Vidas | Peldaños de fe en el infierno (II)

"La libertad cuelga de un delicado hilo, y la soga siempre se rompe por su parte más débil”: así amenazó la Seguridad del Estado al doctor Naranjo. 

El doctor Naranjo junto a su esposa.
El doctor Naranjo junto a su esposa. | Imagen: Cortesía del entrevistado

La exportación de servicios de salud, en condiciones de semiesclavitud, reporta a Cuba grandes dividendos. Según el Observatorio Cubano de Derechos Humanos y la ONG Prisoners Defenders, el régimen retiene entre el 75 y el 90 por ciento del salario de los médicos pactado con los clientes, por lo general, otros Estados. De ahí el interés por enviar a profesionales de la salud allende mares, pescando divisas fuertes para la débil economía socialista. 

“En marzo el 2005”, afirma Edrinson Naranjo, “trabajando como Médico Intensivista en la Terapia intensiva municipal de Centro Habana vuelven a imponerme una salida de misión internacionalista. Ante mi negativa habitual, la Directora de Salud Municipal, Gisela Frías, me amenaza públicamente con despedirme si me niego y alega que iba a cerrar la unidad de Terapia”.

Contó que ante esa “precisa”, la población que recibía servicios allí se quejó, ofreció resistencia y “no fuimos removidos de nuestro puesto laboral”.

En 2007 Naranjo tuvo un enfrentamiento con el entonces Presidente de la Asamblea Provincial del Poder Popular en La Habana, Juan Contino Aslán. En una reunión con trabajadores del centro intensivista repitió la consigna política en boga: “hacer más con menos”.

El pecado del doctor fue explicar a viva voz ante los presentes y el funcionario que estaban sobrecargados, haciendo el trabajo de los que habían salido de misión, y que aún no había aumento de salario ni pagaban guardias médicas u horas extra. Al parecer no hubo consecuencias mayores, pero se sumaba una gota más al vaso rebosante de enojos contra Naranjo.

Al año siguiente fue precisado por la directora del centro intensivista, Miosotis Galarraga, para pagar la cuota financiera de las Milicias de Tropas Territoriales (MTT) y “para dar mi nombre como jefe de departamento que encabezaría las Brigadas de Respuesta Rápida (BRR)”. Tanto las MTT como las BRR, son grupos paramilitares que amedrentan a la disidencia externa e interna. Las segundas son especialmente conocidas por su brutalidad.

Edrinson Naranjo y su esposa.
Edrinson Naranjo y su esposa.

“Las organizan en los centros laborales para reprimir y golpear a ciudadanos que protestan pacíficamente por cambios, como las famosas Damas de Blanco, movimiento ciudadano cubano que reúne a esposas y otros familiares de presos políticos”.

Naranjo respondió que era evangélico, practicante de la doctrina de Cristo, y nada tenía que ver con la política del gobierno. “Nunca milité ni militaría en ese bando, iba en contra de mis creencias religiosas, menos financiaría esos movimientos o participaría en actos contra ciudadanos que protestaban en legítimo derecho”.

La respuesta fue la destitución como jefe de la Unidad de Cuidados Intensivos, y pasó a Médico del Servicio de Urgencias, “por no ser confiable”.

Ese mismo 2008 el gobierno decide recortar el consumo energético para un mayor ahorro de recursos a nivel nacional. “Se desplegó una cacería de brujas, obligando a los trabajadores a laborar sin aire acondicionado, con luces apagadas e imponiendo descomunales multas si se incumplía esto”, relató Naranjo. La Unidad de Terapia Intensiva en la cual laboraba no escapó de la nueva realidad. 

“Contra Otto Rivero, un personaje célebre de la dictadura, que dirigió el poderoso programa de la Batalla de Ideas, choqué al negarme a cumplir esas medidas por el bien de los pacientes ingresados y nuestra propia salud”, siguió Naranjo. “En represalia, ordenó el cierre de la Unidad por tres meses y sus médicos estuvimos sujetos a investigación por posibles posturas contrarrevolucionarias”.

Ese tiempo halló en la docencia algo de calma, como profesor principal de Medicina Interna de la Facultad Calixto García.

Dijeron que el país estaba en crisis, pero que seríamos redistribuidos.

2013 llegaría, sin embargo, con noticias poco halagüeñas para varios doctores presentes. “Los dirigentes sindicales nos reunieron para pedir que entendiéramos la ‘necesidad’ que tenía el Estado de ‘prescindir’ de algunos de nosotros. Dijeron que el país estaba en crisis, pero que seríamos redistribuidos”.

Naranjo se puso de pie. Soltó que si los líderes sindicales de la historia cubana resucitaban morirían del insulto, porque era la primera vez en la historia que un líder sindical se reunía con los obreros a pedir que entendieran al empleador que los iba a despedir.

“La reunión no terminó bien”, narró. A los pocos días, dos agentes del Ministerio del Interior visitaron el Comité de Defensa de la Revolución (CDR) de mi vecindario preguntando por nosotros. Que por cuál razón vivíamos en una casa tan grande y linda si éramos solamente cinco personas, que cómo habíamos obtenido la casa, que era un desperdicio una casa que la Revolución podía disponer para una escuela o un círculo infantil, en manos de unos contrarrevolucionarios como nosotros”.

Dice Naranjo que, temerosos, vendieron la casa y compraron otra en un reparto lejos de donde mi esposa nació y él mismo había vivido por una década.

La ruptura definitiva

Ocurrió en 2015. Un anciano obeso sacó su cama para el medio del céntrico Parque Maceo, frente al hospital Hermanos Ameijeiras. Se acostó en señal de protesta por las malas condiciones de vida, hasta que fue llevado a la Sala de terapia, donde encargaron a Naranjo a revisar el caso.

“Tras varios exámenes, llegué a la conclusión de que no tenía ninguna condición que ameritara su ingreso”, relató. Pero en ese momento hizo su entrada la Directora municipal de Salud Pública, Gisela Frías, acompañada de la directora del centro, Miosotis Galarraga, quienes ordenaban canalizar una vena y sedar al paciente”.

Ambas funcionarias mantenían que el anciano no podía salir de terapia, que “las autoridades del gobierno” así lo disponían, y que era responsabilidad de Naranjo. El doctor ripostó que no era policía y que el paciente no estaba preso. Claramente las autoridades pretendían usar el hospital como centro de reclusión y a personal médico como carcelero.

Minutos más tarde unos señores de muy mal aspecto solicitaron verme. Se identificaron como capitanes del G2, el Departamento de Seguridad del Estado: el capitán Alberto y el capitán Rodríguez. Me reiteraron que era necesario cooperar, que sedara al paciente y ellos se ocuparían del resto”, recordó.

Naranjo argumentó que el hombre estaba sano y no tenía criterios para sedación. “Me lanzaron una mirada riéndose y dijeron ‘usted sabe’ y se despidieron. Le comenté al paciente que su vida, en mi criterio, peligraba y decidí darle da alta”.

Al rato entraron a la sala Frías, Galarraga y los agentes, cuestionando la decisión y prometiendo que vendrían consecuencias. “Al mes exacto me sacaron de la Unidad de Terapia Intensiva y me pusieron a trabajar junto a los médicos castigados porque se iban del país. Al próximo mes me sacaron para un consultorio a trabajar como médico general”, dijo. Semanas después le comunicaron que no había dónde ubicarlo y lo pusieron “a disposición municipal, una modalidad de despido que usan contra los médicos incómodos”. Según Naranjo, le negaron su expediente profesional.

Tras buscar empleo en diferentes hospitales, y no ser aceptado, no le quedó otra opción que trabajar por cuenta propia como profesor repasador, y en un spa.

“La ola de persecución se extendió a mi familia”, lamentó Naranjo. “Al poco tiempo las autoridades comenzaron a imponer multas arbitrarias a la cafetería de mis padres, obligándoles a cerrarlo, siendo este su único sustento”.

Por otro lado, Naranjo considera que su hermano, Roy Anderson, también sufrió los ataques. Por años había navegado como oficial de la marina mercante cubana, pero luego de unas vacaciones le impidieron reincorporarse a su tripulación sin ningún argumento. “Era el único oficial joven de la naviera estatal sin una marca en toda su trayectoria”, rememoró Naranjo. Luego de un año de investigaciones y sin obtener respuestas, llegó a sus oídos que estaba bajo investigación por parte de la  Seguridad del Estado, porque yo administraba sus bienes, casa, carro y atendía a su familia en su ausencia”.

Ante la imposibilidad de encontrar empleo en Cuba, y con el peso de la persecución de los órganos represores del país, Roy Anderson logró escapar de la isla con su familia y poco tiempo después su padre le siguió.

“A mi esposa, concertista de la Banda Nacional de Conciertos, la relegaron a niveles inferiores a pesar de su buen desempeño”, afirmó Naranjo. “A mi hijo en reiteradas ocasiones le preguntaban en la escuela sobre sus padres, que qué estaban haciendo, cómo les iba en la iglesia”.

En 2016 y 2017 Naranjo fue impedido de renovar su pasaporte para viajar a congresos de cosmetología a los que había sido invitado en México. En 2018, luego de otorgársele una visa de turismo por varios años a México, aun así el Ministerio del Interior y el de Salud Pública, deciden regularlo, es decir, negarle la posibilidad de salir de la isla.

“A pesar de haberme despedido, estaba catalogado como personal indispensable para la salud pública cubana”, contó. “Tras más de seis meses de lucha, me autorizaron a renovar mi pasaporte para viajar”.

Amenazas familiares

Naranjo vivió cómo en 2020, en medio de la pandemia de COVID-19, el Estado cubano cerró iglesias, negocios particulares, y estableció una reclusión obligatoria para sus habitantes. “Este fue el momento que tanto había esperado la tiranía para cerrar templos, viviendas destinadas al culto a Dios, y atacar directamente a gran cantidad de líderes religiosos en todo el país y también seminaristas católicos, bajo el argumento de propagación de epidemias, imponiendo cuantiosas multas”.

En medio de este convulso escenario, comenzamos a transmitir nuestras enseñanzas por redes sociales. Grabamos un programa llamado Impacto, para la familia cristiana, y otro dirigido a jóvenes, que llevaba por título Somos Diferentes”. Muchas iglesias empiezan a aprovechar aun más las redes sociales para reunir y organizar a sus fieles. Para Naranjo, esto molestó a las autoridades del país.

“En marzo de 2021, mi hermano Roy, comenzó a transmitir una serie de directas a través de sus redes sociales, para exponer al mundo las causas por las cuales salió huyendo de Cuba con su familia”, dijo Naranjo. Desclasificó importantes asuntos de seguridad marítima del Ministerio del Transporte cubano, expuso fraudes de sus máximos dirigentes y la manera en que los barcos cubanos comercian ilegalmente en el mundo con banderas de otros países, las estafas de sus principales dirigentes y lo más importante, hacia dónde va el dinero que recaudan todas estas operaciones”.

Roy logra contactar a marineros cubanos que también han sido víctimas de la tiranía, transmitió sus testimonios y puso al descubierto la corrupta red mercantil de la marina mercante cubana con sus testaferros en Grecia, a los cuales señaló con nombres y apellidos.

“El 15 de mayo de 2021, a las 7 de la noche, recibí la sorpresiva visita de dos hombres que se identificaron como mayor Alberto y el teniente Wilfredo, de la Seguridad del Estado”, relató Naranjo. “Nos comunican a mí y a mi esposa que era necesario que hiciéramos uso de nuestras redes, para desmentir y desacreditar lo que mi hermano exponía”.

Los militares indicaron que era “algo a lo cual no podían obligar a la familia, pero que en nuestra condición nos convenía, por el bien de todos, en especial por el bien de nuestro hijo que ya estaba creciendo”.

El médico alegó que su hermano era dueño de su persona. “Los oficiales expresaron que es imposible no estar en un bando político, y que nosotros habíamos escogido el bando de los financiados por el imperialismo yanqui”. Naranjo recuerda la sarcástica sonrisa antes de irse y la invitación a reflexionar sobre la propuesta.

Como si de un déjà vu se tratara, el 17 de junio a las 7 de la noche, fueron otra vez visitados por miembros de la Seguridad de Estado. “En esta ocasión el mismo teniente con otro hombre que no se identificó, quienes luego de pasar al portal de nuestra casa preguntaron si ya teníamos una respuesta, que tuvimos tiempo suficiente para pensar y ellos fueron bastante condescendientes con nosotros”, refirió Naranjo.

“La libertad cuelga de un delicado hilo, y la soga siempre se rompe por su parte más débil”, me dijeron.

Cuando el doctor repitió su postura, los agentes lo miraron riendo y comentaron algo como que la libertad cuelga de un delicado hilo, y la soga siempre se rompe por su parte más débil. “Entendí al momento la amenaza en su metáfora, pero luego de unos minutos fueron más directos: que había llegado el momento de tomar la determinación de cooperar con nosotros, por el bien de mi familia y mi hijo”.

En unos meses Danny Gabriel entraba al Servicio Militar Obligatorio, instituido para los varones desde los años 1960. “Allí le estaremos esperando”, recuerda Naranjo que dijeron. “Sabemos que es un buen muchacho, estudioso, que quiere ser médico como usted. Sería una lástima que no llegara a verlo. Nuestros campos de entrenamiento son lugares inhóspitos, los accidentes ocurren a diario y es muy frecuente que algunas balas se escapen en los campos de tiro. Es un lugar peligroso y ahí, no lo podrá proteger, piénselo, hágalo por su hijo”.

Naranjo y su esposa no salían de un asombro aterrador, cuando se levantaron y se fueron. “Entendimos que era momento de huir. En nuestra mente no había otro razonamiento que salir de Cuba, sin vender nada, dejándolo todo para no levantar sospechas, pero no había pasajes para México que era para donde podíamos ir en primera instancia”.

“Era la vida de nuestro hijo la que estaba en juego”, repitió Naranjo. “Optamos por esconderlo, no salir a la calle, mientras resolvíamos los pasajes para huir”.

Crisis y escape

El 11 de julio Naranjo grababa un programa para la iglesia, cuando se enteró. Decenas de ciudades y poblados de Cuba estaban en la calle. Era el estallido social más grande en lo que va de siglo, y los jóvenes y adolescentes eran sus principales protagonistas. 

“No más intentamos salir a la calle para comprobar lo que estaba pasando y un ciudadano vestido de civil bien corpulento que nunca habíamos visto antes nos recomendó que no saliéramos de la casa, y la cuadra donde vivíamos estaba cerrada por carros policiales para que los vecinos no se sumaran a la masa manifestante”, narró.

Como miles de cubanos, Naranjo halló el modo de burlar el apagón de Internet ordenado por el régimen. A través de Facebook conocieron las horrendas imágenes de militares, cuadros profesionales y simpatizantes socialistas apaleaban o amedrentaban a manifestantes pacíficos. “Exteriorizamos nuestra oposición a la orden de ataque de Miguel Díaz Canel, no se puede hablar de guerra ante la represión de un cuerpo de militares armados contra jóvenes indefensos que piden libertad y dimisión de los dictadores gobernantes”, describió. “Hicimos un clamor por la paz y la protección divina sobre los indefensos, algunos la edad de mi hijo”.

El 14 de julio, Danny Gabriel recibió una llamada. Un desconocido le citó, con carácter obligatorio, a su escuela. Naranjo y su familia se extrañaron. Las escuelas permanecían cerradas y el curso escolar detenido por la pandemia.

El doctor Naranjo, su esposa y su hijo.
El doctor Naranjo, su esposa y su hijo.

“Cuando telefoneó a algunos compañeros de aula supo que estaban reclutando a jóvenes de su edad para formar parte de unas brigadas paramilitares para golpear al pueblo que protestara”, descubrió Naranjo. “Se tratan de BRR formadas por niños de 16 a 18 años, que de modo obligatorio eran entrenados para actos barbáricos bajo supervisión y autorización del gobierno”.

Tres días después vuelven a llamar a Danny Gabriel, pero en esa ocasión fue el padre quien atendió. “Era de la escuela, lo citaban al día siguiente para una reunión con motivo del nuevo curso escolar a reiniciarse en breve. Cuando le pregunto a la señora que me hablaba dónde sería, porque la escuela estaba cerrada, contestó que en las afueras de la escuela, negándose en todo momento a revelarme su identidad. Le respondí que mi hijo no iría porque estaba fuera del país”. 

Ese mismo día y los días siguientes Naranjo vio varios videos en Internet de cómo militares violentaban casas llevándose a la fuerza a los jóvenes, para integrar las brigadas paramilitares.  “Aterrados y sin tiempo para reflexionar, el 31 de julio salimos en horas de la madrugada rumbo al Aeropuerto de Varadero, donde tomamos un vuelo a Rusia”.

Una vez en Moscú, estudiaron cómo llegar a México y cruzar fronteras para encontrar refugio en Estados Unidos. “Seis días después tomamos un vuelo hasta Mexicali, por donde atravesamos la frontera y nos entregamos ante las autoridades migratorias estadounidenses”.

Naranjo espera que “en tierras de libertad” se les conceda asilo político, y los escalones al seol castrista parecen terminar y, nuevos escalones se revelan ante él y su familia, esta vez rumbo arriba.          

Yoe Suárez
Yoe Suárez

(La Habana, 1990) Autor de los libros de no ficción La otra isla (Finalista Beca Michael Jacobs 2016 e International Book Latino Award 2019), En esta ribera mi cuerpo (Mención Premio Casa de las Américas 2018), El soplo del demonio. Violencia y pandillerismo en La Habana (2018), llevado al mediometraje documental Punkie. Coordinó Espectros (2016), primera antología de periodismo narrativo cubano. Traducido al inglés y al italiano. Premio de Reportajes Editorial Hypermedia 2017 y  2018. Publicó en Newsweek, Univisión, Vice, El Español. Fue corresponsal del canal estadounidense CBN News. Documentalista. Cuentos suyos fueron llevados al audiovisual, y varios reportajes al cómic en el libro Quiebre de espíritu. Aparece en antologías de poesía y ensayo dentro y fuera de Cuba.

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