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Opinión | El oscuro esplendor de los días

"Si no fuera tan evidente el deterioro de la imagen que ahora mismo tiene el castrismo en el mundo, muchos creerían las palabras del dictador de turno. Pero hay un quiebre demasiado evidente y una realidad imposible de ocultar."

Cubano cocinando en medio de un apagón nocturno. Foto de Reuters.
Cubano cocinando en medio de un apagón nocturno. Foto de Reuters.

Nos robaron la luz, la paz, la familia, los derechos más arraigados en nosotros, el sabor de la alegría. Con el disfraz del progresismo y el amor a la patria, los políticos se mueven como insectos enormes por esta enferma nación. Los conocemos por la locuacidad de un discurso poblado de frases comunes y una falsa promesa de emancipación. 

La cuerda aprieta cada vez con mayor fortaleza nuestro cuello y ya falta poco para la asfixia total. Este país es un pedazo de tristeza, un fantasma errante por su propia memoria. ¿Quién lo hubiera pensado? Caer de forma tan estrepitosa tiene un sabor amargo, muy amargo. Ahora lo padecemos a un nivel difícil de medir. Reducidos a esperar las dos horas de electricidad diarias, a veces después de 48 horas o más, es una tarea para inmortales cada intento de trabajar o dejar a un lado centenares de proyectos, miles de palabras por levantar del suelo la ya irreconocible bandera de la prosperidad. 

La depresión se afianza en el entorno familiar y comienza a arrancar con una fuerza descomunal la poca paz que alguna vez fue un elemento de nuestro agreste paisaje. Sin posibilidad de salvación, lejos de toda lógica, como llegados al final de un inmenso laberinto, nos percatamos de la caída del último bastión: la cordura. 

La cordura como último bastión

En mi barrio abundan los extraviados habitantes del presente infeliz. Gritan sus penas a todo pulmón y nadie los escucha. Locos de barrios pobres, hijos de un sistema que pretende evitar, esconder como basura debajo de la alfombra. Mientras las culpas pasan veloces sobre nuestras cabezas, los descartes entonan el himno incómodo de la desesperación. Llegará el invierno y el país proseguirá su descomposición, según su propio cronograma. Vendrán los mismos a declarar lo mismo, escudados en leyes creadas para despejar supuestos obstáculos. Vendrán los mismos a profanar con más firmeza la libertad mediante artilugios y falsos trinos. 

Menudo país este, condenado por partida doble a soportar guerras y pactos en los que no cabe este pueblo. Detrás de todo fin debería estar el protagonista de esta infinita tragedia, mal escrita y peor representada. Sin embargo, todo parece permanecer suspendido en el aire, quizás a la espera de algún suceso extraordinario. Pero lo cierto es que la vida se va por la cañería llevándose hasta el fondo almas en pena, residuos de un tiempo en extremo letal. 

Imagen del Che Guevara en una barbería en ruinas.
"El zaguán del peladero". | Imagen: Humberto San Pedro

Descubrir las manchas de Europa no nos hará soportar la tribulación de un año que supera con creces cualquier comparación. El nivel de las aguas, dígase opresión, miseria y devastación, sobrepasa nuestro cuello. Lo saben quienes se atrincheran aquí, en un desesperado intento de supervivencia. Lo saben también los adversarios del régimen. Cuba es la fruta madura, capricho de ambos mientras por acá la muerte engorda como una bestia en el Coliseo de Roma. 

Un país a la deriva

Hoy pasan los vencidos por mi barrio. Los escucho gritar ante el silencio permanente de todos. Es normal que así sea. No entenderán el horror que los domina y los lleva cautivos. La realidad supera la ficción si se experimenta desde el calor y el hambre de la cotidianidad. Sostener la calma parece un ejercicio burlesco cuando veo andar la mancha creciente detrás de ellos. Se necesita más que fuerza para no ser arrastrados por los olvidados espectros, heridos de sombra y escarnio. 

Lo peor de este calvario es la radicalización del dolor, la entronización de la derrota en el pensamiento, lo cual demuestra con creces el deterioro de los valores que antiguamente reinaban en Cuba. Se perdió la brújula y, con ella, la vergüenza y el sentido de responsabilidad. Olvidarse del pueblo es la mayor de las traiciones. Dejarlo a la deriva y desprenderse de toda responsabilidad es un acto de cobardía. 

Dos cubanos con barba y boinas.
"A sus órdenes". | Imagen: Humberto San Pedro

Del triunfalismo inoculado por Fidel Castro se ha caído en el más bochornoso victimismo. Les es propicio reclamar y asumir el daño de un embargo que poco a poco les cierra las secretas puertas a sus negocios. Salen a la luz el interior, la vida de lujos y las manipulaciones de las familias intocables. Como quienes se reparten el botín, los hijos y nietos disponen de un imponente caudal financiero que contrasta con la miserable economía de los cubanos. 

Los privilegios de los intocables

Ahora (siempre) se reparten becas, viajes y premios a un segmento escogido por el régimen. Lo que todos sabemos es un hecho consumado. Mientras las familias enfrentan, en asimétrico combate, los golpes del hambre y la desesperación por no encontrar una salida digna a sus necesidades básicas, voceros de la dictadura reciben como pago por sus aborrecibles servicios, cargos políticos y ofertas de superación académica. Tal es el caso de Gabriela Fernández, guionista y presentadora de Con Filo, brazo audiovisual que legitima la represión de la dictadura. Quién iba a pensar que semejante personaje andaría por México cursando una maestría en derechos humanos. El chiste se cuenta solo. 

Sale a luz la acusación a Raúl Castro desde un tribunal de Florida como responsable de la muerte de los cuatro pilotos de Hermanos al Rescate, en 1996. Desde los muros del régimen, la respuesta es una ciega defensa en voz del impopular Miguel Díaz-Canel, quizás con la intención de demostrar que el barco todavía flota. Supone el esposo de Lis Cuesta que, después de las elecciones de medio término en Estados Unidos, el Partido Republicano apenas podrá gobernar. Son simples especulaciones. 

Fiscal de Florida advierte de las consecuencias de la orden de arresto contra Raúl Castro (19 de octubre de 2026).

Si no fuera tan evidente el deterioro de la imagen que ahora mismo tiene el castrismo en el mundo, muchos creerían las palabras del dictador de turno. Pero hay un quiebre demasiado evidente y una realidad imposible de ocultar. Quienes desde el exterior defienden el proceso revolucionario cubano deberían caminar por nuestras oscurecidas calles y preguntar. Será un único viaje, pero derribará de una vez el mito de isla de la libertad. Conocerán de primera mano la feroz campaña de represión contra los inconformes y hastiados hijos de esta explotada república. 

La represión contra la verdad

Se ha desatado una persecución contra varios periodistas independientes. El más cercano es el caso de Henry Constantin, director de La Hora de Cuba, víctima de una sucia campaña por parte de la Seguridad del Estado. Hasta el extremo de trasladarlo a una celda de castigo bajo la acusación de haberle encontrado un cuchillo entre sus pertenencias. El actuar de los cancerberos parece copiado de las páginas de Archipiélago Gulag, escritas desde el dolor por Aleksandr Solzhenitsyn.  

Existe una desesperada embestida del poder contra la verdad, contra el latido de la calle. La orden dada desde el Comité Central del Partido Comunista es amordazar el estado de opinión de la ciudadanía. Quieren dispersar hasta la total desaparición la voz acusadora de los cubanos. El estado fallido no admite ser desenmascarado. Por eso ataca e instaura un desafiante modelo con leyes y normas creadas para perpetuarse. 

En pleno siglo XXI se exhibe como logro la inauguración de una cocina de leña en la Universidad de Oriente. "Nunca segundas partes fueron buenas", escribió Miguel de Cervantes. Los sobrevivientes del Período Especial vemos con ojos cansados la presentación de la saga cuyos personajes se parecen demasiado a los originales. La diferencia, tal vez demasiado visible, es que, de este lado de la pantalla, conocemos el indolente y trágico final. 

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Thomas B.

Thomas B.

Seudónimo de autor cubano, residente en Cuba, que por motivos de seguridad prefiere mantener el anonimato.

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