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Opinión | El poder: Encargo, obediencia y servicios

"Es responsabilidad de todos los ciudadanos adquirir la formación cívica y política que nos permita tanto participar con nuestra opinión y nuestro voto responsable como evaluar, aceptar o rechazar a los que aspiran al poder."

Capitolio de La Habana. Imagen: RTVE.
Capitolio de La Habana. Imagen: RTVE.

Recientes acontecimientos en los más variados y contrapuestos escenarios, me han llevado a reflexionar sobre el poder, su ser y su quehacer. Es una meditación que nos puede interpelar a todos, tanto a los ciudadanos comunes como a los que ostentan todo tipo de poder, sea político, económico, mediático, eclesiástico u otros.

Cuando hablamos de poder, en general nos referimos a: 

"La facultad, dominio, fuerza o autoridad que alguien tiene para mandar, influir o controlar a otros."

Cuando nos referimos al poder político, lo entendemos así:

"El poder político es la capacidad que tiene una persona, grupo o institución para dirigir, influir o condicionar el comportamiento, las decisiones y la voluntad de los miembros de una sociedad, principalmente a través de las estructuras del Estado."

Ahora bien, para Cuba, para los cubanos de la Isla y de la Diáspora, que hemos vivido más de siete décadas, desde 1952, con un poder impuesto por la fuerza, nos es más difícil aprender y comprender, especialmente a los que aspiran a alcanzar el poder político, que si deseamos edificar un sistema democrático, esa democracia solo se podrá organizar con espíritu democrático, con métodos democráticos y mediante instituciones y leyes democráticas, todo esto desde el principio del camino.

Es responsabilidad de todos los ciudadanos adquirir la formación cívica y política que nos permita tanto participar con nuestra opinión y nuestro voto responsable como evaluar, aceptar o rechazar a los que aspiran al poder. Para ello, es útil conocer, por lo menos, estas tres cualidades de todo poder democrático: el encargo, la obediencia y el servicio.

El encargo

El poder es un encargo, es decir: 

"Una tarea encomendada, una misión delegada o un puesto de responsabilidad que se ocupa representando a otros. Es la acción y el efecto de poner algo o a alguien bajo el cuidado de otra persona, o bien la cosa o tarea específica que se encomienda."

Entonces, la primera condición y característica de un poder democrático es que siempre es encomendado, nunca es por iniciativa propia si quiere ser democrático. Es siempre delegado por otros, es un mandato otorgado y recibido de cada ciudadano que es el soberano y que delega esa soberanía encargándola a los que elige libremente, siempre por un tiempo limitado y para llevar a cabo el programa para el que se le ha otorgado esa cuota y ese tiempo limitado de poder.

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No hay poder válido si no tiene el mandato ciudadano que lo legitime. Nadie puede erigirse en mandatario sin un mandato explícito de quienes tienen el derecho de elegir a sus líderes y el deber de controlar, evaluar y limitar su poder. Todo poder es inválido e ilegítimo de origen si los que lo ostentan se lo arrogan, o no han sido elegidos por el pueblo.

La obediencia

La segunda cualidad que distingue a un poder democrático es la obediencia al encargo que se le ha otorgado. Obediencia al programa por el cual ha sido electo, obediencia al uso de los métodos democráticos para alcanzar los fines democráticos propuestos en ese programa, y obediencia al período de tiempo que se le ha otorgado para cumplir el programa propuesto.

Cualquier violación o desobediencia al mandato recibido no solo le resta credibilidad ante los ciudadanos, sino que le resta legitimidad al poder. No hay poder válido que no sea obediente a sus electores, que no acate la voluntad ciudadana expresada en las elecciones.

Elecciones en Cuba antes de 1959.
Elecciones en Cuba antes de 1959.

El servicio

La tercera cualidad que nos podría servir para evaluar a los que ocupan algún puesto de poder es el servicio, su vocación de servicio, su disponibilidad para el servicio y el ejercicio cotidiano y evaluable de su servicio al bien común.

Todo poder es para servir. No para servirse de él, ni para vivir de él. Por tanto, el poder que no se pone al servicio de sus electores pierde la confianza, la credibilidad y la legitimidad.

Ante cada proyecto de poder o ante cada ejercicio de un poder de hecho, es necesario usar este método para evaluar la legitimidad y la credibilidad del grupo o de cada persona que aspira al poder. Evaluando si vive de la política o vive para servir en la política que es el sacrificio propio y la trayectoria de entrega a la causa democrática.

José Martí, el Apóstol de nuestra Libertad, nos dice:

"El gobierno es un encargo popular: dalo el pueblo: a su satisfacción debe ejercerse: debe consultarse su voluntad, seguir sus aspiraciones, oír su voz necesitada, no volver nunca el poder recibido contra las confiadas manos que nos lo dieron, y que son únicas dueñas suyas." (Obras Completas, Tomo 6, página 264)

Es responsabilidad de cada uno de nosotros, los cubanos, estar atentos para evaluar, discernir y elegir, ante cada propuesta que surja, aquellas propuestas que hayan demostrado: la calidad de los métodos democráticos; la vocación de servicio; la trayectoria de entrega y sacrificio; la actitud de obediencia al mandato recibido; la fidelidad al programa propuesto, y el nivel de legitimidad, credibilidad, autenticidad y coherencia que hayan demostrado para vivir en una nueva etapa de convivencia fraterna y para afrontar la edificación del futuro democrático de Cuba.

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Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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