Abrir la llave y no encontrar una sola gota. Esa es la realidad que enfrentan a diario miles de familias en Santiago de Cuba, donde la falta de abasto de agua potable se ha convertido en una crisis crónica que ninguna autoridad parece capaz de resolver.
Vecinos de diversas comunidades de la ciudad denuncian que pasan días, semanas e incluso más de un mes sin recibir el servicio. La situación se agrava en medio de las altas temperaturas que azotan el oriente cubano, donde el acceso al agua debería ser una garantía básica y no una preocupación diaria.
Así relató una residente del Reparto Mariana de la Torre, quien prefirió mantener el anonimato:
"Hay días que caminamos varias cuadras con cubos llenos. Es agotador. Mi madre tiene más de 80 años y no puede hacerlo."
La crisis golpea con especial dureza a los sectores más vulnerables: adultos mayores, personas con discapacidad, enfermos crónicos y madres con niños pequeños, quienes deben cargar recipientes desde puntos distantes o depender de la solidaridad de vecinos para obtener el líquido vital.
El agua, un gasto imposible
Ante la ausencia de respuestas institucionales efectivas, numerosas familias han recurrido a la compra de agua distribuida por particulares en camiones cisterna o carretones.
En comunidades periféricas de Santiago de Cuba, el precio de un camión cisterna ronda los 19.000 pesos cubanos, una cifra que equivale a tres o cuatro veces el salario promedio de un trabajador en la provincia. Para muchas familias, el acceso al agua se ha convertido en un gasto imposible de sostener mes a mes.
El almacenamiento en tanques improvisados y recipientes destapados durante días agrega un riesgo sanitario adicional. Especialistas advierten que esta práctica favorece la proliferación de mosquitos y otros vectores transmisores de enfermedades, incrementando los peligros dentro de los propios hogares.
Un trabajador del sistema de Acueducto y Alcantarillado de Santiago de Cuba, que pidió no ser identificado por temor a represalias, describió con crudeza la situación interna:
"El almacén de piezas está muy deprimido. Las piezas no aparecen por los canales oficiales, pero si las buscas en el mercado negro, por supuesto que las encuentran."
La denuncia apunta a una paradoja que se repite en múltiples sectores de la economía cubana: lo que escasea en los almacenes del Estado abunda en el mercado paralelo, a precios que las instituciones no pueden o no quieren pagar.
A ese déficit de insumos se suma otro problema estructural que los vecinos conocen bien: los salideros. Residentes de barriadas como Tívoli, Altamira, Vista Hermosa, Chicharrones y Micro 9 denuncian que las roturas y fugas en las tuberías de sus comunidades no solo desperdician el agua que llega, sino que reducen drásticamente la presión con que el líquido circula por la red.
Sin respuestas oficiales
El resultado es especialmente visible en los edificios de mayor altura, como los de Micro 9, donde el agua simplemente no llega a los pisos superiores. Señaló un vecino de esa zona:
"Aquí abajo a veces cae algo, pero los que viven arriba llevan semanas sin ver una gota. Los salideros en la calle botan el agua que a nosotros nos hace falta."
Delegados de circunscripción reconocen que las quejas sobre el abasto de agua figuran entre los planteamientos más frecuentes de los electores en reuniones comunitarias. Sin embargo, los ciudadanos afirman que las respuestas institucionales siguen siendo insuficientes frente a una problemática que se agrava con el paso del tiempo.
Levantarse de madrugada esperando una posible llegada de agua, caminar largas distancias cargando recipientes o destinar parte del salario a comprarla se ha convertido en rutina para miles de santiagueros. Más allá de una simple incomodidad, la escasez representa una afectación directa a la salud, la higiene y la dignidad de una población que sobrevive entre apagones, escasez y promesas incumplidas.
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