La poeta, ensayista y editora cubana Lina de Feria, Premio Nacional de Literatura 2019, murió este lunes 9 de marzo de 2026 en La Habana a los 80 años. La noticia fue confirmada por instituciones culturales de la isla después de que comenzara a circular en redes sociales entre colegas, lectores y escritores que siguieron durante décadas la trayectoria de la autora. Nacida el 8 de agosto de 1945 en Santiago de Cuba, De Feria forjó una de las voces más singulares de la poesía cubana contemporánea. Su obra atravesó censura oficial, rupturas estéticas y una persistente búsqueda de libertad expresiva. Su escritura, marcada por la intensidad emocional, la exploración existencial y un permanente cuestionamiento del entorno, construyó a lo largo de más de medio siglo una obra reconocida tanto por lectores como por críticos literarios. Graduada de Filología en la Universidad de La Habana, dedicó su vida a la creación poética y al pensamiento crítico sobre la literatura.
Una irrupción temprana en la poesía cubana
La entrada de Lina de Feria en el panorama literario ocurrió cuando apenas tenía poco más de veinte años. En 1967 obtuvo el Premio David de poesía con el cuaderno Casa que no existía, galardón que compartió con Cabeza de zanahoria, de Luis Rogelio Nogueras. El libro aparecería publicado en 1968 y se convirtió en una referencia temprana para entender el surgimiento de una voz poética que escapaba de los moldes dominantes de su tiempo.
A partir de entonces comenzó una trayectoria literaria que, con los años, daría lugar a una amplia bibliografía. Entre sus poemarios se encuentran títulos como El ojo milenario (1995), Rituales del inocente, El mar de las invenciones (1999), A la llegada del delfín (1998), País sin abedules (2003), Omisión de la noche (2003), Absolución del amor (2005), Los poemas de la alquimia (2013), Jaque a la muerte (2014) y La vigilia del argonauta (2019). También publicó el volumen de ensayos La conjetura crítica (2015).
Su obra recibió en cuatro ocasiones el Premio de la Crítica en Cuba y, en 2008, el Premio Nicolás Guillén de Poesía por el libro Ante la pérdida del Safari a la jungla. En 2019 le fue concedido el Premio Nacional de Literatura.
Silencios, marginación y retorno
La trayectoria de Lina de Feria también estuvo marcada por episodios de censura. Durante la década de 1970, en el período conocido como Quinquenio Gris, su obra dejó de publicarse en el país y quedó relegada de los principales espacios editoriales.
Durante esos años trabajó como redactora cultural en Radio Enciclopedia Popular, entre 1973 y 1980, mientras parte de su escritura circulaba en antologías publicadas fuera de Cuba.
Tras cerca de dos décadas de silencio editorial impuesto dentro de la isla, su obra volvió a aparecer con mayor visibilidad en los años noventa, momento en el que comenzó un proceso de relectura crítica de su poesía. Ese retorno coincidió con un período de profunda crisis social y económica en Cuba, contexto en el que su escritura volvió a encontrar nuevos lectores.
Voces sobre Lina de Feria
La muerte de la poeta ha suscitado numerosas reacciones entre escritores y críticos que reconocieron en su obra una referencia singular dentro de la literatura cubana.
El crítico e investigador Norge Espinosa recordó sus palabras cuando Lina de Feria recibió el Premio Nacional de Literatura en 2019:
“Tres poetas tengo en este país que me recuerdan la naturaleza primordial de toda sobrevivencia, y tú eres uno de esos nombres, junto a Rafael Alcides, que palpita y resopla su acto de vida en el Vedado, aunque aparentemente no se le vea ni se le escuche; y Delfín Prats, que existe para que Holguín exista en una dimensión de la propia poesía que otros bardos mucho más jóvenes reafirman con sus libros desde ese punto del mapa.
De Santiago de Cuba llegaste tú, una santiaguera tan rara como lo es, digamos, Antón Arrufat, para hacer una obra en la cual los tópicos de esa ciudad extraordinaria no resuenen según lo obvio, porque ese no es tu reino. En medio de la bulla nacional, hay que hacer un minuto de silencio, no porque lo dicten las normas políticas o cívicas de la Nación, sino para escucharte mejor, en ese eco profundo que nos dice de qué manera tu soledad sostiene a tantas otras.”
La ensayista y escritora Vitalina Alfonso rememoró a la poeta desde una dimensión más personal:
“Desde que entablamos nuestras primeras charlas descubrí en Lina a una persona cultísima, de una ternura infinita, que rayaba en casi inocencia infantil, y de una modestia sin igual. Me bromeaba con nuestra coincidencia de nombres (los más cercanos amigos me conocen por Lina), me compartía anécdotas sobre Beatriz Maggi, a quien veneraba y sabía de mi fervor por ella, y con picardía me exhortaba a que cuidara bien de mi amiga-hermana por ser por aquel entonces su más reciente amor. A pesar de sus desgarramientos intensos por el tiempo de cárcel sufrido, por la cruel marginación de vida y obra, y aún sin haber sido todavía "reivindicada", Lina reía, amaba a su familia con intensidad, era generosa en brindar sus saberes con los poetas jóvenes y no exteriorizaba rencores.”
El escritor Nelson Simón evocó también el impacto que tuvo su poesía para varias generaciones:
“Ha muerto Lina y con ella el mito, la leyenda de la resistencia. Una de las voces que dio aliento y razones a poetas que tuvimos que aprender a leer el país en libros prohibidos como "Casa que no existía" o "Lenguaje de mudos". Lina, como Delfín, también estaban "fuera de juego", pero sus voces, honestas, poderosas, lastimadas, los devolvieron en la voz, reverencia y respeto de una generación que siempre agradecerá su magisterio y su manera de sobrevivir desde los márgenes, la irreverencia y el desparpajo de la libertad.”
La libertad como núcleo de su escritura
A lo largo de su obra, Lina de Feria exploró temas como la soledad, la fragilidad humana, la pérdida y las tensiones entre el individuo y su entorno. Su poesía se caracterizó por un lenguaje intenso y por una mirada crítica.
En una entrevista concedida a propósito de la publicación por primera vez de su obra en Chile, la autora reflexionó sobre el sentido de su escritura y los obstáculos que enfrentó durante su carrera:
“No necesito de fronteras sino de libertad para crear. Pero lo cierto es que rompí muchas fronteras estilísticas y choqué con cuanto obstáculo cohibió mi libertad de expresión, y que ello alimentó mi obra”.
Con su muerte desaparece fisícamante una de las voces más persistentes y singulares de la poesía cubana contemporánea, una autora cuya obra se abrió paso entre silencios, resistencias y lecturas tardías, hasta convertirse en referencia para varias generaciones de escritores.
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