Columna | Los amados de los dioses mueren jóvenes

"¿Quién heredará sus bienes? / ¿Con quién se acostó, con quiénes? / ¿Quién era su amor, su yunta?"

Flores blancas
Imagen: Pixabay

Me afecta la muerte de los jóvenes. 

Soy hija de un cubano que se fue a los 29. Toda muerte prematura me destroza por la fuga que supone dejar de ser y hacer cuando lo justo sería morir de viejos, después de darlo todo en la pista. 

Los cubanos somos una comunidad dispersa, pero cálida. Se demuestra en la vida diaria y se demuestra, sobre todo, cuando un cubano se muere y el resto lo lamenta de verdad. 

La fanfarria o la hipocresía de la muerte nos alude, pero no nos congela, dado nuestro corazón caliente. 

Últimamente ha muerto much@ cuban@ buen@, joven, de sopetón. Much@ cuban@ encendid@. On fire. 

La muerte cabrona nos pone sensibles y ridículos. 

Seguro me equivoco, pero no veo que otras comunidades sientan la muerte de los suyos con la sinceridad genuina con que las lloramos los cubanos. 

Con ese luto agradecido que quita y pone drama. Con la gracia con que se acuerdan de ti cuando ya no estás. 

Cuando me fui de Cuba supe que no tendría tierra santa donde reposar. Que mi única tumba será el obituario. Pero eso, también, es bonito. Y bueno. Y produce alegría. 

Canción al antisainete póstumo

Arde mi Facebook. Morí.

Festejan las ciberclarias.

En las cumbres literarias 

descubrirán que existí. 

Diarrean fotos de mí 

que otros se hicieron conmigo. 

Y el acérrimo enemigo

—de puñalada y traspié—

dirá en mi sepelio que

él también era mi amigo. 

Abejeará la pregunta:

¿Quién heredará sus bienes? 

¿Con quién se acostó, con quiénes? 

¿Quién era su amor, su yunta?

Mi género —aunque difunta—, 

irá del dime al direte. 

Sobre el tomo diecisiete

de mis obras incompletas 

habrá un panel que interprete

por qué poliamé tus tetas. 

Y tú, reina, que has leído 

mis versos, emocionado. 

A espaldas de tu marido 

o tu mujer. Rejodido, 

resola y acongojado:

Sé que, en el fondo, me adoras,

como se adora al esposo

o esposa. Sé que me lloras

y llorarás sin reposo, 

durante horas y horas. 

(Y poco hay más hermoso). 

Gleyvis Coro Montanet
Gleyvis Coro Montanet

(Pinar del Río, 1974). En 2006 recibió el Premio UNEAC de Novela Cirilo Villaverde por la obra La burbuja (Unión, 2006), por la que también consiguió el Premio Anual de la Crítica Literaria en 2007. Ha publicado los libros Con los pies en las nubes (1998), por el que obtuvo el Gran Premio Vitral de Narrativa, Cantares de Novo-hem (1999, Ediciones Loynaz), Escribir en la piedra (2000, Premio Alcorta de Poesía, Ediciones Loynaz), Poemas Briosos (2003, Ediciones Aristas de Cobre), Aguardando al guardabosque (2006, Ediciones Loynaz), Jaulas (2009, Letras cubanas), Lejos de Casa (Memoria lírica del problema cubano) (2018, Editorial Cristal de Agua), Mujer aparta de mí ese smartphone (2020, Editorial Gata Encerrada) y Cien días en cuarentena (2020, Editorial Gata Encerrada). Reside en Madrid.

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