No pensaba escribir sobre el trovador Polito Ibáñez y sus opiniones sobre las protestas del 11J. Pero resulta demasiado incómodo permanecer en silencio ante su provocador tema musical publicado en su canal de YouTube y su página de Facebook.
Me adentraré un poco en lo que significa asumir con responsabilidad una carrera artística reconocida en Cuba por poseer una poética distinguible dentro del panorama de la canción de autor durante más de tres décadas. No voy a hacer leña del árbol caído, pero debo reconocer que a veces el árbol no colabora.
Polito Ibañez lanzó en septiembre un tema que ha levantado una creciente nube de comentarios desfavorables. No es para menos. Acercarse con ligereza a uno de los acontecimientos más importantes de la historia de este país como el levantamiento popular del 11 de julio de 2021 (11J), no pasaría desapercibido en la opinión pública, sobre todo cuando para muchos el precio a pagar ha sido tan alto.
"Muchos cubanos que apostaron por el 11J / recogieron los guantes y las pelotas / se largaron al ver que todo fue humo / hoy van todos contra todos, todos contra unos", es el estribillo que repite y repite con desenfado como si a su mente no llegaran los rostros de quienes decidieron salir a las calles y desafiar al régimen, gritar libertad y echar por tierra el discurso oficial que multiplica la pobreza desde su marca de estado fallido.
Una canción frente al peso de la memoria
Un artista debe tener bien claro lo que significa asumir su papel dentro de la sociedad. Mucho más si se trata de una figura con una obra cuya esencia radica en textos profundos, dotados de una singular belleza. Sí, hay que hablar con honestidad. La carrera de Polito Ibáñez está signada por un modo distinto de hacer visibles las dudas, los dolores, los problemas y los sueños de un sector de quienes durante años siguen su carrera.
Más allá de su estilo, temas como Recuento, Como nacen las hojas, Las cosas simples que me llenan, Agujeros, Para no pensar y Somos números engrosan un catálogo que marcó una época por su diferencia con el resto de los exponentes de la trova cubana.
Es entendible la búsqueda de nuevos horizontes, sobre todo en la Cuba de hoy, la misma que permanece a oscuras y cierra teatros y se hace inhabitable no solo para la comunidad artística, sino para la mayoría de sus habitantes. Es entendible que no es lo mismo avanzar sin antes replantearse nuevas sonoridades para encajar en el gusto popular sobre todo en tiempos del Reparto y el carrusel de artefactos que giran en torno a semejante fenómeno de masas.
Lo que no es entendible es la manera poco feliz asumida de componer lanzando palabras con el objetivo de llamar la atención. El autor de Hoy he vuelto a rezar, un tema valiente en su tiempo y que permanece como una pieza cuya sonoridad aún resuena en la memoria musical de sus seguidores, dista mucho del que ahora se decanta por lo simple para ganar seguidores. Sin embargo, el resultado va en sentido contrario.
Moverse en Cuba y no andar envuelto en la comparsa de las instituciones es difícil porque el régimen sabe que resulta más provechoso mantener controlados a los trovadores. Los dueños del negocio cultural "protegen" a los incómodos representantes de la mal llamada "canción inteligente", aunque algunos prefieren mantenerse limpios antes que convertirse en propagandistas de una dictadura capaz de borrar de un plumazo la carrera de quien no se deje chantajear.
A esos no los veremos de gira, ni con presencia en los más importantes sellos discográficos. En cambio, vemos a Raúl Torres, Nelson Valdés, Ariel Díaz y el dúo Buena Fe en cuanta tribuna se convoque desde la altura de Palacio. Son más, pero prefiero dejarlo ahí, en los más representativos.
La responsabilidad pública del artista
La obra de Polito se ha centrado en temas más cercanos a las relaciones de pareja, la adolescencia, los recuerdos y las preguntas que mueven la vida. Por eso me sorprende y me apena este cambio tan brusco. Es una ofensa a los presos políticos, a la verdad y al dolor, al luto de muchos hogares y a la incertidumbre de los hijos separados de sus padres.
La búsqueda del like no puede llevar a traicionar el despertar de un pueblo cansado de tanta mentira, burla y opresión. No es justo ni coherente. Hay mejores formas de replantearse un nuevo camino fuera de Cuba. Hay muchas alternativas, pero en ninguna de ellas puede estar presente la falsedad, ni mucho menos la pretensión de demostrar que ese domingo 11 de julio de 2021 fue humo, una chispa insignificante en la historia de este país.
No, Polito. No tienes razón. Hubiera sido mejor permanecer en silencio cuando no se tiene nada coherente que decir. Abriste, tal vez sin querer, la puerta equivocada con el pretexto de atravesar los anchos muros de una comunidad de cubanos que pudo escapar con algo de suerte de este infierno. ¿Cómo entender sin molestarse una canción tan distante y corrosiva, tan cercana a lo que la dictadura se jacta de atornillar?
Cuando se es una figura pública, la mirada escrutadora llega más lejos y puede cambiar con un simple gesto una situación determinada. Por eso se debe ser consciente del riesgo de un paso en falso. Así como un tema puede llevar al estrellato, también puede sepultar lo construido con solidez y honestidad.
La farándula tiene muchas caras. Integrarse a ella no es un camino fácil. Por eso me llama la atención ese espurio ecosistema capaz de triturar cualquier fallo, por imperceptible que pudiera ser. Aquí el desliz está en vivir desconectado —no hallo otra justificación— de la dinámica que asedia a un pueblo sumido en un viacrucis desde que vio ¿la luz?
Cuba es una dimensión extraña. Su invariable infelicidad la acompaña y se integra con precisión sobre su lastimada realidad. Nadie está exento de equivocarse. El error es parte inseparable de quien decida avanzar, crear y sostener cualquier proyecto. Un poeta se lanza cuando escribe a la ferocidad de las corrientes, en ocasiones turbias, de un imponente río. Lo sabe, pero no teme a las consecuencias si se equivoca. Un trovador es, de los músicos, el más cercano al poeta. Sus textos llevan consigo una carga simbólica dirigida con toda intención a ser recordada.
Cuando la palabra desfigura la memoria
Desconozco hacia dónde dirigió sus coordenadas cuando decidió escribir y orquestar y luego grabar un tema tan reducido, trivial y falto de sentido común como este. A veces uno piensa que un estribillo con cierta energía es suficiente para echarse al público en el bolsillo. Pero eso solo es factible en la mente de un cantante menor, como esa plaga de repetidores de degradante discurso vacío de ideas, pero lleno de cadenas hasta en el alma.
Hubo un tiempo en el que antes de dormir escuchaba a Polito dibujar con su voz: "La luz ha manchado este día el cristal y el asfalto". Verso tras verso se proyectaba una poderosa secuencia diferente, refrescante, con imágenes vivas. Negarlo sería injusto. Luego le perdí el rastro hasta que un día supe de su ambicioso trabajo discográfico titulado Ante tus ojos junto a la Orquesta Sinfónica Nacional a través de la obra de varios poetas cubanos.
Hoy procuro procesar mi decepción al escuchar más de una vez su desacertado tema. Quien se aparte del sufrimiento y califique como "humo" el despertar de Cuba en contra de la tiranía castrista deberá asumir su cuota de responsabilidad. A veces es mejor permanecer en silencio que abrir la boca para tergiversar el grito de libertad. La palabra tiene un filo peligroso cuando se utiliza como un arma. Eso lo sabe quien logra dominarla.
Quisiera estar equivocado, pero el tiempo siempre decanta. Quisiera pensar que solo se trató de un desliz, de unos versos ambiguos escritos con la premura de alguien que sabe lo que es vivir y viajar gracias a su talento, de alguien que ahora mismo disfruta de las oportunidades en una gran nación. Quisiera. De veras que sí. Pero a veces las luces de neón, el sonido de los aviones y las mieles del éxito resultan más engañosos y predecibles que el dolor y la desesperanza de este ruidoso lado del espejo.
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