Cartel "Dos Patrias tengo yo: Cuba y la Noche..."

Al no poder controlar Twitter y Facebook, el gobierno ha decidido intentar desacreditar a aquellas figuras que cada vez ganan más visibilidad en el ciberespacio. A ello se dedican amplios segmentos en el Noticiero Nacional y en la Televisión Cubana.

El cada vez más amplio, aunque todavía limitado, acceso a las redes sociales y a Internet en la Cuba de hoy, ha obligado al gobierno cubano a cambiar su estrategia de décadas de silenciar a los que disienten y cuestionan el sistema. Tradicionalmente, cualquier artista o intelectual que cuestionara el totalitarismo cubano era relegado al silencio, alejado de espacios de publicación y televisivos de modo que poco a poco la gente se olvidase de ellos. Esto ha sucedido con figuras tanto del gobierno, como Roberto Robaina o Felipe Pérez Roque, hasta con grandes artistas e intelectuales, como Jorge Esquivel. Los cubanos entonces, en medio de sus problemas cotidianos, se han preguntado por décadas, versionando a Jorge Manrique sin saberlo: “oye, ¿qué se hizo de aquel actor que hacía de funcionario en el programa de Pánfilo?”, o “¿dónde está metido el joven actor que presentaba De la gran escena? Y tácitamente, con triste resignación, asumen que deben haber abandonado el país o haber caído en desgracia ante el gobierno.

El motivo clásico del “ubi sunt” (que significa ¿dónde están? en latín) ha tenido una readaptación en el espacio latinoamericano que lo conecta con muchas de las desapariciones durante las distintas dictaduras (de una ideología u otra) padecidas en ese espacio geográfico a lo largo del siglo XX, principalmente a partir de la década del sesenta. En su canción “Desapariciones” (1983), Rubén Blades da cuenta de ello:

Que alguien me diga si ha visto a mi hijo
Es estudiante de pre-medicina
Se llama Agustín y es un buen muchacho
A veces es terco cuando opina
Lo han detenido
No sé qué fuerzas
Pantalón claro, camisa a rayas
Pasó anteayer.
 

En Jorge Manrique el uso del “ubi sunt” se relaciona con la exaltación de aquellos que han muerto y ya no están, de ciertas figuras que, a pesar de su relevancia, han fallecido y ya no nos acompañan. Manrique se queja más bien de la brevedad de la vida, de que fácilmente la existencia termina y no importa cuán útiles o famosos hayamos sido:

¿Qué se hizo el Rey Don Juan?
Los Infantes de Aragón
¿qué se ficieron?
¿Qué fue de tanto galán,
qué fue de tanta invención
Qué trajeron?
Las justas y los torneos,
paramentos, bordaduras
y cimeras,
¿fueron sino devaneos?
¿qué fueron sino verduras
de las eras?
 

Pero la nostalgia de Manrique hacia el pasado ya es en la canción de Blades miedo y terror por las continuas desapariciones y la violencia ejercida a destiempo en medio de una dictadura. Y en el caso cubano se traduce en una inmediatez vertiginosa a través de las redes sociales: los activistas son detenidos continuamente de manera muchas veces arbitraria o por el simple hecho de salir a cualquier diligencia y las redes se hacen eco de estas detenciones cada vez más comunes, muchas veces sin una orden escrita, casi clandestinas pero a la vez realizadas por la seguridad del estado empeñada en no dejar rastros de estas acciones anticonstitucionales, violentas y punibles en cualquier estado de derecho.

El concepto de la ONU acerca de las desapariciones forzadas permite trazar un doloroso arco que va desde los años sesenta en países como Brasil o Guatemala hasta el presente en lugares como Colombia, México y Cuba. Aunque los contextos, las razones y el grado de violencia sean diversos y varíen de un contexto a otro, se trata en todos estos casos de arrestos, detenciones o traslados contra la voluntad de alguien, llevados a cabo, según la ONU, por “agentes gubernamentales de cualquier sector o nivel, por grupos organizados o por particulares que actúan en nombre del gobierno o con su apoyo directo o indirecto, su autorización o su asentimiento, y que luego se niegan a revelar la suerte o el paradero de esas personas o a reconocer que están privadas de la libertad, sustrayéndolas así a la protección de la ley”.

En el caso de Cuba, como explicaba Anamely Ramos en Facebook justo el 9 de febrero de 2021, se trata de una estrategia de “desgaste y provocación”, porque, al hacer tan continuas, comunes y arbitrarias las detenciones, el estado busca que aquellos que siguen por las redes sociales las denuncias de estos actos que duran por lo general algunas horas, se adapten a esa dinámica macabra. Hay que decir, además, que a estos arrestos se suman las listas de personas que tienen prohibido tanto entrar como salir del país, así como los arrestos domiciliarios que se han vuelto mucho más comunes después de la manifestación del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura y que consisten en que una o más patrullas se plantan frente a casa de artistas y activistas como Yunior García, Tania Bruguera, Katherine Bisquet, Omara Ruiz Urquiola, entre muchos otros, y no los dejan salir de sus casas. En el momento que lo intentan, son detenidos y subidos a la patrulla.

Una de las más recientes detenciones fue la de la historiadora del arte Carolina Barrero, ocurrida el 4 de febrero de 2021: “Hoy es Carolina, mañana puede ser cualquiera”, decía Frank Hart el 6 de febrero en Facebook a causa de la detención de la joven. “¿Dónde está Carolina Barrero?”, preguntaban en las redes Norges Rodríguez, Claudia Bofill, Anamely Ramos, Jorge Enrique Rodríguez, Deborah Bruguera, Solveig Font, Claudia Genlui Hidalgo, Laura Domingo Agüero, Sheyla Pool, Noel Alonso Ginoris, Hamlet Lavastida, el perfil de Perséfone Teatro, el grupo 27N, entre muchos otros. Camila Rodríguez, por su parte, expresaba: “Son más de seis horas desde que se llevaron a Carolina. Seis horas de no pensar en nada más. ¿Qué estará sintiendo, qué estará pensando, tendrá miedo, tendrá hambre, tendrá frío, con qué ojos la estarán mirando en ese no-lugar, en todo este tiempo que nos han robado de tranquilidad?” El día 5 de febrero, Eloy Viera informaba en Facebook: “En el día de ayer, Carolina Barrero denunció que había sido detenida por las autoridades policiales cubanas mientras caminaba por La Habana. También explicó que como resultado de esa detención fue sometida a dos largos interrogatorios.” La misma Carolina explicaba lo sucedido al ser liberada ese mismo día:

Desde cerca de las 9 de la mañana he estado detenida en la estación de Infanta y Manglar. La misma donde nos llevaron el día 27 de enero. Han sido dos interrogatorios muy largos. La S[eguridad del] E[stado] persiste en ver vínculos con organizaciones, financiamiento y mala intención donde solo hay jóvenes empujando por construir un país mejor. Yo no pertenezco a ningún grupo, no recibo financiación, nadie me dice lo que tengo que hacer excepto yo y mis convicciones. Creo firmemente en la responsabilidad de las instituciones para con la ciudadanía y en el derecho de la ciudadanía de hacerlas valer. El Ministro debe renunciar.

Las razones para dicha detención arbitraria fueron el impreso de una imagen de Martí con el inicio de su poema “Dos patrias” y que Carolina fue una de las personas que entregó una carta firmada por más de 1255 intelectuales y artistas pidiendo la destitución del Ministro de Cultura Alpidio Alonso, por los actos violentos del propio Alonso el 27 de enero de 2021 frente al Ministerio de Cultura contra un grupo de jóvenes intelectuales que exigían la liberación de Tania Bruguera y otros activistas detenidos esa mañana. Porque el caso de Carolina no es una excepción, sino una práctica que se ha vuelto cada vez más común contra todo aquel que se atreva en Cuba a levantar una representación plástica o una palabra en público que no esté supervisada por el gobierno, ya sea una imagen o frase martiana o una camiseta que diga “exprésate”. Cualquier forma de liberación del lenguaje en el espacio público aterra y hace saltar todas las alarmas del sistema totalitario cubano.

Pero con las redes sociales al gobierno insular se le hace más difícil el control de lo que se expresa públicamente. Ello ha hecho que, por primera vez desde 1959, los dirigentes cubanos tengan que someterse al cuestionamiento, la crítica, el escrutinio y el ataque directo en espacios como Facebook y Twitter. Ante la imposibilidad de poder silenciar a todo aquel que se expresa en esos espacios, el gobierno ha decidido seguir una estrategia totalmente inédita: intentar desacreditar a aquellas figuras que cada vez ganan más visibilidad en el ciberespacio. A ello se dedican, desde hace meses, y con más fuerza desde la manifestación del 27 de noviembre de 2020 frente al Ministerio de Cultura, amplios segmentos y programas en el Noticiero Nacional y en la Televisión Cubana. El objetivo es presentar como mercenarios, contrarrevolucionarios, enemigos del pueblo y asalariados del imperio a periodistas, intelectuales, activistas, miembros de la sociedad civil y artistas cubanos que se atreven a cuestionar y a denunciar los desmanes y las injusticias del sistema. Vergonzosamente, la televisión ha venido a desplazar la función que debiera tener el sistema judicial. A todas las personas difamadas por estos espacios de la televisión cubana que está completamente en manos del estado, se les niega el derecho a réplica. No se les permite defenderse de lo que se dice de ellos. Sus grabaciones en interrogatorios son manipuladas, sus mensajes escritos y de voz son expuestos públicamente sin que ellos den ningún permiso, y así su intimidad y sus derechos son violados constantemente.

Cartel: Desaparecida Carolina Barrero

El caso más reciente de estos juicios mediáticos, de estos fusilamientos de la reputación de artistas y activistas es el de Tania Bruguera, al que le han antecedido el de Luis Manuel Otero Alcántara, Carlos Manuel Álvarez, Yaima Pardo, entre muchos otros. Porque por muy terrible que suene, para el gobierno cubano no importa el valor artístico de nadie, pues este solo se mide a partir del compromiso ideológico y de la militancia obcecada de cada uno. En Cuba se es buen poeta o artista y se te reconoce mientras no seas frontal con el poder. Una vez que traspasas el límite arbitrario y servil que ellos imponen, dejas de ser ciudadano, artista e intelectual y pasas a ser un “gusano”, un “apátrida”, un “mercenario”. Esto vale para figuras que van desde Guillermo Cabrera Infante en los sesenta hasta Tania Bruguera hoy, una artista condecorada y reconocida por el sistema cubano ayer, y considerada una enemiga de la patria en el presente.

La gran pregunta es: ¿sigue siendo efectiva esta retórica maniquea y putrefacta del régimen esparcida por cada periódico y espacio televisivo de la isla o estamos ante un síntoma irreversible de la muerte de este lenguaje de secta ideotizante? El Movimiento San Isidro, las manifestaciones del 27N y el 27ENE se suman a los intentos previos de hacer público lo que es un síntoma ciudadano hace tiempo: la constancia del estancamiento, de la injusticia y de las continuas mentiras en los espacios de difusión en Cuba. Decía recientemente Abel Prieto que ellos se equivocan, pero que la revolución no puede equivocarse. Habría que preguntarle a la señora de la cola del pollo qué piensa de verdad sobre la revolución y su retórica.

A la prensa independiente en Cuba se le persigue constantemente, se le criminaliza y se le cataloga de mercenaria por recibir financiamiento de fundaciones por la democracia desde el extranjero. Pero algunas de esas mismas fundaciones son bienvenidas si financian proyectos del gobierno insular. Porque hay que reconocerlo, en la macabra lógica del sistema cubano queda un poco de coherencia: dentro de la revolución todo, incluso el dinero que se recibe de esas mismas fundaciones que, en manos de un medio independiente, es considerado denigrante y prueba clara de mercenarismo. Contra la revolución, nada, ni los versos de Martí, ni su imagen, ni el talento de nadie, ni la opinión de nadie. Ese mantra castrista y castrante sigue siendo un abismo que devora toda posibilidad de apertura democrática en la isla.

Cartel: ¿Dónde está Carolina Barrero?
Yoandy Cabrera en Árbol Invertido
Yoandy Cabrera

(Cuba). Profesor de Clásicas y Español en Rockford University. Estudia la recepción clásica y la poesía hispana. Su libro más reciente es Ballet clásico y tradición grecolatina en Cuba (Aduana Vieja, 2019). Es editor jefe de la revista académica Deinós (https://deinospoesia.com/).

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