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Salud | Ley de Salud Pública en Cuba: ¿un sí a la eutanasia?

Existen tres tipos de eutanasia: la "eutanasia activa", el "suicidio asistido" y "eutanasia pasiva o por omisión". Cada una de ellas depende, en mayor o menor medida, de la intervención del personal sanitario al cuidado del paciente.

Paciente sosteniendo la mano de su acompañante

Un anteproyecto de Ley de Salud Pública fue presentado a los diputados de la Asamblea Nacional de Cuba, el 11 de diciembre de 2022 por el ministro José Ángel Portal Miranda, quien anunció que se discutiría por las provincias en la primera parte de 2023. En la sesión correspondiente a septiembre de 2023, el Consejo de Ministros decidió “ejercer la iniciativa legislativa” y presentar este proyecto de ley sobre salud en la sesión del parlamento cubano en diciembre de este año.

El Proyecto de Ley de Salud Pública reconoce el derecho a la salud de todos los cubanos. El ejercicio de este derecho es muy difícil de cumplir actualmente debido a la crisis de insumos, el éxodo de médicos, las condiciones deplorables de los centros de salud, entre otras señales del estado crítico de este sector.

Otro aspecto que contempla este proyecto de ley es la legalización de la eutanasia que, según la prensa oficial cubana, es un “derecho de las personas a una muerte digna y como una forma de atención y cuidado sanitario mediante un proceder médico que provoca la muerte”. De acuerdo a estos medios, “esto es muy revolucionario y no debemos privar a nuestro pueblo de ese derecho”.

Tipos de eutanasia

La eutanasia es “una acción que se realiza en el contexto de la atención médica, en la cual el especialista de la salud causa la muerte de un paciente”.

Existen tres tipos de eutanasia:

  • la eutanasia activa que es cuando un personal sanitario especializado provoca la muerte del paciente administrándole fármacos que le producen la muerte.”
  • La otra forma de eutanasia activa, llamada también “suicidio asistido” es cuando el propio paciente se administra el producto que le provocará la muerte facilitado por el personal de salud.
  • Existe también la “eutanasia pasiva o por omisión”, que es cuando se le retiran antes de tiempo las terapias o se abstienen de administrárselas al paciente, sabiendo que esto le producirá la muerte.

Según el diario independiente cubano 14ymedio, existen solo 7 países que han legalizado la “eutanasia activa”. Estos son: Bélgica, Canadá, Colombia, España, Holanda, Nueva Zelanda y Luxemburgo. En otras naciones entre las que se encuentran Alemania y Suiza, se ha legalizado el llamado suicidio asistido. Por otro lado, la eutanasia pasiva o por omisión se practica legalmente en Argentina, Chile, México, Reino Unido, Francia y en los países nórdicos.

Principios éticos en contra de la eutanasia

En Cuba, ante el debate de este proyecto de ley en diciembre de 2023, debemos recordar ciertos principios éticos, es decir humanos, que conciernen a todas las personas, independientemente de que sean religiosas o no:

  • La ética médica, que forma parte de la Bioética, establece explícitamente que los médicos y demás personal de la salud tienen como vocación, misión y obligación moral y legal, el cuidado de la vida hasta su final natural.
  • La eutanasia “normaliza” el suicidio como el ejercicio de una falsa “libertad omnipotente” del ser humano para acabar con la vida que ha recibido de sus padres. La libertad no puede ser ejercida para matar. Para ser libertad verdadera debe ejercerse a favor de la vida, el bien y la verdad.
  • La eutanasia pretende otorgar al ser humano una “autonomía” total para decidir entre la vida o la muerte provocada. Colocar a la muerte como una opción que dependería de la decisión de una persona es disfrazar el suicidio de legalidad y modernidad.
  • La legalización y la práctica común de las diferentes formas de la eutanasia relativizan el valor de la vida humana y puede conducir a ampliar el rango de permisividad para matar. Es el caso de Canadá, que en apenas 3 años de aprobada la ley se ha duplicado el número de víctimas de la eutanasia. El Tribunal Supremo de Quebec dijo que para no “discriminar” debía discutirse aplicarla también a enfermos no terminales o cuando lo dictamine un juez. En Países Bajos ahora se quiere aplicar, invocando la libertad y la autonomía absoluta del individuo, a cualquiera que considere “acabado su ciclo vital”. En Bélgica en 10 años se ha triplicado la ejecución de la eutanasia que ha crecido de 954 en 2010, a 2655 en 2019.
  • La eutanasia, como la pena de muerte, son decisiones irreversibles que eliminan la posibilidad de arrepentimiento o cambio favorable a la vida.
  • La eutanasia legal puede desmotivar a la inversión en un sistema de cuidados paliativos y de las clínicas contra el dolor. Motiva a soluciones rápidas quitando la vida y liberando a los cuidadores de esa "carga".
  • Una “muerte digna” no es el suicidio asistido ni la ejecución de una eutanasia activa. La única muerte digna es aquella que se recibe, se vive y se acompaña con todos los cuidados, recursos, ambiente y asistencia psicológica por parte de los cuidadores, familiares y personal médico.
  • No se puede considerar, de ningún modo ver a la eutanasia o al suicidio asistido “como una forma de atención y cuidado sanitario mediante un proceder médico que provoca la muerte.” Esto es una contradicción insalvable, jamás un cuidado sanitario, ni un proceder médico, puede hacerse conscientemente para provocar la muerte. Tampoco puede ser un derecho acabar con la vida antes de su final natural porque precisamente la vida es el primer derecho inalienable de todo ser humano.
  • El pueblo de Cuba ha hecho, mayoritariamente, una clara opción por la vida al asumir y proclamar el binomio “Patria y Vida” frente al de “Patria o Muerte”, rechazado precisamente por su segundo componente: tener que optar por la muerte. Esta opción por la vida no es coherente con la aprobación de la eutanasia y la permanencia de la pena de muerte.
  • Entre el extremo de la eutanasia (provocar la muerte) y el otro extremo, el de la distanasia (ensañamiento terapéutico desproporcionado para alargar artificialmente la vida), están los cuidados paliativos que por sedación u otros medios evitan el dolor, la angustia y la soledad de la muerte natural. Es la única opción éticamente aceptable.

Cualquiera de estos principios y razones es suficiente para oponerse a la aplicación de la eutanasia en cualquiera de sus formas. Como también son suficientes para oponerse radicalmente a la pena de muerte en cualquier circunstancia.

Principios religiosos contra la eutanasia

Para los creyentes existen, además de los mencionados anteriormente, unos principios religiosos que se suman y colocan en una dimensión diferente. Algunas de esos principios religiosos son:

  • La vida humana es sagrada, inviolable y constituye un valor supremo porque es un don de Dios concedido a través de la paternidad y la maternidad responsables. Interrumpirla conscientemente antes del parto, durante su desarrollo o al final de la existencia es un crimen.
  • Toda persona humana ha sido creada a Imagen y semejanza de Dios. Por tanto, quien atente contra la vida, en cualquier forma y en cualquier momento de la existencia, atenta contra el Creador, ofende a los creyentes y viola el pleno derecho a la libertad religiosa que no es solo el culto, sino el respeto irrestricto a la fe y a los valores, al estilo de vida, a las concepciones y visiones, así como a las prácticas que, por la fe, asumen responsablemente los creyentes.
  • La libertad es un don y una tarea intrínseca de toda persona humana, pero la libertad no puede ser libertinaje, ni poder ilimitado sobre la vida propia o la de los demás. La libertad es inseparable de la responsabilidad y la primera responsabilidad de toda persona es conservar, defender y promover la vida humana, la propia y la ajena, desde el momento de su concepción hasta la muerte natural.
  • La dimensión trascendente de todo ser humano, que no puede ser reducido u homologado a cualquier otro ser viviente, concede a su vida terrenal un carácter intocable, superior y sagrado. Es abundante y constante la doctrina de la Iglesia sobre la vida humana, su inviolabilidad, preservación y cuidados.

Propuestas

  • La alternativa a la eutanasia activa o al suicidio asistido que busca evitar el dolor y otros sufrimientos al enfermo es el desarrollo de los cuidados paliativos. Estos son todos aquellos procedimientos médicos o terapéuticos y el uso de los recursos para la asistencia a los pacientes, sea en su casa o en centros hospitalarios o en clínicas especializadas en este tipo de cuidados, que tienen como objetivo no interrumpir su existencia con la muerte sino darle calidad de vida al enfermo durante toda su enfermedad, pero muy especialmente en su etapa más dolorosa, angustiante y en su estado terminal irreversible.
  • Las leyes deberían garantizar la formación del personal sanitario, la disponibilidad de los recursos y tecnologías, la creación de salas o clínicas especializadas en cuidados paliativos y la posibilidad de acercar esos cuidados paliativos a los hogares de los pacientes.
  • Cuba no debe aprobar la eutanasia en ninguna de sus formas. En un país donde la falta de medicamentos y recursos de todo tipo en el área de salud, y en todas las esferas del país, no debe abrirle la puerta al facilismo, al descarte de seres humanos, a la muerte. Es mucha la tentación de acudir a la eutanasia para “ahorrar” recursos o para hacer una selección negativa para eliminar a los que ya “no tienen remedio”. Esto es deshumanizar y criminalizar la salud en Cuba.
  • Las autoridades deberían rectificar el destino de los paupérrimos recursos de que dispone la economía cubana y, en lugar de priorizar la construcción de hoteles, la organización de cumbres y eventos, la esfera militar o la represión, debería asignar más recursos de su presupuesto al sector de la salud en general, y en este caso específico, al desarrollo de los cuidados paliativos en centros especializados, salas de hospitales y en las casas de los pacientes.
  • Vivir dignamente y morir con dignidad es que cada cubano pueda tener alimentación, salud, trabajo y salario dignos, educación, hogar, recursos suficientes para su desarrollo y disfrute de su existencia, así como poder contar con los cuidados paliativos personalizados que hagan del último tramo de la vida, no un cadalso sino un tránsito natural, humanizado, sin sufrimientos y sin angustia para los cuidadores. Vivir y morir naturalmente, cuidado, acompañado y preservado, es la única forma digna de vivir y de morir.

Demos un sí a la vida y un no rotundo a la muerte provocada en cualquiera de sus formas.

Hasta el próximo lunes, si Dios quiere.

(Publicado originalmente en Centro de Estudios Convivencia).

Dagoberto Valdés Hernández

Dagoberto Valdés.

(Pinar del Río, 1955). Ingeniero agrónomo. Trabajó como yagüero (recolección de hojas de palma real) durante 10 años. Dirigió el Centro Cívico y la revista Vitral desde su fundación en 1993 hasta 2007. Fue miembro del Pontificio Consejo “Justicia y Paz” desde 1999 hasta 2006. Es miembro fundador del Consejo de Redacción de Convivencia y su Director. Premios: “Jan Karski al Valor y la Compasión” 2004, “Tolerancia Plus” 2007, A la Perseverancia “Nuestra Voz” 2011 y Premio Patmos 2017. Reside en Pinar del Río.

 

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