En esta agonía interminable, en este absurdo incomprensible, en este macabro y criminal juego con la suerte y la vida de los cubanos, el mayor triunfo del poder de las tinieblas sería lograr el desánimo y la parálisis de nuestro pueblo.
Por eso deseo centrar mi columna de este lunes en estas dos ideas:
Si nos dejamos desanimar, el poder vence.
Si el desánimo nos paraliza, el cambio se aleja.
El desánimo como victoria del poder
Aunque estemos convencidos de que este infierno no puede durar toda la vida, por la sencilla razón de que lleva en sus entrañas su propia destrucción, debemos tomar conciencia de que podemos ayudar a alargar su final, y el de nuestra agonía, cuando nos dejamos caer en la frustración, en el desánimo, en la pérdida de la esperanza realista.
Algunos compatriotas ni siquiera se dan cuenta:
Quieren la libertad, pero se dejan hundir en la desesperanza.
Quieren la democracia, pero se dedican a regar el desconsuelo.
Quieren cambio, pero cualquier maniobra política, venga de donde venga, los deja paralizados.
Y la primera reacción vuelve como un fantasma:
¡Aquí no hay nada que hacer!
¡Los grandes se arreglan y el pueblo ignorado una vez más!
¡Yo estaba "esperando" pero ahora vuelvo a buscar cómo escapar de esta trampa!
Un círculo vicioso que prolonga la agonía
El éxodo masivo y el peligro de desestabilización no surgen solos: su origen indudable es el sistema que nos ha hundido en la miseria material, moral y espiritual. Pero existen o pueden existir diversos resortes que hagan saltar los cerrojos que contienen a esos éxodos masivos. Uno de ellos es cuando la gente percibe que el juego se volvió a trancar, que la esperanza de que se avecinaba un cambio se desvanece entre guerras geoestratégicas e intereses electorales que, a su vez, refuerzan el atrincheramiento del régimen que, por enésima vez, vuelve a ganar tiempo.
Este círculo vicioso puede ser temporal, ya que todo lo que empieza termina un día. Esta serpiente que se muerde la cola ni es eterna, ni tiene futuro, ni puede durar mucho si analizamos la crisis terminal e irreversible en la que agoniza el régimen y agoniza el pueblo cubano; mientras, los que tienen la responsabilidad de estos innombrables sufrimientos se esconden, y ya no tanto, detrás de una agujereada cortina de cinismo e incompetencia y echan la culpa de todo hacia afuera.
Aunque todos ya hemos podido llegar a la conclusión de que ni los más competentes pueden remendar un sistema fallido que ha tenido más de seis décadas para demostrar que no funciona en ningún lado, bajo ninguna circunstancia. Todavía más, cuando ha llegado el momento crítico en que ellos mismos saben que la única salida es el cambio y la transición a la democracia. Y, aun así, en una actitud suicida, se niegan a cambiar, se niegan a marcharse y se empeñan en cerrar la puerta a un cambio en paz, con lo que se convierten en la causa principal de la violencia.
Propuestas
- Revisémonos a nosotros mismos y tomemos conciencia de que, con frecuencia, nos dejamos vencer fácilmente por el desánimo y la desesperanza y nos sorprendemos a nosotros mismos desalentando a los demás, contagiando nuestra frustración. En una palabra: trabajando para el régimen, que es al único al que le conviene que dejemos que el pesimismo nos paralice, que el desengaño nos postre y que inoculemos, inocente e irresponsablemente, esa desesperanza a los demás. No le hagamos el trabajo al poder de las tinieblas.
- En lugar de contagiar desánimo, animémonos unos a otros, no con falsas expectativas, sino buscando información fidedigna, tejiendo el análisis de la realidad con todos los hilos que existen y no enredándonos ni aplastando a los demás con una madeja arrevesada con solo hebras negativas. La realidad no es plana, ni se hace solo de declaraciones de los políticos de un lado y del otro. La realidad es más compleja, está compuesta siempre por componentes negativos y positivos.
- Busquemos afanosamente todos los hilos positivos de la realidad. Con esos hilos se teje la esperanza realista. No se trata de inventarnos escenarios ilusorios, sino de analizar todas las aristas de la realidad. Quien comparte noticias verdaderas y analiza la realidad de forma multidimensional es un profeta de la esperanza. Y Cuba necesita profetas de la esperanza realista.
- A veces nos convencen de que no podemos hacer nada cuando "se tranca el dominó". Falso. Siempre, en toda circunstancia, podemos vivir con la actitud, la mente y los sentimientos de quien no se ha dejado someter por la peor de las esclavitudes: la esclavización del alma. La primera fase de la libertad es romper las cadenas de nuestro propio desánimo y los cepos en los que inmovilizan nuestra esperanza.
Cuba debe despertar a la primera de sus libertades: la libertad del alma. Sin esta liberación primaria, todo lo demás caerá en cuanta trampa nos siembren el desaliento y la desesperanza.
Aplastar la cabeza del demonio del desaliento con el pie firme de la esperanza realista.
La libertad de Cuba comienza por esa liberación interior.
¡Arriba los corazones!
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