Félix Anesio en la infinitud de su tiempo

Bote sale a pescar
Bote sale al mar. Foto: Francis Sánchez
Imagen: Francis Sánchez

El sistema de idealización dentro de la lingüística necesariamente debe tender a un sentido moderno. No obstante ello, no resulta casi siempre así y surgen poetas cansinos que lamentablemente afectan la concepción de la poesía. En el caso de Félix Anesio, partiendo de la base que es un poeta con intríngulis, sucede todo lo contrario: la realidad le produce a lo íntimo de su creación una novedad en el uso de la palabra. Permeado de lecturas sólidas e infinitas, Anesio corresponde al tipo de creador que no deja su literatura en la literatura sino que asimilado todo se coloca en las filas individuales de una ficción particular.

Es pues un verdadero despertar del “surmenage” acercarse a la obra de este escritor. Y ya bajo ese buen agüero continuamos interesándonos en cuanta interrogación le resulta una base de poemas.

En textos como “Otoño en Tennessee” él capta la esencia virtual de la existencia, oponiendo lo pequeño e intrascendente a lo verdaderamente grande y asombroso de la vida. Pleno de imaginación, metaforea sus mejores poemas del libro de versos sin necesidad de recursos arcaicos o plagios insoportables. En esa unidad de forma y contenido con masa vital se producen los efectos más contemporáneos de una mentalidad febril como lo es la propia intuición del poeta.

El ojo de la gaviota tiene un punto de partida extremadamente verídico hasta llegar a ser el ojo mortalmente vulnerable del padre que lo recicla a uno continuamente. Sin embargo, los postulados de esa teoría se amplían enormemente con temas múltiples que hablan del grado de sensibilidad de su creador. Él no se queda en una figura altamente mítica, sino que diversa y casi inexpresable la vida emerge con cada poema cuyas temáticas son anti gemelas. De ahí la alta gradación imaginativa que es denotativo en este, ¿por qué no decirlo?, importante libro del 2015.

Venido de su Guantánamo natal, Anesio conoció el mundo pero en sus entresijos traía la copa de oro de la isla de Bariay y los nuevos descubrimientos de un primer mundo. Sabia ha sido la memoria del poeta ajena a cualquier rencor. Pero, la experiencia pasada por su extramuro personal deja ver cuánto de alegría y cuánto de horror hay en su mochila.

Conocedor de James Joyce y de Franz Kafka, no ha necesitado de los aullidos insondables de la soledad pero sí tiene entre sus cualidades ser un hombre altamente contemporáneo.

Tal vez Anesio sufrió hondos inviernos, pero en su poema a la primavera él no puede sobreactuar, es sin dudas, la bandera o la mano famélica de Gustavo Adolfo Bécquer. A la manera sevillana esa vocación de callejuelas en círculos lo lleva a un diseño inesperado por los que sus cierres en los poemas nos resultan asombrosos.

Como Bécquer, Anesio está en un mundo mucho más complejo que su tierra de nacimiento y nuevamente la salvación de la memoria le hace especular sobre los tiempos atemperados. Primavera y no invierno. Gratis se queda toda nueva sensación.

Los rótulos con lentejuelas son para las súper estrellas. A causa de ello cuánta imbecilidad no pasa por los puentes. Nos alegra que un poco descubramos al mundo la personalidad tectónica de Félix Anesio. Él no padece de finalismos sino de que como aquellos autores que prefirieron su madurez para captar el mundo, Anesio se pone en la medida de un thriller en el cual la modernidad constituye una vanguardia. Porque ya lo sabemos: ya Bukowsky pasó de moda, y lo que era realismo “sin vergüenza”, se ha convertido en la enorme intencionalidad y carga aún de presencia de un T.S Eliot o de un renovador en música como el gran Leo Brower.

En realidad nada más esperanzador que este Anesio captador de las contradicciones de la vida. Él siempre suele decir cuando tiene un extra poema cualificable como brillante que tiene su “Niagarita”. Pero nosotros, rechazando los cambios que pudo hacer Domingo del Monte al “Niágara” de José María Heredia, le decimos que el consenso de su obra, de la obra de Félix, es realmente magnífico, y deseamos que sus libros próximos nos hagan sentir la misma experiencia de plenitud, profundidad, y belleza.

Es, por lo tanto, innegable que la ciudad de Miami y el mundo en general recibirán una nueva obra de arte, y un creador que de por sí, tiene su estatura inmedible.

Ciudad de la Habana, 3 de octubre del 2015.

Lina de Feria, Poeta cubana, revista cultural cubana independiente Árbol Invertido

(Santiago de Cuba, 1945). Graduada de Filología por la Universidad de La Habana. Su obra poética abarca los libros Casa que no existía (Ed. Unión, 1968), A mansalva de los años (Ed. Unión, 1990; Ed. La Cuadrilla de la Langosta, México DF, 2005), Espiral en tierra (Ed. Unión, 1991), El ojo milenario (Ed. Sed de Belleza, 1995; Ed. L’Hartmattan, París, 2000), Los rituales del inocente (1996) y A la llegada del delfín (Ed. Unión, 1998), El mar de las invenciones (Ed. Letras Cubanas, 1999), El libro de los equívocos (Ed. Unión, 2001), El rostro equidistante (Ed. Oriente, 2001), País sin abedules (Ed. Unión, 2003), Omisión de la noche (Ed. Matanzas, 2003), Absolución del amor (Ed. Unión, 2005), Antología boreal (2007), Ante la pérdida del Safari a la jungla (2009) y Caminando en el ocre (2011), por la editorial Letras Cubanas, entre otros. Figura en numerosas antologías editadas en Cuba, México, Argentina, Chile, Estados Unidos, España, Francia, Gran Bretaña, Argentina, Austria y Suiza. Ha recibido en cuatro ocasiones el Premio de la Crítica Literaria y otros relevantes premios como el David (1976), Raúl Hernández Novás (1999) y Nicolás Guillén (2008). Ostenta la Distinción por la Cultura Nacional. Ha ejercido la crítica literaria y se desempeñó como redactora y editora en diversas publicaciones nacionales.

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