Siguiendo la serie de los "lunes" para pensar el futuro de Cuba, teniendo en cuenta que ese futuro ya está aquí, hoy quiero referirme a la necesidad que tiene Cuba de contar a su servicio con verdaderos estadistas más que con personas marcadas por un partidismo confrontativo.
Político estadista vs. político partidista
Comencemos por recordar la diferencia entre un político estadista y un político partidarista, dejando bien claro, desde el principio, que en toda democracia son siempre necesarios y convenientes los partidos políticos. Su servicio es peculiar y pertinente.
Aquí nos vamos a referir a las características, a las actitudes y virtudes que deben distinguir a un servidor público con vocación y misión de estadista. Veamos las diferencias:
Estadista
Es la persona con conocimientos y aptitudes para dirigir los asuntos del Estado, o para gobernar con visión de Estado. Persona que cuenta con sabiduría para la gestión de los asuntos públicos, que busca edificar consensos respetando las diferencias, que tiene amplitud de miras, altura moral, el pragmatismo con ética, la prospección estratégica, la diplomacia, el arte de gobernar y la prudencia política de la que hablaron Aristóteles y Santo Tomás de Aquino.
Partidarista
En los sistemas multipartidistas, el término se utiliza para referirse a las personas que apoyan dogmáticamente las políticas de su partido y se muestran reacias a llegar a acuerdos con sus oponentes políticos por el bien mayor de toda la nación. Son personas sectarias y confrontativas como método habitual. Se atrincheran en su partido y provocan la polarización y la fragmentación del país.
Como podemos apreciar, para el estadista los intereses superiores de la nación tienen prioridad sobre los intereses y demandas parciales de su ideología y de su partido.
"¡Los partidos fuera, la Patria dentro!"
Una vez más, mirando el tránsito que se avecina para Cuba, debemos recordar, honrar y llevar a la práctica, aquel proverbio de nuestro coterráneo, el parlamentario pinareño José Manuel Cortina, cuando las demandas partidistas paralizaron los trabajos de la Convención Constituyente de 1940:
"¡Los partidos fuera, la Patria dentro!"
Este es un ejemplo de estadista que debemos imitar.
En el renacimiento, la reconstrucción y la refundación de la República, Cuba necesita que los que lideren esos procesos tengan las virtudes, las actitudes y la sabiduría de unos verdaderos estadistas que ante cualquier polarización, radicalismo o sectarismo, aporten su capacidad y su talante de estadistas.
Espíritu de inclusión
Para ello es necesario, desde ahora, cultivar un espíritu y un hábitat de inclusión, que una parte, o un conjunto de grupos, no hable en nombre de todo el pueblo, jerarquizar en los programas partidistas aquellos aspectos que contribuyan más al bien general de la nación y aprender a posponer aquellos otros aspectos que sean de intereses de partes o sectores de la sociedad.
Los partidos son necesarios a la democracia plural, pero los partidarismos sectarios desintegran a la nación. De la amplitud de horizontes, de la sabiduría política y de la altura de miras, dependerá la calidad de nuestra futura democracia y la eticidad y el civismo de los políticos y demás servidores públicos que seamos capaces de elegir entre estadistas y partidaristas.
¡Cuba primero! ¡Cuba siempre!
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