Los intelectuales cubanos Antonio José Ponte y Rafael Rojas se dieron cita en la librería Juan Rulfo de Madrid este 26 de marzo, para conversar sobre José Martí en un diálogo interesante y polémico, como no podía ser de otra manera, a propósito de la presentación de una tercera edición del libro José Martí: la invención de Cuba, publicado por la editorial Verbum.
En esta presentación, Antonio José Ponte situó el ensayo en el contexto de los debates más contemporáneos sobre la historia intelectual cubana y la figura de Martí.
Ponte aseveró, en la introducción al análisis:
"Siempre que nos acercamos a Martí nos acercamos a la idea de la contrafactualidad. Es decir nos acercamos a ese momento histórico en que la historia se empieza a preguntar: ¿qué hubiera pasado si...? Nosotros pensamos a un Martí siempre a partir de quién hubiera sido Martí si no hubiera muerto en Dos Ríos y hubiera llegado a ser Presidente en la República".
Publicado originalmente en 2000 por la editorial Colibrí, el ensayo propone una reinterpretación de la figura de José Martí a partir de enfoques como el republicanismo atlántico, la nueva historia intelectual, la crítica de los nacionalismos y corrientes teóricas de finales del siglo XX como el postestructuralismo.
El libro examina tanto la producción literaria como el pensamiento político del Héroe Nacional de Cuba y su papel en la construcción de la idea de nación.
Un libro atacado por el oficialismo cubano
La reedición, a cargo de la Editorial Verbum, recupera un texto que desde su aparición generó controversia en ámbitos oficiales cubanos.
Según ha señalado el propio sello editorial, el libro fue objeto de "ataques y distorsiones" desde la esfera ideológica oficial de la isla, en torno a la acusación de un supuesto "olvido de Martí", interpretación que —de acuerdo con esta lectura— respondía a la resistencia frente a una revisión crítica de su figura.
Más de un cuarto de siglo después de su primera publicación, la tercera edición sitúa nuevamente el ensayo en el centro del debate historiográfico sobre Cuba y refuerza su condición de intervención en uno de los núcleos simbólicos más sensibles de su cultura política.
La obra presenta a Martí no solo como figura literaria, sino como articulador de una idea de identidad nacional atravesada por tensiones ideológicas y tradiciones republicanas.
Rafael Rojas, un intelectual imprescindible
Nacido en Santa Clara en 1965, Rafael Rojas es doctor en Historia por El Colegio de México, donde desarrolla su labor como profesor e investigador.
Especialista en historia intelectual y política de América Latina, su obra ha analizado de forma sistemática las tradiciones republicanas, los procesos culturales y las tensiones ideológicas en Cuba.
Rojas ha consolidado una trayectoria reconocida en el ámbito de los estudios latinoamericanos contemporáneos con títulos como Tumbas sin sosiego. Revolución, disidencia y exilio del intelectual cubano (2006), Las repúblicas de aire. Utopía y desencanto en la Revolución de Hispanoamérica (2009), Historia mínima de la Revolución Cubana (2015), Traductores de la utopía. La Revolución Cubana y la Nueva Izquierda de Nueva York (2016) y Breve historia de la censura y otros ensayos sobre arte y poder en Cuba (2023). Ha sido incorporado a la Academia Mexicana de la Historia y dirige el Centro de Estudios Históricos de El Colegio de México.
La Editorial Verbum, fundada en Madrid en 1990 por Pío Serrano y Aurora Claviño y dirigida desde 2012 por el escritor hispano-cubano Luis Rafael Hernández, cuenta con un catálogo especializado en literatura hispánica, estudios literarios y humanísticos. Su labor editorial se articula en colecciones como Verbum Ensayo o Biblioteca Cubana, y ha sido reconocida por el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) de España como una de las editoriales de mayor prestigio académico en su campo.
Prólogo a la tercera edición de José Martí: la invención de Cuba
Este libro fue escrito en la Ciudad de México durante los años 90. En aquella década realicé mis estudios doctorales de historia en El Colegio de México. Uno de los hallazgos fundamentales de aquella experiencia, que marcó profundamente mi trabajo intelectual y académico, fue la entrada en contacto con la llamada Escuela de Cambridge (J. G. A Pocock, Quentin Skinner, John Dunn) de historia de las ideas.
Aquellos historiadores, que en América Latina serían conocidos a través de la obra de David Brading, Natalio Botana, Jorge Myers, Fernando Escalante y otros, sostenían que la tradición republicana debía distinguirse de la liberal y la democrática. Encontraban en una sofisticada línea de pensamiento, que iba de Cicerón a Rousseau, un énfasis en las virtudes ciudadanas como fundamento de la moral pública y una visión negativa de los efectos del comercio en la civilización.
Desde mis tiempos de estudiante de filosofía en la Universidad de La Habana había comenzado a trabajar en una serie de ensayos sobre historia de las ideas en Cuba, que luego serían recogidos en dos libros publicados en 1998, Isla sin fin (Miami, Ediciones Universal) y El arte de la espera (Madrid, Colibrí). En ellos observaba, a partir de lecturas de pensadores de la Escuela de Frankfurt (Adorno, Horkheimer, Habermas) una tensión histórica entre dos racionalidades: la técnica-instrumental y la utópica-emancipatoria.
Los estudios sobre el republicanismo en El Colegio de México me ayudaron a comprender mejor aquella corriente emancipatoria, que veía confrontada al liberalismo en el pensamiento de la isla desde los tiempos de Francisco de Arango y Parreño y Félix Varela a principios del siglo XIX. Comencé entonces a leer a José Martí desde esa perspectiva, como puede constatarse en varios de los ensayos de este libro.
Por aquellos años me interesé también en el debate modernidad/postmodernidad, en Deleuze, Guattari y el postestructuralismo francés, en la filosofía del silencio de Ludwig Wittgenstein y Ramón Xirau, en el espiritismo de Francisco I. Madero, en la historia y la crítica del nacionalismo y en las relaciones entre México y Cuba, tema de mi tesis doctoral Cuba mexicana. Historia de una anexión imposible (2001). Todos esos ecos resuenan en este libro.
El volumen fue editado en Madrid por Víctor Batista, el brillante editor, empresario e intelectual cubano, que fundó la editorial Colibrí en 1997. Tuve la fortuna de conocer a Batista a través de Jesús Díaz en la época de la fundación de la revista Encuentro de la cultura cubana, un proyecto intelectual con el que me identifiqué desde 1995 y del que llegué a ser uno de sus codirectores, tras la muerte de Díaz en 2002.
Mi libro apareció en el momento en que en la isla se instrumentaba oficialmente la llamada “Batalla de Ideas”, una ofensiva personalmente conducida por Fidel Castro, que consistía en descalificar todos los días y a toda hora a los críticos del sistema político cubano. La revista Encuentro y la editorial Colibrí, cuyo catálogo incluía algunos de los más prestigiosos historiadores fuera de isla (Carmelo Mesa-Lago, Marifeli Pérez-Stable, Alejandro de la Fuente…), se convirtieron en blancos propicios de aquella campaña oficial.
El Ministerio de Cultura, el Instituto Cubano del Libro y la revista electrónica La Jiribilla jugaron un papel destacado en esa ofensiva mediática. Mi libro fue asumido por esas instituciones como un “ataque a la Revolución” y un llamado a “olvidar a Martí”. En La Jiribilla, en el periódico mexicano La Jornada y en el volumen Vivir y pensar en Cuba (2002), compilado por Enrique Ubieta Gómez, se reiteraron ambos tópicos. En el dossier “Crónicas Rojas”, contra mi persona y mi trabajo, publicado en La Jiribilla, durante la Feria del Libro de Guadalajara de 2002, y en la página que me dedicó la enciclopedia oficial, Ecured, todavía visible, se plasmó esa lectura.
Como dejaba claro el prólogo a la primera edición de Colibrí mi propuesta no era olvidar a Martí sino, por el contrario, releerlo y reinterpretarlo. No era el olvido sino ese ejercicio de relectura lo que molestaba en La Habana oficial. Cuando Ladislao Aguado y la editorial Hypermedia me propusieron una reedición, en 2014, no creí necesario un repaso de la recepción del libro. Me pareció que el texto original seguía siendo la mejor defensa contra las distorsiones y los equívocos.
Sigo pensando lo mismo a treinta años de la escritura de los ensayos que conforman este volumen. Esa relectura y esa reinterpretación han continuado en las últimas décadas. En Motivos de Anteo (2008), otro libro que editó Víctor Batista en Colibrí, se incluyeron dos textos más sobre Martí: uno sobre la plural recepción del poeta y político cubano durante el largo siglo XX cubano y otro sobre el imaginario afectivo y filial del autor de Ismaelillo (1882). En ambos, volví sobre la inscripción de Martí en la tradición republicana.
El mismo enfoque vuelve a aparecer en otros dos ensayos más recientes: uno sobre la lectura martiana de historiadores estadounidenses del siglo XIX y otro sobre la tensa relación de Martí con el liberalismo latinoamericano de su época. Ambos textos fueron recogidos en el libro Viajes del saber. Ensayos sobre lectura y traducción en Cuba (Leiden, Almenara, 2018). Actualmente trabajo en un estudio sobre los latinoamericanismos en México, donde Martí ocupará un lugar central.
De manera que sigo leyendo y estudiando al poeta y político cubano tres décadas después de estos ensayos. Supongo que le sucede a más de un cubano, esa imposibilidad de olvidar a Martí, a pesar de que se rechacen los tantos mitos que se han construido en torno a su figura. Se trata, por lo visto, de un tipo de lectura sucesiva, que se afinca en un vínculo inevitable, como si siempre se regresara a Martí, no para exigirle respuestas sino para formular nuevas preguntas.
Rafael Rojas
El Colegio de México
Fines de 2025