes que tú. Desde hace meses tengo en mi gaveta una serie de artículos que abordan este tema de manera excelente, intachable. Están congelados. Espero la luz verde, pero parece que el semáforo que me la tiene que dar, no existe”.

“Soy optimista. Estoy seguro de que se publicará el artículo íntegramente, es decir, también los pasajes sobre el tema prohibido.”

“Si pudieras lograr esto, sería magnífico. Te ruego que cuando tengas redactado tu artículo, cuando esté listo para entrar en la imprenta, me permitas echarle un vistazo, para evitar error alguno en el texto. No es que dude de tus capacidades de periodista, no, pero tú no eres especialista en sexología. Cualquier interpretación errónea — aunque sea la más leve — o cualquier definición incorrecta nos causa daño. Nuestros adversarios se afanan buscando errores en nuestro trabajo. Y otra cosa que quiero pedirte: lo que he dicho sobre el tema de la homosexualidad tiene que salir textualmente, nada de interpretación literaria”.

Durante las semanas siguientes a esta entrevista tuve mucho trabajo, estuve viajando constantemente a provincias, de manera que la entrevista había quedado en el olvido. ¡Hasta el día de la tormenta, de los relámpagos y truenos!

Asistiendo a una recepción de la Academia de Ciencias, en la cual también se encontraba la Presidenta, se desencadenó el desastre.

La escolta personal de la Presidenta, una mujer que parecía un escaparate humano, cuyo cerebro estaba equipado de la cantidad de células grises justamente necesaria como para cumplir cabalmente su obligación: velar permanentemente por la seguridad física de la Presidenta, enfiló su marcha directamente hacia mí.

“¡Esto es el colmo! ¿Qué te has creído? ¡Esto es difamación, son los argumentos que utiliza el enemigo! ¡Todo lo que dices desprestigia el país! Ven acá, ¿te volviste loca?”

Era agosto, la temporada más calurosa del año, y a mí me corrían oleadas heladas por la espalda. Sabía que la guardia personal de la Presidenta repetía como un papagayo todo lo que decía nuestra jefa común. Pero en este instante no sabía cuál era motivo de estas acusaciones tan terribles. No era consciente de haber cometido delito alguno, no me sentía culpable de nada.

“¿De qué me estás hablando?”

“¡Qué descaro! ¡En mi vida he visto cara más dura que la tuya! ¡No te hagas la inocente, la que no sabe de qué se trata! ¡Así que en Cuba se discrimina, se humilla, se priva de sus derechos a hombres que ...!”

De repente se me abrieron las entendederas.

“¿Dónde has leído eso?” No podía creer que la entrevista con Alma Mater se hubiese publicado sin censura.

“¿Pretendes darme a entender que no diste la entrevista a Alma Mater?

“Sí, la di, pero...”

“¡Nada de pero! ¡Ahí está! ¡Y tú haciéndote la boba, como si te cayera de sorpresa! ¡Mira lo que te digo: la jefa está que echa espuma de indignación! ¡Ojalá se te ocurra algo para salir de esto!”

“Por favor, enséñame el artículo. Tengo que verlo.”

Al poco rato se apareció con un ejemplar de la revista Alma Mater. Casi se lo arranco de la mano. Y efectivamente: ¡allí estaba la prueba del delito! Todo, pero absolutamente todo lo que yo había dicho sobre el tema prohibido estaba impreso — negro sobre blanco, incluyendo mi crítica sin tapujos a la homofobia institucionalizada en Cuba. Con la revista en la mano me retiré a un rincón del patio para leer el artículo — desde el comienzo hasta el final. El artículo estaba bien logrado, aunque con dos o tres pequeños errores conceptuales que pudieron haberse evitado de haber recibido el manuscrito para revisarlo antes de que lo entregaran a la imprenta. Pero eran errores de poca importancia.

La publicación de la entrevista en la revista Alma Mater en 1990, me costó una dura reprobación por violar órdenes explícitas y estrictas. Pero me llenó de satisfacción ver que había desencadenado un cambio, un proceso de discusiones críticas de las políticas homofóbicas vigentes, a lo largo y ancho del país.

La tristemente célebre resolución homofóbica del Primer Congreso de Educación y Cultura de 1971 tenía sus días contados.

Un mes antes de mi salida de Cuba en noviembre de 1990, el Dr. Lajonchere y yo recibimos la orientación de elaborar un documento fundamental que sirviera de base, de instrumento de trabajo para elaborar e implementar lineamientos nuevos sobre la homosexualidad que estuvieran basados en los principios humanos de la sociedad y que correspondieran a los conocimientos científicos más actualizados al respecto.

********************************************************************

ALMA MATER No 325, 6/7 1990

En Sexo Todo Es Normal

Entrevista a la Dra. Mónica Krause, directora del Centro Nacional de Educación Sexual.

Por: Joaquín Borges Triana

Tengo ante mí a la Dra. Mónica Krause. En su oficina, ubicada en una casa de la calle 19 esquina a 4, Vedado, hay un ordenado reguero evidenciado en el alto número de papeles y libros que se aprecian por doquier. En dicho escenario, por espacio de casi seis horas, tuve la posibilidad de conversar con esta alemana-cubana de hablar muy fluido y que, junto a su pasión por la sexología, también gusta extasiarse ante un buen cuadro, escuchar música clásica, laborar en el huerto que posee al lado de su vivienda. Lo que aquí reproduzco es una síntesis de cuanto dialogamos y espero que, como me sucedió a mí, las palabras de la Dra. Mónica Krause les hagan reflexionar sobre los temas por ella tratados, los cuales sin duda son de prominente actualidad.

Todo el que siga lo relacionado con educación sexual en Cuba conoce su nombre y sabe que usted es una experta en la materia. ¿Desde cuándo usted se vincula con la sexología?

Mientras estudiaba en la RDA no pensaba trabajar nunca en cuestiones relacionadas con la sexualidad. Empecé a vincularme con el tema aquí en Cuba mientras laboraba en la esfera de relaciones internacionales de la dirección nacional de la FMC, cuando por mis conocimientos de varios idiomas se me pidió que tradujese algunos materiales, para a partir de dichos textos elaborar el primer programa de educación sexual hecho aquí.

Sería muy interesante saber cómo es que usted llega a nuestro país y decide radicarse en él.

Por la carrera que cursaba, yo tenía que ver con el Centro de Estudios de América de la universidad de Rostock. Por ese entonces me relacionaba con muchos latinoamericanos, pero nunca me fijé en ninguno pues la mayoría de ellos lo único que sabían era hacer barrigas y yo no estaba para eso. Pero ocurrió que allá en 1961 se apareció en la ciudad un cubano, capitán de la marina mercante, y yo me enamoré del tipo. Me casé con él y decidí venir a vivir aquí a Cuba.

¿Y cómo fue ese matrimonio?

Durante muchos años todo marchó a la perfección. Transcurrido el tiempo la cosa se echó a perder y nos separamos. Pero bueno, de la unión nos quedaron dos hijos maravillosos.

Dra, entre nosotros la sabiduría popular afirma que “en casa del herrero, cuchillo de palo”. Le digo esto a tenor de que muchos psicólogos que resuelven las dificultades a otras personas, no son capaces de solucionar las suyas propias, o no practican en su medio familiar lo que orientan a los demás. En el caso de los sexólogos, ¿sucede algo parecido?

Mira, yo te diría que “hay de todo en la viña del Señor”. Ciertamente no pocos sexólogos y personal vinculado a la especialidad se han acercado de inicio a esta materia para solucionar sus propios problemas. Otros, como yo, nunca tuvimos dificultades en nuestras relaciones, pero nos interesó acercarnos al tema. Incluso puedo afirmarte algo aún más delicado: ha habido quien a partir de sus conocimientos y de emplear inadecuadamente las sesiones dee terapia ha puesto a funcionar de forma plena la sexualidad de una persona, pero aprovechando esto en espurios intereses. Siempre que descubrimos a alguien con semejante mal proceder, de inmediato lo separamos del equipo.

Dra, me gustaría conocer cuál es su definición de amor.

Eso requiere un capítulo aparte, pero, en síntesis, una fuerte atracción del uno hacia el otro que se yuxtapone con el deseo profundo de dar y recibir placer, de enriquecer la propia existencia y la de su pareja. Todo ello implica una serie de condiciones, por ejemplo, que nos conozcamos muy bien. Para mi el amor primera vista es un flechazo que según las intenciones de cada cual podrá o no desarrollarse ser un sentimiento hermoso. Una relación genuina lleva implícito el sentido de responsabilidad por la felicidad ajena. Hay que comprender que no se puede disfrutar egocéntricamente sin pensar en la otra parte.

Todo eso es el amor.

Bien, pasamos a abordar ahora temas tanto más complejos. Para empezar, en su criterio, ¿cuáles son los principales problemas que hoy tiene la juventud cubana, en materia de sexo?

Son muchos, muchísimos. Algunos son medibles, tales como el índice de embarazo en adolescentes, de deserción escolar por matrimonios en edades muy tempranas. También están las cifras de divorcios de jóvenes cuyos matrimonios duran muy poco. Sin embargo, hay otras cuestiones para las cuales no hay estadísticas y por ello es difícil tener una idea concreta de la magnitud del problema, A dicho tipo de dificultades le doy una gran importancia y mi entender son en buena medida el reflejo fiel del poder nefasto de algunas tradiciones, prejuicios, tabúes, rezagos de doble moral profundamente arraigados en esta sociedad y que se trasmiten de generación en generación.

Creo que en la actualidad hay serios problemas de comunicación entre adolescentes jóvenes con sus padres y maestros. Además, hay mucha confusión en cuanto los valores éticos. Nosotros, lo adultos, les hemos propiciado a los muchachos una libertad nunca antes conocida, pero no supimos educarlos para que puedan hacer uso razonable y responsable de ella. Todavía estamos sembrando contradicciones en la nueva generación porque los mitos, que para no pocos son una verdad absoluta, nos dominan. Ejemplo, al varón y la hembra los continuamos educando con patrones morales bien disimiles. Me pregunto cómo vamos a pedirle respeto por el sexo femenino a un muchacho al cual le ensenamos que use a la mujer para sus experiencias sexuales. Esta es una contradicción antagónica y para mí, el problema más serio de hoy.

A propósito del caso en el cual nos hallamos, algunas personas lo achacan a las campañas de educación sexual, cosa para mí del todo disparatada. ¿Y usted, a qué lo atribuye?

Pienso que los problemas que tenemos en el presente son consecuencia de la pobre autoestima de la mujer, de que todavía se le ve como un objeto sexual. Entre nosotros hay muchos mitos que limitan la felicidad de la gente. Por ponerte una muestra, aun preparamos los varones para el culto del coito: entre el cubano promedio lo fundamental es la cantidad de relaciones sexuales no la calidad de las mismas, cuando debe ser al revés. Si los adolescentes toman como modelo estos "programas de rendimiento", estamos multiplicando los problemas. La caótica situación en que hoy nos encontramos obliga a decir que en cuestiones de educación sexual tenemos que empezar de nuevo.

Dra, hay ciertas cifras estadísticas que en verdad son alarmantes. Pienso, por ejemplo, en esa de que cada diez embarazos en Cuba, ocho terminan en abortos. Quisiera que usted hiciera un comentario al respecto.

Eso es porque no estamos haciendo bien las cosas. Lo fundamental en la educación es el ejemplo y ahí hemos fallado.

Aquí hay un machismo con grandes raíces y contra esto no es fácil luchar.

Para que entiendas por qué digo que estamos haciendo las cosas mal, lo cual motiva elevado índice de abortos al que te referías, voy a darte otras cifras que evidencian la necesidad que tenemos de enfilar mejor el tiro.

En una encuesta entre adolescentes, más del 50% no recordaba a la muchacha con quien se acostó por vez primera. ¡Espantoso! De igual modo es horrible que las jovencitas están asumiendo semejantes patrones practicando el "ojo por ojo y diente por diente". Te añado más datos: el 25% de las mujeres que tienen hijos son adolescentes. El 30% de los abortos también son entre las adolescentes.

Existe otra estadística que a mi modo de ver es muy preocupante. Me refiero a que estamos entre los primeros países en cuanto al índice de divorcios.

Sí, es cierto. Tenemos el triste honor de figurar entre los campeones mundiales en lo que a divorcio se refiere. En una encuesta que realizamos conjuntamente con el Centro de Estudios de la Juventud fuimos a los Palacios de los Matrimonios y formulamos varias preguntas a un grupo de recién casados. Muchos ni sabían dónde iban a vivir, como se distribuirían las tareas en el hogar, incluso, algunos muchachos hablaban de tener hijos de inmediato mientras que su compañera se oponía a tal idea. Sucede que con frecuencia se tienen problemas como novios sin embargo se piensa que todo va a arreglar después del matrimonio. Eso es absurdo, pueril... Por otra parte, cuando se casan dos personas sin madurez física, psíquica ni social, se precipita el divorcio. Ahora bien, esto no siempre es negativo, denota también mayor autoestima de la mujer en correspondencia con su independencia económica.

Sería un pecado capital, que los lectores no me perdonarían, conversar con Mónica Krause sin hablar un tanto más estrictamente de su gran pasión: la sexualidad. Acerca de dicho término, ¿qué se entiende por una sexualidad normal y cuando puede aludirse a una anormal?

Esos términos son muy empleados, sin embargo, es muy difícil definir qué es lo normal y qué lo anormal en sexualidad. Ambos conceptos están influidos por las características de la sociedad y por ello, varían según la época y el lugar. Cosas que hasta hace un tiempo eran inadmisibles, hoy se aceptan, digamos por caso, las relaciones sexuales prematrimoniales, el contacto bucoanal e incluso, la homosexualidad.

Entonces, en el ámbito de la vida sexual, es inapropiado hablar de un individuo normal o anormal.

Exactamente. No se pueden establecer límites de donde termina lo normal y empieza lo anormal. Todo eso será sometido a la dialéctica. Hay quienes dicen que lo normal es lo que no cause daño, pero ¿hasta qué punto puede aceptarse esto? Por ejemplo, tienes una pareja de un sádico y una masoquista. El satisface su deseo en la relación sexual mediante castigos a su compañera y ella disfruta gracias a tal martirio. Solo así ambos alcanzan el pleno placer. Tal relación para muchos es anormal o aberrante, mas para ellos no.

Me gustaría continuar en el camino de las definiciones. Así pues, ¿qué es un trastorno de la sexualidad?

Trastornos o disfunciones son sinónimos. De ellos se puede hablar cuando uno de los miembros de la pareja no es capaz de tener una relación sexual satisfactoria. Hay especialistas que limitan esa situación a las diferentes fases de la respuesta sexual humana. Yo prefiero incluir en dicho término otros aspectos más: la incomunicación, el deficiente conocimiento de la naturaleza humana en la sexualidad, lo relacionado con la autoestima tanto del hombre como la de la mujer, los problemas del entorno motivado por la falta de un lugarcito para estar la pareja y las dificultades orgásmicas que también existen.

Pero los trastornos fundamentales se dan por carencia de comunicación y la presencia en la relación de inhibiciones. En fin, siempre que la pareja esta insatisfecha con su vida sexual, se trata de disfunciones, las cuales después de ser analizadas por un especialista es que se determina si tienen o no solución.

Bueno, ahora quisiera que usted aclarase tres conceptos, los cuales veces tienden a confundirse. Los términos en cuestión son: homosexualidad, travestismo y conducta transexual.

De manera muy sencilla, sin caer en explicar los distintos grados de homosexualidad, el homosexual hombre o mujer es quien no siente atracción hacia el otro sexo sino solo por personas del suyo propio.

Por su parte, el travestismo ya no es tan fácil definirlo; para algunos especialistas esto es una desviación sexual de tipo fetichista. Déjame aclararte que el fetichista es quien necesita como elemento de estimulación muy efectivo ver alguna parte de una persona, ejemplo, los cabellos, los: ojos, los pechos, la cadera o un objeto de los portados por su pareja. Este individuo se satisface sexualmente en presencia de las cosas que a él lo excitan. Los travestistas, como fetichistas al fin o el cabo, requieren aparecer con el vestuario del otro sexo para sentirse sexualmente estimulados y su conflicto surge cuando sienten la urgencia de mostrarse en público con ese ropaje. Hay casos en que la persona travestista también es homosexual, pero no siempre tiene que ser así.

El ultimo termino por el cual me preguntas, es decir, conducta transexual, es un fenómeno que también se da en ambos sexos, es quien desde pequeño cuando comienza a descubrir su sexo biológico empieza a rebelarse contra el mismo, no lo acepta. Ese rechazo aumenta al arribar la persona a la pubertad. Esta es una situación de trauma terrible porque el individuo odia su propio cuerpo y lo ve como cárcel o un error de la naturaleza. Por lo general, en semejantes casos la vida se vuelve insoportable si no se les propician condiciones para hacerles coincidir su sexo biológico con el psíquico. Lo anterior demuestra que el órgano sexual fundamental es el cerebro.

Hemos entrado en un tema acerca del cual se discute mucho, tanto en medios especializados como a nivel de calle. Incluso, entre los propios científicos no hay unanimidad a la hora de explicar el origen de la homosexualidad. Pienso que es conveniente que usted hable sobre los principales criterios que en tal sentido manejan en la actualidad.

Me niego rotundamente a ello, porque explicar los diferentes enfoques que en el presente se manejan llevaría mucho tiempo.

De acuerdo. ¿Ahora bien, podría hacer algunas reflexiones acerca de la actitud y el proceder de nuestra sociedad para con los homosexuales?

Yo parto del hecho de que como sociedad socialista humanista tenemos que aceptar algunos principios inviolables. Por un lado, el derecho de cada ser humano a vivir su sexualidad para llegar a la plena satisfacción, siempre y cuando no cause daño a otras personas, se respete a sí mismo y también al prójimo; siempre y cuando se responsabilice de las consecuencias de sus actos. Otro principio es que nadie tiene derecho a meterse en la vida privada de otras personas, pero entre nosotros la gente se enloquece por saber que hacen los demás sobre una cama entre cuatro paredes.

Tampoco hay derecho a descalificar a alguien sobre la base de sus preferencias u orientación sexual. No tenemos el derecho de marginar, excluir y quitarles posibilidades de desarrollo a un homosexual porque lo sea, pero lo estamos haciendo y con esto perpetuamos una injusticia que, como sociedad humanista, está en contradicción con nuestros principios en lo que a los derechos individuales del ser humano se refiere. Nuestra agresividad irracional cuando de homosexualidad se trata, es tan fuerte que por el momento todavía nos bloquea e impide que actuemos con sentido humanista. Hace falta un trabajo profundo de cambio de actitudes, de eliminación de prejuicios, tabúes y doble moral, porque no podemos seguir negando que ese problema existe ni debemos continuar actuando como estamos haciendo.

Independientemente de las disimiles hipótesis que existen sobre las diferentes causas de la homosexualidad, está probado que esta es una condición que no depende de la voluntad de la persona. Y te digo más: si eso dependiera de la voluntad propia, aquí no habría homosexuales porque si hay una sociedad con homofobia, aversión y desprecio por estas personas, esa es la cubana, en todas las capas de la población.

En relación con esto de la existencia de homosexuales en todas las capas de nuestra sociedad, en algunas publicaciones internacionales se ha dicho que Cuba ocupa uno de los primeros lugares en cuanto a la cantidad de personas con semejantes características respecto al número de habitantes. Incluso, una muy prestigiosa revista llegó a decir que éramos los terceros en tal sentido dentro del hemisferio occidental. ¿Hay algo de cierto en dichas informaciones?

Semejantes informes son infundados y poco serios. No se puede afirmar eso porque carecemos de investigaciones ni las podremos tener en el futuro más cercano por la sencilla razón de que habría que poseer condiciones para que nuestros homosexuales se identifiquen como tales; aquí el individuo de esas características que se respete lo trata de mantener en secreto pues sabe que si lo descubren, ello significaría verse condenado al aislamiento, a la marginación y a la pérdida del prestigio y de su condición de ser humano. Nadie con un mínimo de sentido común buscaría estar en dicha situación.

Por eso, te reitero que tales afirmaciones formuladas en el extranjero no se basan en investigaciones relevantes, que no existen ni las tendremos por largo tiempo. Pero bueno, si tomamos como referencia estudios realizados en otros países, éstos demuestran que entre el 4 y el 6% de la población es totalmente homosexual. Por ahí andamos.

Bien, Dra, resumiendo lo aquí expuesto. ¿En materia de sexualidad, cabe afirmar que no hay conducta impropia?

¡Correcto! Si quiero aludir que hay muchos mitos, prejuicios, tabúes y necesidad de tener conocimientos cabales. Nosotros tenemos que considerar el trabajo de la educación sexual como una labor política porque para poder llegar a nuestra meta, es decir, capacitar a la gente para vivir una sexualidad satisfactoria, fuente de bienestar físico, psíquico y social, que enriquezca nuestra existencia, para todo eso hace falta cambiar muchas actitudes inapropiadas, hay que darle un carácter eminentemente humano a nuestra sexualidad y echar de lado las conductas que causan desgracias, miserias y frustraciones.

Hay que lograr que la sociedad asuma un proceder responsable avalado por el amor.

Carlos Estefanía (no verificado) | Dom, 14/02/2021 - 14:36

Interesante la evolución de la política sexual cubana, de la homofobia típica de los sesenta del pasado siglo, a la honormatividad imperante en los 20tes del presente.

Añadir nuevo comentario