El 6 de julio de 1974, Fidel Castro anunció el fin oficial del Día de Reyes en Cuba, una tradición profundamente arraigada en la cultura hispana y de gran simbolismo religioso. En su lugar, estableció el "Día de los Niños", una fecha con nuevas reglas y desvinculada del significado original. Este cambio representó, sobre todo, un esfuerzo deliberado por parte del gobierno cubano para erradicar las tradiciones cristianas, vistas como vestigios de la "burguesía".
En un discurso pronunciado ese día en el campamento de pioneros del Parque Lenin, Castro justificó esta eliminación con motivos logísticos. “Les voy a explicar: antes, el Día de los Niños era el 6 de enero, ¿lo recuerdan? (Ya ahorita nos habremos olvidado de eso, eran tradiciones viejas). Pero no era la época de vacaciones, los niños estaban en clases”. Además, declaró que la nueva fecha, el tercer domingo de julio, había sido escogida para que no coincidiera con los últimos días de clases.
“Entonces la Revolución tomó una decisión: Vamos a cambiar la fecha, vamos a ponerla en julio", dijo Fidel en aquel momento, "Si el primer domingo nos cae el día primero y el segundo domingo nos cae un día 8, y se nos acaban las clases un día 6, tenemos el mismo problema que ahora". En este "diálogo" con los pioneros, llegaron a una solución: "¡Ah!, ¿qué me están diciendo por ahí? Una cosa muy inteligente. iAh!, ¿el tercer domingo? Pues, no hay problema. ¡Esa sí que es una buena solución! ¡Cuando yo decía que estos muchachos son muy inteligentes!”
La celebración tradicional del Día de Reyes, centrada en la entrega de juguetes y la significación judeocristiana, fue sustituida por un sistema estatal que regulaba la distribución de juguetes a través de la libreta de racionamiento. Estos juguetes se clasificaban en tres categorías: básico, no básico y dirigido, y cada uno tenía sus propios requisitos.
Aunque este cambio se presentó como un hecho de igualdad, la calidad de los juguetes y los precios impuestos no beneficiaron a las familias.
Origen del Día de Reyes en Cuba
El Día de Reyes en Cuba, introducido por los colonizadores españoles, se arraigó como una festividad católica que conmemoraba la adoración de los Reyes Magos al niño Jesús. Con el tiempo, esta celebración se adaptó a las costumbres locales, convirtiéndose en una fecha esperada por los niños, quienes recibían regalos. Sin embargo, desde la época colonial, también adquirió un significado particular entre los esclavos africanos, quienes transformaron la celebración en una ocasión para expresar su fe y preservar sus tradiciones culturales.
En los cabildos, los esclavos mezclaban la devoción cristiana con danzas, cantos y tambores africanos, creando una festividad única que servía como acto de resistencia cultural. Estas procesiones, aunque toleradas por los amos, representaban una forma de mantener vivas sus raíces bajo la apariencia de una festividad católica. De esta y otras prácticas surgiría el sincretismo religioso cubano, mezcla de tradiciones católicas y afrocubanas.
Fidel Castro contra las religiones: un intento por borrar el pasado "burgués"
El fin del Día de Reyes no fue un hecho aislado. A partir de 1960, Fidel Castro comenzó a eliminar progresivamente las celebraciones religiosas en Cuba, como la Navidad y la Semana Santa, considerándolas "peligrosas" para los objetivos de la Revolución. Estas festividades cristianas eran vistas como un obstáculo para la formación del "hombre nuevo" y como un signo de la "burguesía" que la ideología socialista pretendía erradicar.
En este contexto, las manifestaciones religiosas fueron relegadas al ámbito privado, mientras que el gobierno promovía celebraciones seculares ajustadas a su agenda política. Este intento de despojar a la población de sus creencias religiosas buscaba consolidar el control estatal sobre todos los aspectos de la vida cotidiana. De esta forma también sucedió con las religiones de origen afrocubano, tachadas de "brujería" por las autoridades comunistas del país.
Aun así, en el ámbito privado, las familias siguen dejando juguetes bajo el arbolito a los más pequeños de la casa.
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