"Tumbamos las avionetas, ¿y qué?", dijo el cubano Roberto García Cabrejas a raíz de la reciente imputación de cargos federales contra Raúl Castro. Las avionetas a las que se refería con descaro eran las de la organización humanitaria Hermanos al Rescate, destrozadas por jets de combate castristas en aguas internacionales, lo que significó la masacre de cuatro exiliados, tres de ellos ciudadanos americanos, en 1996.
García Cabrejas no vive en la Cuba socialista, a cuyo régimen refrenda en publicaciones en redes sociales como esa para sus 14 mil seguidores. No. Presuntamente vive en Sacramento, California, cuenta con residencia legal en Estados Unidos, y se ha dedicado a defender al régimen y sus crímenes abiertamente en páginas de Facebook como H20 Invicto Cubano.
Pero, si tanto ama al castrismo, ¿por qué no está en la isla?
Según él, no regresa allá, aun siendo comunista, porque estar en Estados Unidos es su "trinchera", porque "todo revolucionario debe defender su Revolución desde cualquier latitud". O sea, acepta ser un agente de influencia de un adversario de Washington, declarado por la administración Trump como "amenaza extraordinaria".
Una bofetada a la generosidad de Estados Unidos
Conozco casos reales y cercanos de perseguidos por la tiranía socialista, cuyos procesos de regularización migratoria están congelados. Frente a gente como García Cabrejas, me pregunto, ¿cómo rayos alguien que no encaja como "refugiado" se beneficia de leyes creadas para acoger a víctimas? Es una bofetada a la generosidad de Estados Unidos y a quienes en verdad sufrimos persecución política.
García Cabrejas, que dice haber llegado a Estados Unidos en 2005, se vanagloria de tirarle a "los gusanos" —como La Habana llama a quienes se le oponen—; acepta estar "en el mismo bando ideológico" que otros conocidos agentes procastristas en Miami; y refiere haber participado de reuniones de grupos disidentes en Cuba, ¿acaso como espía?
En 2019, una petición online en la plataforma Change.org, con más de 15 mil firmas, demandó retirarle la residencia permanente, pues:
"Mintió en su petición ante emigración para obtener beneficios migratorios […] lo cual es considerado fraude."
¿Cómo procesar a represores cubanos en Estados Unidos?
Formularios como el I-485 incluyen preguntas sobre si el solicitante de ajuste de estatus migratorio ha integrado, de algún modo, el Partido Comunista; si ha perseguido, directa o indirectamente, a alguna persona por razón de su raza, religión, origen nacional, pertenencia a algún grupo social en particular u opinión política; o si ha sido miembro, sirvió, ayudó o participó de otro modo en grupos represivos.
Responder falsamente ubicaría al aplicante ante un delito federal. Esa vía ha sido útil para procesar penalmente a individuos como Adys Lastres Morera.
En mayo de 2026, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas de Estados Unidos (ICE) anunció su detención en Miami. Se trata de la hermana de Ania Guillermina Lastres Morera, presidenta ejecutiva del Grupo de Administración Empresarial S.A. (GAESA), el conglomerado empresarial militar que controla buena parte de la economía cubana.
Un comunicado subrayó que Lastres Morera:
"Es la encargada de administrar los activos ilícitos que GAESA mantiene en el extranjero. Los ingresos de la organización, que suman más del triple del presupuesto del gobierno cubano y benefician únicamente a las élites corruptas, se desviaban hacia cuentas bancarias ocultas en el extranjero, mientras que los cubanos de a pie seguían sufriendo bajo el régimen comunista del país."
El secretario de Estado Marco Rubio aseveró a propósito de la detención que la mujer:
"Se dedicaba a la gestión de activos inmobiliarios y residía en Florida, al tiempo que prestaba apoyo al régimen comunista."
El jefe de la diplomacia estadounidense afirmó que, a causa de ello, le retiró su estatus de residente permanente.
Si hay voluntad, entonces esperamos que Anabel Campos de Castro, quien participó en la separación de una familia cristiana en la ciudad de Guantánamo solo por practicar la educación en el hogar, también siga en la fila de la justicia.
Lo mismo debería ocurrir con las docenas de nombres en la lista de represores que han abusado del sistema migratorio estadounidense, simulando el dolor ajeno, uno que no les pertenece y que ultraja a las víctimas reales.
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