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Opinión | La pobreza en Cuba, el turismo y la simulación de las burbujas

"La sociedad cubana se ha convertido en un campo de batalla cuya infantería la integran niños y ancianos, los más vulnerables, a quienes no les quedan más remedio que esperar por la mano misericordiosa de hombres y mujeres de bien."

Cubano observando el Gran Hotel Manzana Kempinski, La Habana. Foto: Lisette Poole / The New York Times.
Cubano observando el Gran Hotel Manzana Kempinski, La Habana. Foto: Lisette Poole / The New York Times.

La escena se repite para alertarnos de que la mendicidad en Cuba es un asunto demasiado serio como para apartar la vista. Durante mucho tiempo fue una piedrecita en el zapato del régimen, pero ahora se ha convertido en un problema mucho más complejo.

Según un informe publicado por el Observatorio Cubano de Derechos Humanos (OCDH) el 13 de agosto de 2026, el 94 % de la población cubana se encuentra afectada por la pobreza. El panorama es aún más dramático cuando se habla de alimentación: ocho de cada diez cubanos consultados dijeron haberse visto obligados, durante los últimos meses, a privarse de una, dos o incluso tres comidas al día.

Es una realidad que se expande y el régimen permanece inmóvil, con la mirada puesta en secretas negociaciones que hasta el momento no ofrecen ninguna garantía de solución. Pero si las estadísticas muestran un panorama preocupante para la mayoría de los cubanos, verlo en primera persona es mucho más estremecedor. A diario las redes sociales cuentan historias de vida que grafican lo denunciado por un amplio sector de la prensa independiente. El tema Cuba es mucho más complejo cuando los testimonios de los ciudadanos nos muestran, a golpe de imagen, la precariedad imperante en este país.

VIDEORREPORTAJE | Jubilados en Baracoa (Guantánamo) denuncian hambre y miseria en Cuba (2026).

La pobreza ya no cabe en las estadísticas

La sociedad se ha convertido en un campo de batalla cuya infantería la integran niños y ancianos, los más vulnerables, a quienes no les quedan más remedio que esperar por la mano misericordiosa de hombres y mujeres de bien. No es un asunto fácil de procesar cuando desde la cúpula castrista se toman decisiones contradictorias mientras sobre los más vulnerables pesa permanentemente el peligro de muerte.

Un ejemplo es el semivacío hotel, más conocido como la Torre K, ubicado en El Vedado y financiado por el conglomerado militar GAESA. Con sus 155 metros de altura y 42 plantas, el edificio más alto de Cuba es una de las imágenes que el régimen pretende venderle al mundo, la de un turismo de excelencia donde cada cliente viva una experiencia única. Esa siempre ha sido la intención, mostrar una postal llena de efectos y lugares comunes. La mentira funciona como gancho para atraer a un turismo cada vez menos abundante debido a la crítica situación económica del país. 

Lavar la imagen desde un simulacro de control denota el nivel de pudrición en las altas esferas del castrismo. Si nos movemos por el resto de las instalaciones turísticas notaremos más de lo mismo: suculentos banquetes, risas y música en vivo con muchos de los artistas que se prestan para maquillar la indecente cara de la dictadura y decirle al mundo que, pese a las adversidades, venir a Cuba es la mejor opción. 

El privilegio y la impunidad de la cúpula

Resulta humillante ver desde las redes las fiestas en las que aparecen oscuros personajes. Entre ellos figura uno de los más mediáticos, proyectado en redes como un joven dedicado a disfrutar del momento y cuyas exhibiciones de privilegio parecen superarse en cada aparición. Me refiero al bufón de la corte, el ilustre nietísimo Sandro Castro, con sus habituales demostraciones de cinismo. 

Ahí radica todo. Cada video es una provocación, pero no sucede nada. El integrante del clan hace y deshace a su antojo mientras las cárceles de este país están atiborradas de cubanos dignos que salieron a protestar y son torturados y sometidos a un interminable proceso que se extiende, para añadir una pesada e injusta carga a sus familiares y a quien se atreva a levantar la voz a modo de denuncia. Por menos de lo dicho y hecho por el "joven revolucionario" de sangre azul, hay adolescentes privados de libertad. Es una ignominia.

Sandro Castro, nieto de Fidel Castro.
Sandro Castro, nieto de Fidel Castro. | Imagen: Instagram

Luego están los que se llenan la boca para denunciar al gobierno de Estados Unidos, pero olvidan que el deterioro interno deja cada vez más al descubierto una montaña de corrupción y desvío sistemático de recursos debido al robo sistemático de los recursos, dígase combustibles, alimentos y presupuesto estatal desviado con toda intención. Las altas esferas están contaminadas desde su surgimiento por la corrupción. Mientras más procuran negarlo más casos aparecen. Hijos con becas en el exterior, emprendedores colocados por la mano oscura de funcionarios moviéndose según a donde vaya la corriente. 

Del 11J a la inmovilidad y la represión

Ante tal realidad, la sociedad aún permanece en estado de inmovilidad y eso es verdaderamente alarmante. Es un asunto más complejo. Los días 11 y 12 de julio de 2021 hubo un estallido social en casi todo el país y la gente salió de manera espontánea a reclamar libertad, la movilización alcanzó una dimensión superior a la del Maleconazo del 5 de agosto de 1994. Sin embargo, se demostró que cuando un pueblo, unido por ideas de justicia, se lanza a la calle, no hay manera de detener esa explosión

El precio moral fue muy elevado para el aparato represor. Sin embargo, tras el estallido hubo factores que propiciaron que la dictadura tomara aire y sofocar las protestas a golpe de bastón, gas lacrimógeno y armas de fuego. Todo regresó al mismo sitio. Eso sí, con la idea de que habían perdido el control absoluto del que se habían vanagloriado durante décadas.

Después, como era de esperar, comenzó la cacería y el reforzamiento de las medidas de acoso, persecución y encarcelamiento de quienes ellos considerasen líderes del levantamiento. Tras la salida al exilio de un importante sector de la oposición, la dictadura creyó apagar el grito de libertad o, por lo menos, ralentizar un poco el ímpetu del movimiento que tomó las calles aquellos días históricos. 

Si hacemos una comparación entre julio de 2021 y septiembre de 2026, el nivel de vida de los cubanos ha caído por debajo de cualquier indicador razonable de bienestar. La caída es devastadora y no hay estadística más esclarecedora que sentarse en familia a la mesa. Lo demás queda reducido a un choque entre la realidad y la propaganda del régimen. 

Protestas en Cuba. 11 de julio 2021. Periodista reprimido
Represores vestidos de civil el 11 de julio de 2021. | Imagen: Reuters

Mientras el discurso oficial insiste en atribuir la crisis al bloqueo estadounidense, puertas adentro, las élites del poder nadan en privilegios. Una cosa es lo que plantean el primer ministro Manuel Marrero y los demás integrantes de su "aguerrida tropa" y otra la cadena de beneficios, viajes y fiestas privadas donde se mueve lo más "selecto" de la farándula política criolla. Si se escudriñara con rigor, muchas papas podridas quedarían expuestas, pero dentro de una dictadura las leyes solo se aplican para neutralizar lo que vaya en contra de su manual de exterminio. 

Valdría la pena preguntar: ¿por qué, tras el escándalo del ex viceprimer ministro y ministro de Economía, Alejandro Gil, no hubo renuncia de su superior jerárquico? En cualquier democracia que se respete, todo el equipo presenta su renuncia, incluso el presidente de la nación. Es una cuestión de decencia. Pero se sabe que esa asignatura no es bien digerida por la nueva cantera de cuadros del poder. 

Aquí se emplea una fuerza descomunal contra el ciudadano que un día se cansa y decide hacer valer su derecho a exigir transparencia y justicia. No importa si se trata de mujeres o incluso de adolescentes: el aparato represivo actúa contra esas personas sin pensar siquiera que podrían ser sus hijos o nietos. Pero también se hacen los de la vista gorda cuando se trata de amigos o familiares de los selectos políticos y sus "emprendimientos" millonarios.

Las prioridades de un poder desconectado del país

"Socialismo o muerte", "Patria o muerte" y "Hasta la victoria siempre" son consignas que el tiempo señala como parte de una fórmula política contraria a la vida y a los valores necesarios para una sociedad basada en el trabajo y la prosperidad. Ese falso igualitarismo conduce, en cambio, a la ruina de una nación.

Aquí se apostó por construir hoteles ante los ojos de una población hambrienta porque, por más que lo nieguen, actúan bajo el impulso de acumular riqueza. Y luego borrar de un plumazo el compromiso de invertir en lo que en realidad se necesita. 

Torre K, Vedado, La Habana.
Torre K, Vedado, La Habana.

La Torre K es la demostración perfecta de la desconexión en el actual panorama. Una investigación de CubaChequea, la unidad de verificación de Árbol Invertido, reveló una brecha entre las prioridades declaradas por el régimen cubano y los recursos que buscaba captar mediante su cartera de inversión extranjera para 2026: de cada 100 dólares correspondientes a proyectos con montos conocidos, 62 se dirigían al turismo y apenas siete a la producción de alimentos.

Mientras tanto, las múltiples caras de la derrota asoman, con la herida del desamparo, en cualquier sitio de nuestra geografía. Están ahí. Son reales y, aunque quienes no son capaces de reconocerlos los vean como daños colaterales de una prolongada e injusta guerra, son seres humanos que merecen la protección de las instituciones estatales. Niños en la calle, atrapados en una pobreza que durante años les enseñaron en la escuela que solo había existido en Cuba antes de 1959. Duele verlos andar con la máscara de una sociedad herida de muerte.

El carnaval de la mediocridad y la improvisación es parte de lo cotidiano. Quienes lo promueven algún día responderán por sus actos contra la vida. Ellos son los traidores, sonrientes o enérgicos frente a la cámara. Por ahora siguen creciendo como burbujas que, a su debido tiempo, estallarán.

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Thomas B.

Thomas B.

Seudónimo de autor cubano, residente en Cuba, que por motivos de seguridad prefiere mantener el anonimato.

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