¿Qué debería ocurrir el primer día después de la libertad de Cuba? La pregunta abre un espacio de imaginación política, pero también obliga a pensar en responsabilidades concretas: qué hacer, por dónde empezar y quiénes deberán participar en la reconstrucción del país.
En esta entrega de Cuba Imaginada, la abogada y activista cubana Laritza Diversent responde desde una perspectiva marcada por su trabajo en defensa de los derechos humanos y por la documentación de violaciones cometidas en Cuba durante años.
Su primera reacción combina celebración y deber cívico. Para Diversent, una futura apertura democrática deberá comenzar también con trabajo: aportar información, acompañar procesos de verdad, identificar responsabilidades y vigilar que las nuevas instituciones no reproduzcan prácticas autoritarias.
La respuesta sitúa a la sociedad civil independiente ante uno de los desafíos centrales de una transición: no solo denunciar el pasado, sino participar activamente en la construcción de garantías para el futuro.
Celebrar, documentar y fiscalizar
Para Laritza Diversent, el primer día después de la libertad de Cuba no estaría marcado únicamente por la celebración. La abogada admite que habría un momento para festejar, pero enfatiza una tarea más compleja: trabajar por la verdad, la justicia y la defensa integral de los derechos humanos.
Su respuesta parte de una idea concreta: la información documentada durante años por organizaciones independientes como Cubalex deberá tener un papel relevante en una futura Comisión de la Verdad. En procesos de transición democrática, este tipo de mecanismos suele buscar el esclarecimiento público de violaciones graves, la reconstrucción de la memoria histórica y la identificación de responsabilidades.
Diversent plantea que ese trabajo no puede limitarse a una narración general de lo ocurrido. Será necesario aportar documentación, ordenar evidencias y contribuir a que la sociedad cubana conozca con precisión qué pasó, quiénes participaron en los abusos y cómo funcionaron las estructuras represivas. Al explicar cuál sería una de sus prioridades en una Cuba libre, afirma:
"Seguimos en Cubalex, sobre todo aportando toda la información que tenemos para esa Comisión de la Verdad."
La mención a los perpetradores introduce un punto sensible en cualquier proceso de cambio político: cómo establecer responsabilidades sin convertir la justicia en venganza, y cómo impedir que el olvido o la impunidad bloqueen la reconstrucción institucional.
La abogada subraya también el papel que debería desempeñar la sociedad civil durante la transición. Desde su perspectiva, las organizaciones independientes tendrían que fiscalizar los nuevos espacios de poder, incluidas las comisiones, instituciones o mecanismos que se creen para la Cuba democrática del futuro.
Ese énfasis en la vigilancia cívica apunta a un problema frecuente en los procesos de cambio: la transición no garantiza por sí sola una democracia sólida. Las nuevas instituciones pueden nacer con déficits, reproducir exclusiones o dejar fuera agendas esenciales. Para Diversent, una de esas agendas que corre el riesgo de quedar relegada es la de los derechos humanos.
Su preocupación no se limita a las libertades civiles y políticas, como la libertad de expresión, asociación o participación pública. También incluye los derechos económicos, sociales y culturales. Señala:
"Vemos aquí muchos puntos, pero derechos humanos como tal, yo noto la ausencia."
Una Cuba democrática no solo tendría que desmontar el partido único, garantizar elecciones libres o reconocer la pluralidad política. También debería enfrentar problemas acumulados en áreas como la salud, la educación, la vivienda, el trabajo, la protección social y el acceso a condiciones de vida dignas.
En la visión de Laritza Diversent, el primer día después de la libertad no sería entonces un punto de llegada, sino el comienzo de una labor prolongada. Celebrar, sí, pero también documentar. Abrir espacios de justicia, pero también fiscalizarlos. Construir nuevas instituciones, pero someterlas a vigilancia pública. Hablar de democracia, pero sin dejar fuera la agenda completa de derechos humanos.
La pregunta que queda abierta es una de las más importantes para el futuro cubano: ¿cómo garantizar que la transición no sea solo un cambio de poder, sino el inicio de una cultura institucional basada en la verdad, la justicia y la dignidad ciudadana?
Acerca de Laritza Diversent
Laritza Diversent es abogada cubana especializada en derechos humanos y activista prodemocracia. Es fundadora y directora ejecutiva de Cubalex, organización creada en 2010 para brindar asesoría legal gratuita a víctimas de violaciones de derechos humanos en Cuba y llevar casos ante organismos internacionales.
Graduada en Derecho por la Universidad de La Habana, obtuvo una maestría en Derechos Humanos y Derecho Internacional Humanitario por la American University. Tras el allanamiento de la sede de Cubalex por parte del régimen cubano en 2017, se exilió en Estados Unidos, desde donde continúa su trabajo de documentación, denuncia y defensa legal.
Cuba Imaginada
Cuba Imaginada es un proyecto de Árbol Invertido dedicado a pensar, debatir y documentar el futuro democrático de Cuba. A través de entrevistas, debates, encuestas, testimonios y propuestas ciudadanas, la iniciativa reúne voces diversas para reflexionar sobre la transición, la libertad, la justicia, la ciudadanía y la reconstrucción institucional del país. Porque imaginar el futuro también es una forma de prepararlo.
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