Reportaje | ¿Cómo es parir en Cuba? (I)

La investigación desplegada por Partos Rotos sobre violencia obstétrica arrojó, entre otros datos, que el 41% de las mujeres sufrieron violencia verbal o psicológica al parir en Cuba.

Mujer sentada sobre una cama.
"Posparto". | Imagen: Partos Rotos

El 12 de agosto de 2015, a las dos de la tarde, Paloma López llamó a la ambulancia que la trasladaría hasta el Ramón González Coro, un hospital ginecobstétrico de La Habana. Había comenzado su trabajo de parto en casa desde la mañana porque había escuchado a otras madres decir que cuando vas a parir en Cuba en el hospital las trataban mal.

Llegó con seis centímetros de dilatación, pero sin romper fuente. “Me pasaron a la camilla a monitorearme, me levantaron, me llevaron al cuartico raro, entonces sin decirme nada (la doctora) saca un pincho y ¡pa!, me mete el pincho y me dolió. Y yo con el grito, ¡pero eso qué es! Y era para romperme la fuente”.

La obstetra se tiró con todo su peso sobre la barriga de Paloma y con el antebrazo intentó presionar el útero y empujar la bebé hacia abajo. Del susto, Paloma le dio un manotazo a la doctora. Esta, como estaba apoyada sobre ella y prácticamente tenía los pies en el aire, cayó al suelo, sentada.

—¡Mira la puta esta, no quiere que la ayuden! Va a matar a la chiquita —cuenta Paloma que gritaba.
—Doctora, no me diga eso, usted tiene que pedir permiso.
—No, tú no sabes nada.

La doctora intentó varias veces aplicar la maniobra. Paloma reaccionó de la misma manera, empujándola, hasta que, conteniendo el dolor, permitió que la obstetra se subiera sobre su barriga. “Me halaron, sentí el desgarre de mi niña, cómo me la sacaron —cuenta. Ahora sé que eso fue antes de tiempo, que no fue orgánico. Y me hizo tremenda rajada la niña allá abajo”.

Un problema global y cubano

En los dos últimos años un número creciente de madres cubanas ha compartido sus experiencias de parto en redes sociales y medios independientes, lo que ha desatado un #MeToo obstétrico sobre parir en Cuba.

Algunas madres han denunciado haberse sentido maltratadas verbal o psicológicamente. Otras dijeron que se les negó información de lo que les sucedía o nunca se les pidió consentimiento para practicarles ciertas intervenciones. Muchas describieron su parto como un evento traumático en el que fueron tratadas como seres sin autonomía cuyo bienestar carece de importancia.

Para algunas, el problema residió en que sufrieron exceso de medicalización o prácticas agresivas. Una de ellas es la “maniobra de Kristeller“, que pone presión sobre las costillas y ha sido cuestionada por la OMS desde el año 1996. Otra es la episiotomía, un corte en el perineo, entre la vagina y el ano, para facilitar el parto y que a menudo se realiza sin consentimiento y/o sin necesidad.

Otras pacientes dijeron que se sintieron abandonadas o ignoradas.

Los testimonios han contribuido a visibilizar un problema que existe en la mayoría de los países del mundo, pero que en Cuba había permanecido especialmente invisibilizado y naturalizado: la violencia obstétrica.

Un panorama general de cómo se manifiesta la violencia obstétrica al parir en Cuba

La presente investigación, Partos Rotos, pone en evidencia que se trata de un problema sistemático en el país. Casi 500 mujeres de todas las provincias participaron en el estudio. Ellas llenaron un cuestionario en el que se les preguntó cómo fue su parto. En total, se recopiló información detallada de 514 nacimientos, por cesárea o parto vaginal, en su mayoría ocurridos en las últimas dos décadas.

La investigación no se basa en una muestra representativa y sus resultados no tienen validez estadística, pero es lo suficientemente amplia como para ofrecer un panorama general de cómo se manifiesta la violencia obstétrica en Cuba.

Las entrevistadas describieron un sistema de salud en el que sus peticiones de tratamiento para el dolor son ignoradas

Las entrevistadas describieron un sistema de salud en el que sus peticiones de tratamiento para el dolor son ignoradas (86%) y en el que aún son comunes procedimientos agresivos que en otros países ya no se realizan de manera sistemática. En casi la mitad de los partos se practicó dilatación manual o torniquete, y en un tanto similar la “maniobra de Kristeller”. La episiotomía se aplicó en tres cuartos de los casos.

Las entrevistadas también pusieron en evidencia que la falta de consentimiento y los malos tratos son comunes. Casi la mitad dijo que el personal médico actuó sin pedir su consentimiento, lo que viola los derechos humanos de las pacientes, según la Relatora Especial sobre la violencia contra la mujer de las Naciones Unidas (ONU).

Además, en el 41% de los casos las madres dijeron haber sufrido violencia verbal o psicológica. El personal médico las ignoraba cuando hacían alguna petición o las acusaban de poner en riesgo la vida de sus bebés.

Una mujer embarazada con una balanza en mano y ojos vendados representando la justicia.
"Justicia". | Imagen: Partos Rotos

Machismo y cultura patriarcal que atraviesa los sistemas de salud

Cuba no es el único país donde aún son comunes estas y otras prácticas médicas que violentan a las mujeres. Se trata de un fenómeno global, relacionado con el machismo y la cultura patriarcal que atraviesa los sistemas de salud, y que ha sido visibilizado por el feminismo.

Según Eva Margarita García, doctora en Antropología y autora de la primera tesis sobre violencia obstétrica en Europa : la violencia obstétrica es la suma de violencia de género y mala praxis médica. Ella la define como aquella violencia ejercida por parte del personal sanitario sobre los cuerpos de las mujeres y su vida reproductiva mediante un trato deshumanizado, un abuso de medicalización y una patologización de los procesos fisiológicos.

Para la experta, esta violencia es mediada por un sesgo de género que infantiliza a las mujeres como excusa para tratarlas de modo vejatorio. No obstante, se trata de una práctica tan normalizada socialmente que resulta difícil identificarla como un problema.

Un problema especialmente agudo en Cuba….

Sin embargo, en Cuba se dan circunstancias que contribuyen a que este problema sea especialmente agudo. De acuerdo con profesionales de la salud entrevistados para esta investigación, el sistema de salud cubano es una organización vertical en la que los médicos apenas disponen de margen para introducir reformas.

Reciben fuertes presiones para mantener ciertos indicadores estadísticos, sobre todo con respecto a mortalidad infantil, y tienen pocos incentivos para mejorar la calidad de la atención o pensar en el bienestar de las madres. Además, en un país que se considera una potencia médica y es gobernado de manera autoritaria, las posibilidades de reconocer y atender el problema son más reducidas que en otros países.

Estereotipos machistas

Para este reportaje se entrevistó a ocho médicos especialistas —cuatro mujeres y cuatro hombres—que forman o han formado parte del Programa de Atención Materno Infantil (PAMI), programa que centraliza la salud reproductiva de las mujeres en Cuba. De ellos, seis están en activo. Todos prefirieron mantener el anonimato por miedo a represalias como perder su puesto de trabajo o ser expulsados del Ministerio de Salud Pública (Minsap).

En Cuba persisten estereotipos de género en el sistema médico que influyen sobre el trato que reciben las mujeres en el parto

Varios señalaron que en Cuba persisten estereotipos de género en el sistema médico que influyen sobre el trato que reciben las mujeres en el parto. Por ejemplo, un médico general integral con décadas de experiencia en la zona central del país justificó varias prácticas de violencia obstétrica “sobre todo en mujeres con trabajo de parto demorado o en mujeres que son ñoñas o majaderas”.

También se observa una tendencia a ver a las mujeres en el parto como personas ignorantes y/o que deben ser pasivas. Informar, pedirles consentimiento, permitir acompañamiento o simplemente caminar durante el trabajo de parto es visto como un obstáculo para la labor de los profesionales.

Como muestran las entrevistadas, no son prácticas comunes. “Se prioriza el bebé, la atención al recién nacido y que la mamá no sangre, pero olvidan al ser psicosocial”, relata un residente de Ginecología y Obstetricia de Holguín.

Algunos obstetras creen que el parto siempre es doloroso

También sucede que algunos obstetras creen que el parto siempre es doloroso y aliviar el sufrimiento no es prioritario. Además, a las pacientes que solicitan cesárea se les ve como buscando “comodidad” y se opta por “forzarlas” al parto vaginal.

La expectativa de que las mujeres deben obedecer indicaciones médicas sin protestar es común en el personal de salud. Esta idea está tan arraigada que las propias mujeres han aprendido a recomendarse entre sí que es mejor “colaborar” o “portarse bien” —expresiones mencionadas de manera recurrente en los cuestionarios— para evitar empeorar el maltrato.

Médicos atendiendo un parto.
"Parir en Cuba". | Imagen: Partos Rotos

Para Sandra Heidl, psicóloga y activista feminista que dio a luz en Cuba cuando tenía 19 años, en el sistema de salud pública cubano “el producto, el feto, es lo más importante” y la mujer pasa a un segundo plano como recipiente del producto. “Las mujeres aceptan o no son conscientes de estas violencias porque desean lo mejor para el hijo que está por nacer, y les han contado que los médicos tienen que decidir por el bien de sus bebés”, apunta Heidl.

Esta subordinación de paciente a médico es uno de los rasgos de lo que se conoce como Modelo Médico Hegemónico (MMH). La doctora Daylis García Jordá, autora de uno de los pocos estudios sobre violencia obstétrica en Cuba, considera que el MMH tiende a ver al paciente como ignorante o portador de ideas equivocadas, mientras que el conocimiento reside únicamente en el médico.

A pesar de las críticas que se le han planteado, comenta García Jordá, este modelo continúa vigente y genera una experiencia de parir en Cuba en la que lo que importa es el médico, no la paciente.

Parir en Cuba: la violencia obstétrica tiene “raíces institucionales”

Los sistemas de salud en muchos países están diseñados en función de las necesidades de los médicos. Así confirmaron para esta investigación los doctores Matthias Sachsee, especialista alemán en calidad de atención a la salud con experiencia en México, y Thaís Brandao, investigadora brasileña de salud sexual y reproductiva.

Profesionales de la medicina cubana comentaron que algunas prácticas violentas se realizan por comodidad de los doctores, como el uso indiscriminado de la episiotomía. “Es la forma fácil de hacer el parto para el médico, para acabar rápido porque quieren terminar”, comenta un residente de Ginecología y Obstetricia de Holguín.

Otras prácticas comunes como impedir caminar a la gestante, estar acompañada, realizar enemas o administrar antibióticos de manera preventiva, también están relacionadas con las necesidades del sistema o las preferencias de los médicos, pero no con las necesidades de las mujeres.

Por todo ello, la investigadora Brandao insiste en que la violencia obstétrica tiene “raíces institucionales” y que su causa principal es la falta voluntad del sistema de salud de atender el problema.

En su opinión, la violencia obstétrica no está relacionada con la carencia de recursos. “Se pueden promover partos saludables, no violentos aún sin recursos, porque entiendes (como gobierno o sistema) que eso es lo importante”, comenta Brandao.

 

(Publicado originalmente en Partos Rotos).

Mujer sosteniendo bebé.
Partos Rotos

Proyecto sobre Violencia Obstétrica en Cuba.

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