Poesía cubana | Bestiario

"Ponle alas al cerdo, / margaritas y dalias, / llénalo de sandalias, / escúlpelo con cuernos..."

Muchacho gritando mientras su imagen de difumina en colores.
"Bestiario". | Imagen: Árbol Invertido

Infinitos cangrejos dan...

Eliseo Diego

1

El esplendor del gato

reside en siete sílabas

mágicas que ensalivan

su piel de rato en rato.

Su lengua, recio trapo

con espinas de pez,

ansía lo que no ve:

pues el gato en lo ignoto

de ese esplendor remoto

del Alimento es juez.

2

¿El gallo fue antes del tiempo

o el tiempo despertó al gallo?

Trueno que anticipa al rayo

con un magnífico estruendo.

¿A quién invoca violento

el ruido de tu garganta?

¿Qué majestad se levanta

de la rección de tu cresta

volviendo la luz protesta

que las tinieblas espanta?

3

El ojo del buey me mira

sin pericia y sin asombro

cuando atravieso el escombro

y voy llegando a la pira.

Todo hombre es la mentira (1)

que el buey en su parsimonia

descifra, como antinomia

de respiración pesada,

certidumbre que es mascada

con qué humilde ceremonia.

(1) Omnis homo mendas.

4

El Behemot y el Leviatán

son una misma criatura.

uno remueve el fango agreste,

otro destila el agua oscura.

Todo hombre es Job y por su hechura

comienza a ser bacín o jarro

del mismo fuego de aquel barro

que halló el Creador en el sendero.

Su ojo en el tropezadero

como un sol quiebra los guijarros.

5

Contra el mal que nubla el día

de los hombres, su figura

perdida en la calle dura

que fricciona la utopía,

disperso en una jauría

de voces, en una cuadra

donde la pobreza labra

su cólera cotidiana

por palacios de obsidiana:

ladra, perro, ladra, ¡ladra!

6

Salta, mono, sobre el mundo,

haz lo tuyo, mono avieso,

solitario mono, exceso

que cabe en sólo un segundo.

mono de Dios, Segismundo

de tus cadenas cargado,

ven, reposa en mi costado

de trashumantes hombrías

que yo haré tus monerías,

sempiterno enamorado.

7

La araña es una criatura

del milanés Arcimboldo:

construye en su cuerpo un toldo

de fantástica mixtura.

Ojo a la araña que es pura

consagración del vacío,

llevando a cuesta los ríos

de plata donde el insecto

sucumbe ante el arquitecto

corrector del albedrío.

8

Entre los muros de mi casa

que el tiempo arruina con destajo,

crecen las grietas y los gajos

de algún arbusto en la terraza.

La luz de luna de la plaza

se filtra en ellos refulgente

y en el murmullo de la gente

se oye una voz estremecida.

Como un denuedo de la vida

pasa silbando la serpiente.

9

Hoy voy a hablar de las hormigas,

que no conocen el cansancio,

esas invictas enemigas

del fuego griego y el dios rancio.

Monoteístas de Bizancio

en los altares de la mesa,

cuán delicada fortaleza

hecha de migas para el horno.

Ir y venir, siempre en retorno,

pues el infierno es la pereza.

10

Los pájaros de San Francisco

son pájaros atolondrados

picando alegres los costados

de Prometeo y Jesucristo.

Para mi gusto, el basilisco

que nos congela en la mirada.

Reptil y ave no son nada

en unos ojos de escafandra:

tu lento nombre, salamandra

del agua en llamas escapada.

11

El sapo es un sucedáneo

del sumerio Gilgamesh.

Respira el sapo al revés,

en un gesto que instantáneo

lo usual convierte en foráneo.

Se hincha el sapo hasta la altura

de su enigmática holgura

y alcanza a tocar su piel

de nervios como un papel

que el canto vuelve escritura.

12

Relumbra el caballo sucio

de aguachales y de arena,

el sol va a morir abstruso

en su pecho de carenas.

En su crin las sogas vuelan

liberándole la frente

y anuncia la boca dientes

de una épica fatiga,

bramando su fiel cantiga

con un sudor de aguardiente.

13

La paloma blanca arrulla

en la tarde de los grillos,

mientras aún baja la luna

pinta el cielo de amarillo.

Las estrellas que murmuran

se encienden como las yescas.

Huele a pan y a rosa fresca,

bruñen quemadas las lomas

y miríadas de palomas

harán que el mundo anochezca.

14

Tigre de Blake (2), simetría

terrible como la noche,

¿quién restalló en ti esos ocres

fraguados en agua fría?

¿A qué mortal desafías

con tus rayas y tus garras?

¿Quién pensó la cimitarra

de tu cuerpo, quién tus ojos

colmó de un sanguíneo enojo

desbordándose en las jarras?

(2) “The Tiger”: William Blake.

15

Cemí, mulo del abismo (3)

desenredando fracasos,

un árbol lleno de brazos

encaja tu cruel mutismo.

Sísifo austero, tú mismo

prolongándote en la cuesta,

tu espalda siempre dispuesta

a cargar a contrapelo

la pesadez de los cielos

como una angustiosa siesta.

(3) “Rapsodia para el mulo”: José Lezama Lima.

16

Hierve en su cáscara de hueso,

fruto del mar sin una gota

de sal o aceite en el proceso.

Aspira el humo de las notas

del restorán frente a la playa.

En su joroba lento ensaya

junto a los ajos y los quesos

aquel fragor de la batalla

del fideuá y el minestrone,

sopa de babas que Dios come.

17

¿Quién pudiera junto a ti

revolcarse en ese fango

como un agorero caldo

de la creación y el hachís?

Hipopótamo de anís,

corpulenta poesía

insuflada de la herida

en las manos al formarte,

curvatura que en ti es arte,

abultada ingeniería.

18

Ponle alas al cerdo,

margaritas y dalias,

llénalo de sandalias,

escúlpelo con cuernos.

El cerdo nunca es cuerdo.

Capitán de inmundicias,

soberano del lodo,

soberbio Quasimodo

de epicúrea sonrisa.

Ponle alas al cerdo.

19

El nerudiano conejo

se cansó de la consulta

donde aquel judío apunta

mitologías y complejos.

El conejo está perplejo

de tanta confusa liebre

dándole abrigo en la nieve.

Manchadas de anaranjadas

zanahorias en relieve,

sus orejas sexuadas.

20

León del tiempo embotado(4),

ruges y ruges en runas

sánscritas como aceitunas

y diamantes triturados.

San Pablo te ha bautizado

con Diana de los efesios

y te has rendido confeso

ante el rey de los mendigos,

has roto al fin los postigos

donde el sueño te hizo preso.

(4) Devouring Time, blunt thou the lion’s paws…: William Shakespeare.

21

El huracán y el azúcar

le ponen ojos a Argos

y el viento sopla en letargo

arrancándolos cual frutas.

No junio, Juno disputa

las perlas de su mirada

por su ancha cola extraviada:

azules, verdes, total

color del pavo real

que da realidad a la nada.

22

Rumia, come, bala, duerme,

rompe el sueño de marfil,

déjate querer alfil,

pisa los suelos inermes.

Trompas y cuernos dementes

como un aviso delante

que al hombre dejan sobrante.

Durero en tierra cubana

te aguardaré en mi sabana,

rinoceronte, elefante.

23

Las abejas a la miel

de la materia beuysiana,

hexágonos por ventanas

de un inmóvil carrusel.

Ámbar que espurio cincel

corta a trozos en la boca.

Embalsamado en la roca

va hacia el dulzor del café,

jeroglifo y ajedrez

que las bacterias apoca.

24

El cangrejo muerto está.

El río dorado sube

hasta abrazarse a la nube

turbia que cae sobre el mar.

La espuma oscura se va

y choca contra los riscos.

Infinitos obeliscos

se elevan como la sal.

De arena y huesos el nicho,

el cangrejo muerto está.

25

Déjame abierta la herida,

que sangre en el contrapunto,

que no se apague un segundo

el fósforo de la vida.

Por la estancia prometida

fíjame rumbos y alas,

que me fulminen las balas

pero siempre resucite,

ave fénix del convite

incendiando las escalas.

Mario Félix Ramírez
Mario Ramírez

(Camagüey, Cuba, 1994). Poeta, editor y periodista independiente. Graduado de Ingeniería en Telecomunicaciones y Electrónica por la Universidad Central de Las Villas, en 2018. Ha publicado el libro de poemas Corolarios (Ediciones Homagno, 2019) y la investigación Un cuarto de siglo con Martí: La Peña del Júcaro 1995-2020 (edición conjunta Grupo Ánima-Homagno). Es editor en Homagno y de la revista La Hora de Cuba. Colabora como redactor en las revistas Árbol Invertido y Alas Tensas.

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