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Opinión | Cuba: Rusia, las Mipymes y los pobres

"Ni Rusia, ni China, ni Estados Unidos, deben resolver nuestros problemas de fondo. El cambio debe venir de los cubanos, de todos los cubanos, los de la Isla y los de la Diáspora".

Collage muestra dos imágenes en Cuba: una mujer mira los precios en una tablilla en el Agromercado, las personas esperan en una cola.
Altos precios de los alimentos, poca disponibilidad y largas filas para obtenerlos: problemas cotidianos de la vida en Cuba actualmente. | Imagen: Alberto Garrandés

En Cuba, en las redes sociales, hay una campaña demasiado orquestada para ser espontánea. Aparece como filtrado, pero no anunciado todavía, un plan estratégico, concretado hasta los detalles, de lo que sería la presencia de negocios rusos en Cuba. Como decía mi abuela: esa filtración “huele a queso” y ratonera. Otra vez, el flautista de Hamelín nos entretiene con la música que quiere que escuchemos, prepara nuestros oídos, adormece nuestras conciencias y desvía nuestra atención.

Otra vez, expreso mi opinión: Ni Rusia, ni China, ni Estados Unidos, deben resolver nuestros problemas de fondo. El cambio debe venir de los cubanos, de todos los cubanos, los de la Isla y los de la Diáspora. Si ese plan que andan compartiendo en las redes se hiciera en Cuba, cosa que dudo mucho, tampoco resolvería el problema. ¿Por qué los rusos no lo han aplicado a su propio país, al contrario, Rusia se ha embarcado en una guerra de invasión, injusta, cruel y condenable, para buscar fuera lo que no logran dentro?

"El cambio debe venir de los cubanos, de todos los cubanos, los de la Isla y los de la Diáspora..."

Si ese plan ruso que da vueltas en las redes, compartido a veces ingenuamente, o cualquier otro plan ruso, fueran verdaderos, y no para tantear la opinión, distraer la atención o presionar a terceros países, aun así, habría que decir, por lo menos, estas cuatro cosas:

  1. Una alianza de esa envergadura con un país como Rusia, causante de una guerra de invasión y sancionado por medio mundo, debería ser consultado con el pueblo cubano que es el soberano.
  2. Un plan hegemónico como ese, que resta soberanía a nuestro país, entrega nuestras tierras a empresarios extranjeros, y nos vuelve a convertir en dependencia de una nación extraña, es éticamente inaceptable, patrióticamente reprobable y económicamente erróneo.
  3. No debemos dejarnos distraer por “planes” de esta catadura. Lo esencial es reconocer que Cuba está hundida en la mayor crisis estructural de su historia debido al fracaso comprobado del sistema impuesto y que, por tanto, es urgente, decisivo y necesario, un cambio estructural y sistémico.
  4. Y, lo que es lo más importante, que solo nos corresponde a los cubanos, de la Isla y de la Diáspora, “ser protagonistas de nuestra propia historia personal y nacional”, como repitió tres veces San Juan Pablo II en su histórico viaje a Cuba hace 25 años y que mantiene aún más vigencia y urgencia. El cambio sistémico en Cuba, el cambio estructural y verdadero, solo es derecho y deber de los cubanos.  

Las Mipymes

Habiendo tocado quizá uno de los mayores desafíos para Cuba en el plano de las relaciones internacionales, quisiera también esbozar una mirada al interior de nuestro país para reflexionar sobre un fenómeno que pareciera ser la socorrida y mágica “solución” de la crisis económica interna. Me refiero a la aprobación por parte del régimen, desde septiembre de 2022, de los erróneamente llamados “nuevos actores económicos”: son las micro, pequeñas y medianas empresas (MIPYMES).

Las Mipymes ni son nuevas ni son, ellas solas, “la solución”. No son nuevas porque, antes de la llamada “Ofensiva Revolucionaria” del 13 de marzo de 1968, de infeliz memoria, en que se liquidaron miles de micro, pequeñas y medianas empresas creadas y gestionadas por cubanos de forma privada, la economía de Cuba se levantaba y sostenía en aquellos “actores económicos” que ahora se consideran “nuevos”. Habría que decir también que:

  • Estas Mipymes no se parecen a aquellos negocios, tiendas, pequeñas empresas y medianas industrias a las que ningún ministro tildó nunca de “timbiriches”. Aquellas eran el motor impulsor de la economía familiar, local, municipal, provincial. Eran un sector privado pujante y eficiente. Eran empresas creadoras de empleos, generadoras de riqueza, tanto en producción, como en servicios. Aquello constituía una verdadera sociedad civil productiva y eficiente.
  • Las Mipymes de ahora no son verdadera sociedad civil porque deben ser aprobadas o rechazadas por el nivel máximo del poder que es el que discrimina, en esa selección, escogiendo a personas de total confianza y fidelidad al régimen. Mire a su alrededor y analice. Es la famosa selección de la “piñata” en la que los actores económicos que están más cerca del círculo de poder son los que alcanzan los “caramelos”. Todas y cada una de las Mipymes dependen en todo de las directivas emanadas del poder central. Intentan ser, además, formas de un capitalismo salvaje sin las garantías laborales de estándares internacionales. La fidelidad a la ideología y al poder es la garantía de la supervivencia de las Mipymes de Cuba hoy.
  • Por último, debemos analizar que las Mipymes no son la solución de la crisis porque no están acompañadas de un cambio holístico, estructural y sistémico, que transforme todos los sectores de la sociedad.

Los pobres en Cuba

Así llegamos al tema medular que le da sentido a lo que reflexionamos en esta columna y nos permite tener un criterio de juicio para hacer un discernimiento de la legitimidad moral, política, económica y social de las alianzas internacionales y de las pequeñas reformas internas, tardías, limitadas y controladas. Ese tema son los pobres de Cuba.

En efecto, los cubanos hemos hipotecado primero, y perdido después, 64 años de nuestra única vida, embaucados por un proyecto que declaró desde el principio, el 16 abril de 1961, que era “de los humildes, por los humildes y para los humildes”. El resultado es hoy patente, comprobable y lamentable:

Esos planes rusos distribuidos por las redes no son para liberar y promover a los humildes, son para hacernos dependientes de los empresarios e inversionistas millonarios provenientes de Rusia.     

Las Mipymes no son para liberar y promover a los humildes, sus ganancias son para unos pocos y sus precios son inalcanzables para los humildes de Cuba. Mientras unos pocos se enriquecen limitada y controladamente, la inmensa mayoría, se hunde en la pobreza. Es grave y evitable. Hay que comenzar por liberar todas las fuerzas productivas, legalizar la libre empresa y el mercado, garantizar un sistema de seguridad y asistencia social que cubra a los más desvalidos, personas con capacidades especiales, mientras no puedan sostenerse por sí mismos.

El I Informe del Centro de Estudios Convivencia (CEC) sobre economía, propiedad, trabajo y seguridad social, está disponible con VPN para Cuba. Este Informe del Itinerario de Pensamiento y Propuestas para el futuro de Cuba, que ha consensuado el CEC con pensadores cubanos de la Isla y de la Diáspora, es una sugerencia estructurada para suscitar el debate sobre el modelo económico que Cuba necesita para no depender de ninguna nación extranjera, para no discriminar a cubanos donde quiera que vivan, para no privilegiar a nadie en una piñata de lealtades y silencios.

"...Cuba tiene talento humano, pensamiento prospectivo, visión de futuro, objetivos bien definidos y estrategias viables para desarrollar cada sector de la nación..."

Creo que Cuba tiene todo lo necesario para hacer, por sí misma, los cambios sustanciales que necesita urgentemente. Cuba tiene talento humano, pensamiento prospectivo, visión de futuro, objetivos bien definidos y estrategias viables para desarrollar cada sector de la nación.

Cuba solo necesita abrir la puerta cívica para un cambio en paz. Abrámosla.

Publicado originalmente en Convivencia.

Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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