Portada libro "El corazón desnudo", de Félix Sánchez Rodríguez
Portada del libro "El corazón desnudo", de Félix Sánchez Rodríguez | Imagen: Árbol invertido (montaje)

"Una vez más lo absurdo y lo hilarante se dan la mano en un conjunto de cuentos que nos llevan a través de esa fina frontera que divide a la risa del llanto". Con el libro El corazón desnudo, Félix Sánchez ganó el Premio Alejo Carpentier en 2018.

Félix Sánchez Rodríguez (Ceballos, 1955) es un escritor preocupado por el individuo y su desenvolvimiento social. Su mirada caracteriza al hombre en función de las circunstancias que lo rodean, el entorno en el que se desenvuelve y que a la vez moldea cada una de sus acciones. La cotidianidad a veces más insulsa o más intrascendente es el espacio en el cual el escritor encuentra la fecundidad. Sus ficciones están preñadas por personajes triviales, lastimados por el día a día que vivimos y respiramos el común de los humanos que habitamos este archipiélago al que llamamos Cuba.

Aunque ya en libros anteriores habíamos respirado esta atmósfera, degustado esa persistencia suya, ese diseccionar al hombre y con él todo el caos de la convivencia familiar y social —pienso en títulos como Las ruedas de la fortuna, El árbol del caos o Figuras contra el viento—; es ahora en el libro de cuentos El corazón desnudo —Premio Alejo Carpentier en 2018, y publicado por la editorial Letras Cubanas en el mismo año— donde esta intención es agotada a ultranza, llevada a un paroxismo que se convierte en poética, en discurso, en meta. Casi me atrevo a decir que a Sánchez Rodríguez le va la vida en este esfuerzo: mostrar al hombre, su parigual, su colega, tal y como él lo vive, lo ve, lo padece.

Lo absurdo y lo hilarante

Una vez más lo absurdo y lo hilarante se dan la mano en un conjunto de cuentos que nos llevan a través de esa fina frontera que divide a la risa del llanto. Las situaciones en las cuales se encuentran imbuidas estas almas acosadas, estos cuervos errantes, a ratos parecen tan reales como rocambolescas. Hay como una especie de locura colectiva que contagia al lector. Una mirada alucinante puesta sobre el mundo, que lejos de distorsionarlo, lo muestra en toda su complejidad burlesca, o mimetismo caricaturesco.

Por ello no nos sorprende ese personaje en el cuento “Caballeros en la noche” al cual le quieren arrebatar hidalgamente su bicicleta, y, seguidamente, se pone a dialogar con los presuntos malhechores, haciéndoles entender la necesidad apremiante que tiene de seguir utilizando el vehículo, hasta que finalmente llegan a un acuerdo que vuelve aún más indefenso al personaje y hace cómplice al lector. Asistimos, en “Aquel mar sobre nosotros”, al diálogo entre dos ancianos que beben cervezas Heineken a costa de dilapidar la pensión de todo un mes, mirando al mar, repasando la suma de toda la precariedad física y espiritual que los rodea, hasta que un alarde súbito de vergüenza rompe el diálogo entre los dos vejestorios. Por su parte, en “El tesoro de los incas”, presenciamos la obsesión, casi rayana en la locura, de un padre que insiste en llevar cada minúsculo control de los gastos realizados en el hogar; peso a peso asistimos no a una suma, sino a una resta voraz y constante: la resta diaria de nuestros esfuerzos; lo que somos dependiendo de lo que invertimos en nosotros mismos.

Quiero acotar que los personajes de la tercera edad son muy recurrentes dentro de este libro, y todos se encuentran abocados a un desamparo que enrojece el rostro y mina la moral. Félix pone su mirada y su intención narrativa en un grupo de nuestra sociedad que va en aumento con respecto a otros; apunta indirectamente al envejecimiento poblacional, al éxodo que hoy nos aqueja como una casi crónica hemorragia.

El desmoronamiento cada vez más alarmante de los valores

También se evidencia el desmoronamiento cada vez más alarmante de los valores, el acoso que ejercen sobre el individuo ciertas fuerzas que lo exceden, así como el ansia de escapar de nuestros problemas poniendo los pies en polvorosa. Los personajes tienden a ver la solución a sus problemas fuera de nuestra geografía; incluso todo lo que proviene de otros países, asegura de antemano su calidad solo por ser extranjero: la locomotora diesel-eléctrica alemana, la cerveza Heineken, la marca Ferrari. Nuestra insolvencia es contrastada continuamente. Y cito (del cuento que sintomáticamente se titula “Mundos”): Hojeo el libro, paso sus páginas llenas de subrayados, de acotaciones al margen. Julius y su madre. Julius y su mundo, donde seguro además de la carroza hay espaguetis con queso y una habitación con grandes persianas o grandes ventanales.[1]

En otros cuentos tropezaremos con personajes llamativos: merolicos, secuestradores de ancianos, entrenadores de perros, o payasos terapéuticos. En este último caso, me refiero al cuento “La sonrisa ajena”, en el cual una persona que intenta pactar un contrato para recibir los servicios de un payaso, termina interpretando el mismo rol. Irónica y metafóricamente se llega a entender que la profesión de payaso nos persigue a todos, está disuelta en la vida y en cada uno de sus especímenes.

Se agradece tanto como se sufre

Quince cuentos breves conforman este libro que se halla estructurado en tres secciones que poseen la misma cantidad de historias cada una. Abundan los párrafos cortos, las escenas cortadas y abruptas, los diálogos sin acotación. El vocabulario es común, y las descripciones no poseen adornos ni enrevesados giros idiomáticos. Como si Félix, en lo formal, hubiera querido establecer un estatus acorde con los seres que rebosan en sus relatos.

En resumen podemos decir que estamos en presencia de un conjunto de cuentos que se agradece tanto como se sufre; porque hay ciertas zonas del dolor que suelen ser provechosas. No temamos, entonces, a tener el corazón desnudo, abierto a las emociones que estos cuentos puedan suscitarnos; pues este es un libro que solo una cosa nos puede causar: hacernos más conscientes de nosotros mismos, más humanos.

[1] Félix Sánchez Rodríguez: El corazón desnudo, Editorial Letras Cubanas, 2018, p. 32.

Escritor Heriberto Machado Galiana en la revista Árbol Invertido.
Heriberto Machado Galiana

(Ciego de Ávila, 1987). Poeta y narrador. Licenciado en Estudios Socioculturales. Egresado del XIII Curso de Técnicas Narrativas del Centro Onelio Jorge Cardoso en 2011. Ha merecido los premios Poesía de Primavera (2011), Ernest Hemingway (2011), Mangle Rojo (2013), y Calendario (2015). Tiene publicados los poemarios Las horas inertes (Ed. Ávila, 2012), Acantilado(Ed. La Luz, Holguín, 2015), Nacido muerto (Ed. Abril, 2016) y el libro de cuentos El escribano (Ed. Ávila). Cuentos y poemas suyos aparecen publicados en diferentes selecciones de Cuba y el extranjero.

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