Para Albina, Coral, Federico, Felipito, Barzinita, Angelito, Botas, Precioso, Manolito, Miguel Ernesto, Raulito, Florecita, Nefertiti, Emilio, Valentina, Silvina, Mingo y tantos otros gatos... y mi perrita Niña.
En Cuba, cuando un perro atropellado aparece en una calle o un gato enfermo necesita una cirugía urgente, casi nunca existe una estructura estatal preparada para responder.
Lo habitual es otra escena: un mensaje circulando por WhatsApp o Facebook, una recaudación improvisada entre desconocidos, un veterinario resolviendo con recursos mínimos y un protector animal intentando encontrar dinero, comida o un hogar temporal antes de que sea demasiado tarde. Así lo resume Yenney Caballero, protectora independiente de La Habana:
"Las principales dificultades son la falta de recursos, alimentos, medicamentos, locales para poder ayudar mejor a los animales, por ejemplo, hacer campañas de esterilizaciones y poder darle las primeras atenciones hasta conseguirles familia."
La profunda crisis económica ha golpeado con fuerza casi todos los ámbitos de la vida cotidiana de la isla. Pero entre apagones, inflación, escasez y emigración masiva, existe otro colapso mucho menos visible: el de quienes intentan sostener, prácticamente solos, el rescate y cuidado de animales abandonados.
Proteger animales al borde del caos
No se conoce el número exacto de los protectores independientes, refugios improvisados y redes de rescate animal que operan en Cuba a la altura de 2026. La mayoría funciona de manera informal: grupos de WhatsApp, grupos, páginas y perfiles de Facebook, cadenas de donaciones y voluntarios que rescatan animales desde sus propias casas.
Medios independientes y activistas han identificado al menos una veintena de proyectos y redes activas en distintas provincias —entre ellas Bienestar Animal Cuba (BAC), Cuba en Defensa de los Animales (CeDA), Protección Animal SOS (PASOS) o Adopciones X Amor—, además de cientos de protectores que trabajan de manera autónoma y sin ningún reconocimiento legal.
La única organización oficialmente reconocida por el Estado sigue siendo la Asociación Cubana para la Protección de Animales y Plantas (ANIPLANT).
La dimensión exacta del problema es difícil de medir, pero las escenas se repiten en toda la isla: patios convertidos en refugios improvisados, perros y gatos abandonados frente a casas de protectores, colectas para comprar antibióticos o alimentos y veterinarios trabajando con recursos mínimos.
En el reportaje “En fotos: Conozca a los rescatistas de animales callejeros en Cuba”, publicado por Global Voices (30 de mayo de 2024), la periodista Ellerie Weber describe cómo grupos de rescate coordinan casos urgentes mediante redes sociales y mensajería móvil, sin apoyo institucional estable.
En otro reportaje publicado por Árbol Invertido, titulado “¿Quiénes velan por el bienestar animal en Cuba?” (30 de marzo de 2025), la periodista Elaine Díaz señala además que la mayoría de estas iniciativas "subsisten gracias al autofinanciamiento, el voluntariado y las donaciones", en un contexto marcado por la escasez de alimentos, medicamentos y espacios de acogida.
Rescatar en un país sin refugios
Lisandra Otero, integrante del grupo independiente CeDA, y residente en Madrid explica:
"Lo primero que hay que aclarar es que CeDA no es una organización ni una institución de la sociedad civil, somos un grupo de voluntarios que nos organizamos a través de las redes sociales para dar respuesta a los animales en situación de calle, recaudar fondos, tender redes de apoyo y, sobre todo, promover las esterilizaciones."
En Cuba, el rescate animal descansa sobre grupos informales sin personalidad jurídica, sin refugios estatales funcionales y sin financiamiento público estable. Las organizaciones y protectores no son reconocidos oficialmente como "sociedad civil" por el régimen. Otero describe un escenario todavía más precario:
"En Cuba no existen los centros de observación, acogida, rescate y rehabilitación que la propia ley ordena crear, y miles de perros y gatos siguen en las calles sin amparo. Todos los refugios y hogares temporales son iniciativa ciudadana. Patios de protectores, casas particulares, porque no hay centros estatales de rehabilitación, y las campañas de esterilización masiva tampoco las hace el Estado. Las hacemos nosotros, los grupos de protectores."
Acoso y represión del régimen cubano
En octubre de 2021, Javier Larrea Formoso, fundador de BAC y residente en Santa Clara, Villa Clara, renunció a la presidencia del grupo y a su carrera de Derecho en la Universidad Central Marta Abreu de las Villas tras denunciar presiones, amenazas y el boicot de actividades animalistas por parte de la Seguridad del Estado.
Ya en febrero de ese año, Larrea había denunciado el envenenamiento de sus perros Pan y Peluche en medio de una ola de ataques contra animales comunitarios y mascotas vinculadas a activistas. Larrea denunció robos en su vivienda, amenazas de muerte contra él y su familia, y la aparición de un gallo muerto con notas intimidantes frente a su casa.
Escribió en sus redes:
"Se ha llegado muy lejos. ¿Qué toca mañana? ¿Mi muerte o la de alguien de mi familia?"
En ese clima de presión, Larrea terminó renunciando a la presidencia de BAC y a su carrera. Luego resumió el trato recibido con una frase que ilustra la criminalización del activismo independiente en Cuba:
"Me tratan como un opositor, que no lo soy, o como un delincuente en muchas ocasiones, que no lo soy tampoco, o me tratan como lo que soy, un activista."
En noviembre de 2025, el programa televisivo oficialista Con Filo dedicó un segmento al caso de un perro abandonado durante las evacuaciones emprendidas en la provincia de Granma por el paso el huracán Melissa, un episodio que movilizó a BAC y a cientos de usuarios en redes sociales.
El espacio, presentado también bajo el título "Ciclones, perros abandonados y espías", abordó "cómo se ha manipulado el tema en las redes" el caso de una "mascota 'perdida'".
BAC denunció entonces que el programa dedicó "un espacio completo a atacarnos públicamente" y afirmó que se insinuó ante la audiencia nacional que formaba parte de la "contrarrevolución". El grupo rechazó esa lectura política de su reclamo y sostuvo que su exigencia era comprobar el estado del animal:
"No pedimos propaganda, pedimos verdad".
La situación se ha agravado en paralelo al deterioro económico del país. El reportaje "Entre la escasez y el abandono: crece la vulnerabilidad de animales domésticos en Cuba", publicado el 1 de abril de 2026 por elTOQUE (sin revelar el nombre del autor para protegerlo de represalias), documenta el incremento de animales abandonados y las dificultades crecientes para sostener su alimentación y atención veterinaria.
La presión ha continuado contra BAC. En febrero de 2026, Larrea declaró a Martí Noticias que varias filiales de BAC en provincias como Camagüey y Pinar del Río habían cerrado por presiones de la Seguridad del Estado. En enero, BAC denunció una escalada de hostigamiento contra integrantes de la organización, con 62 activistas mujeres citadas por la policía política, además de amenazas y presiones para que abandonaran el proyecto.
El costo de salvar un animal en Cuba
Explica la protectora Lisandra Otero:
"Cada rescate de urgencia, cada cirugía ortopédica, cada tumor que hay que operar representa una carrera contra el tiempo para conseguir recursos en un contexto donde todo se ha encarecido. Los gastos veterinarios en Cuba han alcanzado niveles muy altos, y cuando se trata de casos complejos, la presión económica puede ser la diferencia entre la vida y la muerte de un animal."
Yenney Caballero coincide:
"Lo que se hace por los animales es por esfuerzo propio, se reciben donaciones de voluntarios que viven dentro y fuera del país."
Las campañas de esterilización, consideradas por protectores como la única vía real para disminuir poblaciones callejeras, dependen casi totalmente de colectas y apoyos informales.
Explica Caballero:
"Todavía quedamos un grupo mínimo de protectores cumpliendo roles de rescate, cuidados de los animales más vulnerables (accidentados, enfermos, maltratados). Existen voluntarios que de forma espontánea valoran el esfuerzo, la dedicación de protectores, toman la iniciativa de colaborar entre sus posibilidades, de esa forma en equipo se hacen esterilizaciones, se pagan temporales para sacar de las calles los casos críticos, se compra alimentación."
El peso económico de esa labor aparece reflejado también en cifras. En el reportaje "Qué se ha logrado a un año de aprobarse el Decreto Ley de Bienestar Animal", publicado a mediados de 2022 por elTOQUE, Laura Seco Pacheco documenta que BAC había realizado 2.998 rescates y dado en adopción 1.972 animales durante el primer año posterior a la aprobación de la norma.
El mismo artículo registró gastos de 357.920 pesos cubanos (unos 660 dólares, al momento de redactar este texto) por parte del grupo PASOS en un solo año, incluyendo cirugías, medicamentos, transporte y esterilizaciones.
Veterinarios resolviendo en un sistema colapsado
Uno de los puntos más críticos es el acceso a la atención veterinaria, pues "en Cuba no existe un sistema veterinario estatal funcional en el sentido real de la palabra", afirma Lisandra Otero y refiere:
"No hay una red pública de clínicas con recursos garantizados, no hay un sistema de urgencias veterinarias al que puedas acudir cuando tu animal necesita atención inmediata, no hay suministros básicos distribuidos de forma institucional."
La protectora insiste en que muchos veterinarios sobreviven gracias a redes de apoyo y soluciones improvisadas:
"¿De dónde sale una máquina de ultrasonido en Cuba? De otro país. ¿De dónde vienen los desparasitantes, los antibióticos, los insumos quirúrgicos? De otro país."
Caballero añade otro obstáculo:
"Existen muchas limitaciones en la importación de equipos veterinarios de vital importancia y algunos medicamentos."
Ya en el reportaje “¿Qué preocupa a los protectores de animales en Cuba?”, publicado por la agencia IPS Cuba (30 de septiembre de 2019), el periodista Jorge Luis Baños Hernández recogía preocupaciones similares entre veterinarios y rescatistas sobre la falta de insumos, medicamentos y campañas institucionales de esterilización.
La situación empeora fuera de las grandes ciudades. Advierte Otero:
"En los pueblos del campo, el acceso a atención veterinaria es casi inexistente. Los animales, tanto de compañía como de granja, están completamente desprotegidos ante enfermedades, accidentes o urgencias."
La migración vacía los refugios en Cuba
La gran ola migratoria también ha golpeado directamente a las redes de protección animal en Cuba. Explica Lisandra:
"La emigración masiva que ha vivido Cuba en los últimos cinco años nos ha dejado sin personas que antes formaban la columna vertebral del trabajo. Hoy, ubicar un hogar de tránsito para iniciar la recuperación de un rescate es uno de los pasos más difíciles de toda la cadena."
Muchos protectores emigrados continúan ayudando desde el exterior mediante recaudaciones, envíos de medicamentos o gestión de adopciones internacionales. Pero no siempre es suficiente.
En el reportaje "Migración cubana: las mascotas que quedan atrás", Ernesto Eimil documentó para elTOQUE (julio de 2023) cómo numerosas familias que abandonan el país no logran costear la salida legal de sus animales y terminan dejándolos atrás o entregándolos a protectores independientes.
Otero denuncia además el encarecimiento extremo de los trámites oficiales para sacar mascotas de Cuba:
"En Cuba es hoy más barato maltratar a un animal que sacarlo legalmente del país."
El desgaste invisible
Pero la escasez no es solo material, como dice Otero:
"Hay algo de lo que casi nunca se habla cuando se trata de protección animal. Y es lo que este trabajo le cuesta a quien lo hace. No en dinero, aunque también, sino en algo mucho más difícil de reponer: energía, tiempo, paz mental."
La protectora describe llamadas a las dos de la madrugada, animales muriendo antes de conseguir ayuda, colectas que no alcanzan y una exposición constante al sufrimiento:
"Aprender a vivir con eso, a seguir funcionando después de un caso que te rompe, es parte del trabajo que nadie te enseña y que nadie ve desde fuera."
Ese agotamiento aparece también en historias documentadas por otros medios y abundan en redes sociales. En la nota "Desesperada, una animalista cubana pide auxilio para alimentar a sus animales" (5 de junio de 2023), Diario de Cuba recoge el testimonio de una protectora incapaz de sostener la alimentación de más de veinte animales rescatados debido al aumento de los precios y la escasez.
Aun así, los rescates continúan. Reconoce Otero:
"No todos los casos tienen final feliz. Hay animales que no se pueden salvar, rescates que llegan tarde, situaciones de maltrato que se denuncian y quedan impunes. Y, aun así, se sigue."
La distancia entre lo que ocurre en las calles y lo que establece la normativa vigente será abordada en un segundo reportaje de esta serie, dedicado al Decreto-Ley de Bienestar Animal en Cuba, sus alcances reales, sus vacíos de aplicación y las denuncias de protectores sobre la falta de mecanismos efectivos para prevenir, sancionar y atender los casos de abandono y maltrato.
En medio de la crisis, del agotamiento y de la escasez, la protección animal en Cuba sigue dependiendo de personas concretas que, incluso exhaustas, todavía consiguen no mirar hacia otro lado.
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