Mi segundo hijo estaba a punto de nacer cuando escribía este texto. Podía ser cualquier día. Mi esposa y yo lo esperábamos con el amor y el temblor que sólo los padres conocen. Nacería frágil y lloroso, pero con un potencial tocaestrellas.
Este año, otro parto puede estar a punto de ocurrir en esa herida alargada en el Caribe llamada Cuba, el último Muro de Berlín de Occidente. La violencia y la esperanza al dar a luz un cambio político, conectan las tensas horas de espera y dolor, con la expectación de lo por venir.
Los millones de cubanos en la isla que no han querido o podido huir, junto a los millones que han deseado o debido hacerlo, siguen atentos el voraz ciclo de noticias en busca del inicio de una posible transición —lenta, veloz, más o menos justa. Siguen las líneas discontinuas en aplicaciones móviles que marcan el paso de aviones-espía sobre la isla; siguen influencers que comentan cables de agencias. Siguen los tuits de congresistas cubanoamericanos más que los discursos del dictador Miguel Díaz-Canel.
Muchos vieron la extracción de Nicolás Maduro como una película, y un avance a la secuela que podría significar el inicio del fin de la tiranía socialista cubana. ¿La anhelada transición? Sabemos que es deseada una transición lejos de los Castro, pero luego de eso, ¿hacia dónde?
La reconstrucción del espíritu y la cultura cubanos
Los cubanos hoy fantasean con herramientas de Inteligencia Artificial, sobre un puente entre los cayos de Florida y Cuba, o la reconstrucción de La Habana. Pero, como conversaba con el anfitrión de un show televisivo de Miami hace unos días, la reconstrucción más difícil no será la de edificaciones (a pesar de la pérdida irrecuperable de cuadras enteras de arquitectura ecléctica), sino la del espíritu y la cultura del pueblo.
Contrario al llamado de las grandes petroleras estadounidenses a contribuir en la reconstrucción en la infraestructura petrolera de Venezuela y del país en general, para Cuba el presidente Donald Trump ha mencionado constantemente a la exitosa y amplia comunidad de exiliados en los Estados Unidos. O sea, que en reedificar el país estarían los cubanos a la cabeza —sí, los escupidos y rechazados en "marchas del pueblo combatiente" y llamada "la mafia de Miami", son la esperanza para el futuro de la isla.
Pero la reconstrucción espiritual y cultural, eso es otra cosa. Son décadas de propaganda socialista, de una cultura de la muerte promovida por el Estado (Cuba flota en la sangre de millones de fusilados, torturados, abortos), de ideologías que encumbran al Hombre y rechazan nuestra tradición como territorio conectado al Occidente cristiano.
Colón y la Cruz de Parra
El 1 de diciembre de 1492 el almirante Cristóbal Colón desembarcó en la actual Baracoa, al descubrir Cuba en su primer viaje. Allí clavó una cruz de madera, la Cruz de la Parra, una de las veintitantas plantadas en América, la reliquia cristiana más antigua del continente. Aún hoy se conserva en la iglesia parroquial de Baracoa.
El cristianismo, mayoritario, representativo en la isla y en cuyo seno se instituyeron, tal como las conocemos hoy, las libertades de expresión, de religión y asociación, modelaron por más de cinco siglos la cultura cubana.
Criminalizar a aquellos que vivían acorde a esa fe, era imprescindible para que el castrismo generara individuos aislados, sin pasado o sentido del presente y el futuro, fáciles de manipular por ideologías extranjeras como el socialismo, en el siglo XX, o la de género en el XXI. No en vano en febrero de 1959, a semanas del ascenso de Castro al poder, la Ley Ejecutiva No. 74 eliminó la frase "Así Dios me ayude" de los juramentos de toma de posesión de funcionarios.
El pensador Dagoberto Valdés ha hablado del "daño antropológico" sobre la población cubana, inoculado por generaciones de subsistencia bajo la propaganda y la opresión castrista. Pero el concepto se complementa aún más con una añadidura de la poeta y cristiana cubana Claudette Betancourt. Se trata de un:
"Daño espiritual y antropológico".
No solo es importante en una Cuba democrática deshacerse del centralismo, por el libre mercado; dejar de envidiar al que emprende con honestidad y éxito, por una cultura de productividad y agencia personal; de dejar de mirar con la vista corta del ateísmo, alzar ojos al cielo. Ese es el verdadero reto. Volver sobre nuestros pasos, borrados por la izquierda en el poder.
En ese sentido, hay esperanza: jóvenes evangélicos lideran la comunicación política independiente en las redes y se ha puesto en boga el "Make Cuba Great Again!" —con toda su inmanencia. La muy repetida frase de que la libertad empieza desde el fuero interno puede interpretarse como el reconocimiento de una condición espiritual y cultural.
"Somos seres pensantes y tenemos derechos"
Como Betancourt, creo que en medio del caos los cubanos deben entender la a priori risible premisa, de que son seres humanos. ¡Por tantos años repetimos discursos, fuimos adoctrinados, infantilizados, que eso parece olvidarse! La poeta subraya que, cuando los adultos de toda una sociedad son sometidos a una anulación e infantilización —quizá refiriéndose al "paternalismo" estatista totalitario—, el resultado es aberrante. Reflexiona la joven:
"Los niños son guiados pues aún no tienen la capacidad ni madurez para tomar muchas decisiones por sí mismos, pero cuando un adulto es tratado como un niño, anulando su capacidad crítica (que por lo general ya tiene aunque sea mínima), sale un monstruo, un experimento degradante. Por eso el mensaje ahora mismo es recordar quiénes somos, eso que hemos olvidado con todo el peso del maltrato y la supervivencia. Concientizar que sí, somos seres pensantes, tenemos derechos y capacidad para tomar decisiones."
Algo, dice:
"Imprescindible cuando todo acabe, para reconstruir el país".
Sus palabras no apuntan al desenfreno de experimentaciones desde torres de marfil, sino la serenidad paciente de mirar a nuestra herencia y tradición común, a entender que fuimos capaces de fundar una República próspera y con libertades ciudadanas…. Y sí, también perfectible.
Una Nueva Cuba debe volver a la órbita de Occidente, a la que histórica, cultural y espiritualmente pertenece, y de la que fue arrancada por la mano pútrida del Socialismo. El parto violento que esperamos pronto, será apenas el inicio.
Regresar al inicio