El 31 de mayo de 2026, Colombia elegirá entre varios candidatos al próximo presidente de ese país suramericano. Históricamente, uno de los más fuertes aliados de Estados Unidos en la región, la nación cafetalera se distanció de Washington bajo el mandato del exguerrillero Gustavo Petro a partir de 2022.
Petro, el alborotador
Con un discurso antiimperialista digno de la década de 1960 y de panfletos castristas, Petro llegó a convocar hace unos meses a las fuerzas armadas estadounidenses, en medio de Nueva York, a rebelarse contra su comandante en jefe, Donald Trump. El show le duró poco, pues la administración revocó su visado, y en febrero se le concedió un permiso temporal de ingreso para una reunión en la Casa Blanca, en un intento por recomponer las relaciones bilaterales.
Ahora que Petro se irá, su candidato para las elecciones presidenciales es Iván Cepeda Castro. Un hombre más inteligente que el actual presidente, pero muy cercano en antiamericanismo, además del apoyo a la ideología de género y al cambio narrativo que blanquearía a la izquierda terrorista que ha desangrado a Colombia por décadas.
A menos de un mes de la primera vuelta presidencial, una encuesta de intención de voto de la revista Cambio lo pone a la cabeza, con el 37,2 %. Luego, un 20,4 % votaría por el conservador Abelardo De la Espriella, mientras en un tercer puesto se encontraría la centrista Paloma Valencia con una intención de voto del 15,6 %.
Una encuesta de Invamer, a finales de abril, delineaba el mismo podio, aunque ubicó a Cepeda con un 44,3 %, a De la Espriella con 21,5 % y a Valencia con el 19,8 %.
De cualquier modo, ninguno de los candidatos superaría el 50 % de los votos necesario para ganar la silla presidencial en primera vuelta.
Aunque Fidel Castro y Cepeda Castro no están relacionados sanguíneamente, en cuanto a ideología tienen más de una cosa en común. Ambos aman el estatismo y detestan el libre mercado económico y de ideas.
Iván Cepeda: Castro de vocación
Cepeda Castro nació en Bogotá en 1962, pero sus estudios de pregrado en filosofía los hizo en el bloque comunista de Europa del Este, en la Universidad San Clemente de Ohrid de Sofía, capital de Bulgaria.
Contrario a De la Espriella, no es un outsider. Fue senador de 2014 a 2022, y durante cuatro de esos años fue facilitador de los diálogos entre el Gobierno y el grupo guerrillero marxista Ejército de Liberación Nacional, aún activo y con el control de parte del tráfico de drogas.
Fue fundador y vocero del Movimiento Nacional de Víctimas de Crímenes de Estado (Movice), organización nacida, según la web de su campaña, con el fin de:
"Agrupar a miles de familiares de víctimas de crímenes contra la humanidad perpetrados por agentes e instituciones estatales."
Es decir, Movice no busca una verdad completa del conflicto interno colombiano, sino el ascenso de una narrativa que presenta a la izquierda solo como víctima, nunca como causante de la violencia, que se extiende desde los años sesenta.
Movice aboga por una reforma agraria que "democratice la propiedad de la tierra". Este asunto podría recibir un impulso si Cepeda Castro llega a la presidencia. Su jefe político actual, Petro, volvió a llevarla a la Cámara de Representantes, vendida por la izquierda como una iniciativa clave para "transformar el campo", lograr la "justicia agraria" o "resolver conflictos históricos por la tierra".
No obstante, ese modelo ya ha mostrado malos resultados en otros países vecinos.
"Cada cuatro años reaparecen disfrazados de salvadores"
En Cuba, hasta simpatizantes del castrismo como Jacques Chonchol, asesor de la ONU en el Instituto Nacional de Reforma Agraria de 1959 a 1961, alertó sobre la falta de incentivo productivo para más de 150 mil pequeños empresarios (con menos de cinco caballerías). El resultado hoy es una isla sin su otrora exitosa industria ganadera y con un 18 % de tierra cultivable plagada de marabú.
El peligro de una continuidad del petrismo en Colombia apunta alto. Por eso figuras como Valencia y De la Espriella son las mejores opciones para el progreso económico y social de la nación. Especialmente, De la Espriella, ha desnudado la corrupción de la casta política a la que llama "los de siempre".
Esos que "convirtieron la política en un negocio rentable, diseñado para vivir del erario con comodidad y sin resultados", dijo en una reciente columna el empresario Indalecio Dangond B. para el influyente diario El Espectador:
"Cada cuatro años reaparecen disfrazados de salvadores, no para transformar nada, sino para renegociar su permanencia en el sistema. No disputan elecciones por convicción, sino por cálculo."
La unidad de la derecha en el actual escenario hacia las presidenciales colombianas sería un modo certero de frenar el radicalismo de Cepeda Castro.
Una fuente que actualmente hace lobby para lograr la unidad de Valencia y De La Espriella, declaró para este artículo en condición de anonimato, que Colombia está "al borde del precipicio" y estimó:
"Con elecciones a fin de mes y dos conservadores dividiéndose el voto cristiano, seguramente el candidato del oficialismo irá a segunda vuelta."
Apuntó además que es vital:
"Trabajar con los protagonistas de la derecha para asegurar que se unan para la segunda vuelta y así derrotar el continuismo del presidente y exguerrillero Petro."
¿Habrá unidad o tendrá Colombia otro Castro?
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