La alarma del teléfono de Maikel Hernández Rubio no deja de sonar todos los días a la misma hora: 4:45 de la mañana. Así ha sido durante las últimas once semanas, desde que cerraron el Hotel Meliá Cayo Coco, donde había trabajado durante los últimos ocho años como dependiente gastronómico.
Aunque está acostumbrado a levantarse temprano, nada funciona igual. Se dirige a la cocina, toma un pequeño jarro de aluminio y, de un cubo de color azul, saca un poco de agua y comienza a cepillarse. Cuando termina de asearse, va hacia el patio y comienza a quitar las lonas que le pone a su carrito de granizados para que el sereno no termine destruyéndolo.
No gana mucho, pero es la manera que ha encontrado para mantenerse y mantener a su esposa y a su hija de tres años. Afirma que el cierre del hotel fue repentino, aunque ya se veía disminuir la ocupación de las habitaciones.
El 3 de junio de 2026, la cadena española Meliá Hotels International anunció, mediante un comunicado oficial, la finalización inmediata de los servicios de gestión, comercialización y cesión de sus marcas en quince hoteles de la isla. La empresa justificó la decisión por el "contexto geopolítico, social, legal y económico" de Cuba, así como por el impacto que esas circunstancias han tenido sobre la seguridad jurídica y la viabilidad de sus operaciones.
En el comunicado, la compañía explicó que la medida había sido informada a los propietarios de los hoteles el 26 de mayo anterior y que respondía a una evaluación continua de riesgos. Además, reconoció que la mayoría de los establecimientos afectados ya estaban cerrados o con una actividad muy limitada debido a la crisis energética y a la caída de la demanda turística, dos factores que han golpeado con fuerza a la principal industria del país.
Trump y las presiones a cadenas hoteleras
Estos movimientos —así como otros adoptados por distintas cadenas hoteleras— están directamente relacionados con la orden ejecutiva del 1 de mayo, firmada por Donald Trump, que contempla la ampliación de las sanciones contra el régimen cubano mediante nuevas restricciones bajo la Ley de Facultades Económicas Internacionales de Emergencia.
Entre las sanciones se halla la imposición de penalizaciones a entidades, personas o afiliados que apoyen al aparato de seguridad del régimen, sean cómplices de corrupción gubernamental o de graves violaciones de derechos humanos, o actúen como agentes o colaboradores del Gobierno cubano, además de sanciones adicionales contra bancos y entidades financieras que faciliten transacciones con los ya sancionados.
La captura de Nicolás Maduro el 3 de enero de 2026 por parte de los Estados Unidos se tradujo para Cuba en el corte inmediato del envío de crudo desde Venezuela. Por esa misma fecha, la administración Trump comenzó una fuerte campaña de presión contra el régimen de La Habana para lograr cambios significativos en lo económico y lo político.
Varias cadenas hoteleras internacionales se retiraron de la administración de hoteles que compartían con el Grupo de Turismo Gaviota, perteneciente al conglomerado militar Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), que controla aproximadamente la mitad de la economía del país, evitando así violar las nuevas regulaciones estadounidenses.
Los empresarios cuyas compañías permanecieran en Cuba corrían el riesgo de perder su visa para viajar a los Estados Unidos y también de que les congelaran sus activos. De igual forma, estas empresas podrían perder el acceso a los bancos estadounidenses, según las restricciones del control de activos en el extranjero de ese país.
Las cadenas hoteleras españolas Meliá e Iberostar, así como la canadiense Blue Diamond y la indonesia Archipiélago Internacional figuran entre las compañías que abandonaron sus negocios con GAESA. Meliá, la mayor operadora internacional en el sector turístico cubano, abandonó quince hoteles.
El turismo cubano en caída libre
Las calles en las ciudades turísticas de Cuba no son las mismas desde hace un tiempo. El turismo, sector al que el régimen cubano ha apostado sus mayores recursos, está en caída. Morón, en la provincia de Ciego de Ávila, que se encuentra entre las ciudades con mayor peso en el turismo, ha experimentado desde 2019 un desplome en el arribo de visitantes, como afirma un especialista del Ministerio de Turismo (MINTUR) que solicitó el anonimato.
Según asegura, Morón fue, después de Cárdenas (Matanzas), el segundo municipio que más creció entre 2002 y 2012 en desarrollo turístico, lo que trajo consigo migración interna en busca de trabajo.
Según datos oficiales de la Oficina Nacional de Estadística e Información de la República de Cuba (ONEI), entre enero y mayo de 2026, Cuba recibió 359.491 visitantes internacionales, cifra que representa una caída del 58,4 % respecto al mismo período del año anterior. Este retroceso se produce en medio de una grave crisis económica, afectaciones energéticas y una considerable reducción de los vuelos comerciales internacionales.
Las cuatro aerolíneas que unían Cuba con Canadá (principal emisor de turistas a Cuba) suspendieron operaciones: Air Canada, WestJet, Sunwing y Air Transat. Lo mismo hicieron las dos aerolíneas rusas Rossiya Airlines (filial del grupo Aeroflot) y Nordwind Airlines, las cuales anunciaron el 11 de febrero que, a partir del día 12, mantendrían vuelos únicamente para la repatriación de los turistas rusos que se encontraban en Cuba.
Morón, un municipio de servicios
La presencia hotelera en los cayos de Morón ocupaba, aproximadamente, a 11 mil trabajadores directos, con un fondo de 11 mil habitaciones: estadísticamente un trabajador por habitación. Según el especialista del turismo, esta proporción se debe a una política del sector: el 70 % de los trabajadores era de Morón. En el territorio se encuentran empresas como Aguas Cayo Coco y la Unión Constructora Militar (UCM). Aunque no pudo precisar una cifra exacta, afirmó que ascienden a varios miles los desempleados.
Lisandra se mudó hace más de doce años a Morón para trabajar como recepcionista en el hotel Tryp Cayo Coco. Habla inglés, francés y un poco de italiano. Estudió cinco años la licenciatura en Turismo y luego se especializó en recepción en la Escuela de Hotelería y Turismo de Ciego de Ávila. Esa profesión, como ella misma asegura, era su vida. Cuando cerraron el hotel, pensó que sería algo temporal, pero por la forma en que fueron sucediendo los hechos entendió que ya no había vuelta atrás.
Hoy encontró en las trenzas y extensiones de cabello la manera de sostenerse. Nunca se había dedicado a esto, pero aprendió viendo videos de tutoriales en internet. No es lo que estudió ni lo que soñó, pero tiene clientas todos los días. Mientras trabaja, Lisandra dice:
"Lo que más extraño no es el salario, sino sentir que lo que hacía importaba. Que era buena en algo."
Personas de otras zonas como Camagüey, Sancti Spíritus, Villa Clara y las provincias orientales migraron hasta Morón motivadas por el desarrollo del sector turístico. Aunque solo algunos trabajaron en los hoteles, la mayoría se desempeñó en lo que el experto denomina:
"Ocupaciones de apoyo al trabajador del turismo."
Se refiere a aquellas personas que manejaban bicitaxis y recibían a los trabajadores de los cayos por la madrugada en las paradas de los ómnibus; también a quienes hacían mandados, a quienes cuidaban niños —específicamente los hijos de los trabajadores— y a las personas contratadas para la limpieza de las casas. Afirma:
"Es una cantidad de personas que pecaría si digo una cifra; se tendría que realizar un estudio para ello. Son miles."
Juan Carlos trabajó catorce años como chef en uno de los restaurantes especializados del Hotel Grand Muthu Cayo Guillermo. Cocinaba para cientos de personas al día. Mariscos, carnes, cocina internacional. Era un trabajo del que se sentía profundamente orgulloso:
"Salí de un barrio humilde y llegué a cocinar para turistas de veinte países."
Cuando cerró todo, Juan Carlos intentó conseguir trabajo en algún "paladar" [restaurante privado] de la ciudad, pero los salarios no le alcanzaban para nada. Entonces decidió montar su propio negocio haciendo comida para vender a domicilio.
Al principio, sus vecinos —que nunca habían podido entrar a los hoteles donde trabajaba— eran los únicos clientes, pero el negocio fue mejorando y hoy está al frente de una pequeña cafetería improvisada en el portal de su casa que, aunque no tiene mesas bonitas ni carta plastificada como en el hotel, está teniendo éxito:
Regresar al inicio"La sazón es la misma que en el hotel y la gente repite. Eso me dice que el talento nadie me lo quitó, aunque sí me quitaron el espacio donde lo ejercía."