Obituario | Murió Enrique Saínz, "el crítico por excelencia"

Ha muerto una de las últimas voces críticas en el páramo de la literatura oficial de la Isla este 22 de mayo, sin llegar a completar los 81 años.

Hombre sentado leyendo un libro.
Enrique Saínz. | Imagen: RIALTA

Ha muerto el intelectual cubano Enrique Saínz de la Torriente (Isla De Pinos, 1941-La Habana, 2022). Una de las últimas voces críticas en el páramo de la literatura oficial de la Isla, expiró este domingo 22 de mayo en su casa de la capital, sin llegar a completar los 81 años.

Por su vasta obra y su lucidez como ensayista, habrá que colocarlo en el canon del pensamiento cubano de todas las épocas; por su honestidad desnuda de ideologías, merece ya nuestro respeto y agradecimiento.

Al morir, el despedido por la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (UNEAC) como "el crítico por excelencia", deja una obra que integran los volúmenes Silvestre de Balboa y la literatura cubana (1982), La literatura cubana de 1700 a 1790 (1983), Trayectoria poética y crítica de Regino Botti (1987), Ensayos críticos (1989), La obra poética de Cintio Vitier (1998), Indagaciones (1998), La poesía de Virgilio Piñera. Ensayo de aproximación (Premio Alejo Carpentier, 2001), Diálogos con la poesía (2003), Las palabras en el bosque (2008), Ensayos en el tiempo (2008), Ensayos inconclusos (2009) y Las palabras precisas (2014), entre otros.

Es muy poco probable que, entre los lectores cubanos, alguno no haya leído nunca una de esas grandes obras de la literatura universal, editadas en la Isla, con un prólogo erudito de Saínz. Jorge Manrique, San Juan de la Cruz, R. M. Rilke, Francisco de Quevedo e Italo Svevo, pueden preciarse de contar en Cuba con un presentador de la talla de Saínz.

Nuestro crítico fue además uno de los mayores conocedores de la literatura nacional, con especial énfasis en los autores de Orígenes, como Eliseo Diego y Cintio Vitier. Con Lorenzo García Vega, el más joven de los origenistas y su mayor iconoclasta, sostuvo Saínz una amistad inquebrantable.

Como promotor literario trabajó incansablemente. Desde 1967 laboró como investigador literario en el Instituto de Literatura y Lingüística de la Academia de Ciencias de Cuba, donde fue Jefe de Departamento, miembro del consejo científico y del consejo de redacción del Anuario L/L. A su erudición debemos, entre otros libros fundamentales, el Diccionario de la literatura cubana y el Perfil histórico de las letras cubanas desde sus orígenes hasta 1898.

Perteneció a la UNEAC, a los Consejos Asesores de las Editoriales Arte y Literatura y Letras Cubanas y a los consejos científicos de la Facultad de Artes y Letras de la Universidad de La Habana y del Instituto Superior Pedagógico Enrique José Varona. Fue vicepresidente de la Asociación Internacional de Crítica Literaria y ocupó, desde septiembre de 1995, el sillón J como miembro de número de la Academia Cubana de la Lengua, de la que también fue miembro de la Junta Directiva y bibliotecario.

Entre sus distinciones se encuentran el premio Mirta Aguirre de Crítica Literaria en 1984 y 1988; los premios de la Crítica en los años 1988, 1990, 1999 y 2000 y el premio de ensayo Alejo Carpentier en 2001.

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