La adicción a las drogas, sobre todo entre jóvenes y adolescentes cubanos, es una situación que ha empeorado notablemente en lo que va de 2024. Videos, fotos y otros testimonios en redes sociales muestran los efectos de estas sustancias en los ciudadanos cubanos. Una de estas historias, publicada por el medio oficialista Periódico 26, expone la lucha de un joven de Las Tunas en contra de su adicción.
"Socio, si a ti te gustan las pastillas y eso, seguro le descargas a la talla esta", le dijo un "ambia del barrio" al protagonista de ese trabajo, cuyo nombre no es revelado. Con 13 años, Él ya había probado la carbamazepina, un medicamento usado para controlar ciertos tipos de convulsiones en personas con epilepsia. Lo hizo para conquistar a una "pastillerita" solo un año mayor. "Si el problema para colarse ahí era que le gustaba la carbamazepina", confiesa, "pues había que meterle a la pastilla esa, sin pensarlo demasiado".
No pasó mucho tiempo antes de que conociera el tramadol y la marihuana, sustancias que consumía frecuentemente, tanto solo como junto a la muchacha, de quien terminaría separándose poco después. Luego, pasaría irremediablemente al químico, como le había recomendado su ambia.
"Una noche andaba con dos socios y se desató la locura"
En Cuba, las autoridades han confirmado que jóvenes de 13 años consumen drogas, siendo en ocasiones los 12 años la edad en la que muchos se inician. “En los últimos cuatro o cinco años ha bajado de manera marcada la edad de comienzo del consumo", dijo en televisión Alejandro García, especialista en psiquiatría y salud mental comunitaria.
El chico de la historia, según le contó él mismo a las periodistas Esther De la Cruz y Dayana Menzoney, sufrió episodios traumáticos debido a las drogas. Dos paros cardiorrespiratorios y una embolia, todo eso sin haber cumplido los 18 años. "Lo otro [pastillas y marihuana] lo dejé por mi voluntad, pero el químico, a ese debo soltarlo por las 'torcederas' que da, tengo mucho miedo", le dice Él a sus entrevistadoras, ya ingresado en el Hospital Psiquiátrico de su provincia.
"Una noche andaba con dos socios y se desató la locura". Uno de sus amigos se tiró al piso y "mordió a su propio perro, se fajó con él". El otro caminó 14 cuadras "para atrás, en reversa, como Michael Jackson". Según le cuentan, porque Él no recuerda nada, se quedó sentado, "tranquilito", hasta que recobró la conciencia, ya con un médico enfrente.
Lo vendía todo en la casa. Ropa, zapatos, dinero robado a sus familiares, cualquier cosa le era útil para sostener su adicción. "Yo me metía entre 57 y 58 ['raciones' de químico] diarios y cada uno a 150 pesos. Hagan números de cuánto dinero gastaba en el día". Todo eso duró hasta un día, el de su cumpleaños, cuando se paró frente al Hospital Psiquiátrico, decidido a ingresarse, no sin antes "despedirse" de la sustancia. "Ahí parado, solito, le hice la despedida al quimiquito. Me metí 14 seguidos y dije: ¡arriba, estoy listo! Entonces entré".
"Si te brindan, di que no": todavía hay esperanza
El activista Alberto Turis Betancourt Pérez se manifestó el 4 de septiembre en las calles de La Habana Vieja, con el objetivo de denunciar la existencia de drogas y los problemas de inseguridad que esto provoca en su barrio. "Se venden drogas con total impunidad. A nadie le interesa. La complicidad del régimen es evidente", dijo Turis Betancourt en sus redes sociales.
La situación que llevó a este activista a tomar tal determinación, acaso más mediática por haber ocurrido en la capital, bien pudiera extenderse a todo el país. "La cantidad de muchachitos jóvenes que le están 'dando' al químico en Las Tunas es altísima", confiesa el joven entrevistado, "Lo mismo niñas que niños, de Secundaria Básica, por ahí comienzan, que los he visto yo, nadie me lo ha contado".
Él asegura que saldrá de esta y que nunca más consumirá. Dice ilusionado que ya tiene una "pinchita" medio resuelta para cuando termine su estancia en el hospital. De acuerdo con el texto citado, el joven llevaba 15 días sin consumir drogas al momento de la entrevista, tiempo que pudiera parecernos mínimo, pero, para Él, es una señal bien certera de que todavía hay esperanza.
Está seguro de que "Mejor no empezar" y " Si te brindan, di que no" son, ahora mismo, las máximas que rigen su vida. Al final del artículo, el chico entrevistado deseó que su historia sirviera "para enseñar lo que no se puede hacer". "Es bueno que mi cuento sirva", concluye el joven, "como ejemplo, malo, pero ejemplo al fin".
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