Serie: Una serie de eventos desafortunados
Conde Olaf y huérfanos Baudelaire, personajes de "Una serie de eventos desafortunados".

La adaptación de Neflix en el 2017 de la novela Una serie de eventos desafortunados, es "una pequeña obra de arte en tres temporadas para ver en familia".

"Todos los seres humanos nos encontramos en campaña, solos y en país hostil".

Eduardo Gil Bera.

Desde que suspendieron por primera vez las clases, hace más de un año, Irene ha probado muchas cosas para entretenerse, y nosotros con ella: manualidades, ejercicios bajo techo, videojuegos y muñequitos (instructivos o no), legos, inglés, ajedrez, creaciones audiovisuales muy simples y, por supuesto, varias lecturas, series y películas. Como el gusto por los libros en realidad lo traía de antes, ya para entonces habíamos leído el reglamentario Pippa Mediaslargas, Pinocho (la novela), Las aventuras de Peter Pan y Wendy (versión novela también), Charlie y la fábrica de chocolates, El mago de Oz y, por supuesto, Momo y La Historia Interminable (una lectura impresionante a la que no hace justicia el filme de los 80 que los de mi generación recordamos con tanto cariño), ambas de Michael Ende. Ya durante el aislamiento leyó Ana de las tejas verdes, El principito por segunda vez y estuvo releyendo un libro que le gusta mucho llamado Anatomía para niños, además de cuentos y otras cosas de calidad variable.

Pero pronto se me agotaron las propuestas literarias, así que escribí "libros para niños de 10 años" en Google y entre las sugerencias más atractivas estaban el consabido Harry Potter y Una serie de eventos desafortunados, novela compuesta por trece libros breves, cada uno de trece capítulos (la insistencia en el número no es casualidad) excepto el último que, para romper el ciclo de la mala suerte, trae un capítulo catorce. Después de un período de obsesión con todo lo referente al niño mago, que aún no termina del todo y que ha incluido una segunda lectura de la saga y varias visualizaciones de las películas, leyó Una serie de eventos…. Mas como le gusta conversar sobre los contenidos que consume, disfruta mucho más si uno los consume igual; así que a menudo termino leyendo los libros, viendo los filmes y jugando los juegos que le gustan más. Quizás un poco por nuestra influencia, también le divierte conocer datos y anécdotas relacionados con el producto en cuestión y explorar las versiones o adaptaciones que se hayan realizado de él. Fue así como descubrimos la adaptación producida por Netflix en 2017 de Una serie de eventos…, pequeña obra de arte en tres temporadas para ver en familia que tuvo a Daniel Handler, al autor del libro, como guionista principal y que todos en casa, fascinados, acabamos de ver.

Los tres hermanos Baudelaire, “niños inteligentes, encantadores y de facciones agradables pero con muy mala suerte”, pierden a sus padres y su hogar en un repentino y misterioso incendio y quedan bajo la supervisión legal del Señor Poe, el albacea familiar: un banquero condescendiente y distraído que por alguna razón tose todo el tiempo. Su función es garantizar para los huérfanos un tutor adecuado y resguardar su herencia hasta que la primogénita sea mayor de edad. Los niños, por su parte, tienen algunas cualidades notables: la mayor (14 años) es inventora; el segundo (12), lee todo el tiempo: es erudito; y la última es una bebé ruda que no come papillas sino alimentos bien duros y hace cosas increíbles con sus dientes que son su herramienta infalible y principal. Pero también tienen un pariente llamado Conde Olaf: un actor de segunda, ridículamente vanidoso, de aspecto sucio e intelecto y modales groseros pero con una gran habilidad para el disfraz, el engaño y el crimen, dueño de una compañía de teatro compuesta por personas a quienes llama “secuaces” y que incluyen, entre otros, dos ancianas gemelas de cara empolvada muy espeluznantes, un hombre con tenazas en lugar de manos y una persona de género impreciso que en el libro nunca habla pero aquí sí, un poco. Olaf está detrás de la fortuna de los niños y no deja de perseguirlos a todas partes de tal modo que sus distintos tutores sufren la peor de las suertes y ellos mismos no tienen un momento de sosiego durante toda la serie.

Serie: Una serie de eventos desafortunados
K. Todd Freeman como Sr. Poe.

Por su parte los adultos que rodean a los huérfanos, ya sea que estén para protegerlos o no, son en su mayoría personas enajenadas, obsesivas, decadentes, ingenuas, torpes, miedosas, ineficientes o manipulables… incapaces de ver, aunque les alerten, lo que está frente a sus narices, por ejemplo: un villano disfrazado; así que ayudan muy poco y a menudo perjudican, significando un peligro o un estorbo para los Baudelaire. A veces pueden convertirse, incluso, en colaboradores involuntarios de Olaf. Además intervienen un narrador presencial y alter ego del autor llamado Lemony Snicket que por motivos personales se considera en el deber moral de investigar y contar la historia de los huérfanos aunque afirma que ha fracasado en averiguar su final, unos trillizos en circunstancias similares a las de ellos con quienes los Baudelaire entablan amistad, los miembros de una organización secreta que los vigilan intentando, también con muy poco éxito, protegerlos a distancia…

La puesta en escena, como es de esperar, es un lujo y, lo mismo que el guion literario, rica en referencias culturales que convierten la serie en un producto altamente disfrutable para un público exigente. En una película de 2004 que sólo abarca hasta el tercer libro y tiene a Jim Carrey de Conde Olaf y a Jude Law como la voz y silueta de un Lemony Snicket siempre visto a trasluz, la historia aparece ambientada con una estética gótica y Belle Epoque. La serie, por su parte, es temporal y espacialmente ambigua o variable. La caracterización visual es exquisita y los personajes aparecen tipificados de acuerdo a sus contextos, funciones y cualidades morales. Los escenarios son igual de contrastantes, artificiosos, pesadillescos a veces, muy esquemáticos: un aserradero distópico, un inmenso pent-house art decó, un internado de inspiración mortuoria, una villa puritana en el medio oeste, un hospital de aspecto desolado, una feria en medio de la nada, una cima escarpada , el fondo del mar… son algunos de ellos. Por su parte Neil Patrick Harris, el memorable Barney de Cómo conocí a tu madre, interpreta un Conde Olaf encantadoramente desagradable, infantil pero no por ello menos cruel, cínico e indolente, pero en el fondo inseguro y muy infeliz, con un despliegue de histrionismo que contribuye a hacer del villano un personaje tan farsesco como entrañable, lleno de matices, distinto del Olaf más repelente y maníaco de Jim Carrey, tal vez porque un filme no daba lugar para desarrollar del todo el personaje y mostrar sus interioridades. Sus disfraces y fingimientos son de las cosas más delirantes de toda la serie, como cuando se hace pasar por Gunther, “un extranjero muy atractivo”, inconfundiblemente ataviado a lo Karl Lagerfeld. Y tampoco podemos dejar de admirar el trabajo con la bebé que interpreta a la hermana pequeña, quien, de alguna forma, consiguieron que actuara también.

Serie: Una serie de eventos desafortunados
Imposturas del Conde Olaf.

Esta es una historia que trata sobre muchas cosas. Trata, por ejemplo, sobre la orfandad en su sentido más amplio. Arrebatados de su hogar, los Baudelaire sufren una decepción tras otra. A través de un banquero, una jueza, un archivero, una jefa de personal, el público de un carnaval… descubren la ceguera de las instituciones burocráticas, la mediocridad y la cobardía de la gente, el automatismo y la crueldad de las masas, la ambivalencia de las buenas intenciones… En definitiva: la hostilidad del mundo y la famosa “banalidad de mal”. A lo largo del ciclo de peligros, artilugios y escapadas que se reiteran desesperanzadoramente a través de la serie, los niños experimentan un desarrollo moral a fuerza de chocar una y otra vez contra la injusticia, la indolencia y el absurdo. Tal vez una de las farsas más geniales de la serie sea el juicio del Conde Olaf donde, porque la justicia es ciega y para hacerle honor a la máxima, los involucrados y asistentes deberán ir con los ojos vendados, pero no los miembros del tribunal. “Las leyes son como las salchichas —dice Lemony Snicket mientras alguien tritura restos de pájaros muertos para hacer un embutido—. Estas son deliciosas siempre y cuando no veas cómo las hacen”. Y en medio de todo esto, los Baudelaire encuentran que el cultivo de sus relaciones y cualidades personales es la mejor manera de navegar por la vida. La historia revela un mensaje ético-filosófico que, aunque llega a involucrar una serpiente, un árbol de manzanas, una mujer embarazada y un anciano con barba en una isla paradisíaca, resulta profundamente ateo. Generosidad y valentía, fraternidad y lealtad, aprendizaje e ingenio, se reflejan en esta serie de naturaleza humanista y estoica que también trata sobre el destino y sobre la voluntad.

Y es posible distinguir sus personajes en tres tipos fundamentales. Están los que han perdido aquello que Snicket llama la “brújula moral”, y que ocupa el rol de la religión en la cosmovisión del autor. En ese caso encontramos a Olaf y a algunos de sus “secuaces”, pero también a otros menos “negativos”. Existen los que, como el banquero Poe o el público del carnaval, no tienen ni idea de que exista tal cosa, y apenas distinguen entre el bien y el mal, entre lo real y lo falso, actúan sin orientación, carecen de facultad para elegir y generalmente se mueven dando tumbos en el absurdo. Y tenemos a los que se aferran a ella como única salvación y fuente de sentido aunque esto no les asegure la superviviencia, entre ellos, personajes generalmente desafortunados como una bibliotecaria que lleva por nombre Olivia Calibán, los tres hermanos Snicket (en esta historia los hermanos siempre vienen de a tres) y, por supuesto, los Baudelaire. Los “huérfanos”, como les dice siempre el Conde despectivamente, estimulados por la avidez intelectual que les legaron sus padres y por la creciente claridad de su conciencia moral, resuelven tomar el control de su suerte, y lo que había sido primero un trasiego involuntario y una huida sin rumbo claro después, adquiere una determinación: descubrir el pasado familiar que les permitirá entender quiénes son y el origen de sus infortunios. Pues la concatenación de sucesos que ocasionan la desdicha de los Baudelaire comienza mucho antes de su nacimiento. Un error de la madre repercute en los hijos que, sin conocerlo, son obligados a pagar por él.

Serie: Una serie de eventos desafortunados
Patrick Warburton como Lemony Snicket.

Cuando, luego de morir sus padres, los Baudelaire conocen a su primer tutor, el propio Olaf, notan que tiene el tobillo tatuado con algo parecido a un ojo, una figura inquietante que seguirán encontrándose una y otra vez, en todo tipo de objetos y superficies, en cada uno de los sitios por los que pasan. Más tarde, en el Aserradero de la Suerte una optometrista malvada conocida como Doctora Orwell es la encargada de mantener a los obreros obedientes y conformes mediante hipnosis. Pero además de simbolizar la omnipresencia del Conde y el aspecto distópico de los ambientes y situaciones que atrapan a los niños una y otra vez, el enigma del ojo resulta esencial en la búsqueda de sus orígenes.

La intriga contiene de forma muy clara un McGuffin, ese elemento de suspense acuñado por Hitchcock que mueve la trama sin tener en sí mismo mayor importancia y que en este caso consiste en un objeto banal. También involucra unas cuantas bibliotecas (siempre hay libros o bibliotecas en donde quiera que van los hermanos) y una sociedad de élite, ultrasecreta y muy decadente formada por personas de facultades intelectuales y físicas sobresalientes cuya misión es “apagar incendios tanto literales como figurados”, en otras palabras, hacer el bien, combatir el mal: nada nuevo bajo el sol. Sus miembros llevarán el nombre nada menos que de “voluntarios”. Pero, como han aprendido los Baudelaire, “en un mundo a menudo gobernado por la corrupción y la arrogancia puede ser difícil mantenerte fiel a tus principios filosóficos y literarios”, y la organización está en crisis: varios miembros han perdido su brújula por los relativismos inherentes a semejante causa. En definitiva el Conde y los niños tendrán en común más de lo que parece. Igualados a los ojos del mundo, llegará ese momento en que se necesitarán. Y permítanme decirles: es muy conmovedor. Porque Olaf es, también él, un huérfano más. Y varias veces y de varias formas y por varias causas lo es. Porque lo han traicionado, lo han humillado, lo han lastimado y decepcionado igual. Creían los maniqueos que la procreación multiplicaba el mal. Algunos antinatalistas dicen que traer personas al mundo es cruel y una inmoralidad. “¡NO TENGAN HIJOS!” es el mensaje vehemente del Conde Olaf casi al final.

Y como Una serie de eventos… trata también sobre la relatividad de las cosas, es una historia que se regodea en las palabras. Está de principio a fin salpicada de expresiones idiomáticas y máximas que se reiteran con diferente contexto y significación, y de ocurrentes explicaciones retóricas que, además de didácticas o utilitarias, conectan de forma ejemplar con su universo moral. Y me encanta que para aclarar lo que significa una palabra o expresión difícil Lemony Snicket nunca dirá “esto significa”, sino siempre "esto AQUÍ significa…" Quizás por ello, aunque desde el título Lemony insista en lo deprimente que es y seguirá siendo la historia de los Baudelaire; aunque no deje de sugerirte en cada nuevo capítulo que por tu bien apartes tu vista de allí y te dediques a cosas más agradables; aunque el tema de presentación diga en inglés “Look away” y su versión en español se llame “Vete”, y el igualmente memorable “That's not how the story goes” donde cantan juntos los niños, Olaf, Lemony y Poe sea muy triste; a pesar del escepticismo de Snicket, que ha tenido, el pobre, una vida difícil y está un poco amargado quizás... lo cierto es que esta historia pesimista no es.

 

 

Isel Arango.
Isel Arango

Crítico de arte y curadora independiente. Licenciada en Historia del Arte (Universidad de La Habana, 2011). Ha trabajado en el Museo Provincial "Ignacio Agramonte", en el sello editorial de la Oficina del Historiador de la Ciudad de Camagüey y como profesora de la Academia de Arte Vicentina de la Torre. Ha publicado en varios medios oficiales e independientes. Pertenece al Grupo Ánima.

Comentarios:


Rosa (no verificado) | Sáb, 10/07/2021 - 21:50

Y dónde puedo buscar la serie. Está en el paquete???

Magali (no verificado) | Sáb, 10/07/2021 - 21:52

Maravillosa serie. La disfruté mucho.

Saúl (no verificado) | Sáb, 10/07/2021 - 21:53

Excelente reseña. Gracias. Adoto esta serie.

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