Un cambio de perspectiva importante podemos percibir que está ocurriendo en Cuba, isla y diáspora: ante la inminencia de un cambio, se está mirando más hacia el futuro de la nación, aunque sin perder la memoria del pasado.
Hace muy poco tiempo, pensar, prever y hacer una prospección estratégica del futuro de Cuba era considerado por algunos un ejercicio superfluo y para otros era trabajar en la utopía. El Centro de Estudios Convivencia tiene una experiencia de más de once años de haber sido evaluado con ambos adjetivos: superfluo y utópico.
Sin embargo, es bueno reconocer como un cambio positivo que, de pronto, vale decir en los últimos meses, o quizá, un año, se ha tornado lógico, urgente y acelerado, prepararse para el futuro que ya está aquí a las puertas.
No obstante, las premuras, las precipitaciones y las improvisaciones, no son buenas en los procesos de cambio, ni en ninguna transición política, económica y social. Mucho más en los procesos de sanación del daño antropológico causado por el totalitarismo comunista durante casi siete décadas.
Cambio y experiencia
Todo cambio estructural, sistémico, humano, debe realizarse desde la experiencia, el estudio, el análisis de la realidad que se pretende cambiar; desde la experticia de muchos y la visión de otros, pero sobre todo desde la previsión, la prudencia política, la trayectoria moral, los principios éticos y las actitudes cívicas, todas vividas y probadas, durante años, en el sacrificio y la coherencia entre lo que se cree, se piensa, se dice y se hace.
La historia de Cuba nos proporciona demasiados casos de demagogia en que las palabras y los discursos engañaron a las masas que buscaban a un mesías, salvador, iluminado y aspavientoso, que hablara bonito, prometiera el cielo e improvisara lo que la gente quería escuchar mientras nada de eso se correspondía con lo que hacía.
La historia de Cuba está llena de caudillos, "manengues", "francotiradores", "electrones libres", "encantadores de serpientes", líderes populistas y populacheros, a quienes se siguió ciegamente sin averiguar primero bien hacia dónde nos querían conducir. Ese ha sido el error más grave que ha llevado a Cuba a todas las tiranías y a todas las desgracias y crisis nacionales.
Puestos, otra vez, en esta nueva coyuntura histórica, ¿volveremos a caer en esos mismos errores?
No podemos volver a caer en la improvisación
Cuba, nosotros los cubanos, no merecemos volver a caer en la improvisación, en el caudillismo, en la demagogia de los que prometen ser verdes como las palmas y nos obligan a ser rojos cuando ya alcanzaron todo el poder.
Cuba, nosotros los cubanos, merecemos que, después de tanta muerte, sufrimientos, cárcel, destierro, exilio, mentiras, doble moral, dobles discursos y estrategias engañosas para manipular a las masas, no volvamos a caer en lo mismo que dio origen a la tragedia que hemos vivido por 67 años.
El germen de este desastre se nos ha metido dentro, ha colonizado nuestra mente hasta no saber pensar primero y discernir después dónde está el bien y dónde se esconde o se solapa el mal. Ese daño ha envenenado nuestros sentimientos hasta el odio, el ataque al otro porque discrepa, la descalificación y la calumnia para sacarlo fuera de la competencia, entre otras emociones desordenadas que siempre se deben evitar.
Ese daño ha inmovilizado nuestra voluntad, postrándonos en un inmovilismo temeroso, desconfiado, dubitativo. Nos ha conducido a una parálisis de la voluntad que nos aconseja: "no te metas en eso", "no te pronuncies", "queda bien con todos", hasta empantanarnos en el relativismo moral y la anomia social.
Propuestas contra el populismo
Estamos viviendo en tiempos de improvisaciones, carreras por llegar primero, protagonismos populistas y hasta alguna tentación de caer en el facilismo anexionista para que otros nos hagan la tarea.
El lamento, la abstención o el silencio culpable no son las actitudes que evitarán volver a caer en los mismos errores y engaños. Nunca difamar, ni descalificar, ni atacar a las personas. Es necesario debatir pacífica y respetuosamente ideas y programas.
Para ello se hace necesario proponer unos pasos para el discernimiento ante nuevos liderazgos y proyectos:
Lo primero y principal
La integridad personal: ¿cuál es la trayectoria, el trabajo, la formación recibida, la forma de pensar y de actuar, la eticidad y la coherencia de vida de esa persona, su integridad cívica demostrada? Todo con mucho respeto. Sin coherencia ética, trayectoria sacrificada, experiencia, madurez e integridad cívica, volveremos a caer en los mismos errores que hemos sufrido.
El trabajo en equipo
¿Cuál es su capacidad, su experiencia y su desempeño para trabajar en equipo y no ser un "electrón libre"? ¿Cuáles son los resultados evaluables y concretos del trabajo en equipo que ha liderado? ¿Es un equipo para que lo sigan y apoyen, o es un equipo en que se pueden evaluar responsabilidades personales de sus miembros e iniciativas individuales acogidas en el grupo?
¿Existe en su grupo o proyecto autonomía, inclusión, diversidad, pluralismo, o es sectario y descalificador de los que no son del grupo? Sin capacidad, talento y buenas prácticas de trabajo en equipo, volveremos a caer en los mismos errores que hemos sufrido.
Lo esencial y definitorio: el Programa
¿Cuál es el proyecto de nación que propone? ¿Cuál es la forma de pensar, la concepción del mundo y la visión sobre Cuba que propone el programa? ¿Cuáles son los proyectos, objetivos, estrategias, propuestas de leyes y estructuras en cada sector, para reconstruir a Cuba?
¿Cómo voy a evaluar a un liderazgo, a un partido, a una alianza o a un grupo, si no ha presentado un programa, no solo de principios o deseos, sino formado por propuestas concretas para cada área y principales problemáticas de la vida nacional?
Sin un programa bien pensado por un grupo de cubanos, no improvisado en una mesa por una cabeza, o dos o tres, sin un programa abarcador y concreto, volveremos a caer en los mismos errores que hemos sufrido.
Inclusión y pluralismo
Este puede ser otro criterio para evaluar liderazgos y propuestas. ¿Qué nivel de inclusión tiene el proyecto? ¿Qué tan plurales y diversos son sus miembros o participantes? ¿Qué libertad y eticidad acepta y promueve para el disenso interno, la construcción de consensos y el respeto a las minorías? Sin una inclusión efectiva y una pluralidad evaluable en cada proyecto, volveremos a caer en los mismos errores que hemos sufrido.
La escuela de pensamiento
Sobre todo cuando estemos haciendo el discernimiento o la elección de los programas, proyectos o liderazgos en lo político, es indispensable averiguar y saber bien con qué escuela de pensamiento se identifica, es decir: ¿en qué línea ideológica está formada? ¿Qué orientación política propone? ¿Qué modelo económico postula? En fin, ¿qué cosmovisión inspira su programa o proyecto? Y ¿qué concepción de la persona humana y su lugar en el mundo profesa?
En resumen, la ideología, el sistema político, el modelo económico, el tipo de convivencia social y, sobre todo, la concepción humanista, son los cinco indicadores indispensables para poder discernir y elegir y, dado el caso, apoyar, si esos cinco indicadores coinciden con los que yo profeso y aspiro para Cuba. De lo contrario, volveremos a caer en la desgracia sufrida de luchar y apoyar lo que nos dijeron que eran y no lo que verdaderamente fueron e hicieron.
Les propongo guardar estas cinco propuestas en forma de preguntas o criterios que nos pueden ayudar a evaluar, detenida y concienzudamente, en medio de esta tormenta de propuestas, candidatos y proyectos, aquel o aquellos que mejor respondan a tus opciones y, sobre todo, al bien de Cuba, que es el bien de todos los cubanos.
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