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Opinión | Cuba, el volcán dormido

"Cada día supera al otro en dolor. El récord nacional de malas noticias engorda a la par de la dictadura. Lo hace a costa de un pueblo condenado a ver desmoronarse lo poco que aún le queda: el orgullo."

Alegoría de Cuba como un pozo de lava volcánica.

El piloto automático se desconectó. La realidad supera al finísimo velo que separa la paciencia del estallido. Mientras el país continúa en un descenso estrepitoso, sin capacidad de respuesta, la vida transcurre: para unos ostentosa, para otros un calvario.

Con dos o menos horas de electricidad por día, los cubanos vemos la descomposición desenfrenada de un sistema y, con la misma velocidad, los escasos y encarecidos alimentos.

El algoritmo del hambre

Moviéndome bajo el sol de agosto observo las decenas de puntos de venta privados con la intención de adquirir una botella de aceite. Por estos días es el tema de conversación de buena parte de la población. "No hay", me dicen. Sigo mi ruta y decido añadir otro de los productos de primera necesidad: leche en polvo. Pero nada. Brilla por su ausencia. No resuelvo ni por la izquierda ni por la derecha. 

El desafío toma matices más complejos de la noche a la mañana. No hay manera de detener semejante golpe a los bolsillos del pueblo. La carrera con obstáculos parece mutar. No hay manera de descifrar su algoritmo, al menos para los que habitamos la periferia del ecosistema cubano. 

Video reportaje: Ancianos cubanos exponen el hambre y el abandono en la isla (junio de 2026).

Si algo ha demostrado este prolongado período de miseria, recrudecido hasta límites jamás imaginados, es que la cúpula del régimen no tiene en mente socorrer a los necesitados. La solución no está sobre la mesa donde se reúnen y trazan el laberíntico túnel de una política desfasada que lo único que ha logrado es arruinar a todo un país.

La gente tiene que vivir: el que vende, pero también el consumidor, que es el eslabón más débil de la cadena. Si añadimos los exorbitantes e indetenibles precios y la carencia de efectivo para pagar, saldrá a la luz la titánica labor de los de abajo jornada tras jornada.

La especulación se mueve como una serpiente que se desliza a la espera de alguna de sus habituales presas para darse el festín y luego esconderse a digerir al desgraciado de turno. Esa criatura está por todas partes. Es hija de los tiempos convulsos. Su veneno pudiera ser mortal. 

Pertenecer a esa categoría de reptil es tan normal que ya forma parte del ADN de este singular archipiélago de las Antillas. Las personas, molestas hasta su último nivel, se quejan de quienes se aprovechan y suben los precios o guardan los productos hasta que las aguas del mercado tomen su nivel y las ganancias sean mayores. De todas formas, las familias necesitan comer y no tienen control. ¿A quién le importa? A nadie.

Los cañones se enfilan hacia las mipymes, cuyos verdaderos dueños usan a testaferros para operar con total impunidad. La corrupción es enorme y por más que el pueblo denuncie y los periodistas independientes escarben y lleguen hasta quienes verdaderamente mueven los hilos de esos negocios, el río seguirá arrastrando a todo el que le haga sombra. 

Sin embargo, la burla mayor está en las tiendas recaudadoras de divisas. Ahí sí está autorizada la venta de productos de primera necesidad en dólares, la moneda del enemigo. Anaqueles bien surtidos y un ínfimo por ciento de clientes. Es una burla, un ultraje a los miles de profesionales, obreros, jubilados. Lo que nació desde la mentira no merece ser respetado. A los dirigentes les encantan los dólares, y mucho que los disfrutan. 

Los cuestionamientos deben dirigirse a los decisores que implementaron una medida tan impopular como la de vender en dólares, mientras pagan salarios en CUP, una moneda que resulta casi imposible extraer de los cajeros. Las colas son un verdadero martirio. A raíz de ellas proliferan los facilitadores, que cobran hasta un 40 % de impuesto por transferencia. Están "a la cara" y la mayoría operan ayudados desde dentro de las sucursales. 

Un país que se apaga mientras el poder prospera

Pero, volviendo al fenómeno de la batalla nada ventajosa de no quedar a un lado del camino, puedo decir que la gente continúa con su desesperado modo de resistencia, pero con las evidentes lesiones en el cuerpo y en el alma. No es solo el alimento, es la carencia de medicinas y el incremento de los vertederos en cualquier esquina. Montículos de desechos y el hedor, acrecentado por las altas temperaturas de un verano nada alegre.

El humo de las cocinas improvisadas de leña y carbón tiñe de un color tristísimo la mayor parte de Cuba. Lo que llegó como una alternativa ya se perfila como un pasajero más del implacable viaje a la muerte nacional. 

Una encuesta independiente realizada entre abril y mayo de 2026, con 42.263 respuestas válidas de cubanos de dentro y fuera de la isla, puso cifras al hartazgo: el 92 % de los participantes marcó el nivel máximo de insatisfacción con el sistema de gobierno y el 94 % consideró sumamente urgente un cambio político. 

Entre quienes respondieron desde Cuba, apenas un 0,5 % optó por mantener el sistema actual. Ese rechazo anticipa el voto de castigo que enfrentaría el régimen en unas elecciones libres. Hay demasiadas ruinas alrededor para que el más mínimo intento de presentar su gestión como un éxito consiga iluminar el desastre.

¿Qué deben hacer los cubanos para salir de la crisis nacional?

Opciones

Cuba vive una situación cada vez más crítica. Ante la gravedad de los problemas, el pueblo necesita con urgencia una solución.

El nivel de desastre supera con creces lo vivido por los ciudadanos del antiguo campo socialista. La justificación del bloqueo cada día se disipa más. De manera sistemática llegan cargas a este país cuyo destino no es el bienestar del pueblo. Prueba de ello son la construcción de hoteles, la importación de autos de lujo provenientes de Estados Unidos y la celebración de eventos donde participan delegaciones de la izquierda que vienen a hacer turismo con las desgracias de los cubanos.

Vienen y pasan días hospedados en hoteles de lujo haciendo lo que mejor saben hacer: hablar sin fundamento sobre una realidad que se niegan a reconocer. Los llevan a lugares estrictamente seleccionados y sostienen encuentros con la cúpula, hacen sus fotos y luego regresan a sus respectivos países a continuar con su agenda. La izquierda de caviar es utilizada por el régimen para distorsionar la imagen de una nación que en este momento atraviesa su peor momento. 

El viejo cuento del bloqueo se diluye ante la montaña de corrupción que intentan ocultar. Mientras más procuren demostrar lo contrario, la gente no sospecha; más bien está convencida de la podredumbre que se mueve dentro de los cuerpos sin alma de los funcionarios. La mentira, mejor aliada del comunismo, es demasiado visible y solo los que se benefician de ella son capaces de adorarla. 

Esa mentira tiene muchas cabezas y suficientes bocas para devorar la más diminuta crítica. Y así, robar es parte del algoritmo: desviar lo que deba ser desviado, apagar a las voces incómodas y establecer una férrea vigilancia sobre quien se atreva a disentir. Es la cotidianidad, el desfile de los señores feudales que aprovechan al máximo los beneficios que el descontrol les concede.

El volcán empieza a despertar

De ser un país alegre, a Cuba la han convertido en un lugar sin esperanza. Con dos horas de electricidad y luego más de 24 en la más absoluta oscuridad, este pueblo agoniza ante la mirada, a veces cómplice, del mundo. Nos resguardamos del viento fuerte que de manera creciente hace tambalear nuestros hogares. Cada día supera al otro en dolor. No hay que ser pesimista para percatarse del caos imperante. El récord nacional de malas noticias engorda a la par de la dictadura. Lo hace a costa de un pueblo condenado a ver desmoronarse lo poco que aún le queda: el orgullo.

Cubanas protestando durante un apagón.
Cubanas protestando durante un apagón.

Del otro lado del mundo, los cubanos que emigran enfrentan el reto de recuperar el tiempo perdido. Lo hacen con deseo de prosperar y recoger los frutos de su trabajo. Saben de dónde salieron y por más incertidumbre que les pudiera traer la nueva vida, con solo recordar el fondo del pantano su mente se conectará con mayor energía a esa experiencia transformadora.

Ayer salí de mi casa: ese lugar donde resisto los embates de tanta maldad. No resolví el aceite ni la leche en polvo. Pero comprobé de primera mano el daño que sobre nosotros gravita: el silencio que a través del cansancio hace blanco en los anónimos habitantes. Si una parte de la ciudadanía culpa a los especuladores, yo prefiero señalar a los que dicen una cosa y luego hacen otra. A quienes engañan y son capaces de perseguir y aplastar a quien no quiera ser parte de esa cadena cuyo origen viene del selecto grupo de poder que hace y deshace a su antojo.

La esencia de lo que ahora sucede está en la involución que como sociedad padecemos hoy en Cuba. Cuesta abajo y sin frenos, atados y sin la más mínima posibilidad de salvación: ese es el panorama, 67 años después. Mientras más información se procesa, más evidente es el volcán con forma de archipiélago donde abrimos y cerramos los ojos bajo la estricta vigilancia del régimen dictatorial. 

Sí, definitivamente Cuba es un volcán que cada cierto tiempo arroja un poco de cenizas. Es un volcán que alguna vez fue hermoso. Pero ya no. Su sueño deja una sensación extraña, de aparente tranquilidad y olvido. Cuba es un volcán en apariencia inofensivo. Su calma, en lugar de reposo, transmite incertidumbre, no a su espoliada población, sino a quienes ostentan el poder. A ellos les digo: Cuba es un volcán dormido que poco a poco comienza a despertar. 

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Frank Castell

Frank Castell.

(Las Tunas, Cuba, 1976). Poeta y narrador. Licenciado en Español y Literatura. Egresado del segundo curso del Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso en 2000. Tiene publicados los poemarios El suave ruido de las sombras (Editorial Sanlope, Las Tunas, 2000), Confesiones a la eternidad (Editorial Sanlope, 2002), Corazón de barco (Letras Cubanas, La Habana, 2006), Final del día (Editorial Sanlope, 2012), Salmos oscuros (Editorial Oriente, Santiago de Cuba, 2013), Fragmentos de Isla (Letras Cubanas, 2015), El solitario oficio de la resistencia (Valparaíso Ediciones, España, 2018), Como un país desierto (Huerga Fierro Editores, España, 2019), Redentor (Ilíada Ediciones, Alemania, 2023), Paisaje humano (Ediciones Médanos, EE.UU, 2024), Redeemer (Ilíada Ediciones, Alemania, 2025), y las novelas La maquinaria (Ilíada Ediciones, 2020), El horizonte blanco de la bestia (Editorial Primigenios, EE.UU., 2025) y La isla de los sarcófagos (Editorial Primigenios, 2026).

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