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Opinión | ¿Qué es la inteligencia emocional y cuál es su relación con el resentimiento?

"Es absurdo que en la era de la Inteligencia Artificial (IA) haya tanta ignorancia acerca de cómo manejar o gestionar nuestras emociones", afirma el autor.

Manos juntas
Imagen: Pixabay

El resentimiento es otra forma de tortura interna infligida por uno mismo, aunque con frecuencia esté provocada por otra persona o acontecimiento externo. Muchas pueden ser las causas que provocan el resentimiento, pero lo peor es sentirlo y dejarlo crecer como una bola de nieve rodando, pendiente abajo, en las emociones humanas.

En Cuba, como en todos los países, hay personas resentidas. Son aquellas que no han tenido la oportunidad de apuntarse en la “escuela” de la inteligencia emocional. Es absurdo que en la era de la Inteligencia Artificial (IA) haya tanta ignorancia acerca de cómo manejar o gestionar nuestras emociones. Incluso, las familias, las iglesias y los grupos de amigos o de la sociedad civil, preparan con cuidado la educación intelectual, hacen programas para instruir nuestra razón. Aún más, los estados legalizan para hacer obligatoria la instrucción elemental, secundaria e incluso universitaria de todos los ciudadanos.

Como sabemos, la formación de toda persona, para ser integral, debe atender las diferentes facultades de su condición humana. A saber, todo ser humano debe procurar para sí y para sus hijos y familiares una educación en las esferas de: lo corporal, de la inteligencia, los sentimientos, la voluntad y la espiritualidad. Cuando alguna de estas facultades y dimensiones quedan sin educar y sin cultivar, se puede provocar un grave daño a la propia persona, a sus relaciones interpersonales y a la misma convivencia social.

Ponemos algunos casos:

  • Si una persona no cuida su cuerpo y no cultiva su inteligencia corporal , lo daña con una mala nutrición, con la falta de sueño, con la ingestión de bebidas alcohólicas, drogas o cualquier acción u omisión que dañe su corporalidad, esa persona no valora su cuerpo y dañándolo atenta contra su propia vida.
  • Si una persona no cuida y no cultiva su inteligencia racional, su familia primero y él mismo siempre, no busca o impide su proceso de instrucción, adquisición de conocimientos y habilidades, o cualquier acción u omisión que dañe su facultad cognitiva, eso atenta contra su propia vida por ignorancia o analfabetismo intelectual.
  • Si una persona no cuida y no cultiva su inteligencia emocional, es decir, no educa, ni controla, ni canaliza sus emociones, sus sentimientos, esa persona se envenena por dentro. Esa persona deja que sus propios sentimientos se conviertan en resentimientos, lo que equivale a manejar mal sus emociones, permitiendo que las acciones de otros o las circunstancias en que vive se conviertan en un reciclar, en un rumiar sus emociones hasta que, poco a poco, se envenena y daña su propia dimensión afectiva. Los afectos y las pasiones se encauzan, no se represan, porque se pudren como el agua estancada.
  • Si una persona no cuida su voluntad y no cultiva su inteligencia volitiva, es decir, al igual que hace con su cuerpo, no entrena y no fortalece, poco a poco, el “músculo” de su voluntad, entonces esa persona se convierte en alguien flojo, en un pelele manipulable, en alguien que no tiene fuerza de voluntad para perseverar y para actuar con integridad. Esta flojera volitiva hace que los ciudadanos sean títulos de la voluntad ajena.
  • Si una persona no cuida su alma y no cultiva su espiritualidad trascendente, es decir, no vive, educa y cultiva su dimensión de espiritualidad, no asume una escala de valores, no promueve su vida en la virtud, no asume y practica una religión a nivel personal y comunitario, esa persona se hunde en el materialismo existencial y se seca por dentro.

En esta visión integral de la educación, no solo formación humana, hoy quisiera detenerme en el cultivo y promoción de la inteligencia emocional.

¿Qué es la inteligencia emocional?

La inteligencia emocional (IE) es “la habilidad de entender, usar y gestionar nuestras propias emociones en formas que reduzcan el estrés, ayuden a comunicar eficazmente, empatizar con otras personas, superar desafíos y aminorar los conflictos”.

Daniel Goleman, en su libro Inteligencia emocional, de 1995, establece dos niveles para la IE:

  • Inteligencia intrapersonal: Es la habilidad que tiene una persona para conocerse a sí misma y para dominar y encauzar sus propias emociones, sus sentimientos.
  • Inteligencia interpersonal: Es la capacidad adquirida y educada para comunicarse apropiadamente con los demás, empatizar con ellas y entenderlas sin juzgarlas a priori.

Propuestas

Para educar nuestros sentimientos, Goleman señala los cinco pilares sobre los que se hace el aprendizaje de nuestra inteligencia emocional. Estos son:

  1. La conciencia de uno mismo: debemos conocer nuestras propias tendencias emocionales, sentimentales, hacer conscientes nuestros resentimientos, nuestros odios, nuestros prejuicios sobre los demás, nuestras fortalezas y debilidades en la esfera de lo que “sentimos”, decimos simbólicamente, en nuestro corazón.
  2. La regulación o gestión de nuestras emociones y pasiones: debemos aprender cómo regulamos, gestionamos y encauzamos nuestras emociones para no hacernos daño a nosotros mismos (envenenarnos por dentro) y para no causar daño a los demás (emponzoñando nuestras relaciones humanas).
  3. El cultivo de la autoestima: debemos aprender a no minusvalorarnos a nosotros mismos, a no victimizarnos. El victimismo por un lado y la egolatría por el otro son dos formas de analfabetismo emocional y afectivo. Conocer y valorar, sin disminuir ni inflar, nuestro propio yo, para no dejar que los demás nos manipulen o dominen afectivamente con un chantaje emocional. La humildad es la verdad desnuda sobre nosotros mismos.
  4. El cultivo de la empatía: debemos aprender a cultivar la empatía que es la capacidad para conocer, comprender y, aún más, compartir los sentimientos de los demás. Es ver las cosas, los acontecimientos y las actitudes de los demás desde su perspectiva y no desde la nuestra, y menos aún desde nuestros prejuicios y resentimientos. La empatía es la llave para entrar en el corazón del otro y no asaltarlo por el muro de nuestras ofuscaciones, muchas veces construidas a partir de apreciaciones sin informarnos primero de los sentimientos y las intenciones de los demás.
  5. Practicar la asertividad y la resolución pacífica de conflictos: debemos aprender a ser asertivos en nuestras relaciones interpersonales. Ser asertivos o relacionarse con asertividad es la forma de comportamiento caracterizada por la claridad, la positividad, el lenguaje respetuoso y directo, el no juzgar a la otra persona ni sus intenciones ni sus sentimientos, solo valorar los hechos, cuidar el lenguaje, evitar comenzar por excusarse de todo, expresar sentimientos positivos y dar confianza al otro; ser capaces de pedir perdón, disculpas, reconocer los errores propios antes que los ajenos y sin que falten las propuestas de solución.

Cuba, cada cubano, y el mundo de hoy, necesitamos detener el síndrome de la “bola de nieve”, que consiste en dejar que caigan, por una pendiente imparable, esos resentimientos y ese incentivar la violencia.

No consintamos que se fomente el envenenamiento de las relaciones humanas. Cuba debe sanar los resentimientos que se convierten en odios y rencores que conducen a la violencia emocional, verbal, gestual, mediática, psicológica y física. Esto evitará el caos y la muerte que puede vislumbrarse en el horizonte.

Que las rencillas, los odios y los desencuentros entre cubanos se sanen con el cultivo de nuestra inteligencia emocional, de nuestra espiritualidad y por la promoción de la asertividad personal y de las propuestas de solución a los conflictos personales y sociales, propios y ajenos.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

(Publicado originalmente en Centro de Estudios Convivencia).

Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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