El regreso de una cubana a las ruinas de Sanguily 1, en Ciego de Ávila, revive la memoria de toda una generación marcada por las escuelas al campo. El video muestra no solo el deterioro extremo de uno de aquellos antiguos preuniversitarios en el campo, sino también el golpe emocional de volver a un lugar donde quedaron atrapados fragmentos de adolescencia, afectos y recuerdos que sobreviven, aún entre escombros, paredes manchadas y techos vencidos por el abandono.
El video muestra el recorrido realizado en abril de 2026 por las instalaciones destruidas la escuela en la que la mujer dice haber trabajado. Como se ve en las imágenes, avanza por salones y pasillos vacíos mientras reconoce huellas de su paso por el lugar y dice:
"Voy a ver, que aquí yo pinté un cuadro."
Más adelante, al detenerse ante uno de los dibujos que aún permanecen en la pared, comenta:
"Mira, todavía está la fruta, qué nostalgia. Todo eso lo pinté yo, mi gente, cuando trabajaba aquí."
El deterioro del edificio contrasta con la persistencia inesperada de esas pequeñas marcas personales. Las imágenes muestran también el antiguo comedor y otras áreas reducidas a ruinas, pero todavía cargadas de sentido para quien las recorre. Mientras enfoca las paredes, los murales y los espacios devastados, descubre un letrero de "Bienvenidos" decorado con un jarrón de flores, y dice:
"Esto era el comedor. Dios, qué nostalgia, mira esto, todavía están las flores, qué 'cheas'. Cuando aquello estaba comenzando a pintar."
El video convierte así el abandono de Sanguily 1 en algo más que una escena de ruina material: en la prueba de que, bajo los restos de aquel modelo impuesto a miles de adolescentes cubanos, siguen latiendo la memoria, la pérdida y una emoción que el paso del tiempo no ha borrado.