La madrugada del 3 de enero de 2026, fuerzas estadounidenses llevaron a cabo una operación militar en Caracas que terminó con la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, y el posterior traslado de ambos a Nueva York para ser juzgados. Cuando se revelaron los detalles de la “Operación Determinación Absoluta”, quizás a muchos no les resultó tan ajeno ni nuevo, pues unas tres décadas antes el cine de Hollywood había recreado este escenario en dos de sus películas más taquilleras de los años noventa: Duro de matar 2 (Die Hard 2. Die Harder, 1990), protagonizada por Bruce Willis; y Avión presidencial (Air Force One, 1997), protagonizada por Harrison Ford.
Lo acontecido en Caracas se ha descrito como una operación quirúrgica de alto riesgo y gran precisión: unidades estadounidenses desplegadas con rapidez, un perímetro asegurado en cuestión de minutos, comunicaciones cortas y precisas. Nicolás Maduro fue localizado, reducido y puesto bajo custodia en una acción coordinada que combinó inteligencia previa, control aéreo y presencia directa sobre el terreno.
Los detonantes de los relatos de Duro de matar 2 y Avión presidencial son precisamente las capturas y extraditaciones a Estados Unidos de dos dictadores totalitarios acusados de crímenes de lesa humanidad, pero más allá de su simple mención, en uno de los títulos se llega a detallar la operación de captura y extracción.
Duro de matar 2: El rescate fallido de Ramón Esperanza
Dirigida por Renny Harlin, Duro de matar 2 continúa las peripecias del detective John McClane. Este personaje, interpretado inicialmente por Bruce Willis en Duro de matar (Die Hard, 1988), dirigida por John McTiernan, convirtió al actor Willis en icono del cine de acción, junto a nombres como Silvester Stallone, Arnold Schwarzenegger o Chuck Norris. La cinta superó todas las expectativas de éxito y dobló la taquilla de su predecesora, recaudando unos 356 millones de dólares —que a las tasas de 2026 representan 883 millones.
En la secuela de 1990, la acción se traslada al Aeropuerto Internacional Dulles de Washington, D.C., secuestrado por un grupo de exmilitares corruptos contratados para rescatar al general Ramón Esperanza (interpretado por el actor italiano Franco Nero), dictador de la ficticia nación latinoamericana de Valverde. Los terroristas impiden que los aviones aterricen a cambio de la liberación de Esperanza, provocando que las aeronaves se queden sin combustible y corran el riesgo de estrellarse.
Esperanza es descrito explícitamente como narcotraficante, represor y criminal, que llega esposado a Estados Unidos para ser juzgado. La biografía criminal que al inicio de la película transmite un canal televisivo lo acerca mucho al prontuario del militar panameño Manuel Antonio Noriega, capturado un año antes (1989) tras la intervención militar en Panamá, y también juzgado en 1992 en Estados Unidos.
Avión presidencial: Guerra sin cuartel contra el totalitarismo comunista
En Avión presidencial, dirigida en 1997 por Wolfgang Petersen, Harrison Ford cambia el sombrero estilo Fedora y el látigo de Indiana Jones por el traje del mismísimo presidente de los Estados Unidos, James Marshall. Pero este personaje no es menos heroico y temerario que el arqueólogo aventurero que lo inmortalizó en el cine. Recaudó 315 millones en taquilla, que de acuerdo con las tasas de 2026, equivalen a 636 millones.
Después de capturar, en colaboración con Rusia, al líder comunista radical y genocida Alexander Radek (interpretado por Jürgen Prochnow) de Kasajistán, el presidente Marshall declara una guerra sin cuartel contra el terrorismo y el totalitarismo global, lamentando no haber intervenido en la nación exsoviética para evitar las muertes provocadas por el régimen de Radek. Al regresar a Estados Unidos, el avión presidencial (Air Force One) es raptado por extremistas rusos que quieren recuperar la "gloria comunista" de antaño e intercambiar la vida del presidente por la liberación de Radek.
Esta película no se limita, como Duro de matar 2, a describir lo sucedido con el líder totalitario, para después concentrarse en la lucha de Marshall contra los terroristas comunistas. La secuencia inicial recrea en detalle la captura y extracción del líder por fuerzas especiales estadounidenses. La operación transcurre en la noche, los comandos rompen las defensas del palacio presidencial, llegan hasta la alcoba donde el militar duerme, lo sacan de la la cama en cuestión de minutos y lo extraen del país en un helicóptero. Y en el proceso neutralizan y eliminan a la numerosa guardia personal de Radek.
La película refuerza la tesis política que declara el propio Marshall: “No negociamos con terroristas”, y por extensión, no se concede impunidad a criminales de Estado por razones geopolíticas. El clímax no gira en torno a la muerte del villano, sino a la preservación del orden legal que permite juzgarlo.
De la ficción a la realidad
Vistas en conjunto, Die Hard 2 y Air Force One predicen la captura de Maduro ocurrida décadas después. Los líderes totalitarios de la ficción y de la realidad fueron arrancados de sus entornos de poder, expuestos ante tribunales internacionales y reducidos a la condición de acusados. Esperanza y Radek tienen muchos puntos en común con Maduro y demás dictadores: son figuras autoritarias, represivas y relacionadas con el mundo criminal.
Desde esta perspectiva, pueden leerse como ensayos narrativos de un escenario que ya se ha concretado en la realidad, y deseado por muchos: la captura de un gobernante acusado de crímenes graves y su sometimiento a jurisdicciones externas. Las películas lo predijeron y la realidad lo concretó: cualquier líder totalitario, por más brutal que sea, siempre podrá ser capturado y juzgado.
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